Puritanismo y género

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

Si no fuera por lo serio que es el tema, la situación daría un poco de risa. Y es que no deja de sorprender que la respuesta que ha dado una parte de la sociedad bajo la lectura que la cultura machista hace de la realidad, haya sido entender que hablar contra el acoso sexual a las mujeres nos puede llevar a un puritanismo sexual que baje de nuevo la ropa hasta los tobillos y suba los escotes hasta el cuello, y que sitúe entre hombres y mujeres una distancia infranqueable a modo de barrera.

La respuesta puede sorprender, pero no es casualidad.

En el momento actual confluyen dos corrientes que plantean soluciones frente al acoso sexual, pero cada una de ellas lo hace a partir de fuentes muy remotas. La primera corriente plantea evitar el acoso cuestionando la libertad sexual de las mujeres en una especie de “sin sexo no hay acoso”; la segunda defiende la libertad sexual pero entiende que detrás de ella hay una especie de incitación de las mujeres a ser abordadas y acosadas.

Detrás de las dos está el machismo y su puritanismo, en la primera de manera directa y explícita, por eso aprovecha la ocasión para atacar a la Igualdad y a lo que significa, haciéndola responsable de todo lo que le ocurre a las mujeres, precisamente por haber roto con las referencias tradicionales de la buena virtud. Y en la segunda, porque interpreta la libertad de las mujeres como una “provocación” a los hombres, tanto a su posición referente como a su papel activo, volviendo a dejar a las mujeres como “sujetos pasivos” de las relaciones

En apariencia sus enunciados pueden parecer lo mismo por estar contra el acoso, pero son completamente diferentes en su significado y sentido, pues mientras que la primera corriente busca imponer un modelo de relación en el que las apariencias sustituyan a la realidad, y donde la violencia quede invisibilizada bajo el umbral que se decida en cada momento, tal y como ha ocurrido históricamente, la segunda corriente busca la libertad de las mujeres y el respeto a su dignidad, algo que sólo puede alcanzarse a través de la Igualdad, pues ni la libertad ni la dignidad se disfrutan sin ella. Por eso la idea de “provocación” que insinúan sólo puede ser consecuencia de la influencia del machismo.

El puritanismo no es nuevo, siempre ha estado en nuestra sociedad para controlar a las mujeres, porque lo de velar por las “virtudes públicas y privadas” se ha situado sobre la imagen y el comportamiento de ellas, no de los hombres. Para la cultura patriarcal la quiebra de la moral y de la virtud se produce cuando las mujeres asumen un rol diferente en la sociedad y se liberan sexualmente de las imposiciones de un machismo que las necesitaba controladas y sometidas para que los hombres no vieran cuestionado su honor ni disminuido su poder. Para esa misma sociedad, cuando los hombres acosan, violan o asesinan a las mujeres no se atenta contra el puritanismo, todo lo contrario, presentan esos crímenes como consecuencia de las “malas mujeres” que se alejan de él.

La imagen de los hombres y su conducta tampoco afecta a la virtud y, en consecuencia, no se relaciona con el puritanismo sexual ni de otro tipo. Nadie habla de ataque al puritanismo porque los hombres muestren sus abdominales y sus bíceps, ni piden que no los enseñen bajo la amenaza de que los acosen o llegue a imponerse un control sobre el “juego sexual”. Como tampoco dicen nada de esa violencia sexual que ejercen como parte de la “complicidad” de una sociedad que facilita las condiciones para llevarla a cabo, y luego cuestiona a las mujeres por lo que hagan o dejen de hacer, pero calla sobre lo que los hombres hacen. El puritanismo conlleva la violencia amparada por las circunstancias o la provocación de las mujeres, por eso es un modelo basado en las mismas apariencias que hacen que la mujer del César tenga que serlo y parecerlo, sin que el César deba preocuparse de otra cosas que no sea la imagen que da su mujer.

Es el puritanismo que niega a las mujeres para que los hombres sean más hombres.

