El ” eneamigo “

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor Autopsia

El “eneamigo” es una nueva realidad que ha cogido fuerza en estos últimos tiempos de marcado individualismo,  y define la relación con las personas a título individual  o grupal. El concepto de “eneamigo”básicamente se refiere al uso que se hace de las personas del entorno, que pueden ser amigos o enemigos según las circunstancias cambiantes. Por ejemplo, la juventud de Valencia puede ser enemiga si se manifiesta en contra de los recortes que le afectan, pero al mismo tiempo puede ser amiga cuando apoya al Papa Benedicto XVI en su visita a la ciudad; a lo mejor hubo jóvenes que estuvieron en las dos concentraciones, pero da igual, en una fueron enemigos y en otra amigos. Otro ejemplo son los jueces, que pueden ser amigos cuando fallan a favor de tus propuestas o enemigos cuando lo hacen en contra, la idea no es cuestionar o destacar la acción de un juez o Tribunal, eso siempre ha ocurrido, sino presentar al conjunto bajo la sospecha o el reconocimiento según interese en un momento determinado. Algo parecido sucede con los medios de comunicación, que pasan de ser garantes de la pluralidad y la libertad, a ser los instrumentos de la manipulación y la conspiración cuando las informaciones cuestionan sus actuaciones, y de nuevo se hace a través de la generalización, no de la crítica concreta.
Es el camuflaje en la mirada, la realidad es la misma, las personas no cambian, pero se ven de forma completamente distinta según la mirada se tiña de un significado o de otroAntes ocurría exactamente lo contrario, las posiciones, las ideas y las personas estaban perfectamente definidas y situadas en un lugar concreto del cual era muy difícil cambiarlas. La frase que resumía esta situación era aquella tan repetida por George Walter Bush, y que luego tantos otros pronunciaron: “Conmigo o contra mí”, decían. Y si estabas en un lado eras amigo y si te situabas en el otro eras enemigo, daba igual porqué lo hicieras y lo que llevaras a cabo con posterioridad, la etiqueta te identificaba y quedabas marcado para siempre dentro de un grupo, como  se marca al ganado. Todo era parte de una estrategia dirigida a redefinir las identidades sobre elementos superficiales y claramente influenciables que iniciaron los neoconservadores norteamericanos, para buscar la identidad por contraste en lugar de hacerlo sobre elementos propios y definidos y así aumentar la sensación de miedo e inseguridad. La táctica era sencilla, se tomaban algunas referencias genéricas y a partir de ellas para saber quién era uno lo importante era dejar muy claro lo que no se era. Por ejemplo, yo no sé lo que soy cuando digo que soy patriota, pero sé muy bien que estoy en contra de los inmigrantes, de la multilateralidad en las relaciones internacionales, de determinadas religiones… Todo estaba claro y cada uno en su sitio. Todos sabían lo que no eran y, por tanto, lo que eran al no serlo, y, de este modo, todos estaban donde tenían que estar.
Sin embargo, la rigidez de estos planteamientos neoconservadores perdió fuerza cuando el contraste de la amenaza se difuminó, y cuando la experiencia mostró los diferentes colores y tonos de la realidad. Ya no se podía colorear con las ideas, por lo que se cambió de estrategia y se pasó a camuflar las miradas otorgando significado a las situaciones y a las personas según las circunstancias, daba igual que un día fueran una cosa y al día siguiente la contraria, lo importante era que en los dos días se hacía un crítica al otro y una reivindicación de la posición propia.
Es parte de la negación de las ideologías que se intenta imponer en el momento actual. Ahora lo que importa son los hechos y lo que se busca es el apoyo funcional del voto, no del compromiso, pues el compromiso exige reciprocidad y participación, y eso molesta a quien quiere imponer sus decisiones, pero también sus ideas y sus valores en una clara exaltación de la ideología, pero de su ideología. Por eso dijo Rajoy en una entrevista en la SER el 4-4-11 que iban a hacer un programa para que lo votaran la mayoría de los españoles, que había que “terminar con el soy del Beti manque pierda”. Todo vale según me sea útil, la única ideología es el poder bajo mis referencias, y por ello se puede ser “el partido de los trabajadores” y hacer una reforma laboral contra los trabajadores, o estar a favor de la igualdad y criticar a las mujeres y al feminismo como causantes de una violencia de género estructural… O lo ocurrido ayer mismo en el Congreso con la comparecencia del Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, que ha pasado de reconocer que pudo haber algún “exceso policial” (21-2-12) a identificar a los estudiantes con radicales violentos que atacan a la policía.
Son los “eneamigos”, hoy amigos, mañana enemigos, da igual el planteamiento ético y la coherencia, lo importante es que en los dos días se obtiene algún beneficio al considerarlos de forma contraria.

