Femicidio vinculado

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

La violencia de género es el resultado de todo lo que no se puede negar ni ocultar, aquello que no queda más remedio que admitir ante la evidencia de los hechos y la tozuda objetividad de la realidad, porque si hay opción para esconder algunas de sus manifestaciones, sin duda se hará.

Es lo que comprobamos cuando los datos sobre los homicidios por violencia de género de la Fiscalía General del Estado no coinciden y son más altos que los del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, una situación similar a lo que ocurre con las estadísticas de las organizaciones de mujeres.También sucede cuando el año termina con una serie de casos oficiales en investigación que de pronto “desaparecen” y no se vuelve a saber nada más de ellos, o lo que ha pasado ante determinados homicidios de mujeres con indicios objetivos de haber sido cometidos en un contexto de violencia de género, pero ni siquiera fueron considerados “en investigación”. Esta situación no es ajena a la actitud adoptada la pasada semana por el Ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, ante el caso de la mujer atropellada en la A-5. No le faltó tiempo para decir que la era víctima de un accidente de tráfico, cuando todo apuntaba por las declaraciones de las personas que presenciaron los hechos, que se trataba de un homicidio por violencia de género. Ni siquiera dijo lo de “no se descarta ninguna hipótesis”.

Como se puede ver, hay prisa para descartar la violencia de género y mucha lentitud para confirmarla.

Esta misma actitud también se aprecia con las personas del entorno de las mujeres que son asesinadas como consecuencia de la violencia de género. Ha ocurrido estos días en Castellón cuando el maltratador se ha dirigido a la casa de los padres de su expareja al no poder localizarla ella por estar en un centro de acogida, y ha asesinado al padre de la mujer. Pero sucedió también en Medina del Campo el pasado diciembre cuando su nueva pareja acompañó a la mujer al domicilio para recoger a la hija y fue asesinado. O como pasó en Cuenca con Laura del Hoyo, amiga de Marina Okarynska expareja de Sergio Morate, asesinada junto a ella al acompañarla a casa, sin embargo, nunca fue considerada víctima de la violencia de género, como si su homicidio hubiera sido consecuencia de un robo o por narcotráfico.

La fragmentación de la violencia de género es consecuencia de esa necesidad de restarle trascendencia para tranquilizar sobre las consecuencias, y pensar que no es una situación tan grave ni, sobre todo, producto de una decisión meditada y planificada por el agresor. De ese modo se hace valer el mito que la presenta como situaciones puntales producto de una “pérdida de control”propiciada por el alcohol, las drogas, la alteración psicológica o el resultado de una “fuerte discusión”. Y de alguna manera se logra ese efecto cuando los Barómetros del CIS recogen que sólo alrededor del 1% de la población considera esta violencia, con sus 60 homicidios de media al año, como un problema grave.

Y todo eso tiene sus consecuencias en el día a día, pues cuando la violencia de género se presenta como producto de las circunstancias, bien por el contexto de la relación o bien por las características del agresor, y se divide y separa entre cada uno de esos elementos, la respuesta se elabora sobre esos estereotipos que le restan gravedad y trascendencia. Es lo que sucedió con Andrea, asesinada en Benicàssim tras múltiples situaciones que reflejaban la grave violencia que sufría, y lo vemos cuando con frecuencia la primera referencia que se utiliza para ver lo ocurrido ante una denuncia es la sospecha. Se sospecha de la denuncia que hacen las mujeres y luego, cuando “aparecen muertas”, se llega a sospechar de que hayan sido asesinadas por violencia de género.

Y claro, si la situación es así con las mujeres que sufren esta violencia, con las personas de su entorno es mucho más grave.

¿Se imaginan que no se hubieran considerado víctimas de terrorismo de ETA a las personas civiles que murieron en atentados con coche bomba dirigidos a acabar con la vida de un militar o de un miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado? Nadie lo habría aceptado, es más, a nadie se le habría ocurrido hacerlo, como tampoco se dudó en considerar a los padres y madres de los asesinados por ETA como víctimas del terrorismo, mientras que en violencia de género las madres y padres de las víctimas han pasado a considerarse como tales en el reciente Pacto de Estado que aún no se aplica.

