Racismo, sí… y machismo

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en InfoLibre.es

El episodio ocurrido en un vuelo de Ryanair ha dado la vuelta al mundo varias veces a una velocidad que ni siquiera la luz puede igualar en su huida de la oscuridad. Y al igual que sucede con el paso de la luz, tras su presencia pasajera queda un resplandor que a veces sirve para mostrar la realidad y otras para ocultar parte de ella.

Es lo que ha ocurrido con este episodio, como sucedió con las palabras del líder del PP, Pablo Casado, sobre el día de la Hispanidad, en las que todo el mundo vio “nacionalismo”, pero muy pocas personas vieron el machismo que contenían.

El machismo vuela a ras de suelo, aunque lo haga en avión y el vuelo sea de bajo costo, y va tan rápido que no siempre se logra identificar. Nadie duda de que las palabras de David Mesher, “pasajero blanco” del vuelo de Ryanair Barcelona-Londres, iban cargadas de racismo, pero de nuevo pocas personas han visto en las palabras de David Mesher, “pasajero hombre” del vuelo Ryanair Barcelona-Londres, machismo. Los insultos que profirió contra la pasajera Delsey Gayle iban llenos de racismo, como, por ejemplo, cuando la llama “horrible negra bastarda”, pero antes y después de cada una de las referencias al color de su piel, sus palabras iban dirigidas contra su condición de mujer, atacando aquello que el machismo utiliza para dar reconocimiento a las mujeres a través de su cosificación, concretamente la estética de las mujeres y el “interés sexual” que puedan “despertar” en un hombre, aunque sea en un encuentro fortuito y temporal. De ahí que en sus ataques David Mesher utilizó contra ella expresiones como “no quiero sentarme junto a tu fea cara”, “tu puta fea cara”, o “no me hables un puto idioma extranjero, puta vaca fea”.

 

Estoy convencido de que el motivo principal de la agresión fue más la condición de mujer por encontrarse “fuera del rango” que el machismo considera “respetable”, que la de ser afro-descendiente. Si en lugar de 70 años, como tiene el propio David Mesher, la mujer hubiera tenido 30, dudo que la hubiera insultado, es más, quizás hasta habría intentado mantener una conversación con ella durante el vuelo. Y del mismo modo, si en lugar de mujer hubiera sido un hombre jamaicano de 70 años, tampoco creo que hubiera hecho ninguna referencia al color de su piel ni a los rasgos de su fisionomía.

David Mesher, hombre blanco que viajaba en el vuelo de Ryanair Barcelona-Londres, llevó a cabo una agresión machista y racista, no sólo racista, sobre Delsey Gayle, mujer afro-descendiente que volaba junto a él. Los testimonios de sus vecinos que se han hecho públicos, además, confirman que muestra una conducta acosadora en sus relaciones.

El machismo es la esencia sobre la que se construye el odio y la discriminación al ser la primera referencia utilizada para considerar a quien no comparte los elementos de identidad, no sólo como diferente, sino “diferente e inferior”. En el Neolítico, hace más de 10.000 años, cuando se inicia el control de las mujeres por parte de los hombres y el desarrollo de la cultura patriarcal, dentro de los grupos no existía ningún otro elemento diferencial, sólo el sexo y la condición de hombre y mujer en cada una de las personas. A partir de esa construcción sobre la condición de las personas y la desigualdad, conforme los grupos crecieron y las sociedades se hicieron más complejas y plurales, surgieron otros elementos de discriminación a partir del color de la piel, la procedencia, las creencias… y todos ellos sufrieron el mismo esquema a partir de la condición considerada superior: fueron personas consideradas “diferentes e inferiores”, no sólo diferentes.

Por eso hoy el machismo es racista, xenófobo, homófobo… y crítico con todo aquel que no comparta su condición (hombre, blanco, nacional, heterosexual…), podrá expresarlo de una forma u otra dependiendo de las circunstancias y de otros elementos, pero el machismo contiene el núcleo del odio al diferente y el de la discriminación. Por ello, la cultura machista que tenemos tiende a justificar, a minimizar y a aislar cada uno de los episodios en los que refleja esa construcción de poder y odio, lo hace con la violencia de género y lo hace con los ataques racistas. Todo es una trampa, primero porque la crítica se lleva a cabo sólo sobre los problemas que superan el umbral de “corrección” y “normalidad” que previamente impone la cultura, y después porque la propia existencia de ese umbral significa que hay toda una serie de situaciones con el mismo significado que nunca llegan a ser cuestionadas ni criticadas.

La desigualdad está construida sobre el pilar del machismo, aunque luego tenga muchas derivadas. Por eso debemos prestar toda nuestra atención para no dejar pasar el machismo que se esconde bajo muchas manifestaciones revestidas de normalidad o de otras formas de discriminación y violencia.

