Los “Machiringuitos”

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

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LOS “MACHIRINGUITOS”  (Machistas de playa -III-)

Los “machiringuitos” son como la canción del verano cuando había veranos con canción, una especie de música de fondo y de omnipresencia playera para poner la bandera azul de sus partes en la zona de costa donde habitan.

Son los machistas de chiringuito, esos que presumen de no bajar a la playa, que dicen que su frontera está en la terraza del bar, y que todo lo que continúa más allá de ella es una especie de exceso o de pérdida de tiempo. Su destino es otro y su misión más alta. Actúan como una especie de vigilantes de la playa, pero desde fuera de la playa. Su objetivo es controlar a la gente que baja cada día al mar, a la que van poniendo nombre conforme se familiarizan con su presencia a lo largo de los días. Dos son los destinatarios fundamentales de su vigilancia, las mujeres y los hombres, y en ambos casos con dos grupos bien definidos.

En el caso de las mujeres, se suelen detener en todas aquellas que son merecedoras de su atención por su físico, a las que rápidamente cosifican y acompañan de todo tipo de comentarios que giran a su vez sobre dos referencias generales, por un lado su cuerpo y las partes del mismo que más les atraen, las que toman por el todo para denominar a la mujer por medio de ellas (la de las tetas de ese modo, la del culo de aquel otro, la de los labios estos, la de las piernas aquellas…); y por otro, lo que harían con ellas gracias a su virilidad. Luego está el otro grupo de mujeres, con las que no harían nada, pero a las que también se encargan de criticar, bien por su físico, por su vestimenta y complementos, por la familia… o por cualquier otro motivo.

En el caso de los hombres, llevan a cabo comentarios con un doble objetivo, aunque bajo un mismo argumento. La atención la centran, sobre todo, en aquellos hombres que consideran unos “calzonazos y sometidos a sus mujeres”, de los que se ríen por bajar “cargados” con la sombrilla, las silletas, la nevera… aunque luego se sienten a la sombra de la silleta a beber cerveza mientras esas “mujeres dominadoras” están pendientes de ponerle protección a los niños, de acompañarlos a bañarse, de jugar en la arena con ellos… Pero también se detienen sobre los hombres jóvenes con cuerpos musculados y deportistas, a quienes directamente consideran homosexuales o sin personalidad por someterse a los dictados de la moda femenina que niega los elementos identificativos de los hombres de toda la vida. De ahí que con frecuencia se pongan ellos mismos como modelo haciendo alusión entre risas a su barriga y al “trabajo que le cuesta” mantenerla. El argumento común es que ni los hombres del primer grupo ni los del segundo son “hombres de verdad”, dejando reservada esa categoría para sí mismos, a esta especie de vigilantes de la playa y la masculinidad desde la terraza del chiringuito.

Su momento estelar es el periodo que abarca desde la bajada a la playa y la subida, esas horas de la mañana en las que el tránsito de gente disminuye, y en las que no resulta tan fácil ir de una persona a otra con la crítica en los labios. Es el momento del “ponme otra caña” y la tertulia, el instante en el que repasan la actualidad y resuelven todos los problemas con su claridad de ideas y su contundencia argumental. Su frase favorita es “yo acababa con… (la inmigración, las feminazis, el paro, la corrupción…) en cinco minutos”, da igual que cada uno plantee acciones diferentes, incluso contrarias, al final lo importante es la fratría y la coincidencia de que acaban con el problema en esos cinco minutos.

Y claro, con esa nitidez en la mirada, la Igualdad y todo lo relacionado con ella es uno de sus temas de discusión esenciales. Para ellos, como buenos machistas, todo lo que está pasando es una deriva incontrolada que tenía que haberse resuelto en esos “cinco minutos” mucho tiempo atrás, para haber evitado lo que ahora está pasando y que las mujeres “quieran ser como los hombres”. Los “machiringuitos”, como otros machistas, piensan que todo lo que sucede es producto del “lobby feminazi” que pretende aniquilar al “hombre de verdad”, a ese que es capaz de poner a la mujer en su sitio sin complejo alguno, y que lo hacen para enriquecerse con las subvenciones unidas a las políticas de Igualdad, y así obtener beneficios con los que “comprar” otras voluntades para acumular más poder.

