La arquitectura del machismo

Post escrito por Pedro Miguel Molina  y publicado originalmente en el blog del autor, criminalfact

Laura Luelmo y Diana Quer, son probablemente dos de los crímenes más mediáticos de asesinato que han saltado a la prensa española en este último año, pero por desgracia no son los únicos, ya que son decenas los casos de violaciones y asesinatos cometidos contra mujeres los que podemos contar, siendo ellas dos tan solo una pequeña parte que da visibilidad a una cifra muy elevada de sucesos trágicos. Si a todo esto le añadimos el número de asesinatos que la violencia de género provoca, nos movemos en unas cifras que hacen ver que esto de la violencia sobre la mujer es un problema muy real y a la vez muy arraigado en la sociedad, que necesita de la toma de medidas y propuestas que intenten ponerle freno.

Este problema de la violencia de género, es un problema de una complejidad enorme y cuya descripción necesitaría de un estudio minucioso y detallado de todos los factores que la gestan, de todos aquellos factores que la provocan y sobretodo de aquellos motivos que permiten que se mantenga en el tiempo evitando que se ponga fin a esta situación, ya sea por medio de la justificación, de la invisibilización del problema o de la negación del mismo.

Debido a la complejidad mencionada en el párrafo anterior, no pretendo dar una solución a esta problemática con un simple artículo, tampoco pretendo ofrecer unas bases teóricas sólidas que sirvan de guía, ni el objetivo de esta publicación es ser una gran contribución científica que ofrezca propuestas concretas y eficaces contra la violencia sobre la mujer. Nada de eso, para lograr eso se necesitan estudios muy potentes con un gran despliegue intelectual, humano y económico, los cuales distan mucho de lo poco que pueden ofrecer las líneas que se encuentran aquí plasmadas, pero también quiero decir que para poder acabar con esta situación, aparte de estudios que nos marquen los pasos a seguir, se necesita de una conciencia adecuada, de la completa asunción de esta problema por la sociedad en su totalidad y no solo por la mitad de esta y de la creación de unas nuevas bases sociales que busquen la igualdad desde la raíz del problema, eliminando todos aquellas creaciones que evitan la igualdad real entre hombres y mujeres y que en cierto modo son el germen de todos los problemas de género que hemos mencionado anteriormente.

Por tanto a lo largo de estas páginas voy a intentar hacer un ejercicio de concienciación en el que mostrar como todo lo que construye la sociedad está asentado sobre las bases del patriarcado, considerándose por parte de la misma como delito a todas aquellas situaciones que “atenten” contra dicha estructura patriarcal. Para ello utilizaré una metodología un tanto curiosa, ya que quiero invertir un poco una de las funciones de la criminología como es la de la comprensión del delito. Es decir la criminología se ha apoyado siempre en la elaboración de teorías que intentan explicar el comportamiento del delincuente o el porqué de una acción delictiva, en este caso haré lo contrario, ya que ofreceré diferentes situaciones que tienen lugar en las relaciones que se dan en la sociedad entre hombres y mujeres a diferentes niveles (micro, meso y macro), las cuales son base de esta desigualdad que alimenta la violencia sobre la mujer y mediante teorías criminológicas y tipos penales mostraré como defendemos y justificamos la desigualdad, protegiendo de esta manera el patriarcado y luchando contra aquello que lo pone en peligro y por tanto consideramos como delito, evitando esto que avancemos hacia la igualdad real.

La mujer como propiedad en las relaciones de pareja

Como ya he dicho se analizaran distintas situaciones que tienen lugar dentro de los niveles micro, meso y macro de las interacciones hombre y mujer que se dan dentro de la sociedad, empezando en este caso por el nivel micro de las interacciones que en una sociedad tienen hombres y mujeres en el que he incluido a todas aquellas relaciones ya sean de tipo familiar, sentimentales, de amistad o de cualquier otra índole que se dan entre un hombre y una mujer solamente. En este caso he querido centrarme en las relaciones de pareja y en cómo se ha cimentado desde la antigüedad la instrumentalización de la mujer en dichas relaciones, convirtiéndola en la propiedad del hombre y provocando que este pueda hacer lo que crea necesario para mantener dicha propiedad en las condiciones que él considere oportunas (Esta claro que esto no se da en todas las parejas, pero si es cierto que este sentimiento de propiedad es en el que se fundamentan todos los asesinatos de violencia de género) Pues bien una vez dicho esto, quiero mostrar como en este nivel micro el hombre utiliza medidas de “protección” sobre “su propiedad”, utilizando recursos que la aparten de aquello que el piense que pueda ponerla en peligro, como es el aislamiento, la transformación de la forma de vestir de la mujer, la inaccesibilidad a ella y el control de los movimientos de la misma. Esto se realiza de una manera similar a la propuesta por Newman en su teoría del espacio defendible, la cual dice que ” el espacio defendible es un modelo creado para ambientes de residencia, que inhiba el crimen, creando la expresión física de un entramado social que se defiende” (Newman, 1973), dicho en otras palabras, este arquitecto venía a decir que podíamos defender a nuestra propiedad de la comisión de delitos mediante la realización de medidas sobre ella como podían ser la colocación física de la vivienda, la transformación de la misma para así provocar su pérdida de atractivo ante los ojos del delincuente… Con esta comparación he querido mostrar como el patriarcado ha convertido a la mujer en una propiedad dentro de las relaciones de pareja, la cual se intenta proteger de todo aquello que sea percibido como una amenaza a dicha propiedad y por tanto sea considerado por las bases patriarcales como un hecho delictivo.