El episodio protagonizado por David Mesher, hombre blanco pasajero del vuelo de Ryanair Barcelona-Londres, fue racista y machista, sobre todo machista.

 

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Serás hombre… o no serás

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

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Identificar a una persona parece algo sencillo, basta con describir cómo es su aspecto, el color de sus ojos, cómo tiene el pelo, la forma de su nariz… para llegar a saber quién es. Pero cuando todo eso es falso o puede ser escondido tras características que no se corresponden con la realidad, entonces hay que irse a elementos profundos y ocultos a las miradas para saber de quién se trata. Así ocurre cuando los acontecimientos han hecho desaparecer esos elementos externos o cuando se ocultan detrás de disfraces preparados para la ocasión, y tenemos que acudir a una referencia inamovible como puede ser analizar el esqueleto, bien de forma directa o por medio de radiografías que lleven la mirada detrás de las barreras intercambiables. Es desde esa referencia estable desde la que luego se puede reconstruir la identidad de la persona estudiada.

Pero la identidad no sólo es el soporte biológico que individualiza a la persona del resto del grupo, la vida en sociedad también aporta un componente cultural y relacional a la identidad que permite conocer su vinculación a las referencias que esa sociedad ha establecido para las personas que la forman. Y del mismo modo que existe una parte variable que se puede adaptar a las circunstancias, también hay elementos que forman parte estructural de su esencia que sostienen la identidad social y cultural, una especie de esqueleto sobre el que descansan los elementos que le hacen sentirse parte del grupo y ser reconocido como tal por el resto.

El documental de Isabel de Ocampo, Serás hombre, nos muestra parte de ese esqueleto de la identidad social de los hombres.

Isabel de Ocampo ha sabido prescindir de lo superficial, de aquello que es fácil de disimular, esconder y negar, y ha diseccionado la masculinidad hasta llegar a esos “huesos” que sostienen la construcción de la identidad de los hombres. Una identidad que, bajo sus redes, ha llevado a prostituir a las mujeres a lo largo de toda la historia, y a ofrecérselas a otros hombres para que hagan uso de ellas para reforzar su hombría en gestos que van desde el padre o el familiar que lleva a su hijo a “acostarse con una puta” para que “se haga hombre”, hasta aquel otro hombre que acude a ella para sentir el poder de una identidad levantada sobre el sometimiento de las mujeres.

El documental nos da tres claves para entender que “serás hombre o no serás nadie”, que en un mundo de hombres es mucho peor que no ser nada.

La primera clave se centra en mostrar la identidad masculina que se revela en el consumo de prostitución. Isabel de Ocampo establece un diálogo entre dos hombres, uno de ellos un antiguo putero o “prostituyente”, y otro el hijo de una prostituta que quedó embarazada de un cliente del que nunca supo nada más, y al que busca para intentar encontrarse a sí mismo.

Las “mujeres son billetes”, afirma el protagonista en un momento del documental

Es un diálogo al que se incorporan otras voces de hombres como si fueran un coro, y que muestran diferentes elementos de una vida en la que los hombres se desenvuelven sin problemas a pesar de todas las contradicciones del día a día gracias a la “coherencia” de su identidad. Es un diálogo muy de hombres, de sus complicidades, sus jerarquías y su poder, que comienza de forma muy gráfica cuando el putero acude a su antiguo club y otro hombre se dirige a él como “Don Rafael”.

Otro de los pilares de ese diálogo y del documental es el uso de un lenguaje que representa una realidad “normalizada” gracias al camuflaje de las palabras, capaz de esconder significados y revelar consecuencias de todo tipo, desde ese respeto tan masculino que se guardan entre sí los hombres hasta las amenazas implícitas, desde las eufemismos que llevan a presentarse como “empresario de la noche” hasta la crítica a las mujeres al hacerlas responsables de su situación y afirmar que hay que “putearlas”… Putear a las putas.

La segunda clave es el modelo de sociedad y cultura que da sentido a esa masculinidad putera y “prostituyente” capaz de esclavizar a las mujeres para empoderar aún más a los hombres. Las “mujeres son billetes”, afirma el protagonista en un momento del documental, expresión que refleja a la perfección la doble condición que le otorgan a las mujeres: la de objeto y la de mercancía. Son personas que pueden ser usadas y explotadas para obtener beneficios, tanto materiales con el dinero que obtienen a través de su esclavización, como personales en el reconocimiento que nace del ejercicio de la masculinidad. Porque el poder no lo da el escenario, sino la escenificación de la identidad.