Una de las características diferenciales de la violencia de género respeto a otras violencias interpersonales es que se trata de una “violencia extendida”, es decir, que el agresor utiliza de manera estructural la violencia contra otras personas para dañar a la mujer y facilitar su control y sometimiento. Y lo hacen durante la relación de forma habitual, y lo pueden hacer con el homicidio.Es lo que en algunas legislaciones latinoamericanas, de las que tenemos mucho que aprender, se denomina “femicidio vinculado” o “femicidio ampliado”  para referirse al homicidio de personas relacionadas con las mujeres que sufren la violencia de género, a quienes el agresor asesina bajo una doble referencia y buscando dos objetivos.

Las referencias que utilizan para llevar a cabo este “femicidio vinculado” son, por un lado, el lazo afectivo con la mujer, y por otro considerar que la “han ayudado” o “han intervenido” en el proceso de separación desde el ejercicio profesional o como apoyo emocional o material. Y el objetivo también es doble, por una parte, dañar a la mujer por la pérdida de ese ser querido y hacerla responsable de su muerte, y por otra, lanzar el mensaje de que las personas que “ayuden” o “intervengan” ante la violencia de género pueden ser también víctimas de ella.

Son homicidios que forman parte estructural de la violencia de género y, por tanto, deben ser considerados como parte de esta violencia, tanto por justicia como por el significado de una violencia que va dirigida contra las mujeres y su mundo. Y del mismo modo que esta violencia se inicia atacando ese mundo y rompiendo sus elementos de identidad y sus fuentes de apoyo externo (familia, amistades y trabajo), puede terminar acabando con esas otras vidas que toda persona vive junto a sus seres queridos. No son homicidios ajenos a la violencia de género, y en el momento actual son una posibilidad aún más cercana ante el cambio adoptado por los agresores para herir a las mujeres bajo estas nuevas referencias de extender la violencia asesina a otras personas de su entorno.

En violencia de género duelen más las cicatrices que los golpes, los maltratadores lo saben, el resto no podemos ignorarlo ni permitir que desde el machismo se continúe fragmentando y ocultando esta violencia.

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Madres asesinas y buenos padres que matan

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

Entre los hechos y la realidad está el significado, que es lo que permanece y da sentido a la historia de cada día. Los acontecimientos sólo son la inspiración para redactar el relato, las referencias necesarias que permiten escribir el tiempo con continuidad y sin sobresaltos que rompan el sentido de lo vivido hasta el presente y el mañana esperado.

Y esta situación que se observa en la forma de escribir la historia sobre el pasado y transmitirla, de manera especial a la hora de interpretar los conflictos, guerras, victorias y derrotas, sucede cada día en aquellos hechos que de una manera u otra tienen impacto directo en la forma de organizarnos y relacionarnos sobre las ideas, valores, creencias, mitos… que se han adoptado y considerado adecuadas para convivir.

Es lo que sucede con a violencia de género, una violencia estructural que surge de la propia “normalidad” que la cultura machista ha establecido y ha cargado de justificaciones para que sea interpretada como algo propio de las relaciones de pareja, no en el sentido de que sea una conducta “obligada”, pero sí bajo la idea de que “puede suceder”, y que si aparece es reflejo del “amor” y la “preocupación” que siente el hombre ante ciertas actitudes y conductas de la mujer que “pueden afectar a la pareja o a la familia”. Bajo esa idea, la violencia de género no se presenta con el objeto de dañar, sino de corregir algo que se ha alterado.

Lo vemos cuando la Macroencuesta de 2015 recoge que el 44% de las mujeres que no denuncian dicen no hacerlo porque la violencia sufrida “no es lo suficientemente grave”, cuando en el Eurobarómetro de 2010 un 3% de la población de la UE dice que hay motivos para agredir a las mujeres, o cuando el 30% de la adolescenciade nuestro país afirma que cuando una mujer es maltratada se debe a que “ella habrá hecho algo”.

Y hablamos de una violencia que cada año asesina a una media de 60 mujeres, maltrata a 600.000, y permite que unos 840.000 niños y niñas sufran su impacto al vivir expuestos en los hogares donde el padre la lleva a cabo, ¡un 10% de nuestra infancia! (Macroencuesta, 2011).

A pesar de esa terrible y dramática situación para una sociedad, sólo alrededor del 1% de la población considera que se trata de un problema grave (CIS). Y no es casualidad que sea tan bajo, sino consecuencia del significado que se da a esta violencia, la cual es presentada como un descontrol producto de hombres con problemas con el alcohol, las drogas, alguna enfermedad mental o un trastorno psíquico. Sobre esta situación estructural, además, desde la “normalidad” machista se lanza una estrategia de confusión que busca mezclar todas las violencias y reactualizar los mitos para seguir construyendo la realidad sobre el significado que ellos deciden.

