Credibilidad y poder

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en InfoLibre <https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2018/05/29/credibilidad_poder_83319_2003.html?utm_source=twitter.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias&rnot=1045346&gt;

La credibilidad no la da la realidad, sino el poder. Cuando M. Rajoy pregunta quién tiene más credibilidad, el líder de un partido con 84 escaños o el de otro con 134, lo que está preguntando no es quién de ellos dice la verdad, sino cuál de los dos será más creído en sus manifestaciones con independencia de lo que diga.

Por eso no sorprende que haga esas declaraciones justo al día siguiente de conocerse la sentencia de la Gürtel que recoge que su testimonio “no fue suficientemente creíble”, a él no le importa ese detalle. M. Rajoy es consciente de que lo que representan sus 134 escaños da la suficiente “verdad funcional” como para hacer creíble su palabra, de ahí su contraataque y los argumentos utilizados negando la evidencia.

 

Porque la palabra, además de ser pronunciada, tiene que ser creída, y eso lo da la voz del poder, no el silencio roto, cualquiera puede romperlo en forma de manifestaciones, testimonios, declaraciones, comentarios… Esa es la razón por la que, a pesar de que su declaración en el juicio no se corresponde con los hechos probados, hasta el punto  de que el propio Tribunal duda de ella, su credibilidad se mantiene lo suficiente como para no deducir testimonio por lo dicho y ser investigado por falsedad en la vía penal. Su palabra está por encima de lo divino y lo humano, de ahí que tampoco le preocupe, a pesar de sus creencias, usar el nombre de Dios en vano al hacerlo bajo juramento.

Y mientras todo eso sucede, las voces del PP se unen alrededor de su líder y hacen suyo el grito de la calle de estos días atrás, para decirle lo de “Mariano, hermano, yo sí te creo”, y mantener así la cohesión del grupo al tiempo de mostrar el poder matemático que dice que 134 escaños son más verdad que 84. ¿Quién necesita la realidad si tiene las palabras de la posverdad?.

Es un escenario similar a lo ocurrido con La manada, donde el sector ideológico de la sociedad que cuenta con 5 escaños en la sala del juicioafirma que su palabra es más creíble que la de quien sólo tiene uno. Da lo mismo que la sentencia haya sido condenatoria, la mayoría del 5 a 1 sigue utilizando los argumentos de la “verdad matemática” del poder machista paramantener las críticas contra la víctima. No importa el “detalle” de los “Hechos probados”,  el objetivo es negar lo ocurrido para intentar influir en lo que queda de este caso y, sobre todo, preparar el ambiente para los siguientes.

Para las posiciones de poder la realidad sólo es el principio, el elemento que inspira el relato interesado. Nada más.

En ese sentido, da igual todo lo que la sentencia de la Gürteldemuestra de manera objetiva, como igual da que la sentencia de La Manada dé por probado que existe un cuadro de estrés postraumático en la víctima, que se produjo una salida escalonada del portal (uno a uno) de los agresores, que la mujer quedara llorando dentro, que le quitaran el móvil y luego lo tiraran… todo ello difícil de relacionar con un “ambiente de jolgorio y regocijo”, como recoge el voto particular, o con una conducta llevada a cabo sin que la víctima estuviera intimidada, como traduce el fallo de la sentencia.

El poder tiene la capacidad de construir una estrategia que crea al mismo tiempo la realidad y el camuflaje necesario para ocultarla, y luego negarla. Lo vemos en los casos comentados.

La violencia sexual es consecuencia de la cultura machista que presenta a las mujeres como objetos, y otorga a los hombres la capacidad de deducir la “voluntad real” de las mujeres a través de la conducta que ellas llevan a cabo. Cuando se produce la violación, esas mismas circunstancias influyen para que se denuncie un 15-20% de los casos, y para que de ellos termine en condena sólo un 1%. A partir de ahí, el machismo toma el dato y lo manipula para afirmar que se trata de casos aisladosque comenten unos pocos locos, degenerados  o alcohólicos, y que el 99% de no condenas en verdad son denuncias falsas, argumento que refuerza el mito de la “Eva perversa” que presenta a las mujeres como agresoras de los hombres que confían en ellas. Al final la víctima es la mala y los agresores unos pobres hombres”, de manera que toda su construcción se ve reforzada con los propios elementos que se producen bajo sus referencias.