Y en unas circunstancias como las actuales, en ese río revuelto resultante de la confluencia de las dos corrientes, el machismo ha lanzado sus redes sociales y todos sus elementos de influencia para sacar ganancia como pescadores de oportunidades. Por eso ha aprovechado las circunstancias para hacer entender que en realidad la lucha contra el acoso y la violencia sexual conduce a un puritanismo anti-femenino, hasta el punto de conseguir que un grupo de mujeres feministas francesas compartan el argumento sin tener en cuenta que el contexto social y cultural del machismo influye en las decisiones individuales. Nada nuevo, por otra parte, como cuando se ha dicho desde algunas voces del feminismo que una ley contra la violencia de género supone presentar a las mujeres como incapaces y como seres que necesitan ser tutelados, o como cuando se plantea que “decidir sobre el propio cuerpo” para hacer lo que el machismo ha impuesto bajo la violencia a lo largo de toda la historia, tampoco tiene nada que ver con el contexto social y cultural en el que se toman esas decisiones. Curiosamente, estos argumentos y sus fuentes feministas son continuamente citados por los machistas.

El machismo es el artífice del puritanismo, un puritanismo que nunca ha evitado ni impedido la violencia contra las mujeres, sino que la esconde bajo las circunstancias y los diferentes contextos que se puedan dar. Por eso la situación actual no es diferente a lo que ha hecho el propio machismo al diseñar una doble estrategia para adaptarse a los tiempos actuales. Por un lado está el machismo de siempre con su defensa directa y explícita de las ideas tradicionales con argumentos como que “las mujeres deben tener un salario menor por ser menos inteligentes y más débiles”, tal y como afirmó el eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke, y de ese modo mantener la brecha salarial en la que Rajoy dice que no hay que entrar; y por otro está el diseño de la nueva estrategia del posmachismo para hacerse dueño de la “Igualdad de verdad”, y decir que lo que hace el feminismo es atacar a los hombres, a las familias y al orden natural para beneficiarse económica y socialmente de la situación.

Ahora con el puritanismo ocurre lo mismo, por un lado está la reivindicación del puritanismo en sentido tradicional para recuperar los valores que hacían a las mujeres portadoras de la virtud social, y por otro una especie de “post-puritanismo” para que se dejen acosar y abusar en nombre de su libertad.

El machismo es cultura, no conducta, ya lo hemos dicho en más de una ocasión, y la cultura es identidad. No entender que las decisiones individuales vienen condicionadas e influidas por las referencias socio-culturales, es caer en las trampas del machismoque lleva siglos afirmando que la desigualdad y toda su injusticia violenta es “lo normal”.

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/01/29/puritanismo-y-genero/&gt;

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El latido que empuja al odio no es el golpe que mueve al amor

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

Cuesta creer que el odio anide en el corazón, el mismo lugar donde crece el amor y del que nace un nuevo brote de vida con cada contracción… Se encoge el corazón y se alarga la vida hasta el próximo latido, una y otra vez… Otra vez cada vez miles de veces… como tambores lejanos que suenan en nuestro interior, ese lugar con frecuencia tan apartado.

Es el pulso contra el tiempo que nos abandona cada instante, la certeza de que somos aquello que sentimos, y de que el regreso siempre es una forma de volver a empezar.

Pero ¿y el odio, la ira, el resentimiento, la inquina…?, ¿de dónde surgen, qué es lo que buscan en ese corazón tan ocupado y en esa vida que renace con sus latidos?

La maldad no brota del corazón, sus raíces se mezclan con dendritas y neuronas y se asoman a la realidad por la ventana de la conciencia. La maldad es la voluntad de hacer el mal, de justificarse en el dolor ajeno, de limpiar la impotencia en el sufrimiento de otra persona… Por eso la maldad es fría y por ello no hay maldad irracional, como tampoco hay pasiones asesinas.

Nos hemos acostumbrado a justificar la maldad en nombre de las emociones porque sabemos que son ellas las que nos hacen humanos. Creemos que matar por amor a la patria, a las ideas, a nuestros dioses… es mejor que matar por dinero, por la tierra, por la propiedad… Que la violencia siempre es legítima en defensa de nuestras propias convicciones, y no es así.