El ejemplo más cercano lo tenemos en el asesinato cometido por Ana Julia Quezadasobre el niño Gabriel Cruz, un hecho terrible que comprensiblemente levanta todo el rechazo hacia su autora. La crítica, incluso en sus expresiones más emocionales, es perfectamente entendible como parte de los sentimientos que se han visto afectados por unos hechos y unas circunstancias tan dolorosas como las que se han vivido. Ese no es el problema, lo que sorprende es la bajeza de quienes lo utilizan y lo instrumentalizan para intentar, una vez más, confundir y cuestionar la violencia contra las mujeres a través de una doble estrategia:

  • Por un lado, generar confusión sobre las diferentes violencias y tratar de reducirlas sólo a su resultado, es decir, a las lesiones que ocasionan y a la muerte para concluir que todo lo que termina en el mismo final tiene el mismo sentido, algo que es absurdo. Sería como afirmar que todas las hepatitis son iguales y deben tratarse de la misma forma, sin considerar si son tóxicas o infecciosas, sin dentro de estas son producidas por bacterias o por virus, y dentro de las víricas si están ocasionadas por un tipo de virus u otro.
  • Y por otro lado, presentar la violencia que llevan a cabo las mujeres como consecuencia de la maldad y la perversidad que la cultura les ha otorgadocon mitos como el de “Eva perversa” o “Pandora”. En cambio, con la violencia que llevan a cabo los hombres ocurre lo contrario, ellos son los “buenos padres” que utiliza el Derecho como referencia para aplicar la ley, y por lo tanto, cuando agreden o matan es por el alcohol, las drogas o los trastornos mentales.

La crítica a la que está siendo sometida Ana Julia Quezada no se ha visto con ningún hombre asesino, ni siquiera con José Bretón, que asesinó a sus dos hijos y los quemó hasta casi hacerlos desaparecer dentro de un plan elaborado hasta el más mínimo detalle. Es más, incluso en el juicio hubo un informe pericial psiquiátrico y psicológico que lo presentaba como una “víctima”.

Con Ana Julia Quezada ocurre lo contrario, cada día se profundiza más en su “maldad y perversidad”, se ha viajado a República Dominicana para buscar referencias sobre su “perversidad original”, y para que su propia familia se pronuncie sobre la situación y su condición. Hasta el auto judicial se refiere a ella como la responsable de un “plan criminal” con “malvada voluntad”.

Y mientras que la crítica es entendible y las reacciones son comprensibles ante el dolor que ha generado el asesinato de Gabriel, lo que sorprende es que la reacción ante los asesinatos de otros niños no haya generado ese rechazo hacia los hombres que los asesinaron, ni se haya buscado testimonios críticos en sus entornos, todo lo contrario, aún permanecen en algunos casos las palabras de sus vecinos hablando de ellos como “hombres normales y buenos vecinos”.

Pero nada de eso es casual y por eso la situación va más allá en la instrumentalización que hace el machismo para hablar de mujeres asesinas, y especialmente de madres que asesinan. Esa es la razón que dio lugar a que desde los primeros días tras conocerse el asesinato de Gabriel salieran noticias y asaltaran las redes sociales con el argumento de que “las madres matan más que los padres”, y todo para atacar la Ley Integral contra la violencia de género y los avances en Igualdad. Una actitud que demuestra esa bajeza moral del machismo y su afán en escribir la realidad con el significado que los hombres han decidido.

Cuando se toman estudios científicos amplios, es decir, no circunscritos a un tiempo reducido, que siempre se puede ver afectado por circunstancias del momento, se demuestra que los padres matan más que las madres, algo que tenemos la responsabilidad de conocer para adoptar medidas preventivas y no alimentar los mitos existentes. En el informe de Save the Children sobre los últimos 100 casos de muertes violentas no accidentales de niños y niñas, 36 fueron homicidios cometidos por los padres y 24 por las madres. Otros estudios internacionales que analizan un número amplio de casos recogen que mientras que los homicidios de las madres y madrastras tuvieron una tasa anual de 29’2 niños/niñas por millón, en los cometidos por los padres y padrastros la cifra fue de 67 niños/niñas por millón (V. Weekes-Shackeldford y T. Shackeldford, 2004); y en el trabajo de Harris et al. (2007) los padres asesinaron al 39’1% de los menores, mientras que las madres lo hicieron sobre el 33’6%. La propia OMS, en su Informe Mundial sobre Violencia (2002),recoge que los padres son los responsables de la violencia más grave y comenten más homicidios y violencia sexual sobre los hijos e hijas.