Esa es otra parte esencial de esta masculinidad machista que desvincula a los hombres de las emociones: alejarlos de los sentimientos y esconder la injusticia

Bajo esa idea, el protagonista comenta que las mujeres son las primeras interesadas en la prostitución y que los hombres acuden como el que va a un cepillo y echa una limosna. Todo forma parte del juego de la normalidad que impide que los hombres se cuestionen nada que pueda hacerlos dudar de su masculinidad, ni de un modelo de sociedad tan rentable para ellos, aunque luego tengan que colorear la realidad en blanco y negro con luces de neón. Es lo que un día me comentó el poeta Luis García Montero cuando hablábamos de cómo los jóvenes ahora prefieren irse de putas porque “ahorran dinero”, Luis me dijo, “ahorran dinero y ahorran sentimientos”. Y esa es otra parte esencial de esta masculinidad machista que desvincula a los hombres de las emociones: alejarlos de los sentimientos y esconder la injusticia y todo el daño que produce bajo la normalidad y la teórica libertad de las mujeres.

Es lo que lleva al otro protagonista, a pesar de toda su rabia, a “respetar” al putero, porque al final hay algo que hace sentir que es más importante ser hombre ante otros hombres, que ser hijo, o padre, o hermano, o amigo…

Y la tercera claveque nos aporta Isabel de Ocampo es la representación de las mujeres que hace la cultura machista a través de la prostitución.

Las mujeres son creadas, definidas y utilizadas por los hombres, su voz sale del silencio y lo hace para volver a él a través de la asunción de su realidad. Y mientras que los hombres aparecen presentados bajo diferentes formas de entender la masculinidad, planteando una distinción y una graduación antitética que lleva a entender que lo malo y lo negativo no es consecuencia de los hombres, sino de determinadas circunstancias, las mujeres son presentadas por la cultura como una misma realidad y condición que luego se manifiesta de forma diferente en cada una de ellas. Y es desde esa condición desde la que se decide ser puta o “decente”, esposa o amante, pecadora o santa… pero siempre como mujeres que deciden ser de una forma u otra porque todas están en ellas.

El documental nos lleva por esas noches de neón que iluminan las mañanas de cada día, y en las que los hombres se visten de empresarios, de amigos, de hijos o de padres, en busca de mujeres a las que poder someter bajo precio para que otros hombres vean lo hombres que son al hacerlo, y así todos juntos sostener el modelo que les da la identidad y el poder.

Isabel de Ocampo lo ha reflejado a la perfección: “o serás hombre… o no serás”.

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Vuelve el hombre

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en InfoLibre.es

Parece que Pablo Casado, líder del Partido Popular, ha perdido el Norte y lo ha cambiado por el Oeste, al menos es lo que se deduce de sus declaraciones al presentar la Hispanidad como una de las “etapas más importantes del hombre”.

Sus palabras, además de las múltiples valoraciones que se han hecho sobre el rigor histórico y social que revelan, deben preocupar más por su significado actual y por el impacto directo que pueden guardar con las políticas que en su día ponga en marcha para abordar los problemas de la desigualdad y la necesaria promoción de la igualdad.

Me refiero al uso de “hombre” en un doble sentido. Cuando dice, por ejemplo, “la Hispanidad es la etapa más importante del hombre”, utiliza el término “hombre” para referirse a la “humanidad” y, además, usa el singular para incluir a todos los hombres y en ellos a todas las personas. Es decir, acude a la idea de hombre como valor que representa lo humano y como referencia directa que integra a todas las personas, hombres y mujeres.

 

Esa construcción, con independencia de que sea correcta desde el punto de vista léxico y gramatical, es reflejo directo del modelo androcéntrico que recurre a lo masculino como referencia universal y, a partir de ahí, estructura la realidad y organiza la convivencia sobre lo que los hombres han considerado a lo largo de la historia que es bueno para esa sociedad y convivencia, asignando roles, funciones, tiempos y espacios para mujeres y hombres de manera consecuente a ese modelo patriarcal.

Bajo esas ideas que relacionan lo de los hombres con lo universal y lo de las mujeres con lo particular, se entiende que son ellos quienes deben asumir los puestos de responsabilidad para desarrollar las tareas importantes, puesto que poseen los atributos considerados con un valor superior. Mientras que las mujeres, que según el modelo androcéntrico no tienen las características consideradas relevantes, deben ocupar un papel secundario bajo la supervisión del “hombre-hombres” y centrarse en aquello a lo que por “naturaleza” están abocadas: la maternidad, los cuidados, la educación en el hogar…

El modelo así entendido no considera que exista desigualdad ni discriminación, tan sólo, se dice, que los hombres hacen aquello para lo que están preparados y las mujeres lo que sus condiciones les permiten hacer mejor que los hombres. Es la idea tradicional de la “complementariedad” para que todo encaje dentro del modelo, que está presente desde el origen de la socialización a través de la división de roles, juegos, espacios y características entre los niños y las niñas, y que luego culmina en la adolescencia con los mitos del amor romántico, entre ellos el de la “media naranja” o el de que los “polos opuestos se atraen”.