Con la corrupción ocurre una situación parecida. Se produce como consecuencia del poder y se lleva a cabo utilizando todos sus instrumentos y recursos para que no llegue a ser conocida. Cuando salen a la luz  algunos casos, son tomados como el resultado de la conducta de determinadas personas que abusan de la confianza dada por quienes desempeñaban sus responsabilidades en la Administración, los cuales se presentan como víctimas de lo sucedido y de la denuncia, no como corruptos.

La estrategia, como se puede ver, es sencilla y eficaz, pues juega con la normalidad que crean las referencias del poder, y luego con los instrumentos que permiten condicionar el resultado en sus dos posibilidades: primero en la negación de los hechos, y después, si lo anterior resulta insuficiente y no queda más remedio que aceptar que han ocurrido, en la minimización y contextualización que lleva a restarles trascendencia por lo aislados que son y lo particular de las personas que los protagonizan.

La “verdad matemática” del poder es mentira. Los escaños pueden dar la razón, pero no la verdad, y eso es algo que deberían tener en cuenta M. Rajoy y tantos otros, pues el tiempo y el compromiso social contra el abuso de poder quita razones a quienes se las usurpan a la verdad.

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El machismo juez y parte

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

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Quizás recuerden la anécdota que se contaba hace años de un maestro que ensañaba a leer a una clase de niños y niñas en un pueblo perdido de la sierra. Para ello escribía en la pizarra con letras grandes la sílaba “MO” y les pedía que la repitieran en voz alta, a lo que toda la clase decía al unísono “¡MO!”. Después escribía la otra sílaba de la palabra, también en letras mayúsculas, “TO”, y del mismo modo les decía que la dijeran en alto, a lo que el grupo respondía, “¡TO!”. El maestro, contento del resultado escribía entonces la palabra completa en la pizarra, “MOTO”, e indicaba al grupo que ahora debían leerlo todo junto; la clase, atenta a la pizarra, decía entonces en voz alta “¡A-MO-TO!”.

Y eso es lo que pasa cuando la idea que se tiene sobre el significado de la realidad es mucho más fuerte que los propios hechos que la definen.

El machismo es cultura, y como tal tiene dos grandes formas de condicionar la realidad, por un lado es capaz de determinar todo lo que sucede para hacer que las cosas sean “como tienen que ser” a partir de las ideas, valores, principios, costumbres… que define como normales; y por otro, da significado a todos los acontecimientos,especialmente cuando se alejan de lo que previamente ha determinado. De esa forma todo encaja, lo que es como tiene que ser porque lo es, y lo que se aparta de lo esperado porque se considera ajeno a la normalidad, y se presenta como producto de circunstancias excepcionales o patológicas. Lo vemos habitualmente en violencia de género. Cuando las lesiones no son graves se entiende como algo “normal” en las relaciones de pareja, y cuando es tan grave que termina por asesinar a la mujer, entonces se dice que es un problema debido al alcohol, las drogas o los trastornos mentales. Al final lo que sucede es que en ningún caso se cuestiona la realidad que da lugar a que esa violencia maltrate cada año a 600.000 mujeres, a más de 800.000 niños y niñas, y termine por asesinar a una media de 60 mujeres.

Con la violencia sexual sucede lo mismo, es una realidad que sufre el 11% de las mujeres de la UE (FRA, 20124), situación que lleva a que todos los años se interpongan miles de denuncias, aunque sólo representan un 15-20% del total y las condenas son mínimas, no muy distinto a lo que sucede con la violencia contra las mujeres en las relaciones de pareja. Pero en lugar de abordar esta situación para corregir los problemas que dan lugar a sus consecuencias, se vuelve a recurrir al “manual” impuesto por la cultura machista para echar mano de los estereotipos y mitos, y se piensa que son denuncias falsas, que la mujer provoca, que dice no cuando en realidad significa sí, que no opuso resistencia, que el hombre no sabía que era no…