Escribía Antonio Muñoz Molina hace tan sólo unos días (“Testigos de la derrumbe”, Babelia 14-12-13), que “la agresión bélica o el despotismo no son más nobles si se practican en nombre de la justicia o de la emancipación de los pueblos, y ofrecen resultados igual de criminales y de catastróficos”…

Y tiene razón, pero nos engañan los malvados al presentar su resultado revestido de trascendencia, de heroicidad, de sacrificio… de necesidad y merecimiento. La gente se siente tan bien en la victoria como tan mal viven los derrotados, y son esos sentimientos los que alimentan la aventura de la violenciaUna violencia siempre fratricida para la humanidad.

El fracaso de la humanidad está en la violencia que aún vivimos, da igual lo que hayamos conseguido con nuestro saber si no hemos sido capaces de aprender a dejar de ser inhumanos.

Y somos inhumanos en el recurso a las guerras que aún se extienden por todo el planeta, por la invariabilidad de las razones que enfrentan a los pueblos, en la violencia social y familiar, en la discriminación y la desigualdad, en el abuso del débil y del vulnerable… Somos inhumanos por querer ser más sobre la explotación de otras personas, por mirar al diferente como contrario, por ver lo distinto como un ataque… Somos inhumanos por no saber convivir como humanos entre nuestra rica diversidad y pluralidad.

…Y cada vez el humano es más inhumano en esa especie de regreso al caparazón individualista y egoísta, en esa mirada terrenal en nombre de dioses idolatrados que lleva al materialismo y al hedonismo, que dice “mañana Dios dirá” pero hoy decido yo contra todo.

El genial Ángel González escribió en su poema “Introducción a las fábulas para animales”, cómo la humanidad les debe parte de su virtud y sapiencia a aquellos asnos, leones, ratas, cuervos, zorros, cigarras… que sirvieron de moraleja y de escarmiento para que aprendiéramos y mejoráramos con cada cuento… Pero, continúa el poeta, no sin cierta preocupación, y nos dice que en la sociedad ya madura las cosas han cambiado, y que el hombre puede…

Servir de ejemplo al perro

para que el perro sea

más perro,

y el zorro más traidor,

y el león más feroz y sanguinario,

y el asno como dicen que es el asno,

y el buey más inhibido y menos toro.

A toda bestia que pretenda

perfeccionarse como tal

– ya sea

con fines belicistas o pacíficos,

con miras financieras o tecnológicas,

o por amor al arte simplemente –

no cesaré de darle este consejo:

que observe al Homo sapiens, y que aprenda.

El odio, la maldad… pasan de largo por el corazón, pero en el recorrido por las suaves aurículas y los robustos ventrículos, tienen tiempo suficiente para robar parte del amor que allí anida, y convertirlo en la ira propia de la crueldad que luego se justifica.

Somos responsables de nuestras conductas y de nuestras emociones, y cuando unas u otras se pierden en el resultado de la violencia, el odio o la injusticia, la única razón es no saber convivir en una sociedad plural. Ese es el gran reto que aún tenemos en este siglo XXI que ahora inicia su año 14, poner amor a la razón y no razones al odio.

Y continuaba Muñoz Molina cuando todavía era su año 13, “la idea puritana de la predestinación y de la innata maldad nos parece inaceptable a los progresistas, pero puede que no sea más sólida la convicción de que los seres humanos prefieren el conocimiento a la ignorancia, la razón a la ceguera, la libertad a la servidumbre”…

Es posible que sea así, pero también es cierto que la historia nos ha enseñado que sobre esos elementos nos hacemos más humanos como personas, y hacemos de la sociedad un espacio para la convivencia.

Y con ello la vida renace con cada latido, y la sociedad en cada persona.

Monstruos S.A.