La consecuencia de esas ideas es un planteamiento de la Igualdad como una especie de cruzada contra los hombres bajo argumentos como que los hombres “no tienen presunción de inocencia”, que “les quitan los hijos”, que “los denuncian falsamente para quedarse con todo lo que han conseguido a base de trabajar”, que “los llevan al suicidio por divorcios abusivos”…

Curiosamente, y a pesar de toda la capacidad que demuestran cada día y de la terrible realidad de la violencia de género, los “machiringuitos” nunca han planteado en sus conversaciones acabar con ella “en cinco minutos”.

A veces, cuando hay wifi en el chiringuito o al despertar de la siesta, entran en las redes sociales con bastante vehemencia para repetir sus ideas y resumir parte de lo que han tratado por la mañana en su reunión a pie, pero fuera, de playa.

Su reunión en el chiringuito suele terminar cuando uno de ellos hace alusión a que se tiene que ir porque de lo contrario la parienta le va a echar la bronca por llegar tarde a comer. Todos se reconocen en esa sentencia y se despiden hasta el día siguiente con la promesa de que habrá más. Más de lo mismo, como el propio machismo.

 

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Los “Chupaycalla”

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

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LOS “CHUPAYCALLA” (Machistas de playa -I-)

Algunos machistas además de serlo han de parecerlo. Son machistas que van marcando paquete con su actitud, y mostrando la musculatura de su agresividad y violencia a través de la camiseta sin mangas y ajustada con la que les gusta vestir sus ideas. Ante la falta de argumentos recurren a la violencia y al ataque seguros de su fuerza y, sobre todo, de su poder, de esa posición que les hace percibir que si usan la violencia los van a justificar o la situación hará que le echen la culpa a la propia mujer agredida. Ellos lo tienen claro y perciben que no les va a pasar nada.

Por eso presumen de sí mismos y van delimitando el territorio con cada uno de sus pasos, como si fueran descendientes del caballo de Atila, para que la hierba no crezca allí donde ellos ponen su huella. Necesitan la intimidación para sentirse hombres y confunden el temor que levantan con el respeto que creen que les tienen.

Son los que defienden al “hombre de verdad”, a ese hombre “hecho y derecho”, al que “se viste por los pies”, y al hombre “de pelo en pecho”, aunque ahora algunos se depilen para salir mejor en los selfies que les gusta subir a las redes para mostrar su virilidad a través de gestos y acciones.

Son los que piensan que “el hombre malo resulta más atractivo”, y los que dicen que las mujeres de verdad quieren a hombres como ellos porque las hacen sentirse mujer-mujer. Esa es la idea de mujer que tienen, las ven como el complemento directo, amoldadas a su vida y decisiones, o como el complemento circunstancial de lugar y momentopara utilizarlas según decidan ellos desde esa idea de superioridad que manejan como excusa, para así imponer sus “síes” sobre los “noes” de las mujeres sin remordimiento.

Su pobreza ética se manifiesta en sus conductas y en la necesidad de exhibirse, como ha ocurrido en las fiestas de San Fermín con las chapas y camisetas de contenido machista y misógeno, entre ellos el “chupa-y-calla” que tan bien los define, y que no han dudado de exhibir.

Esa misma pobreza es la que los hace ir en grupo para reforzarse y potenciar mutuamente su conducta y actitud. Por eso el ambiente de fiesta y diversión es su espacio natural, pues es en ellos donde encuentran toda clase de elementos para justificar su construcción sobre las mujeres que “provocan”, que “dicen no cuando quieren decir sí”, que “buscan hombres como ellos”… Y por eso, cuando no hay fiestas a la vista acuden siempre a los mismos bares y lugares de ocio donde toman confianza con dueños y clientes para sentirse reconocidos. Es allí donde les ríen las gracias machistas que comentan y les aplauden las imágenes y mensajes que muestran en sus móviles de última generación. Es su manera de sentirse superiores sobre los superiores.

En las redes sociales dan continuidad a ese exhibicionismo machista, y sus mensajes se mueven entre el odio palpable a las mujeres y su cosificación. Cuando han tenido algún problema de pareja se muestran especialmente violentos, aunque no necesitan experiencias personales para solidarizarse con los “hombres de verdad” que critican la Igualdad y las leyes contra la violencia de género. Los vemos a diario entre esa agresividad y rabia.