Machismo gratis total

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor Autopsia

Con frecuencia los machistas actúan como los niños cuando hacen alguna travesura que quieren ocultar. Se oye un ruido en el salón donde un niño anda jugando, entra el padre o la madre para averiguar qué ha ocurrido, ve que hay un jarrón roto en el suelo, y lo primero que dice el niño mientras intenta ocultar el balón tras su cuerpo, es “yo no he sido…” Y lo hace porque en verdad cree que en su mundo esa explicación es suficiente para alejar las dudas y llevarse la sospecha.

Los machistas que saltan a las redes como si estas fueran la arena del coso, no hablan desde la inocencia infantil, sino desde la falta de costumbre de siglos de impunidad. No están acostumbrados a que se les exija por todos los “jarrones rotos” de su violencia ni a dar explicación alguna por nada, por eso intentan lo del “yo no he sido” negando la violencia de género en cualquiera de sus manifestaciones. Pero como observan que ya no tienen éxito y sólo se lo creen ellos mismos, ahora tratan de incorporar algún argumento nuevo  para intentar pasar desapercibidos, a pesar de que las consecuencias de su violencia son objetivas.

La última estrategia del machismo es hacer creer que el trabajo contra su modelo y la violencia de género no es legítimo, y que las acciones realizadas desde el feminismo y las instituciones que abordan estos casos de violencia, se llevan a cabo por los beneficios económicos de quienes defienden y trabajan por la Igualdad. Por eso, entre otras iniciativas, desde la ultraderecha han pedido conocer la identidad de trabajadoras y trabajadores bajo un primer argumento que hablaba de “ideología”, aunque después hayan cambiado sus razones, aunque no las acciones. Para ellos la derecha ni el machismo son ideología.

Lo que busca el machismo con ese argumento es un doble efecto, por un lado presentar ese trabajo como las tareas de una especie de mercenarios que sólo buscan un interés material; y por otro, hacer creer que dichas personas necesitan aumentar el número de casos de violencia de género, y con ellos el ataque a los hombres, la familia, el orden social…  para enriquecerse mucho más a costa del sufrimiento de quienes sufren la injusticia de esa estrategia, que son los hombres “denunciados falsamente”.

La estrategia no es nueva, si se revisa la hemeroteca, al argumento económico es el que más se utiliza contra las personas a quienes se busca criticar, y presentarlas como interesadas en su trabajo y compromiso sólo por el interés económico. Un ejemplo cercano lo tenemos en la visión estereotipada de la política que se suele dar desde estas posiciones, sobre todo cuando se actúa contra personas y los partidos de izquierdas, porque en su modelo de sociedad la derecha representa el status y la riqueza, y es legítimo, según sus argumentos, que tengan dinero y que realicen actividades de todo tipo para conseguir más ganancias a título personal, además de gestionar la política. Por el contrario, la izquierda es presentada como un grupo de personas que llegan a la política para enriquecerse y con la revancha de “quitarle a los ricos” lo que tienen; y todo ello porque son incapaces de ganarse un sueldo por méritos propios.

El machismo ha recuperado esta estrategia para defender su posición porque sabe que genera ese doble impacto: la crítica a través de la idea de instrumentalización de las propuestas a favor de la Igualdad, y el odio contra todas las personas que las secundan y desarrollan al mandar el mensaje de que lo hacen para enriquecerse (asociaciones, organizaciones, profesionales…) sobre el dolor de quienes sufren las consecuencias negativas de esas iniciativas, que para ellos, como hemos apuntado, son los hombres buenos y honrados “denunciados falsamente”.

Y no es casualidad. En el machismo perciben que toda la transformación que vive la sociedad a favor de la Igualdad, además del cambio cultural que conlleva, supone una pérdida de los beneficios que la desigualdad otorga a los hombres.