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

Ya tenemos un nuevo monstruo en la sociedad, José Enrique Babuín Gey, conocido como “El Chicle” y detenido por el asesinato de Diana Quer, se ha incorporado a la lista de “monstruos” que cada año se elabora para tranquilizar conciencias y desviar miradas de las circunstancias comunes a todos los hombres que actúan con un objetivo similar, aunque las formas de alcanzarlo sean diferentes.

La primera en llamarlo de ese modo ha sido su madre, quizás la única persona legitimada para hacerlo por el impacto emocional que produce ser consciente de que el niño aquel ha sido el hombre ese que aparece en los medios de comunicación como autor de unos hechos tan terribles. Mirar a la vida y encontrar a ese hombre en cada recuerdo de aquel niño es “monstruoso” para una madre y para un padre.

Pero el resto de la sociedad rápidamente también lo ha considerado como un monstruo bajo un argumento diferente, pues mientras que la familia lo califica de ese modo por ser “uno de los nuestros”, la sociedad lo llama monstruo para decir que “no es uno de los nuestros”. Por ello no han perdido tiempo en acudir a todo tipo de personas expertas para que expliquen algunas de sus características y rasgos de personalidad sin conocer nada de él ni haberlo examinado, tan sólo con las informaciones y referencias que aparecen en los medios de comunicación, algunas de ellas claramente contradictorias. Pero todo eso da igual, lo importante no es que sea verdad lo de “El Chicle”, sino que sea mentira que se trataba de un hombre “normal”, como sí han coincidido en definirlo personas de su entorno laboral, social, relacional, amistades…

Los estudios forenses nos dirán cómo es “El Chicle”, cuáles son los rasgos de su personalidad y si tiene algún elemento que tenga un significado especial en su comportamiento, pero lo que sí sabemos ya es que se trata de un machista violento, igual que otros agresores que han cometido crímenes similares, incluso peores en sus formas y consecuencias por asesinar a varias víctimas, y ninguno de ellos era un enfermo mental ni tenía trastornos de personalidad, cómo tampoco ninguno de sus conocidos decía nada de ellos ni de “El Chicle” antes de que se conociera su responsabilidad en los hechos. En cambio, nadie ha dicho de él algo tan sencillo como que “es un machista violento” .

El análisis de un caso no puede basarse en la repercusión que tenga en los medios de comunicación, ni concluir sobre sus elementos a partir de las informaciones, pues las conclusiones y la información con toda probabilidad serán erróneas.

¿Qué es lo que hace, según toda esa gente, que un hombre sea un monstruo?. Veámoslo.

Llevar a una mujer joven a un lugar apartado para agredirla sexualmente no debe serlo, puesto que, por ejemplo, es lo mismo que hicieron los integrantes de “la manada” y no sólo no los han considerado “monstruos”, sino que hay quien los defiende y culpabiliza a la víctima. Haberla asesinado tampoco debe ser la razón de la monstruosidad, porque cada año en España alrededor de 100 mujeres son asesinadas bajo las diferentes formas de violencia de género y no se refieren a sus asesinos como monstruos. Ocultar el cuerpo tras el homicidio, aunque sea menos frecuente, tampoco ha llevado a considerar monstruos a los asesinos de Marta del Castillo o al marido de María Puy en Navarra, que la asesinó, descuartizó y enterró durante meses.

Al final todo indica que se es monstruo por necesidad, por una combinación de circunstancias que van desde los propios hechos hasta la alarma social generada, situación esta que necesita una negación del machismo y su violencia al tiempo que una afirmación de lo ocurrido. Al final, tener un monstruo a mano ayuda mucho a distorsionar lo ocurrido y a tranquilizar muchas conciencias y algunos ánimos.

¿Cuántos monstruos hay ahora mismo en las calles, en sus casas, en hospitales, juzgados, empresas, comercios… que son considerados como buenos compañeros, buenos amigos, buenos vecinos, buenos trabajadores… y que mañana serán “monstruos”?