Son los “chupaycalla”, un tipo de machista que en estos tiempos de playa tiran de toalla y bronceador para salir al aire, aunque en verdad ellos están quemados por dentro. Hay que estar atentas y atentos, pues en estas fechas se muestran con especial intensidad por nuestro litoral, y desde allí por cualquier lugar.

 

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Los “Feminarcis”

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

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Los “FEMINARCIS” (Machistas de playa -II-)

El machismo es narcisismo. Los hombres machistas se tienen en tan alta estima que continuamente están compitiendo contra otros hombres y contra sí mismos para ser más hombres, llegando incluso al homicidio para quedarse con el premio de su poder y la exclusividad de sus objetos de deseo, entre ellos las mujeres.

Desde los primeros estudios que se llevaron a cabo sobre maltratadores, el narcisismo apareció como uno de los rasgos de personalidad más frecuentes, rasgo que refleja esa percepción de superioridad idealizada que tienen, y que aumenta cuando la ponen en relación con las mujeres, a las que desprecian como el joven Narciso de la mitología hacía. Por eso el narcisismo del machismo está construido en contraste sobre las mujeres, de manera que es un “feminarcisismo” o “ferminarcismo”, y ellos son unos “feminarcis” que atacan y desprecian a las mujeres para ganar peldaños en esa escala de valores machista que tanto juego da a los hombres que ascienden por ella.

Porque el narcisismo de los hombres que siguen los dictados del machismo es tan alto que sus referencias son los propios hombres, las mujeres son parte del escenario que disfrutan como hombres, pero no personas consideradas de igual a igual. Por eso ser hombres es “ser considerado como tal por otros hombres”, no es una condición biológica, ni de entrada tampoco lo es social, pues en esa identidad no cuenta la opinión de las mujeres, sino la de aquellos hombres que ellos reconozcan como tales, de ahí que sea una identidad grupal que, luego, se extiende a lo social bajo las referencias masculinas que comparten el grupo y la sociedad.

Sin embargo, a pesar del reconocimiento del grupo, el sentido de esa masculinidad y hombría cobra todo su significado por medio de las mujeres, al ser ellas la referencia común a cualquier hombre y circunstancia para sentirse más hombres, y para que otros hombres los admiren o envidien por ese éxito con las mujeres. Es lo que vemos en noticias que sin otra justificación que el propio relato, hablan de las novias que ha tenido un deportista, un cantante, un actor… o las que se detienen en la pareja de un político, un escritor, un profesional… ensalzando la belleza, elegancia, saber estar… de esa mujer. Los hombres son más hombres exhibiendo mujeres, mientras que las mujeres son más cuestionadas cuando se habla de sus parejas. No por casualidad, uno de los factores de riesgo más importante es la separación, y esa idea de “tú eres mía o de nadie” que manejan los asesinos para no verse degradados como hombres.

Todo ello forma parte de ese “feminarcisismo” que crea “ferminarcis” que presumen de hombría, ego y virilidad en contraste con las mujeres, pero en compañía y en relación a las mujeres.

Y aunque hay feminarcis con cualquier tipo de personalidad y carácter, sus comportamientos y actitudes más habituales suelen ser más “refinadas” que las de los “chupaycalla”, pues en el fondo se sienten representantes y garantes del sistema. La misoginia está presente, pero habitualmente recurren para mostrarla a esa superioridad natural de los hombres que hemos visto en el Parlamento Europeo, donde se dijo que “los hombres son más fuertes y superiores intelectualmente a las mujeres”.