La educación con perspectiva de género abre la mirada para ver la realidad en sus tres dimensiones: la de los acontecimientos, la del significado y la de las justificaciones. El machismo es el tuerto en el reino de la ceguera, no porque la gente no pueda ver, sino porque ha ocultado esa realidad y la ha presentado plana y sin perspectiva para que tropecemos con ella una y otra vez. Es un problema de cultura, y por ello afecta a quien juzga, a quien cura, a quien hace leyes, a quien gobierna, a quien vende en un supermercado o a quien trabaja en la construcción… Por eso se trata de un problema social, como eran los mitos que  impedían a las mujeres realizar determinadas tareas y actividades cuando tenían la regla por las graves consecuencias que podían acarrear para su salud o la tarea, o lo mismo que ocurría cuando los valores de la sociedad presentaban la homosexualidad como un vicio y una desviación y la Medicina tomaba el testigo para decir que se trataba de una enfermedad… Todo lo impregnado por el machismo es más un problema de conciencia que de conocimiento técnico, aunque la primera debe llevar al segundo para evitar la subjetividad y romper con la voluntad de quienes quieren permanecer en sus posiciones de privilegio dadas por la desigualdad.

Dejar que todo siga tal y como está ahora es posicionarse a favor de las referencias y el significado que el machismo ha establecido para definir la realidad, y permitir que sean sus mitos, estereotipos, ideas, valores… los que juzguen los hechos desde su perspectiva. No hay neutralidad, no modificar estos elementos es hacer del machismo “juez y parte”, pues será la interpretación dada por sus referencias las que se utilicen para definir la realidad, tanto a la hora de probar los hechos como en el momento de otorgar trascendencia y gravedad a lo sucedido, tal y como se observa en la sentencia de “la manada”.

Pero no es sólo un problema de esta sentencia, lo venimos viendo todos estos años atrás cuando, por ejemplo, entre un 20-30% de las mujeres asesinadas por violencia de género lo son tras denunciar, cuando algunas de ellas son asesinadas sin haber adoptado los instrumentos existentes para protegerlas, cuando todavía se duda de su palabra… o cuando se vuelve a presentar, como se ha conocido estos días, que el estado de shockde una menor no es razón para entender una posible intimidación en el agresor sexual que mantuvo relaciones con ella, y se le condena por abuso, no por violación.

Los responsables políticos de la Administración de Justicia, el CGPJ, la FGE y demás operadores jurídicos deben entender que la sociedad ha cambiado gracias al feminismo y al movimiento de mujeres, y que ese cambio ha introducido la Igualdad en las calles y en las conciencias para hacer la convivencia más justa. La consecuencia es directa: si la sociedad es más justa la Justicia no puede ser más injusta.

Si yo fuera juez exigiría formación en género, no trataría de enrocarme en mis circunstancias, pues la independencia no significa conocimiento, ni la separación de poderes debe traducirse en distancia a la realidad.

 

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/05/06/el-machismo-juez-y-parte/

Tras ‘La Manada’, el machismo no se disuelve, se refuerza

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en publico.es

A los hombres les gusta mucho contar con las palabras y con los números. Cuentan las cosas tomando su posición como referencia y la de las mujeres como un ataque o una provocación; y cuentan los casos de violencia con números marcados capaces de hacer pasar el todo por la parte y la parte por el todo, según interese. Y lo hacen porque sus números no van solos, no son números primos, sino  una especie de números “primos hermanos” a los que siempre les acompaña el relato para que al final les salgan las cuentas y también los cuentos.

Lo vemos estos días, cuando el destino caprichoso ha puesto ante nuestros ojos un ejemplo de lo que un hombre solo es capaz de hacer, al tiempo que otros dudaban de que cinco pudieran llevarlo a cabo.

Ha ocurrido en Burgos, justo tres días después de hacerse pública la sentencia de “la manada”. Un hombre asesinó a su expareja a golpes en plena calle. La mató con sus manos y su violencia, no necesitó recurrir a ningún objeto ni arma alguna para asesinarla, los traumatismos ocasionados con sus pies y sus puños fueron suficientes para dejarla mortalmente herida en mitad de la acera, en una agonía criminal que finalizó en el hospital horas después.