El etiquetamiento de la mujer en el ámbito laboral

Si sigo avanzando en el orden de los niveles de estudios planteados, llego al nivel meso el cual abarcaría todas aquellas situaciones que tienen lugar en el ámbito laboral, estudiantil (La escuela, la universidad…) y en definitiva en aquellos lugares donde las relaciones son un poco más estructuradas y complejas. Pues bien en estos ámbitos nos encontramos con muchas situaciones de desigualdad, podríamos hablar del ámbito laboral en el que son muchos los casos en que los salarios a las mujeres son más bajos, los puestos de jefatura, dirección y gestión suelen estar ocupados en su mayoría por hombres y donde los trabajos que históricamente se han otorgado a las mujeres como pueden ser la limpieza o cuidado de personas mayores, siguen siendo ocupados por estas, siendo concebidas dichas labores como desempeños exclusivos de la mujer. Con esto estamos etiquetando a las mujeres, ya que percibimos que desde su nacimiento, ellas están predestinadas a cubrir una serie de necesidades y funciones que solo ellas deben hacer y que si sus aspiraciones son otras su camino hasta dichas metas será mucho más complicado que para un hombre teniendo estas dos opciones que pueden ser o bien asumir que dichas metas son demasiado ambiciosas y por tanto ni siquiera lucharlas o llegar hasta ellas pero siempre en situaciones de desigualdad, o bien revelarse y luchar para conseguir una igualdad real, lo que las convierte a ojos del patriarcado en auténticas delincuentes que quieren someterlo y por tanto deben de ser apartadas y alejadas de cualquier intento de conseguir estos objetivos en condiciones de igualdad. Este proceso que tiene lugar es muy parecido al que describió Howard Becker en su teoría del etiquetamiento, con la que intenta demostrar como muchas personas al verse etiquetadas debido a su status social, no pueden llegar nunca a cumplir ciertos objetivos por las vías legales, lo que las hace o bien resignarse o bien utilizar medios ilícitos que les ayuden a cumplir sus expectativas. Siendo esto el mismo proceso que tiene lugar con las mujeres en el ámbito laboral, ya que sus objetivos en muchos casos son mucho más difíciles de conseguir que para un hombre, por el mero hecho de ser mujeres lo que les hace o bien resignares o bien las convierte en delincuentes a ojos del patriarcado, ya que se oponen a una doctrina que lleva siendo implantada por este desde tiempos remotos.