Lo hemos repetido multitud de veces y desde hace años, la violencia es llevada a cabo por hombres y mujeres, pero la construcción cultural que lleva a normalizar, invisibilizar y justificar la violencia bajo las referencias de la cultura, esa violencia conocida como “violencia de género”, es cometida por los hombres, unos “buenos padres” que “matan fuera de control”, según los mitos y estereotipos establecidos. Este significado no se le da a la violencia ejercida por las mujeres, ellas no son “buenas madres que matan”, todo lo contrario, se presenta como producto de la maldad y perversidad que llena la conciencia de las mujeres, tal y como vemos estos días.

Al final la historia se escribe sobre el significado que se da a los hechos, y para el machismo está claro, mientras que las madres asesinan desde su condición de maldad, los padres, que ya parten de la condición de “buena paternidad”, lo hacen porque hay algo que les hace perder su bondad y control.

 

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/03/18/madres-asesinas-y-buenos-padres-que-matan/&gt;

 

Machismo permanente revisable

Artículo escrito por Miguel Lorente y publicado en: https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2018/02/10/machismo_permanente_revisable_75105_2003.html (11/02/2018)

Ahora resulta que PP no significa Partido Popular, sino Prisión Permanente, al menos es lo que se deduce de la propuesta del Gobierno para seguir alimentando el miedo y la solución conservadora habitual, que pasa por hacer confundir tranquilidad con seguridad, una estrategia muy rentable para mantener la fidelidad de quienes temen a lo divino y a lo humano.

Los partidos conservadores siempre generan la sensación de amenaza a través del discurso del miedo, y luego proponen medidas de control social que tranquilizan para generar la sensación de que hay seguridad. Y cuando están en la oposición hacen lo contrario siguiendo con el recurso al miedo; generan intranquilidad (hablan de los inmigrantes como amenaza, de la juventud incontrolable, de las reivindicaciones sociales como ataque…) y la presentan como inseguridad.

La ampliación de la prisión permanente revisable no es diferente a esa estrategia, aunque sí supera los límites que nos habíamos dado hasta ahora, y refleja el modelo de convivencia que hay en la base de todas estas iniciativas, que es el que debemos cambiar.

Son varias las cuestiones que se deducen  del planteamiento de laprisión permanente revisable, pero se pueden concretar en cuatro:

1. Instrumentalización de la víctimas. De nuevo se utiliza el dolor de las víctimas para mover a la compasión y conseguir el apoyo a su iniciativa que confunde tranquilidad con seguridad. Ya ocurrió con las víctimas del terrorismo bajo el mensaje de que “cualquiera podía ser víctima de un atentado”, y ahora lo vuelven a hacer al decir que “cualquier niña o joven podría ser Mari Luz, Marta del Castillo, Diana Quer…”.

2. Falacia de la no reinserción. La justificación moral de la medida de prisión permanente revisable se establece sobre el argumento de que se trata de criminales que al terminar el cumplimiento de su pena no están rehabilitados, y que pueden volver a delinquir. Y para ello recurren a los casos de violencia machista por su gravedad, proximidad y frecuencia para asegurar un importante apoyo a su decisión.

Se trata de un argumento falaz porque no se puede reinsertar a nadie sin haber aplicado medidas adecuadas para conseguirlo, lo mismo que no se puede curar a una persona sin aplicar el tratamiento necesario, no una serie de medidas aisladas o durante un tiempo insuficiente. Lo que realmente hace falta es contar con programas de reeducación de calidad desarrollados en la forma y durante el tiempo que requieren los distintos casos, y luego continuarlos fuera de prisión, que es hacia donde hay que legislar para hacerlos viables. Y junto a la reeducación sobre los hechos ocurridos hay que trabajar en la prevención a través de la educación dirigida a erradicar el machismo, que es la principal fuente de violencia social y el factor común fundamental en los crímenes que llevan a la prisión permanente revisable.

 

3. Carácter punitivo. La inmoralidad de la estrategia planteada, a pesar de que el razonamiento que se utilizó fue que la medida pretende prevenir los nuevos crímenes que pudieran cometer los delincuentes no reinsertados, se descubre al comprobar que ahora incluye delitos por la forma de cometerse, sin nada que ver con la situación de los agresores ni con si se han reinsertado o no. Esta situación demuestra que su objetivo principal es punitivo para tranquilizar sobre el dolor, no preventivo para mejorar la convivencia.