Habitualmente recurren a argumentos “técnicos” o pseudo-científicos basados en manipulaciones y tergiversaciones de todo tipo, de ahí que aparezcan razonamientos y ejemplos desde cualquier ámbito de la sociedad: la biología (inferioridad e incapacidad), la economía (justificación de la brecha salarial), el mercado laboral (precariedad o el argumento de que “los hombres tienen problemas de paro por la incorporación de las mujeres”)… Su odio a las mujeres se incrementa paulatinamente conformen comprueban el cambio social que ellas lideran y protagonizan, y al comprobar cómo esa transformación está desvelando y poniendo en evidencia las falacias históricas de la construcción machista, y los privilegios que se han reservado para ellos. Por eso su reacción es muy beligerante en lo individual, pues muchos de ellos ya se han encontrado de frente con este cambio social y con mujeres que no están dispuestas a ser sometidas; y muy estratégica en lo grupal, generando la nueva táctica del machismo para intentar detener o reconducir esa transformación social por medio de la confusión, estrategia de la que el posmachismo, repleto de feminarcis, hace gala a diario.

Son muy activos en las redes sociales, especialmente mostrando datos y estadísticas manipuladas para reducir las consecuencias de la desigualdad, y para presentar a los hombres como víctimas y a las mujeres como malas, perversas y violentas. Entre los mensajes más habituales está el de las denuncias falsas, el de que las mujeres son tan violentas como los hombres, el que manipulan a los hijos para enfrentaros a los padres tras la separación… Y también inventan historias paralelas de personas, organizaciones y asociaciones para que la Igualdad parezca un complot que busca enriquecerse y atacar a los hombres.

Son estos feminarcis los que llaman a las políticas de Igualdad “feminazismo” y a las personas que la defienden, especialmente a las mujeres, “feminazis”. Como se puede observar, su odio y su violencia está a flor de piel, y no por casualidad sus referencias las tienen en regímenes fascistas con los que, por lo visto, se sienten muy identificados y cercanos.

Ya sabéis, son los feminarcis y están encantados de conocerse a sí mismos.

Custodia a la custodia

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

Cuando las mujeres salen a la calle y gritan hasta  escribir en el aire “JUANA SOMOS TODAS”, es porque cada una de ellas se siente Juana Rivas en lo que ha vivido. No entender la realidad no sólo lleva a la confusión y al conflicto, sino que conduce a la injusticia. Y una sociedad entretenida en la injustica no puede encontrar el futuro,como mucho logrará un mañana perecedero con aroma a naftalina, pero no un tiempo diferente al actual.

Al machismo le gusta el argumento del “todo o nada” porque se sabe con la ventaja del todo, por eso lo utiliza tanto para imponer su posición. Por ejemplo, cuando se habla de violencia de género, desde el machismo la cuestionan y dicen que “las mujeres también maltratan”, de manera que como no todo el maltrato es llevado a cabo por los hombres, no existe la violencia de género con sus raíces culturales y una normalidad que lleva a que las mujeres digan lo de “mi marido me pega lo normal”,a que las instituciones no den una respuesta proporcional cuando denuncian, a que mucha gente hable de denuncias falsas, o a que el homicidio sistemático de 60 mujeres al año por parte de los hombres con quienes compartían una relación sólo sea un problema grave para el 1% de la población (Barómetros del CIS). Nada de eso ocurre en otros tipos de maltrato,pero es válido para el argumento del “todo o nada” y hacer así que toda la realidad machista de la violencia sea nada. A nadie se le ocurriría decir que no existen bandas de narcotráfico porque ha habido policías implicados en algunas de ellas,  o porque en ocasiones también trafican con armas o personas, y que por tanto habría que hablar de “personas que trafican”. Sería absurda una afirmación de ese tipo, pero lo que es absurdo para otras situaciones, tiene mucho sentido bajo la estrategia machista.

Con Juana Rivas ocurre lo mismo, y como ha llevado a cabo conductas sancionadas por la ley, ya es culpable de todo. Por eso, nada que no encaje en esa construcción que se ha hecho de ella como la “mala madre que le quita los hijos al padre” tiene cabida.

Juana se trajo los hijos de Italia huyendo de la violencia, y luego retrasó la entrega a la Justicia para no volver a la violencia de la que huyó al entender que los recursos que había interpuesto aclararían la situación. Pero en lugar de acercarse a su posición e investigar todos sus elementos, el significado bajo la “ley del todo o nada machista” quedó sometido a una doble posibilidad: o el “todo” gira alrededor de la violencia, o lo hace sobre la sustracción de menores; un dilema trampa porque la interpretación de lo ocurrido se realiza a partir de los estereotipos sociales y mitos que dan sentido a la realidad, entre ellos el de la perversidad y la maldad de las mujeres. La solución al dilema bajo las propias referencias machistas es sencilla, y presenta a Juana como una mujer malvada que le “quita” los hijos a su padre y luego lo “denuncia falsamente”  para conseguir su objetivo.