No son monstruos, sólo lo serán en nuestra imaginación, en esa realidad que necesitamos crear para que todo encaje dentro de la normalidad machista en la que convivimos cada día, sin que se alce la voz contra la injusticia social que supone y la violencia normalizada que queda integrada dentro de ella. Es mas fácil dejarse llevar y vivir al margen de esa realidad que aceptarla y enfrentarse a ella para cambiarla, sobre todo cuando hacerlo supone renunciar a los privilegios que el machismo otorga a los hombres.

El machismo es una fábrica de monstruos, es “Monstruos S.A.”, no una película, sino la historia real. Y es tan terrible, que crea hombres normales que maltratan, matan y violan desde la invisibilidad y la impunidad, y luego crea algunos monstruos con nombres, apellidos y apodos para exponerlos por todos los medios cuando son descubiertos y no pueden beneficiarse de algunas de las justificaciones que también prepara para que su monstruosidad no de miedo y sea apta para todos los públicos.

Es lo que hemos visto con José Enrique Babuín, “El Chicle”, aunque los intentos de minimizar siempre están presentes, como cuando se ha tratado de culpabilizar y responsabilizar a la propia Diana y a su familia, o como cuando ahora se buscan rasgos o trastornos en el “monstruo” para convertirlo en una especie de alienígena al margen de nuestra cultura y sociedad, para sí tranquilizar más y poner la mirada todavía a más distancia de nuestra realidad.

Vivimos en una fábrica de monstruos, el machismo es “Monstruos S.A”, pero no los busquen en lugares extraños ni con aspecto raro.

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/01/24/monstruos-s-a/&gt;

 

“No a la guerra”. “Sí al acoso”.

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

Nadie, ni en Hollywood ni en Europa, dijo que se podía caer en una especie de buenismo ni de debilidad general por defender la paz frente a la guerra. Ninguno de los actores y actrices que en su día ocuparon las plateas y escenarios protestando contra la guerra de Irak se encontraron con manifiestos pidiéndoles “prudencia”, o hablando del riesgo de caer en una especie “ñoñería global” que restara intensidad y sentido a las relaciones internacionales.

Nadie duda de que hablar de la guerra es diferente a hablar de lanzar misiles de prueba, a comentar el diámetro del botón nuclear o a lanzar amenazas sobre el estallido de un posible enfrentamiento. Y tampoco nadie deduce que hablar contra la guerra se va a traducir en un abuso por parte de los pacifistas para denunciar “falsas guerras” por todas las esquinas del planeta.

Y tampoco se entiende que situaciones previas a las guerras, como cuando se produce algún ataque aislado, o se lleva a cabo un bloqueo comercial, o se invade parte de un territorio… forman parte de una estrategia de “negociación” de buen rollo, de esas que “ponen cantidad” y despiertan el interés en quien en un principio no lo tenía, hasta finalmente llegar a un encuentro maravilloso entre las dos partes. Todo lo contrario, cada una de esas acciones se ven como actos violentos necesariospara desarrollar y avanzar en una violencia más grave, y serán reprobados individualmente con independencia de que tras algunas de estas acciones pueda surgir un acuerdo y una buena relación comercial entre los países implicados.

Y no tiene sentido, porque no estamos hablando de “formas de relacionarse” en libertad e Igualdad, sino de agresiones y de guerra.

En cambio, cuando se habla de violencia sexual y de acoso, se plantea que de lo que se habla es de flirteo, y que no aceptar la violencia históricamente normalizada puede llegar a afectar a las relaciones hasta acabar en un “puritanismo sexual”.

Este planteamiento que, ¡oh casualidad!, una vez más surge de manera “espontánea” por parte de un grupo de mujeres que en todos estos años de acoso y violencia sexual no sólo no han sacado ningún manifiesto contra el machismo, sino que entre las firmantes hay quien ha apoyado a Roman Polansky tras reconocer la violación cometida sobre una menor, sólo tiene sentido si se dan por válidas dos premisas:

  1. La primera es situar los límites en el propio acosador, al entender que en una relación es normal la “insistencia” y el “exceso” intimidatorio y violento, siempre y cuando que quien lo lleve a cabo no lo vea así.
  2. La segunda es aceptar la idea de que las mujeres son “manipuladoras, perversas y poco inteligentes”, hasta el punto de no saber diferenciar una relación de una agresión, y de utilizar la situación para denunciar falsamente a los “pobres y bien intencionados hombres”.