Las palabras de Pablo Casado reflejan a la perfección la construcción machista y cómo se traduce al día a día. Por eso el líder del PP destaca como elementos de reconocimiento de la gesta realizada siglos atrás la expansión de la lengua, la cultura y la religión a través de la fuerza y la violencia, conductas propias de quienes ocupan una posición de poder que anula las referencias de quienes vivían en los territorios conquistados, que se llevan a cabo porque además de contar con el poder para hacerlo, consideran que sus referencias son superiores a las de los pueblos dominados. Me pregunto si piensa igual de la arabización de la península ibérica.

El problema podría ser de historia, pero no lo es. Es mucho más serio, puesto que lo que revelan las palabras de Pablo Casado no es un acontecimiento del pasado, sino una forma de entender la realidad presente. Una realidad caracterizada por la desigualdad del machismo en la que las mujeres son discriminadas, acosadas, abusadas, violadas y agredidas hasta la muerte (no debemos olvidar que la media anual de mujeres asesinadas por violencia de género es de 60). Y si no se reconocen las causas estructurales que han existido a lo largo de la historia, y que aún están presentes, difícilmente se podrán poner en marcha políticas para solucionarlas. Todo lo contrario, recordemos que esa forma de entender la realidad es la que llevó a Janusz Korwin-Mikke, eurodiputado polaco de su grupo, a pedir desde la tribuna del Parlamento Europeo legislar para que las mujeres cobraran menos que los hombres porque son “más débiles y menos inteligentes”.

Es lo que se deduce de algunas de las posiciones conservadoras que niegan los vínculos de la violencia que sufren las mujeres con el machismo, y tratan de reducir cada uno de los casos de todos los años a problemas individuales en el agresor, en la víctima o en las circunstancias, recuperando los mitos históricos del “crimen pasional”, o de la actuación bajo los efectos del alcohol, las drogas o algún trastorno mental. Y, si pueden, afirman que es un problema de los inmigrantes y extranjeros, y así “matan dos pájaros de un tiro”. Son posiciones que no creen en la igualdad ni quieren que se alcance, y que responden ante las políticas que buscan lograrla con argumentos como que todo es producto de la “ideología de género”, hasta el punto de llamar a las mujeres feministas “feminazis” y a la educación en igualdad “adoctrinamiento”.

Muy preocupante, sin duda, pero mi preocupación ante lo ocurrido no sólo está en las palabras de Pablo Casado, también me preocupa que mientras que prácticamente todo el mundo ha visto en ellas una posición “nacionalista” o “ultra-nacionalista”, casi nadie ha visto una posición machista, lo cual refleja la normalidad androcéntrica de la cultura que nos envuelve.

 

 

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Polvos, lodos y machismo

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

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De “aquellos polvos vienen estos lodos”…La sabiduría popular sabe más por vieja que por popular, la experiencia la hace sabia a través de las vivencias protagonizadas, aunque no siempre aprende de lo vivido.

En algunos de los acontecimientos que ocurren en nuestros días sólo falta escuchar de fondo esa frase que muchos padres y madres repetían ante los problemas de alguno de sus hijos, “es que no aprendes”, decían recriminándoles su responsabilidad en lo ocurrido. Pero el problema del aprendizaje no sólo está en la incapacidad de adquirir conocimiento, sino que con frecuencia radica en la falta de voluntad para aplicarlo. Y lo que nos dice la experiencia ante determinados sucesos no es que la sociedad sea incapaz de aprender, sino que dentro de ella hay quien no está dispuesto a renunciar a determinados beneficios y privilegios, aunque se a costa de generar un riesgo que por lo general afectará a otras personas.

Cuando decimos que “el machismo es cultura, no conducta”, hay quien reacciona con cierta confusión, pero también hay quien responde con beligerancia desde posiciones machistas diciendo eso de que “ahora resulta que todo va a ser machismo. Y sí, todo es machismo porque la cultura, ese conocimiento que permite organizar la convivencia y definir las identidades, está construido sobre lo que los hombres han considerado oportuno a lo largo de la historia para articular las relaciones, distribuir roles, tiempos y espacios, y definir la identidad de las personas que la forman. No hace falta esperar un resultado para considerar la existencia del machismo, el machismo no es el resultado, sino lo que hace posible ese resultado y luego le da significado para que sea coherente con sus ideas, valores y creencias. Por eso la Igualdad es la gran deuda de la historia y las mujeres las grandes discriminadas, y lo son más que las “razas”, castas, orígenes o procedencia de las personas, pues ellas, además de esas discriminaciones estructurales, están discriminadas en cada uno de esos grupos respecto a  los hombres.