Como se puede ver, la construcción machista y su “ley del todo o nada” lo tiene fácil: el “todo” es la maldad de las mujeres y la “nada” la violencia que sufren por parte de los hombres.

Las consecuencias son objetivas.

Juana Rivas es una mujer víctima de violencia de género, como ha reconocido la Justicia en la única ocasión que investigó una denuncia a través del sistema especializado que tiene para hacerlo. Las denuncias que ha interpuesto después, por diferentes motivos, nunca han sido investigadas en profundidad, pero ella ha seguido sufriendo la violencia hasta el punto de tener que salir huyendo de ella con sus hijos. La situación podría haber finalizado ahí, como en muchos de los casos de violencia de género, pero las circunstancias han llevado a un escenario tan surrealista que al final ha sido Juana quien ha terminado condenada a 5 años de presión y a 6 sin poder ejercer la patria potestad, como le ocurrió a María Salmerón y a otras muchas mujeres maltratadas.

Y estos hechos suceden en un contexto social en el que el “todo” es la idea machista de la realidad que lleva a decir y a defender que “un maltratador no tiene por qué ser un mal padre”, y a que la violencia de género, con más de 800.000 niños y niñas sufriéndola cada año (Macroencuesta, 2011), no sea una causa para limitar la custodia ni la patria potestad en la práctica. La situación es tan grave, que en el último informe del CGPJ sobre las sentencias emitidas por homicidios en violencia de género, correspondiente al año 2016, se recoge que la pena accesoria de inhabilitación o suspensión de la patria potestad sólo se ha aplicado en el 25% de los homicidios,a pesar de que muchos de ellos se trataban de hombres que habían asesinado a las mujeres con quienes compartían una relación familiar.

Puede parecer simplista, pero los estudios arrojan resultados objetivos, y mientras que muchas mujeres que denuncian violencia y no encuentran respuesta a la realidad que viven, sufren consecuencias terribles por las decisiones que se ven obligadas a tomar al no ser analizadas dentro de sus circunstancias vitales, a los hombres violentos y asesinos no se les cuestiona la paternidad a pesar de lo terrible de su conducta y de su significado y consecuencias.

Es la “ley del  todo o nada” adaptada al machismo: los hombres lo son todo en su masculinidad, y las mujeres no son nada fuera del rol y del espacio que la cultura (machista) les ha dado junto a un hombre. Cuando están al lado de él lo son todo como parte suya, pero nada más.

Y el machismo que es consciente de esta situación, ahora busca atacar en las mujeres aquello que les ha dado reconocimiento y poder dentro de las funciones y los espacios que la propia cultura les había asignado, y sin duda el elemento más trascendente es el de la maternidad.

No es casualidad que los grupos machistas se estructuren alrededor de la custodia, especialmente exigiendo la “custodia compartida impuesta”, que hablen del “Síndrome de Alienación Parental” (SAP), y que sean esos mismos grupos quienes cuestionan la realidad de la violencia de género y se organicen contra la ley que lucha para erradicarla (Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género). Es parte de la estrategia machista para demostrar su poder, para reconquistar los espacios perdidos que se han logrado para la Igualdad, y para continuar con sus mensajes amenazantes, intimidatorios y disuasorios con el objetivo de que las mujeres no se separen aunque sean víctimas de la violencia, como de hecho ocurre en la actualidad, pues sólo la denuncian un 25% de las mujeres que la sufren.

Pedir la custodia compartida sin pedir la Igualdad es una trampa; la trampa del machismo y los machistas que quieren imponerla para continuar con su control sobre las mujeres a través de los hijos e hijas.

La lectura que están haciendo desde esas posiciones del caso de Juana Rivas y de otras situaciones relacionadas con la violencia de género y su impacto en los niños y en las niñas, muestran cómo entre sus nuevas tácticas el machismo quiere poner custodia a la custodia para seguir con el sometimiento de las mujeres.

 

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/08/04/custodia-a-la-custodia/