La “legítima defensa” como herramienta al servicio del patriarcado

En este último apartado hablaremos del nivel macro, el cual habla de las relaciones que se producen a nivel global dentro de una sociedad. En este nivel voy a mostrar como en cierto modo, todos o casi todos justificamos la desigualdad, ya que aunque no lo hagamos directamente, algunas actitudes nuestras lo hacen. Para ello voy a aludir a la figura de la legítima defensa, la cual viene reflejada en nuestro código penal en el artículo 204 y dice que “está exento de responsabilidad penal aquel que obre en defensa de la persona o derechos propios o ajenos siempre que concurran una serie de requisitos” y la cual usamos en numerosas ocasiones para defender al patriarcado o para invisibilizar el problema de la violencia sobre la mujer, utilizando recursos que nos defiendan de aquello que creemos que nos ataca a los hombres o lo que tiene que ver con nosotros. Un ejemplo claro que nos demuestra esto es como intentamos exculpar a la figura del hombre, es decir a su género, cuando se producen asesinatos y casos que claramente están fundados en bases de desigualdad patriarcal. Esto ha tenido especial repercusión en el caso de la joven profesora Laura Luelmo, el cual ha desembocado en un aluvión de movimientos y voces que se han alzado en contra de la violencia sobre la mujer, lo que ha provocado por otro lado un movimiento defensivo de los hombres diciendo que estos crímenes los cometen asesinos y violadores, no hombres. Cosa que es completamente cierta, pero que en parte tiende a invisibilizar un problema real, ya que queramos o no, nos duela más o menos, estos crímenes han sido realizados por violadores y asesinos que comparten con todos nosotros la cualidad de ser hombres educados y criados en una estructura patriarcal. Por tanto no tenemos que realizar movimientos defensivos ni pensar que todos los hombres somos atacados cuando se alza la voz en contra del machismo y la misoginia, sino que tenemos que movernos a favor del cambio para así derruir las bases patriarcales en las que crecemos y que no exista la necesidad de “defendernos” ante una supuesta ofensa, pero que eso sea por qué ninguno de estos casos ha vuelto a suceder y no porque consideramos como ataque hacia nosotros aquello que muestra una verdad palpable. Por otro lado podemos encontrar como ejemplo claro de estos movimientos de “legítima defensa” que el hombre realiza, a esas voces que ven en la ley de medidas de protección integral contra la violencia de género, un factor de desigualdad y discriminación hacia el hombre, creyendo que dicha ley perjudica al sexo masculino y pone en una situación de privilegio a la mujer. Todos estos comentarios e intentos de cambiar dicha ley para acercarla a la “igualdad”, no son más que mecanismos patriarcales que intentan mantener los cimientos de una sociedad desigual, luchando contra todo aquello que busca la equidad e intenta poner solución a un problema que tiene su base en millones de años de comportamientos desiguales y que por tanto necesita de medidas especiales que intenten corregir todas las heridas que el peso de la historia ha provocado sobre la igualdad.

En conclusión, este texto no es más que una simple muestra metafórica de cómo el patriarcado se intenta mantener de diferentes maneras en todos los niveles de relación hombre – mujer que se dan, creando mecanismos que fortalezcan la ya de por si potente arquitectura patriarcal que envuelve a nuestra sociedad. Habiendo llegado incluso a convertir en “delito” (delito metafórico a ojos del patriarcado) a todo aquello que atente contra ella y creando formas de defensa típicas del control del comportamiento desviado, haciéndonos ver de esta manera que todo aquello que se salga de lo históricamente establecido es algo que no está bien visto y que por tanto no se debe producir, siendo tan fuerte esta estructura que incluso puede provocar que personas que están a favor de la igualdad se vean influenciadas y tengan actitudes que no ayuden a la consecución total de la misma, creando esto una suma de pequeñas situaciones que en su conjunto dan vida a todo aquello que provoca tanto dolor , es decir a la violencia sobre la mujer.

* Bibliografía

Acosta, M. L. (2009). MI MARIDO ME PEGA LO NORMAL. AGRESIÓN A LA MUJER: REALIDADES Y MI TOS. Planeta.

Newman, O. (1973). Defensible space. Nueva York : Mamillan.

Sanwat, W. (2017). ¿El comtemporáneo de la escuela de Chicago? La teoría del etiquetamiento en el proceso de criminalización. VOX juris , 33 (1), 101 – 112.

* Enlaces web recomendados

https://unidadigualdad.ugr.es/

https://www.interior.gob.es/web/servicios-al-ciudadano/violencia-contra-la-mujer/sistema-viogen

* Publicado por: https://www.criminalfact.com/l/la-arquitectura-del-machismo/

Pedro Miguel Molina
Pedro Miguel Molina

“Not all women”

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

Si no fuera por que cuentan con el peso de la palabra y la tarjeta de visita de la credibilidad, los argumentos del machismo para cuestionar la desigualdad existente y la necesaria Igualdad serían considerados como absurdos y pueriles.

Muchos machistas, acostumbrados a llenarse la boca con referencias a los españoles, a los inmigrantes, a las feministas, a los empresarios, a los patriotas… sin hacer distinción alguna, bien sea para incluirlos entre sus elogios o sus ataques, cuando se habla de los hombres para reflejar conductas violentas llevadas a cabo por ellos como consecuencia de las referencias dadas por la cultura patriarcal impuesta a toda la sociedad, entonces sí hay que hacer distinciones y dicen eso de, ¡cuidado, que no son todos los hombres!

El machismo es cultura, no conducta, y por ello impregna a toda la sociedad. Por eso cuando el machismo habla lo hace con el convencimiento que da el poder, y, por ejemplo, cuando el eurodiputado ultraderechista Janusz Korwin-Mikke afirma que las mujeres deben cobrar menos que los hombres porque son “mas débiles y menos inteligentes”,no dice que “not all men”son más inteligentes y más fuertes que “all women”.