4. Falacia de la prevención. El endurecimiento de las penas, como es la prisión permanente revisable, podrá ser legal, pero no eficaz. No incide en la criminalidad, ni siquiera la pena de muerte lo hace. Pensar que uno de estos criminales actúa pensando que lo van a detener y a condenar, y que por tanto su conducta va a depender de la pena, es no conocer nada de criminalidad.

Este hecho de nuevo demuestra que el objetivo es la confusión y la instrumentalización de las víctimas, al hacer creer que con la prisión permanente revisable se habrían evitado los casos que se toman como ejemplo de la necesidad de la medida, cuando no es cierto. La prisión permanente revisable del asesino de Mari Luz no habría evitado el crimen de Marta del Castillo y la prisión permanente revisable de los asesinos de Marta tampoco habría impedido el asesinato de Diana Quer. El problema no está sólo en cada uno de los asesinos, sino en los factores comunes a todos ellos que hace que siempre haya un asesino dispuesto a actuar.

El objetivo de quienes defienden la prisión permanente revisable no es evitar la criminalidad, sino la de tranquilizar al hacer que unos pocos asesinos paguen mucho mientras otros siguen actuando bajo las mismas circunstancias sociales y culturales que influyeron en que los condenados actuaran en un momento determinado. La medida no funciona, pero permite que los responsables políticos puedan continuar con el discurso del miedo.

El fin último de la política debe ser evitar que haya víctimas,no impedir que unos pocos criminales que supuestamente van a reincidir (sin haber hecho lo suficiente para que no lo hagan), no lo puedan hacer. Y todo mientras otros continuarán o comenzarán a hacerlo en una sociedad que normaliza el uso de la fuerza y la violencia contra quien considera diferente e inferior, pues la condición del poderoso no sólo se entiende como superior, sino que también se ve como mejor. Y esta construcción está enraizada en el modelo machista de sociedad.

Si queremos acabar con la criminalidad hay que trabajar en la prevención a través de la educación, el desarrollo de políticas de integración, la atención y respuesta a los factores y circunstancias de riesgo, la detección y abordaje de problemas y conflictos, una política económica que contribuya a la justicia social, trabajos dignos…

Detrás de ese modelo jerarquizado de poder basado en el abuso de quienes están en posiciones inferiores para acumular más poder, está el machismo, por eso lo que hay que revisar es el machismo permanente que tenemos, y adoptar las medidas necesarias para erradicarlo.

Si los hombres se paran, el machismo se para…

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia. 

Si los hombres se paran el machismo se para, de eso no hay duda… pero los hombres no se van a parar.

La huelga feminista del 8M/18 no sólo ha parado al mundo, sino que además ha detenido la historia. Una historia donde los hombres han empujado al tiempo para que siga adelante bajo sus dictados y zarandeos, daban igual las consecuencias que producía su injusticia social y el daño que padecían las mujeres, lo importante era mañana, porque ese mañana ha sido exactamente igual a cada hoy desde el principio de la historia.

El futuro siempre ha actuado como una de las principales trampas del machismo, “dejar que el tiempo pase sin que nada más pase”. Dejar los días vacíos de acciones para que sólo contaran sus horas y sus minutos, y que el porvenir sólo fuera un momento posterior del mismo escenario y bajo los mismos argumentos. Un “futuro de cumpleaños” que no ha cumplido con el compromiso social de la Igualdad.

El futuro no es ese paso vacío del tiempo, sino una nueva realidad surgida de la transformación del presente, y cuando la historia es machismo y desigualdad, el futuro sólo puede ser la Igualdad. Por eso las posiciones conservadoras temen tanto a la Igualdad, no lo han hecho a la Libertad, ni a la Justicia, ni a la Dignidad, aunque siempre intentan controlarlas y limitarlas, pero la Igualdad supone una desestructuración de su modelo jerárquico de poder y privilegios.Por eso los hombres no se paran.

Y por esa misma razón la Huelga Feminista del 8M/18, además de mostrar las múltiples consecuencias de la desigualdad en cualquiera de los ámbitos de la sociedad, lo que ha puesto de manifiesto es que nada de eso es casualidad ni un error, tampoco una deriva del tiempo, sino una construcción de los hombres para obtener beneficios a través de la imposición de lo que ellos han considerado adecuado para organizar la convivencia y  las relaciones en los distintos contextos de la sociedad. De ese modo, las referencias masculinas son tomadas como universales, es decir, válidas para toda la sociedad, sin contar con lo que las mujeres han considerado importante y necesario para la convivir en ese espacio común de la sociedad.