El machismo es una construcción de poder, es decir, se ha hecho de manera interesada para que quien “parte y reparte se lleve la mejor parte”, y estas personas que cortan y reparten en nuestra sociedad son los hombres. Y para conseguir los beneficios materiales que les permitan cobrarse su compromiso con el sistema utilizan lo privado y lo público, el “amor romántico” y la violencia, la política y el conflicto, la salud y la enfermedad… Utilizan todo lo que sea necesario y lo hacen cada vez más, puesto que cualquier modelo de poder está pensado para crecer, no sólo para permanecer, de ahí que no haya espacio para el autocontrol ni la renuncia, puesto que su propia existencia sería considerada en sí misma como un fracaso.

Y el modelo de poder machista no sólo se basa en la obtención de beneficios y privilegios como resultado, sino que gran parte de su estrategia se fundamenta en las formas de lograr esos objetivos. Por eso al machismo no le basta con haber establecido una jerarquía en lo que lo masculino marca las diferencias y los hombres ocupan el poder, sino que, además, exige que quien actúe en su nombre debe expresarlo en la práctica a través del uso de la fuerza y la violencia, en dominar y someter, para de ese modo hacer de la realidad su principal instrumento, y así reafirmar y retroalimentar su carrera sin límites por medio de cada una de sus acciones y logros.

La naturaleza no es diferente al resto de los elementos que el machismo utiliza para y crecer en poder. La naturaleza queda sometida al machismo, la hace suya a través de la fuerza, la violencia, la invasión de sus espacios y su posterior conquista para sus intereses. Todo ello con el objeto de expandir su poder y recompensar a quienes lo secundan por medio del dinero, del status, de las influencias…. en definitiva, del reconocimiento.

El razonamiento es sencillo. Los edificios se construyen y el urbanismo de las ciudades se diseña tal y como se piensan, y se piensan según la cultura machista entiende que deben ser esas ciudades a partir de las necesidades y de la mirada de los hombres, y del uso que ellos vayan a hacer de ellas. Si ese diseño crea espacios donde las mujeres pueden sufrir la violencia de otros hombres, da igual; y si la naturaleza, su medio y sus ríos se ven sometidos y expulsados de su territorio, a ellos les da lo mismo. Lo importante son los beneficios y el reconocimiento obtenido por sus grandes construcciones.

El feminismo ha puesto de manifiesto esta realidad (como también lo ha hecho en cada uno de los diferentes ámbitos de la sociedad), y plantea alternativas para mejorar las ciudades, su desarrollo y su relación con la naturaleza. A pesar de ello, desde el machismo lo ven como una “exageración” y como un planteamiento absurdo, pues desde la visión androcéntrica todo se soluciona con más “fuerza”. Y si se dice que los pilares de un puente no aguantarían una riada, su solución es construir otros más sólidos, no evitar el problema de la ocupación del curso fluvial;  y si se plantea que un muro puede ceder ante una tormenta intensa, en lugar de buscar una alternativa responde que se levanta uno más ancho y más alto. La clave está en imponer su visión y demostrar su poder.

Los estudios urbanísticos con perspectiva de género llevan muchos años trabajando todas estas cuestiones e identificando los factores de riesgo para la convivencia en el día a día y en situaciones excepcionales, pero el machismo, esa “normalidad con perspectiva masculina”, los ignora y los presenta como “sinrazones” dirigidas a cuestionar a los hombres y a plantear temas menores, puesto que las mujeres, dicen, son incapaces de competir con los hombres en los “grandes temas”.

Lo ocurrido en las últimas riadas que hemos sufrido tiene parte de responsabilidad en el modelo machista de urbanismo, y en la prepotencia que muestran ante el riesgo, pues para el machismo el riesgo sólo es una oportunidad para demostrar su valor, aunque sea con el sufrimiento ajeno. Y la responsabilidad se inicia en las construcciones que se hicieron, pero antes lo estuvo en el diseño del plan de ordenación urbana del lugar, y todavía antes en las agresiones que se ejercen sobre la naturaleza a través de su ocupación y de toda la contaminación que se vierte sobre ella.

No es un problema nuevo ni propio de determinados lugares debido a sus especiales circunstancias, es un problema de siempre que cada vez se repite y se agrava máspor esa forma de entender el urbanismo y las relaciones con la naturaleza. No se puede jugar a la ruleta rusa con el clima ni con nada, y el machismo lo hace esperando que no le toque a alguien, pero a sabiendas que siempre habrá quien se vea afectado por su juego y su riesgo.

El machismo ha creído que después de diez mil años su poder era ilimitado, pero se equivocó al principio cuando creó una cultura desigual e injusta, y se equivoca ahoracuando cree que su razón pasada es motivo suficiente para perdurar. No se da cuenta de que todo está en su contra, y que la naturaleza se revela contra su dominio al igual que lo hace la sociedad. Y mientras que la primera llena las calles de su injusticia de agua, la segunda lo hace con mujeres (y cada vez más hombres), ambas exigiendo respeto, convivencia e Igualdad.