Imagino que el siguiente paso del razonamiento machista será el “not all women”para justificar de manera similar que la violencia de género, la discriminación, los abusos, el acoso, las violaciones… no las sufren “todas las mujeres”, sino sólo “unas pocas”, casualmente las discriminadas, maltratadas, asesinadas, acosadas, violadas… por “not all men”.

Cuando desde organismos internacionales, universidades, instituciones, organizaciones… se habla de violencia de género, lo que se pone de manifiesto es la construcción cultural que crea una identidad para hombres y mujeres que lleva una especie de pack con los roles, funciones, espacios, tiempos… que deben desempeñar de manera diferente unos y otras; y que, además, establece las normas de relación a partir de lo que los hombres han considerado conveniente para “all society”y“all people”.Y entre los elementos de esa cultura han incluido la violencia contra las mujeres para corregirlas o castigarlas cuando hacen aquello que no deben, bien sea dentro o fuera de las relaciones de pareja.  Esa  normalidad de la violencia de género es la que lleva a que el 80% no sea denunciada, a que exista una actitud pasiva en la mayor parte de la sociedad ante un problema que supone que cada año asesinen a 60 mujeres de media y 600.000 sean maltratadas, y a que cuando se denuncia, en lugar de cuestionar a los hombres que maltratan se ponga en duda la palabra de la víctima, o directamente se la culpe por provocar o haber hecho algo mal.

Ese mismo escenario es el que da lugar a que cuando se plantean medidas específicas para solucionar este grave problema, en lugar de encontrar un apoyo generalizado surja una parte de la sociedad que cuestione estas iniciativas, y pida medidas para “otras violencias” que se llevan a cabo bajo diferentes motivaciones, en circunstancias distintas y buscan objetivos que nada tienen que ver con los de la violencia de género.

Y no deja de resultar curioso que ante tanta generalización sean incapaces de ver los elementos comunes, y por tanto generales, a cada uno de los casos de violencia y al resto de las consecuencias derivadas de la desigualdad. La clave para entender esta situación no se reduce a las decisiones individuales de los hombres que maltratan, agreden y matan, sino que se encuentra en la cultura machista que da razones para que cada uno de ellos inicie la violencia como algo propio de las relaciones de pareja, y permite que a pesar del daño que produce se mantenga invisible y callada dentro de la normalidad en el 80% de los casos. Es la propia normalidad social la que actúa como argumento y como cómplice para ocultar y justificar la violencia de género, por eso quien actúa desde ella, es decir, los hombres que lo deciden, cuentan con la ventaja de sentirse “justificados” por una sociedad que aporta argumentos para recurrir a la violencia contra las mujeres. Y esa misma situación es la que hace que las mujeres que la sufren se sientan cuestionadas y culpables de lo que les pasa, y crean que su responsabilidad está en continuar en la relación para intentar “hacer cambiar” al hombre que las agrede, sin ser conscientes de que en realidad quedan atrapadas dentro de la propia violencia.

Ejercer la violencia desde esas circunstancias da una serie de ventajas, entre ellas el hecho de que lo más probable es que el agresor no sea denunciado (se denuncia un 20%), si lo denuncian lo más probable es que no sea condenado (se condena un 23%), y de ese modo la relación continúa bajo los dictados impuestos por él a través de la violencia con la ayuda de la amenaza de que vuelva a ocurrir, y junto a una sociedad que cuestiona a la mujer en lugar de hacerlo al hombre agresor. Esa es la superioridad del hombre que utiliza la violencia de género, cuyo sentido es dado por la cultura que la “normaliza”, no por las circunstancias individuales del caso. Y eso es lo que reconoce el Tribunal Supremo en su jurisprudencia, como hemos visto recientemente.

La estrategia del machismo es clara, “negar para confundir y confundir para negar”. Esa es la razón por la que antes negaban la violencia de género, puesto que no había estadísticas ni una definición específica de ella en la ley, y ahora que sí la hay y conocemos su dimensión y significado, intentan negar el machismo de la violencia, es decir, la construcción de género que hay tras ella para ocultarla entre otras violencias.

En algo tienen razón, hoy “not all women”están dispuestas a aceptar las imposiciones del machismo, y “not all men”son ya machistas, por eso el machismo cada vez tiene menos espacio y menos poder, de ahí su reacción y los bulos que levantan, porque el machismo sin el andamio de la mentira solo es escombros.

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2019/01/15/not-all-women/

Artículo 3. Definiciones (Convenio de Estambul)

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

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Antes de querer inventarse una realidad, el machismo, la derecha y la ultraderecha deberían darse un paseo por la que ya existe, y así evitar tropezar con los hechos.