La situación tiene un doble significado. Lo primero, que se trata de unaconstrucción interesada, no un accidente ni un producto del azar, aquí nadie echó una moneda al aire y salió desigualdad, como podría haber salido igualdad. Y lo segundo, que hablamos de una construcción de poder, es decir, que la adopción de las referencias masculinas como universales no fue para darle a la realidad un decorado más viril, sino para otorgar a los hombres una serie de privilegios sobre la ausencia o limitación de derechos en las mujeres.

El machismo es perfectamente consciente de su injusticia y de las consecuencias dramáticas que ocasiona, por ello dispone de toda una serie de estrategias para justificarlas de manera que puedan ser integradas como parte de determinados contextos o circunstancias, y evitar que sean identificadas como un problema estructural. Por ello juega con los mitos, los estereotipos, los prejuicios, la costumbre… para que todo sea compatible dentro de “su normalidad”. Y así lo ha hecho a lo largo de la historia, ha cedido espacio y cambiado en las formas para no renunciar nunca al poder de su construcción cultural, y ahora no va a ser diferente.

El 8M/18 ha permitido que una gran parte de la sociedad tome conciencia de lo que hay detrás de las múltiples manifestaciones de la desigualdad, de eso no hay duda, pero también ha posibilitado que el machismo tome conciencia a su vez de toda esa movilización crítica y de lo que significa. Y este “darse cuenta” de la realidad implica que van a pasar a la acción para tratar de mantener su espacio de poder en las nuevas circunstancias. Una vez más, como han hecho siempre, cederán en algo con tal de conservar la estructura de poder que les genera los privilegios y beneficios.

El machismo no es un problema de falta de conciencia, sino de falta de voluntad para erradicarlo. Ya hemos dicho que desde su posición son plenamente conscientes del daño que ocasiona su injusticia social. La desigualdad no se debe a que se desconozcan sus causas y muchos de sus resultados, sino a todo lo contrario, a la falta de voluntad para adoptar medidas que corrijan la injusticia social que supone el machismo a pesar de todo el daño y dolor que ocasiona. ¿Es que no se sabe que en España asesinan de media a 60 mujeres por violencia de género cada año?, ¿es que no se conoce que las mujeres tienen mayor dificultad de conseguir un trabajo, que cuando lo logran es más precario, y cuando no es tan precario cobran menos que los hombres?…

Y esta situación no va a cambiar de repente porque la crítica se haya organizado para adquirir una dimensión global, y haya ocupado el espacio público por medio de las manifestaciones del 8M/18.

Si los hombres se paran el machismo se para… pero los hombres no se van a parar; al menos de manera voluntaria e inmediata.

El machismo ya está organizando su reacción, como lo ha hecho en otros momentos. De momento, además de un silencio sospechoso, ya surgen las primeras voces dentro de una estrategia montada sobre tres grandes líneas:

  • La primera es unirse al éxito de las manifestaciones y apuntarse el tanto con argumentos que afirman que quieres de verdad han hecho cosas por las mujeres han sido las políticas conservadoras.
  • La segunda busca la típica confusión que utiliza el posmachismo a través de la desnaturalización del significado de lo ocurrido, idea que necesita quitarle sentido a la palabra “feminismo” para apartarla de toda la reacción social. Y para ello siguen dos tácticas, una apropiarse del nombre para decir que son feministas y que feminismo es lo que ellos hacen, reforzando de ese modo la primera línea argumental; y la otra, proponer nuevas medidas para demostrar su compromiso con la Igualdad, que es justo lo que ha hecho el PP al anunciar el día 10M un “plan en favor de la mujer”.
  • La tercera se dirige a destacar la “manipulación” de lo ocurrido y la falsedad de los hechos. Es el argumento clásico basado en la idea de la maldad de las mujeres y en el mito de la “Eva perversa”, que lleva, por ejemplo, a hablar de “denuncias falsas” cuando nos referimos a la violencia de género o la inexistencia de la brecha salarial. Para ello argumentan que se trataba de una manifestación “transversal” donde no había ideología ni críticas a nada ni a nadie, sólo demanda de acciones para abordar “temas que afectan a las mujeres”. Bajo esta línea “el feminismo y las feministas” son presentadas como las manipuladoras por excelencia, capaces de instrumentalizar una respuesta como la vivida desde su “elitismo y su ataque a las propias mujeres”. El argumento se cierra con referencias al “ataque del feminismo” contra los hombres, la familia, la Iglesia, las economía, el orden de Occidente… o cualquier cosa que se les ocurra.