 

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Machismo Aleatorio

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsiamachismo-aleatorio1

Celia Barquín Arozamena, la joven golfista española asesinada cuando entrenaba en el campo de golf de la Universidad de Iowa, lo fue por “mala suerte”. Es lo que ha declarado el sheriff del condado al calificar el homicidio como un “crimen aleatorio”.

Las palabras del sheriff Geoff Huff reflejan muy bien cómo el machismo ha logrado levantar un marco de significado alrededor de la violencia de género, desde la amenaza al homicidio, que resta transcendencia a cada uno de los casos y gravedad al conjunto de toda la violencia dirigida contra las mujeres. De ese modo, esta violencia queda situada en una serie de circunstancias particulares y de factores individuales, que permiten integrar su dramática realidad sobre esos “hechos aislados” sin cuestionar el machismo común a cada uno de ellos.

Esa es la trampa del machismo que le permite salir indemne de cada uno de esos crímenes y de toda su injusticia, ocultar los factores estructurales que llevan a los hombres a utilizar la violencia contra las mujeres, y a presentar los elementos particulares como determinantes de la conducta criminal, como si el machismo fuera incompatible con ellos y sólo pudiera actuar como causa única, y como si todo fuera circunstancial en esa última fase de agresión, sin considerar lo que ha llevado hasta ella.

Las explicaciones dadas por el sheriff sobre el asesinato de Celia Barquín son muy gráficas en ese sentido. La policía de Iowa presenta el homicidio como un “crimen aleatorio” y la muerte de Celia como “mala suerte”, levantando una falacia  frente al significado de esa conducta criminal, que no está en el resultado, sino en la motivación y objetivos pretendidos por el asesino, Collin Daniel Richards, Y él lo que quería era “violar y asesinar a una mujer”,demostrando la elaboración machista en la violencia y en el objetivo sexual que lo llevó a actuar.

Las circunstancias que hicieron que Celia Barquín fuera asesinada formaban parte de su construcción machista, aunque podía haber sido otra mujer la asesinada, pero esa aleatoriedad en la selección de la víctima no debe definir el homicidio machista como un “crimen aleatorio”, puesto que el objetivo está claro y bien definido: “violar y matar a una mujer”, y así lo hizo.

La estrategia es similar a lo que se intenta hacer con la violencia de género en España, dentro y fuera de la relación de pareja. Destacar lo individual y hablar de la multicausalidad de la violencia para esconder el machismo, como si el hecho de que existan diferentes causas para la violencia significara que todas ellas tuvieran que estar presentes en cada caso, y como si la presencia de alguna de ellas descartara el machismo estructural. Este planteamiento no se hace con otras violencias, por ejemplo con el terrorismo; nadie dice de un atentado yihadista sea un crimen aleatorio, ni que las víctimas del mismo murieron por “mala suerte” porque podrían haber sido otras distintas, o que se trató de un terrorista muy impulsivo que actuó porque “perdió el control”.

El planteamiento es sencillo: cuando el homicidio se produce en la relación de pareja, donde la mujer asesinada no puede ser “aleatoria”, se destaca la situación del agresorhablando del alcohol, las drogas, los trastornos mentales, su origen extranjero… Y cuando el homicidio se lleva a cabo fuera de la relación de pareja, se recurre a la situación de la víctima o a las circunstancias alrededor de los hechos, todo para esconder la construcción machista de la violencia que ejerce cada uno de esos hombres, y dar a entender que ha sido un problema contextual, aleatorio o de mala suerte.

El razonamiento que se ha hecho con el asesinato de Celia Barquín en EE.UU. es el mismo que se hizo con Diana Quer, Rocío Wanninkhof, Sonia Carabantes… al indicar que cada una de ellas tuvo “mala suerte”, y preguntarse “qué hacían ellas a esas horas en esos lugares”, planteamientos no muy distintos a los que se han hecho sobre la víctima de “la manada”.

Nada de eso se hace con otras violencias, ni nadie habla de sus víctimas diciendo que tuvieron “mala suerte” o que fueron “crímenes aleatorios”.

Y toda esa forma de presentar la violencia de género influye en la percepción que se tiene de ella. No por casualidad, a pesar de su gravedad y de las 60 mujeres asesinadas de media cada año, considerando sólo los homicidios dentro de las relaciones de pareja, el porcentaje de población que considera que se trata de un problema grave es el 1’9% (CIS, septiembre 2018).

Alguien vive en un error y el machismo no es. Los machistas lo tienen muy claro y actúan en consecuencia.

No podemos caer en sus trampas, con el machismo la suerte está echada, lo que hay que hacer es cambiar de escenario y dejar fuera de él a los machistas y su violencia.