El Convenio de Estambul (“Convenio del Consejo de Europa sobre la prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica”) fue aprobado en 2011 y ratificado por España en 2014, ratificación que lo integra como normativa española. Su artículo 3 es muy claro, literalmente dice:

Artículo 3. Definiciones

A los efectos del presente Convenio:

  1. por “violencia contra las mujeres” se deberá entender una violación de los derechos humanos y una forma de discriminación contra las mujeres, y designará todos los actos de violencia basados en el género que implican o pueden implicar para las mujeres daños o sufrimientos de naturaleza física, sexual, psicológica o económica, incluidas las amenazas de realizar dichos actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, en la vida pública o privada;
  2. por “violencia doméstica” se entenderán todos los actos de violencia física, sexual, psicológica o económica que se producen en la familia o en el hogar o entre cónyuges o parejas de hecho antiguos o actuales, independientemente de que el autor del delito comparta o haya compartido el mismo domicilio que la víctima;
  3. por “género” se entenderán los papeles, comportamientos, actividades y atribuciones socialmente construidos que una sociedad concreta considera propios de mujeres o de hombres;
  4. por “violencia contra las mujeres por razones de género” se entenderá toda violencia contra una mujer porque es una mujer o que afecte a las mujeres de manera desproporcionada;
  5. por “víctima” se entenderá toda persona física que esté sometida a los comportamientos especificados en los apartados a y b;
  6. el término “mujer” incluye a las niñas menores de 18 años.

Los  47 países que forman el Consejo de Europa reconocen, y así lo han legislado, que existe una violencia especifica contra las mujeres que nace de la construcción que la cultura machista hace sobre el género, es decir, sobre lo que esa cultura entiende que debe ser el papel y la posición de hombres y mujeres en la sociedad. Una violencia, la que sufren las mujeres bajo esas circunstancias, que se produce para mantener el orden dado bajo la idea de corregir y castigar a las mujeres que con sus conductas y comportamientos lo alteren, y que encuentra en la normalidad el mayor cómplice para poder invisibilizarla y silenciarla, tanto que el 75-80% de las mujeres que la sufren no la denuncian.

Pero, además, cuando superan todos los obstáculos, dificultades, miedos y dudas, y las mujeres denuncian la violencia vivida, entonces las críticas  se dirigen contra ellas, no hacia sus agresores, y se produce un cuestionamiento para poner en duda si es verdad o no lo que la mujer relata en la denuncia, o directamente la responsabilizan a ella por haber hecho algo para “provocar” a su agresor, todo ello como parte de los mitos que las asocian con la maldad y la perversidad que la misma cultura ha situado sobre las mujeres. La situación es tan grave que el 1% de “denuncias falsas” que recoge la FGE se convierte “por obra y magia” del machismo en el 80%. Un machismo que tiene dudas para creer a las mujeres cuando denuncian, pero que no tiene ninguna duda para saber que la mayoría de las denuncias son falsas sin necesidad de investigar ni de probar nada.

Las agresiones que sufren las mujeres se producen al final de un proceso de aislamiento y crítica hacia sus fuentes de apoyo externo, fundamentalmente la familia, las amistades y el trabajo, proceso que las atrapa en la propia relación violenta y facilita que asuma los dictados del agresor responsabilizándola de la propia violencia que sufre. Ese proceso interno de aislamiento llevado a cabo por el hombre que la agrede es integrado dentro de la normalidad de los “asuntos de pareja” por el machismo externo de la sociedad, hasta el punto de llevar a las propias víctimas a manifestar lo de “mi marido me pega lo normal” sin que nadie que lo escuche reaccione ante tal afirmación. Es lo que recoge la Macroencuesta de 2015 cuando el 44% de las mujeres que sufren violencia y no la denuncian, refieren no hacerlo porque la violencia “no es lo suficientemente grave”. 

Ese es uno de los logros del machismo, situar la crítica de la violencia en lo cuantitativo y luego hacer del umbral que define lo “inaceptable” algo relativopara que suba o baje según las circunstancias y la decisión del agresor.

La violencia de género, como vemos, vive entre la normalidad y es protegida por las circunstancias que llevan a que no se denuncie, y a la pasividad de los entornos y de muchos profesionales que atienden a las víctimas, y en lugar de profundizar en la situación que presentan miran para otro lado, por eso el porcentaje de denuncias a través del parte de lesiones, por ejemplo,  sólo fue del 9’7% en 2017.

Todas estas circunstancias para ejercer la violencia contra las mujeres, y luego para justificarla y mantenerla como parte de la relación, son propias de la violencia de género, no ocurren con otras violencias domésticas ni fuera de ese escenario familiar. No existe una construcción cultural que lleve a decir a los hombres “mi mujer me pega lo normal”, ni a que si hombre comente o denuncie que la mujer le ha pegado alguien le diga, “algo habrás hecho”,del mismo modo que no genera sospechas en el momento de acudir al Juzgado ni nadie dice que denuncia porque “quiere quedarse con la casa, los niños y la paga”.