Es la reacción del machismo para defender su poder. De momento estamos en sus fase inicial, pero continuará y debemos prestar toda la atención que requiere la situación para que la conciencia surgida del 8M/18 no se hunda frente a las costas de la Igualdad con los torpedos que ya lanza el machismo.

Nada nuevo, como sabemos, pero otra vez diferente sobre las circunstancias para adaptarse al nuevo tiempo de siempre, sin transformar la desigualdad en Igualdad.

 

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/03/11/si-los-hombres-se-paran-el-machismo-se-para/

HOMBRADAS Y FEMINISMO

Artículo escrito por Miguel Lorente y publicado en: http://www.publico.es/mujer/feminismo-hombradas-feminismo

“Acción muy meritoria y esforzada”, así define el diccionario la palabra “hombrada”, un concepto que conlleva dos connotaciones iniciales. La primera, que las acciones “muy meritorias y esforzadas” son propias de hombres, puesto que si una mujer las realiza no son “mujeradas”, sino “hombradas femeninas”. Y la segunda, que lo meritorio y esforzado, sea realizado por un hombre o una mujer, debe serlo para la sociedad y la cultura que dan mérito y otorgan reconocimiento a la acción.

La historia está llena de épica, de victorias, de héroes, de hombradas… y sin embargo ninguna de ellas ha tratado de contrarrestar y cambiar la injusticia más grande que ha existido: la desigualdad de género. La mayoría de esos logros han servido para conseguir beneficios particulares encubiertos bajo banderas, patrias, intereses, creencias…logros que mantienen el mismo modelo de sociedad que de vez en cuando requiere de hombradas y, por tanto, de hombres, para perpetuarlo.

Si tomamos como referencia lo que debe caracterizar la convivencia en sociedad, los Derechos Humanos, la verdadera “acción meritoria y esforzada” ha sido realizada por las mujeres y el feminismo al enfrentarse a toda esa estructura social, teniendo que soportar el peso de la historia en cada una de las críticas y ataques que reciben.

Los hombres no han estado en esta transformación y la mayoría sigue sin estarlo. Ellos, como mucho, se han adaptado a las nuevas circunstancias surgidas del desarrollo y el progreso social, pero sin renunciar en ningún momento a sus privilegios ni a la desigualdad histórica. Pero el tiempo no da razón, sólo demuestra la fuerza empleada en la resistencia.

Una de las consecuencias de la transformación instaurada por el feminismo y las mujeres ha sido proporcionar un modelo de conocimiento a los hombres que facilitara desarrollar una conciencia crítica sobre la realidad.

Cuestionar esa identidad masculina impuesta, rígida y acrítica que establece el machismo, y criticar la cultura que la presenta como normal y necesaria para que todo se mantenga en orden, no es fácil para un hombre por la doble trampa que establece el machismo. Por un lado, les dice que hacerlo significa “no ser hombre” y que, por tanto, no te van a reconocer como tal; y por otro, otorga a cada hombre el título de “guardián del orden” para que no sólo se comporte como hombre, sino que también haga que los demás (hombres y mujeres), se ajusten a los roles, a tiempos, espacios y funciones establecidos.

Cuestionar la identidad masculina impuesta por el machismo no es fácil

No cumplir las expectativas depositadas en un hombre significa situarlo en el terreno de la sospecha y rápidamente ser cuestionado como tal hombre en su doble dimensión. Una situación que viví en primera persona cuando comencé a investigar desde la medicina forense la violencia contra las mujeres como una violencia diferente al resto de las violencias interpersonales. Al poco tiempo de comenzar a preguntar algunas cuestiones sobre el tema a jueces y fiscales me llamaron “traidor”, una idea que aún repiten muchos hombres cuando ven que otros creemos en la Igualdad y trabajamos de la mano del feminismo para conseguirla.

La Igualdad es buena para toda la sociedad, no sólo para las mujeres, pero la entienden como negativa y como un ataque a sus posiciones, porque los primero que perciben es la pérdida de sus privilegios. Y el privilegio principal no es el beneficio particular de cada hombre, sino contar con un contexto común de normalidad en la desigualdad.