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/10/06/machismo-aleatorio/&gt;

Riesgo extremo

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en Publico.es

Si ustedes creyeran que una seta es venenosa, ¿la comerían?.  Si pensaran que un perro es peligroso, ¿lo acariciarían?. Y si consideraran que una mujer es un “bicho”, “manipuladora” y una “hija de puta”, ¿le darían la razón en su demanda?. Está claro que no, que ni comerían la seta, ni acariciarían al perro, ni decidirían a favor de esa “hija de puta”, y menos aún cuando las referencias para considerarla de ese modo sólo parten de lo que se ha conocido de ella como víctima de violencia de género a través de la instrucción del caso. Está claro que si el resultado de la investigación es que una víctima es un “bicho” y una “hija de puta”, difícilmente la sentencia será a su favor.

No deja de ser paradójico que la Justicia “ciega” se imponga en una “sala de vistas”. Lo terrible de lo sucedido en una de esas salas, no se limita a los calificativos vertidos por el juez sobre la víctima de violencia de género con la participación de la fiscal y de la abogada judicial, lo más dramático es el significado que guarda dicha conducta, y las justificaciones que se han dado por parte del propio juez y de alguna asociación de jueces, demostrando que el peso del machismo está antes y va más allá de las palabras y los hechos.

5bb5c297b248cFotograma del vídeo en el que el juez se burla con la fiscala y letrada de la víctima de violencia machista. SER

Todo se basa en las referencias establecidas por el machismo para integrar los hechos dentro de la realidad, bien como algo intrascendente o bien como algo excepcional. Si en esa distorsión de la realidad no sería posible que situaciones como la observada en la grabación pudieran darse.

La primera trampa parte de la estrategia básica del machismo basada en la separación de lo público y lo privado como espacios inconexos y con reglas propias para cada uno de ellos. Esa es la idea que lleva a que ante la violencia de género se diga que es “problema de pareja” y que “los trapos sucios se lavan en casa”, y que luego se argumente que llamar a una víctima “bicho”, “manipuladora” e “hija de puta” forma parte de una conversación privada. La segunda trampa es hacer creer que lo que se dice en ese contexto privado nada tiene que ver con lo público, de manera que por un lado se separan los escenarios y por otro se escinden las conductas, situación que permite decir que un juez puede insultar a una víctima y luego darle la razón, lo mismo que se afirma que “un maltratador puede ser un buen padre”.

El machismo es cultura, no conducta, y como cultura tiene dos grandes instrumentos para imponer su modelo y visión de la realidad. Por un lado, determinar los acontecimientos que forman parte de ella para que todo suceda como está previsto que ocurra, y por otro, darle significado para evitar que se produzcan conflictos que cuestionen el modelo. La violencia de género existe porque forma parte de la normalidad impuesta del machismo. Y cuando se produce algún conflicto a partir de alguna de las circunstancias que la acompañan, se recurre a los mitos y estereotipos creados por el propio machismo para explicar lo ocurrido, los mismos que llevan a que un juez pueda llegar a decir de una víctima que es un “bicho”, una “manipuladora” y una “hija de puta”.

Nada de eso es anecdótico. Toda esa construcción influye en las decisiones profesionales, tanto en la Administración de Justicia como en Sanidad, en la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o en cualquier otro ámbito. Bern Turvey, especialista de Ciencias de la Conducta del FBI, definió dos procesos que influyen en los profesionales a partir de las referencias sociales y culturales que actúan sobre las personas implicadas en la investigación, tanto sobre el agresor como sobre la víctima. Estos procesos son la “deificación” y el “envilecimiento”. El primero consiste en crear una imagen positiva y favorable de la persona investigada, y el segundo justo lo contrario, ponerla en mal lugar y cuestionarla o responsabilizarla de lo ocurrido. Y lo que sucede con frecuencia en violencia de género es un “envilecimiento” de la víctima y una “deificación” del agresor, una combinación perversa que lleva, entre otros factores, a que sólo se condene al 5% de todos los maltratadores y a decir que el 80% de las denuncias son falsas.

Nada de lo ocurrido debe extrañarnos en una sociedad en la que el asesinato anual de 60 mujeres y 4 niños y niñas, y el maltrato de 600.000 mujeres bajo la mirada de 840.000 menores que conviven con ellas, es un problema grave para el 1’9% de la gente (CIS, septiembre 2018). Esa normalidad es el verdadero “riesgo extremo” para las mujeres.

La respuesta ante esa realidad es sencilla para el machismo: hay mucha “mala mujer” dispuesta a todo para “quitarle la casa los niños y la paga” a los buenos hombres que lo han dado todo por ellas. Esa es la injusticia que debemos erradicar.

Valga también esta crítica como reconocimiento a tantos jueces y juezas que cada día realizan un gran trabajo para hacer prevalecer la Justicia sobre le machismo y su violencia.

<https://blogs.publico.es/dominiopublico/26707/riesgo-extremo/&gt;

¿Semana trágica?