La realidad de la violencia contra las mujeres es objetiva y los estudios la han puesto de manifiesto desde hace décadas. La resistencia del machismo y de los partidos de derechas no es casualidad, sino consecuencia de una defensa de su modelo de sociedad y relaciones basado en la desigualdad y en la referencia de los hombres, para hacer del resto de la realidad parte de sus competencias (mujeres, familia, educación, economía…)

Erradicar la violencia de género exige acabar con el machismo, no puede haber solución si permanecen las causas, del mismo modo que habrá consecuencias si continúan las razones que dan lugar a ellas. Por eso el propio Consejo de Europa en el Convenio de Estambul, en su artículo 9, reconoce y da un papel esencial a las ONGs y a la sociedad civil en todo el proceso, porque es consciente de que las actuaciones desde las instituciones y los propios entornos de las víctimas no es suficiente para abordar todos los elementos que genera el machismo desde la normalidad para atrapar a las mujeres en la violencia. Lo que el machismo y la derecha llama “chiringuitos” de manera despectiva son instrumentos esenciales para salir del foso que la cultura cava alrededor de cada relación violenta, lo cual demuestra el gran desconocimiento que tienen sobre la violencia de género y su desconsideración a las mujeres, niños y niñas que la sufren y viven bajo sus golpes y amenazas.

El artículo 3 del Convenio de Estambul establece de forma clara la diferencia entre violencia de género y violencia doméstica, confiemos en que los 3 partidos de Gobierno en Andalucía articulen sus políticas sobre el pivote de la Igualdad, de lo contrario no sólo estarán contra la realidad, estarán también contra la ley.

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2019/01/11/articulo-3-definiciones-convenio-de-estambul/

El fracaso del machismo

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

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Los machistas han comenzado a salivar en cuanto han visto que los partidos de la derecha están cocinando una serie de medidas para limitar las políticas de Igualdad y contra la violencia de género, y así andan, salpicando con sus fluidos las redes y medios.

Nada nuevo respecto a los machistas, que desde el primer momento vieron que la Ley Integral contra la Violencia de Género (LIVG) era un instrumento eficaz para responder ante su violencia de género, tanto sobre los casos como sobre las causas, pero sí respecto a la política, donde un partido accidental es capaz de situarse por encima del Tribunal Constitucional para decir que la LIVG es inconstitucional, y se atreve desde su posición mínima, no sólo minoritaria, a enmendar lo que la soberanía popular a través de sus representantes ha aprobado y ratificado por unanimidad en diferentes ocasiones. Interesante ejercicio de democracia el del machismo.

Todo ello demuestra que andan un poco de los nervios y que el machismo ha fracasado en su intento de mantener la desigualdad como normalidad, y la violencia contra las mujeres como un tema privado e invisible para que los hombres puedan continuar con sus privilegios, entre ellos negar esa violencia de género y mezclarla con otras formas de violencia interpersonal para que pase desapercibida su responsabilidad social y criminal.

Hoy se denuncia más violencia contra las mujeres en las relaciones de pareja y en la vida pública, circunstancia que demuestra el fracaso del machismo violento en sus formas y en su fondo.

Pero no sólo se denuncia más, también ha aumentando la violencia de género en la sociedad, como demuestran las Macroencuestas. El machismo es cultura, no sólo conducta, una cultura de poder levantada sobre las referencias de los hombres, y como tal tiene tres instrumentos para condicionar la realidad: la influencia, el premio y el castigo. El fracaso del machismo se ha traducido en una pérdida de su capacidad de influir y premiar, por lo que en un intento de mantener sus privilegios y de castigar a quienes los cuestionan ha recurrido al incremento de la violencia.

Sin embargo, como su capacidad de manipular en nombre del orden dado es tan alta, ahora intentan presentar ese incremento del número de casos como un fracaso de la ley, como si la ley fuera la que diera las pautas para maltratar, y como si el machismo estuviera feliz de ceder sus posiciones de poder sin resistirse, y como si la desigualdad construida sobre su idea de “inferioridad e incapacidad” de las mujeres hubiera sido para ellos un error.