Hoy el ataque y la resistencia a la Igualdad se hace desde un doble frente, por un lado el machismo tradicional con toda la exhibición de agresiones y críticas hacia las mujeres, y por otro la estrategia del posmachismo, donde la confusión hace el trabajo para que todo siga igual y los hombres permanezcan a la sombra de la identidad tradicional. Por eso los hombres tenemos una mayor responsabilidad a la hora de erradicar la desigualdad.

Definitivamente, la verdadera acción “meritoria y esforzada” es la que están realizando las mujeres y el feminismo. No hacen falta más machadas ni hombradas, sólo “Igualdad sin ira”, como en su día necesitamos libertad.

Cuando marzo “marzea”…

1520193934_954231_1520194211_noticia_normalArtículo escrito por Miguel Lorente y publicado en @cadenaser <http://cadenaser.com/ser/2018/03/04/sociedad/1520193934_954231.html&gt;

Hay meses que son conocidos por alguno de sus días o por los acontecimientos que suceden a lo largo de las jornadas que lo forman, así ocurre, por ejemplo, con mayo y el “mes de las flores”, enero y el “mes de la rebajas”, abril y la lluvia con sus “aguas mil”, noviembre y el “mes de los difuntos”, o marzo con el “mes de las mujeres”.

Y es que hay días que valen más que todo un mes, como sucede con el día 8 de marzo, el “Día Internacional de las Mujeres”, una fecha en la que el tiempo se detiene en el balcón del calendario para llamar a contemplar el paisaje de la desigualdad desde el horizonte histórico de la discriminación que sufren. Una fecha que comenzó centrándose en las mujeres trabajadoras asalariadas para después extenderse al resto de las mujeres, y que después de tanto tiempo ha regresado una vez más al contexto laboral para poner de manifiesto cómo a pesar del tiempo han cambiado los escenarios, pero no los acontecimientos que suceden dentro de ellos.

Por eso este año la brecha salarial, la precariedad laboral, el desempleo, los acosos en el lugar de trabajo… toman la palabra el 8M para llamar la atención sobre la situación que viven las mujeres bajo la pasividad de los hombres en su triple responsabilidad. En primer lugar por ser los responsables morales y materiales de una cultura hecha a su imagen y semejanza en la que la discriminación y sumisión de las mujeres como actúa como pilar básico para la organización de las relaciones dentro de ella.

En segundo término, por ser los beneficiarios de la desigualdad y de las consecuencias negativas que sufren las mujeres. Todo lo que los hombres tienen de más a partir de la distribución de los tiempos, espacios, roles y funciones definidos por la construcción de género es porque las mujeres lo tienen de menos.

Y en tercer lugar, porque a pesar de las evidencias y resultados objetivos de esta injusticia social mantienen una actitud pasiva y distante, que incluso revisten de neutralidad diciendo aquello de “yo no soy machista”, pero sin hacer nada para que otros no sigan ejerciendo el machismo explícito con la colaboración de su silencio y esa mirada entretenida que posibilita perpetuar los privilegios para todos, no sólo para los que actúan.

Todo ello demuestra que la situación actual no es casualidad ni un accidente, y que a pesar de la grave injusticia social que supone la desigualdad y de los resultados objetivos que produce, todavía se vea la Igualdad como un exceso y una exageración “capaz de acabar con el orden de occidente”.

Hablamos de que cada 10 minutos una mujer es asesinada en el planeta en un contexto de relación de pareja o familiar (Informe Global de Homicidios de Naciones Unidas), que 60 mujeres son asesinadas de media en España cada año, que la brecha salarial supera el 20%, que el 55% de las mujeres de la UE han sufrido acoso sexual… Y todo ello significa que millones de hombres envueltos de normalidad y condición llevan a cabo esas conductas sin que los Gobiernos, las instituciones y los propios hombres como grupo hagan lo suficiente, no sólo para evitarlo, sino ni siquiera para cuestionarlo.

Ya no basta detenernos un día para que a la mañana siguiente todo siga igual a pesar de la crítica y la reivindicación, si las palabras y las evidencias no son suficientes tendrán que ser los hechos quienes describan la realidad de las mujeres invisibilizada y ocultada bajo la alfombra de la normalidad. La Huelga Feminista del 8M/18 no es un día más, será el primer día de una nueva realidad donde el papel de las mujeres no podrá ser sepultado bajo la avalancha de palabras que ya prepara el machismo. Será uno de esos días que definen al mes, a ese “mes de las mujeres”, y que este año con la huelga feminista dará sentido al futuro, porque “cuando marzo “marzea” el machismo se tambalea”.