Un modus operandi  que, tal y como recogen los informes del Observatorio del CGPJ, se presenta en el 20-30% de los homicidios por violencia de género, en los que el agresor acaba con la vida de la mujer con sus propias manos, bien mediante golpes o por medio de la estrangulación o sofocación.

La realidad es objetiva: los hombres son capaces de maltratar y matar a las mujeres sólo con sus manos, y la consecuencia directa: las mujeres se sienten intimidadas y amenazadas ante la presencia de un hombre en muchas circunstancias, aunque se trate de un encuentro fortuito y en un contexto en principio alejado de cualquier escenario relacionado con posibles actividades criminales, como puede ser caminar por una calle solitaria a plena luz del día. Un punto de partida que facilita que conforme el contexto  se hace más amenazante, por ejemplo al unir la oscuridad al escenario poco transitado o al aumentar el número de hombres, la intimidación aumente.

¿Qué debió pensar y cómo debió sentirse la víctima de “la manada” en las circunstancias en las que se produjo el asalto? Unas circunstancias, según recoge la sentencia, creadas por los agresores tras introducirla de modo “súbito y repentino” en el portal, decirle “¡calla!”, rodearla entre los cinco, comenzar a desnudarla entre todos, llevar la “mandíbula” de ella  hasta los genitales de uno de los agresores para que le hiciera una felación, al tiempo que los cinco comenzaban a penetrarla vía oral, vaginal y anal. ¿No era para sentirse intimidada ni amenazada?

Si un hombre es capaz de asesinar a una mujer con sus propia manos, tal y como ha ocurrido en Burgos hace unos días y como sucede en el 20-30% de los homicidios por violencia de género, cinco hombres son mucho más capaces de asesinar a una mujer con sus manos. Y si una mujer se puede sentir intimidada a plena luz del día en un lugar solitario ante la presencia inesperada de un hombre, una mujer en un cubículo oscuro sin salida, rodeada por cinco hombres que empiezan a desnudarla y a llevar a cabo conductas sexuales, se siente mucho más intimidada y amenazada, tanto que los hechos le han producido un trastorno por estrés postraumático.

Pero no son cinco, son cientos los hombres que violan, miles los que estarían dispuestos a violar si les aseguraran que no iban a ser descubiertos, como recogen los trabajos de Sarah Edwards, de la Universidad de Dakota del Norte (2014), con un 31’7% de estudiantes universitarios que lo harían, y son millones los hombres que callan ante toda esta realidad que conforma la “cultura de la violación”. Por eso este silencio de ahora que guardan muchos hombres sólo es el prefacio que prepara el machismo y su posmachismo para no perder terreno. Y lo hacen sobre dos argumentos principales.

  • El primero es el recurso a presentar a los hombres como víctimas. Víctimas de la manipulación de las mujeres y de sus denuncias falsas, algo que la propia sentencia insinúa en el voto particular, y víctimas de la violencia sexual de las mujeres, pues ya empiezan a aparecer trabajos en los que presentan la “presión de ser hombre” y de “tener que responder sexualmente” ante determinadas insinuaciones y solicitudes de las mujeres como “coerción sexual”, e incluso como violación, aunque en ningún momento su consentimiento esté comprometido. Eso es lo de menos, lo importante es poder contar con “números” para luego contar sus historias.
  • El segundo es la amenaza, una amenaza que se materializa en los hombres, de ahí su victimismo, pero que amplían a toda la sociedad al presentar al feminismo y a la movilización por la Igualdad como un ataque al orden establecido y la forma de enriquecerse a través de ayudas y subvenciones.

Si no somos capaces de entender todo el contexto en clave machista, desde la situación previa a la agresión sexual cometida por “la manada”, lo que sucede en este momento post-sentencia, y lo que va a continuar cuando pase algo de tiempo, el machismo puede salir reforzado, da igual que lo haga con cinco agresores en la cárcel, siempre ha necesitado hombres que actúen como chivos expiatorios para demostrar que los problemas de la desigualdad se deben a unos “pocos hombres”.

No lo olvidemos, el machismo es cultura, no conducta.

 

http://blogs.publico.es/dominiopublico/25722/tras-la-manada-el-machismo-no-se-disuelve-se-refuerza/