El fracaso del machismo es tan manifiesto que en estos 15 años de Ley Integral contra la Violencia de Género sus argumentos no han variado, tan sólo han sido repetidos. Entre esas razones que han dado para cuestionarla, destacan las siguientes:

  1. El número de homicidios no ha disminuido a pesar de medidas establecidas. Un planteamiento trampa basado en dos errores:
    1. Por una parte, comparan los homicidios anteriores a 2003 con los de los años siguientes a la LIVG, cuando en cada uno de esos periodos se medía algo diferente. Antes de la LIVG el concepto jurídico existente era el de violencia doméstica o familiar, por lo que muchos de los homicidios de mujeres en parejas sin convivencia (novios o exparejas) no se contabilizaban. Curiosamente, es a esta referencia a la que nos quieren llevar ahora para volver a ocultar la violencia contra las mujeres.
    2. El segundo error es contabilizar los homicidios en términos absolutos, sin considerar el grupo de población en el que se producen (el número de mujeres maltratadas), y si este es mayor o menor. Al haber aumentado el número de mujeres que sufren violencia machista debido a la reacción del machismo, la tasa de homicidios ha disminuido un 42%, y lo ha hecho en gran medida debido a los cambios sociales en cuanto a concienciación, e institucionales en cuanto a respuesta y atención, gracias a la LIVG.
  2. El número de mujeres maltratadas ha aumentado. Ya hemos comentado que este incremento de la violencia machista es consecuencia del machismo, no de las iniciativas que buscan erradicarlo. El objetivo de la violencia de genero es el control y el sometimiento de las mujeres a los dictados del hombre, y del mismo modo que los machistas no aplican la violencia explícita y directa sobre las mujeres que “hacen lo que ellos dicen”, el cambio social y la conciencia crítica de las mujeres que cuestionan esa imposición  ha llevado a que los hombres utilicen más la violencia. Una situación que requiere más medidas y tener en cuenta este proceso dinámico, pero que es responsabilidad única del machismo.
  3. Críticas sobre el presupuesto invertido. Tal y como hemos explicado, las políticas desarrolladas han permitido sacar a la luz la violencia y las agresiones que sufren las mujeres por parte de los hombres, y ha facilitado que muchas mujeres hayan salido de la violencia a través de la denuncia, pero también, y de forma mayoritaria, por medio de la separación y el divorcio. Este proceso en gran parte se ha debido a los recursos que la LIVG y otras iniciativas han desarrolladosobre la concienciación, información, asistencia, atención, protección… si no hubieran existido recursos ninguna de esas medidas podrían haberse aplicado para que las mujeres puedan vivir libres y sin violencia.
  4. Argumentos para confundir y desviar la atención. El machismo siempre ha desarrollado diferentes estrategias para mantener su status y privilegios, es lo que tiene el poder, la capacidad de hacer cosas diferentes sin que se vean incongruentes ni resten. Por eso, al mismo tiempo que piden derogar la LIVG hay quien pide incluir en ella a los hombres, da igual el sinsentido del planteamiento, lo importante es la crítica y la confusión. Y en esa confusión es donde el posmachismo insiste con argumentos sempiternos como el de las denuncias falsas, la violencia que sufre los hombres, o la idea de que “violencia es violencia”… todo ello con la idea de conseguir dos objetivos:
    1. El primero es ocultar la violencia contra las mujeres entre otras violencias para que no se conozca bien su dimensión y consecuencias, tal y como sucedía en 2003 antes de la LIVG.
    2. El segundo va dirigido a desviar la mirada del origen y significado de la violencia contra las mujeres para ocultar la construcción del machismo y esa normalización que existe detrás de ella. Hablar de violencia doméstica o familiar, además de mezclar y confundir las distintas violencias, sitúa el problema en el escenario, ese ambiente familiar o doméstico, en lugar de hacerlo en la construcción de género que da lugar a la violencia contra las mujeres.
  5. El elemento manipulador y “desesperado” del machismo se aprecia de forma objetiva cuando entre sus argumentos para cuestionar una ley introducen el ataque a las personas, organizaciones y movimientos que comparten la aplicación de dicha norma. Una situación tan “desesperada” la del machismo que no dudan en introducir los clásicos ataques a las “Ministras de Zapatero”, pues no soportan que mujeres jóvenes, valiosas y capaces, como Bibiana Aído y Leire Pajín, hayan sido las responsables de desarrollar e implementar gran parte de las políticas que han llevado al fracaso del machismo.

Su fracaso está claro, si la LIVG no fuera exitosa para erradicar la violencia contra las mujeres y para ayudar a consolidar la Igualdad, el machismo no se molestaría en cuestionarla ni en pedir que se derogue, y si esta ley no fuera tan buena en sus objetivos, tampoco habría sido premiada en 2014 por Naciones Unidas, el World Future Council y la Unión Interparlamentaria, como una de las mejores leyes del mundo.

La violencia del machismo es el gran drama que aún tenemos que padecer como consecuencia de su realidad, aunque ahora sea una realidad fracasada. Pero el siguiente paso es la erradicación del machismo para que ya no exista ni como fracaso, y el feminismo y una sociedad democrática lo van a conseguir.