Como se puede comprobar, ambos planteamientos son una trampa, pues, en definitiva, suponen aceptar lo que ya la cultura machista ha dicho que es normal bajo los mitos e ideas que llevan a entender que en un encuentro entre un hombre y una mujer, “no es sí tras la correspondiente insistencia”.

Todo está relacionado con una visión romántica del amor que acepta que la violencia forma parte de él, hasta el punto de plantearlo en frases como, “los celos son amor”, “quien bien te quiere te hará llorar”, “hay que aguantar y perdonar por amor”…Y esa misma visión romántica es la que lleva a presentar la guerra como un “acto de amor”: amor a la patria, a unas ideas o valores, a un modelo de sociedad, a la libertad… no como un instrumento de odio y poder de quienes pudiendo utilizar sus posiciones privilegiadas para negociar e influir, prefieren atacar, imponer y someter. Exactamente lo mismo que prefieren en las relaciones de pareja.

Todo forma parte del machismo omnipresente e invisible, por eso no es casualidad que esa misma cultura concluya que “en el amor y en la guerra todo vale”. Es justo lo que necesita para desarrollar sus estrategias.

El manifiesto de las actrices francesas es eso, poner de manifiesto las influencias y las largas manos de un machismo que dice a los hombres lo que tienen que hacer y a las mujeres cómo han de ser.

Como se puede observar, la utilidad de ese manifiesto no buscaba poner de relieve una forma diferente de ver las relaciones entre hombres y mujeres, ese era su enunciado, la verdadera utilidad era generar la duda, debilitar la respuesta global que se ha producido contra el acoso sexual, y otorgar al machismo el argumento de que las “propias mujeres” y el “propio feminismo” están en contra de lo que las “feminazis radicales” y su “feminazismo anti-hombres” proponen.

El machismo no está dispuesto a ceder su posición de poder ni a renunciar a sus privilegios, y todas las reacciones orquestadas son un ejemplo manifiesto de ello. Por muy intensa que sea la acción contra el machismo nunca se debe menospreciar su reacción.

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/01/14/no-a-la-guerra-si-al-acoso/&gt;

El 016 y los hombres

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

 

Los hombres ya llaman al 016, no sé de qué se preocupa el Gobierno, concretamente el 25% de todas las llamadas que se realizan a ese número son llamadas insultantes, amenazantes, obscenas… realizadas fundamentalmente por hombres. Estas “llamadas maliciosas” suponen unas 416.000 en el periodo 2008-2015, según recoge el “IX Informe del Observatorio Estatal de Violencia sobre la Mujer 2015”.

Unas llamadas maliciosas que, por cierto, han disminuido de manera significativa tras la desaparición del Ministerio de Igualdad y de las políticas dirigidas a erradicar la violencia de género y la desigualdad, no a gestionar la desigualdad existente con sus diferentes manifestaciones. Durante los años del Ministerio de Igualdad (2008-2011), la media anual de estas llamadas insultantes fue de 80.212, y en los cuatro años siguientes de 24.948, es decir se produjo un descenso de 68’9% que demuestra cómo su origen está en el odio hacia esas políticas de Igualdad y lo que representan en cuanto a significado y cuestionamiento del machismo.

Pero hay otro dato muy interesante también sobre el posicionamiento de los hombres ante el 016, y nos lo da el dato sobre el porcentaje de hombres que llama cuando quien realiza la llamada no es la propia víctima. Porque cuando llaman personas del entorno de la mujer que sufre la violencia, el 74’9% son mujeres. Los hombres deben estar muy ocupados realizando llamadas obscenas e insultantes para detenerse un momento y llamar para intentar ayudar a una madre, hija, hermana, amiga o compañera maltratada por otro hombre. El dato es terrible, puesto que refleja el diferente significado que los hombres dan a la violencia de género a partir de las referencias que establece la cultura machista para presentar los casos como factores contextuales en los que la víctima actúa como propiciatoria de la violencia.