Prision-detenido-muerte-Torrox-Malaga_EDIIMA20180929_0305_21Post escrito por Miguel Lorente y publicado en el diario.es

Lo ocurrido en los últimos días con la violencia de género ha llevado a calificarlo como “semana trágica” por parte de responsables de la política,medios de comunicación y sociedad, conclusión que debe llevarnos a analizar las circunstancias que hacen posible ese posicionamiento común.

Si ha habido una “semana trágica” es porque un número suficiente de sus días han sido trágicos. Si esos días han sido trágicos se debe a que han ocurrido hechos que han merecido esa consideración, que en este caso han sido cinco homicidios por violencia de género, los de tres mujeres y dos niñas que, además, de una forma u otra habían puesto en conocimiento de las instituciones la violencia que sufrían por parte de sus parejas y padres.

Pero si se han producido esos homicidios por violencia de género es porque la realidad viene caracterizada por la violencia contra las mujeres, hasta el punto de que la Macroencuesta de 2011 concluyó que unas 600.000 mujeres la sufren al año, lo cual significa que cada día aproximadamente 1.600 mujeres son maltratadas. Si ese maltrato ocurre se debe a que hay hombres que maltratan a las mujeres en una cifra similar, es decir, unos 600.000 maltratadores que ejercen una violencia mantenida sobre sus parejas o exparejas.

Machismo social

Si 600.000 hombres maltratan al año y unos 60 asesinan sin que la sociedad responda de manera contundente -incluso considerando esta violencia como algo “normal” dentro de las relaciones de pareja, hasta el punto de que el 44% de las mujeres que la sufren no denuncian porque la violencia que viven “n o es lo suficientemente grave” (Macroencuesta, 2015), situación que se traduce en que el 75-80% de los casos no se denuncien-  es debido a la existencia de un machismo en la sociedad que oculta la violencia de género dentro de determinadas circunstancias.

Y si existe un machismo capaz de normalizar la violencia de género a pesar del drama que supone es porque hay una cultura patriarcal que los hombres han levantado a su imagen y semejanza para otorgarse una serie de beneficios y privilegios a costa de los derechos de las mujeres, incluso con el instrumento de la violencia de género a su disposición para someter, corregir y castigar desde la impunidad a las mujeres que no ocupen los espacios, tiempos, funciones y roles designados para ellas.

¿Semana trágica?

Según el diccionario de la RAE, “tragedia” es la “situación o suceso luctuoso y lamentable que afecta a personas o sociedad”. Está claro que han sido siete días terribles, pero ¿dónde está la tragedia? ¿En los homicidios que se cometen y se concentran en alguna semana debido a diferentes factores, desde el azar a la “imitación”, o en el machismo que maltrata a diario y camina hacia el homicidio de alguna de esas mujeres que sufren la violencia de género bajo una sociedad contemplativa y pasiva, para que luego haya semanas “trágicas”?

La tragedia de la sociedad está en el machismo, en ese machismo de cada día y en los machistas que golpean, acosan, abusan, violan y discriminan a las mujeres, para luego atacarlas con la palabra y hacerlas responsables de todos los males que afectan a los hombres, como vemos en las redes sociales cuando son ellos los que se presentan como víctimas de la realidad.

El machismo es cultura y parte con la credibilidad y la razón de su lado. Por eso es hábil en su estrategia, de manera que cuando los homicidios se separan en el tiempo parecen un problema menor, y cuando se concentran y presentan cargados con el drama del resultado los llama tragedia para apartarlos de la normalidad que los hace posible. Por eso, cuanto más tragedia se haga de la conducta machista, más fácil tendrá utilizar sus argumentos para integrar lo ocurrido dentro de la “normalidad”, no como algo aceptable, sino como excepcional. Es lo que ocurre cuando se dice de estos asesinos, como hemos visto estos días, que son “hombres normales”, “buenos padres”, “buenos amigos”… porque a partir de ahí afirmar que han matado porque “se les ha ido la cabeza”, o porque estaban “bajo los efectos del alcohol”, o por padecer algún “trastorno mental” resulta sencillo y, lo más triste, creíble para una gran parte de la sociedad que vive bajo las referencias de esa cultura patriarcal que cree las justificaciones de los asesinos, pero no la denuncia de las víctimas.

Sin cultura patriarcal no habría machismo, sin machismo no tendríamos cientos de miles de hombres que normalizan la violencia de género, sin esa normalidad de la violencia contra las mujeres no sería posible el maltrato que sufren cada día, sin ese maltrato diario no se llegaría a los homicidios por violencia machista, y sin esos homicidios y asesinatos no tendríamos “semanas trágicas” que lamentar.

La tragedia está en cada día, porque vivimos un machismo 24x7x365 que no cierra ni descansa.

 

https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/violencia_de_genero-machismo-mujer_6_820377959.html