Los Reyes Magox

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el diario.es

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Queridos Reyes Magox:

Este año he sido muy bueno, sobre todo como ciudadano, pues por fin me he animado a trasladar a la sociedad todo lo que pensaba y sentía como hombre. Quizás el único reproche que pueda hacerme ha sido en el comportamiento que he tenido con mi hermana, que es una pesada. Lo digo porque a pesar de que ya somos mayores de edad no para de meterse conmigo diciéndome que ponga la mesa, que luego la quite, que haga la cama, que mi madre no es mi criada ni ella tampoco, que por qué dejo la ropa en el suelo del cuarto de baño cuando me ducho… y tontería de esas. Porque claro, luego, cuando hay que ir a por una caja de cervezas al súper o subir los cartones de leche, entonces no dice nada de hacerlo ella.

El otro día sin ir más lejos, en plena cena de Nochevieja, le tuve que dar una bofetada porque me dijo que era un machista. Y todo porque le solté la verdad a la cara, y expliqué que como las mujeres no tienen la misma capacidad ni profesionalidad que los hombres, tienen que salir medio desnudas para llamar una atención que no captarían si fuesen vestidas decentemente. ¿A ver cuántos hombres han salido cantando o presentando un programa en bañador o con poca ropa?

Y lo gracioso es que, encima, se mosqueó conmigo cuando fue ella la que me provocó, y además con insulto incluido, pues yo no soy machista… En mi vida he maltratado a una mujer, ni falta que me ha hecho tampoco, porque yo creo que las mujeres se dan cuenta perfectamente cuándo están ante un hombre de verdad, de esos que dan seguridad y se hacen respetar, no como muchos jóvenes de ahora con sus coletas, sus piercings y sus tatuajes, que no saben lo que son, ni lo que no son.

Y así nos va, rodeados de hombres blandengues que permiten que las mujeres les lleven la contraria y les salgan respondonas, incluso delante de otra gente o de los hijos. ¿Pero qué imagen se van a llevar tus amigos, tu familia o tus propios hijos si lo permites?, ¿qué valores estamos transmitiendo a las nuevas generaciones?. Mirad mi hermana, ya veréis como no vuelve a saltar con tonterías como la de la otra noche.

Porque claro, las mismas mujeres que tanto nos exigen a los hombres, cuando necesitan algo que ellas no pueden hacer se ponen muy dulces y melosas para que lo hagamos… Menudas pájaras, es que son unas falsas por naturaleza, por eso hay que controlarlas, por tu bien, pero sobre todo por el suyo propio. Y si no lo hacemos los hombres de verdad, quién lo va a hacer, y más en estos tiempos. Cualquier día les pasa algo y ya no habrá nada que hacer, y a los hechos me remito… Con la de extranjeros que hay ahora por aquí dispuestos a todo, y más con las mujeres. Ellos, que no están acostumbrados a ver hembras como las nuestras, con esa belleza mediterránea y con lo sexy que son… Luego pasa lo que pasa y todo el mundo se echa las manos a la cabeza, pero si fueran con hombres hechos y derechos no les pasaría nada, porque las protegeríamos de tanta chusma como hay. Por lo menos a las que merecen la pena, porque luego está las feminazis, esas que no paran de gritar por la calle a ver si alguien se fija en ellas, porque son todas unas marimachos.

Bueno, como me estoy extendiendo y no quiero resultar pesado, que luego no termináis de leer la carta y es ahora donde vienen los regalos que os pido, voy a finalizar.

Sólo quiero insistir en que he sido bueno, tanto que me he comprometido para hacer de esta sociedad lo que era antes, volver a conquistarla y apartarla de las manos de la conspiración laico-feminista que quiere acabar con nuestra cultura y nuestras tradiciones, mucho peor que la judeo-masónica que decía nuestro siempre recordado inspirador.

Por eso voy a ser generoso y lo único que os pido es que deroguéis la carta de mi hermana, y no le traigáis nada a ella, que ya tiene bastante y está muy subida, siempre exigiendo. Así que lo mejor es que este año no reciba ningún regalo. ¿No quiere igualdad, como ella dice?, pues a ver si la igualo, que siempre pilla más que yo.

Prometo seguir siendo igual de bueno a lo largo de todo este año, y hacer de nuestras
tradiciones, entre ellas esta de los Reyes Magos, una referencia, pero para que las cabalgatas sean como Dios manda y no salgan sus majestades vestidos de espantapájaros, ni disfracen a ninguna mujer de lo que no es. Y Baltasar con la cara pintada, como ha sido toda la vida.

 

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