La pregunta es sencilla, ¿qué clase de referencias manejan estos hombres para estar tan lejos de la realidad de la desigualdad y su violencia, y tan cerca al silencio ante esta cruel y dramática expresión?. ¿Qué masculinidad u hombría hace que se prefiera callar y dejar que continúe la violencia dirigida contra una madre, una hermana, una hija, una amiga o una compañera?. ¿Es más importante defender a otro hombre,que además es maltratador, que a una mujer que sufre su violencia?.

Todo eso es lo que es capaz de generar el machismo como parte de la normalidad, tan normal la situación que el mismo Gobierno que tiene dificultad para sumar los casos de mujeres asesinadas y deja algunos en investigación, o no incluye dentro de las estadísticas de violencia de género asesinatos como el de Laura del Hoyo, asesinada por Sergio Morate junto a su exnovia Marina Okarynska en Cuenca en agosto de 2015, no tiene dificultad alguna para presentar y unir junto a la violencia de género otro tipo de iniciativas, como las que ahora plantea para el 016.

¿Se imaginan que el teléfono de emergencias 112 incorpore ahora información sobre cuestiones generales que puedan estar en relación con alguna posible emergencia futura, como por ejemplo un servicio de asesoramiento sobre el tipo de neumático más conveniente para los coches a partir del uso que se vaya a hacer de ellos, o sobre el tipo de calzado a la hora de practicar determinados deportes…?

¿Creen ustedes que el Gobierno se atrevería a unificar en el teléfono de la DGT toda la información sobre aeropuertos, trenes y barcos, bajo el argumento de que “todo es tráfico”?…

Es tan absurdo como mezclar cuestiones generales sobre Igualdad que afectan a hombres con la atención e información sobre violencia de género. Pero siendo absurdo no es un error, sino parte de su estrategia.

Porque el Gobierno del PP, según se desprende de sus decisiones, desde que llegó al poder intentó dejar atrás la idea de “violencia de género” para acercarse a la de “violencia doméstica”, y de esa manera ocultar las circunstancias específicas que tiene al violencia dirigida contra las mujeres y la construcción cultural que da lugar a ella. Se vio nada más empezar en la condena que hizo la ministra Ana Mato tras los primeros homicidios cometidos con ella al frente del Ministerio, que habló de “homicidios en el entorno familiar”. Lo tuvo que dejar ante las críticas que se levantaron contra ella, pero rápidamente trabajaron para incluir como víctimas directas de la violencia de género a los niños y niñas, cuando la Ley Integral ya lo contemplaba, pero no en su artículo primero para evitar confundir con el significado de la violencia de género, que se dirige contra las mujeres, aunque también se pueda hacer a través de los hijos e hijas. Y ahora lo han vuelto a intentar al incorporar como usuarios a los hombres en un teléfono dirigido a atender a las mujeres que sufren la violencia machista, pues si logran superar este primer obstáculo, el siguiente paso será incluir a los hombres como víctimas de la “violencia doméstica”, y completar de ese modo la desnaturalización del 016 y de la propia violencia de género, que volvería a ser “doméstica o familiar”.

Y todo ello al más puro estilo posmachista, argumentando que se hace en nombre de la “verdadera Igualdad”, no la que plantea el feminismo que “sólo busca ayudar a las mujeres para enriquecerse con las subvenciones”.

Que se trata de un error es indudable, la única duda que tengo en este momento es si se debe a un desconocimiento profundo sobre lo que es y significa la violencia de género, o si parte de esa estrategia perversa para desnaturalizar la violencia de género y transformarla en “violencia familiar o doméstica”. Aunque ahora que lo pienso, las dos opciones no son incompatibles.

Y todavía hay quien no entiende por qué pedíamos un pacto de Estado contra el machismo, no sólo contra la violencia de género.

 

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/01/09/el-016-y-los-hombres/