Los Golpes del Silencio

Pedro Miguel Molina Avilés-  Universidad de Granada

 

Otra noche como siempre

Mientras tu comes tu cena,

Vuelves a sentir dolor y golpes,

La oyes llorando de pena

Y otra vez, como siempre,

Dices que ese no es tu problema,

Que no vas a ser tu quien medie

En las “riñas” de pareja.

 

No puedes dormir, no encuentras el sueño

Llevas horas dando vueltas en la cama

Y en el fondo te entiendo,

Tu conciencia está herida, dañada,

No te deja descansar,

Porque sabes que ella está siendo forzada,

Que le esperan varias horas de tortura,

Y tu mientras, desde tu cama,

Sientes los golpes de esa cuna

Que ella mueve con calma,

No quiere que su niña vea esa locura,

No quiere que la vea derrotada.

 

Bien temprano de mañana,

Te la encuentras al venir de la compra,

Le sujetas la puerta del ascensor

Y le ayudas a cargar las bolsas,

Calmas tus remordimientos

Creyéndote buen vecino,

Sabiendo que lo único que estás haciendo

Es perdonarte a ti mismo.

 

Hace tiempo que no la ves,

Hace tiempo que ella no sale a la calle,

Que solo lo ves a el

Y cuando te armas de valor y le preguntas por ella,

El dice que ella no sale mucho,

Que es mas bien casera,

Y sabes que tu eres igual de cobarde

Que ese hombre que le pega,

Ese que siempre va a saludarte

Con su mejor sonrisa,

Ese que parece tan amable

Y que a ella aterroriza.

 

Ha pasado mas de un mes

Desde que sentiste aquella paliza,

Y hoy la vuelves a ver

Esta muy delgada, su piel es color ceniza,

Su risa lleva tiempo apagada

Ella ya no se maquilla,

Siempre lleva sombra de ojos color morada

Y “colorete” en las mejillas,

Anda con la cabeza agachada

Sin hacer ruido, de puntillas

Como si tuviera miedo de ser golpeada,

Hasta ante el suelo se muestra sumisa,

Será porque sabe que es tan duro y frío,

Sera porque sus huesos lo han probado

Y  han salido doloridos.

 

Maldito cobarde vecino,

Por ver como la vida le robaban

Y no haber sido capaz de denunciar,

De enfrentarte a ese miserable,

De preguntarle a ella como está,

Maldito cobarde, maldito cretino

No quisiste darte cuenta,

La entregaste a su destino,

Nunca acudiste en su ayuda

Siempre hiciste oídos sordos,

Y ahora lloras en su puerta,

Llevas flores, llevas velas

¿Y ahora que ya ha hablado esa escopeta

Sales a ayudarla?

¿Ahora que su vida ya es ausencia,

Ahora que  ya no le hace falta nada?

Ahora quieres calmar tu conciencia

Y llevas su cuerpo en volandas,

Te manchas con su sangre

Intentas reanimarla,

Pero ahora ya es demasiado tarde,

Al final logró matarla

Y tu eres casi tan responsable

Como quien disparó aquel arma,

Por haber decidido callarte,

Mientras el la maltrataba.

 

Fotografía Seleccionada en la I Edición Calendaria 2017 – Marta Gómez Macías

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fotografía Marta Gómez Macías- Seleccionada en la I Exposición Calendaria 2017

 

 

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