Los privilegios de los hombres debidos al machismo son “gratis total”, no necesitan subvenciones, ni ayudas, tampoco iniciativas parlamentarias ni planes de acción, ya cuentan con los Presupuestos Generales del Estado como financiación, con la cultura como marco, y la normalidad como protocolo de actuación. Los hombres ya disfrutan de una brecha salarial a su favor, de una mayor ocupación laboral, de mejores puestos en el trabajo y en los espacios de decisión, de mayor tiempo de ocio, concretamente un 34% más cada día, mientras que las mujeres se tienen que dedicar un 96% más a las tareas domésticas, y un 26% más al cuidado de hijos e hijas (CIS, marzo 2014). El último ejemplo lo tenemos en la decisión del Tribunal Constitucionalde declarar inconstitucional el cálculo de las pensiones en los puestos de trabajo a tiempo parcial, entre otras razones por existir una discriminación de género en este tipo de actividades laborales que lleva a que el 75% del mismo sea desarrollado por mujeres.

El machismo no da puntadas sin hilo, y cuando recurre al argumento de los beneficios económicos y los “chiringuitos” del feminismo y de quienes trabajan por la Igualdad, además del ataque, lo hace porque perciben que sus beneficios y privilegios se están resintiendo, de ahí su resistencia y ataque. Porque quieren mantener los privilegios de la desigualdad y el “gratis total” que les proporciona el machismo.

El “hombrigo”

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor Autopsia

La cultura tiene cuerpo de hombre, voz de hombre, un solo ojo de cíclope macho, brazos y piernas de hombre… y su centro, como no podía ser de otro modo, está en el ombligo.

El ombligo de esa cultura musculada, de voz grave y mirada plana se convierte así en “hombrigo”, un punto abstracto e invisible en el espacio de la convivencia en el que todo comienza y termina. El “hombrigo” viene a ser a la cultura como el “Big Bang” al universo, el lugar de donde surgió la vida tal y como la entendemos, y la cultura tal y como la vivimos; pero también donde se esconden las claves de la “materia oscura” de la realidad invisible que, aun así, influye en la organización de la parte material del cosmos y de la convivencia en sociedad.

No es casualidad que los científicos busquen acelerar las partículas para alcanzar la anti-materia, y que sea la sociedad acelerada del siglo XXI la que esté empezando a mostrar el lado oscuro de un machismo que ha dejado de moverse en la lentitud conservadora impuesta para que “todo fuera como siempre”, y que ahora vive el vértigo del progreso y el cambio.

El machismo nació para permanecer, no para perdurar. Nació para permanecer en sí mismo, no para perdurar en el cambio a través de una sucesiva transformación, por eso el objetivo siempre ha sido defender sus valores y referencias por medio de todo ese ajuste al orden y de que todos cumplan sus órdenes. Si no se cumplen los dictados aparece la amenaza del castigo y la violencia como pena o “esperanza” de superación, de ahí que muchas víctimas la entiendan como una especie de vía crucis destinado a su liberación por “no haber sido buenas mujeres”.

Y todo ello se debe a que el hombre creó la cultura a su imagen y semejanza, después la hizo universal, y luego él mismo se convirtió en la medida de todas las cosas. Ese es el “hombrigo”, la referencia práctica y funcional que toma al hombre como unidad del “sistema métrico cultural”.

La realidad nos muestra esa reacción en muchos aspectos del día a día, especialmente en lo relacionado con la defensa directa de sus privilegios a través de la violencia de género, ese arma de destrucción masiva en situaciones de paz que a lo largo de la historia ha causado más daño y dolor que muchas de las armas de guerra tradicionales.

Los hombres nunca se han quejado ni han visto un agravio en cualquier medida o iniciativa que supusiera un trato diferenciado entre distintas personas o poblaciones cuando el objetivo era corregir una injusticia social. No ha habido oposición, por ejemplo, contra las leyes que castigan más la violencia racista,tampoco contra la xenófoba, ni ha habido críticas de los hombres contra el agravamiento de las conductas terroristas, ni cuando se exige la condición de funcionario para que la violencia en determinadas circunstancias sea consideradatortura. Todas son medidas dirigidas a combatir el problema subyacente del racismo, la xenofobia, el terrorismo, la tortura… y todas esas conductas pueden ser llevadas a cabo por hombres y mujeres, aunque en la práctica la inmensa mayoría sean cometidas por hombres.

Tampoco han dicho nada los hombres contra la violencia que sufren por parte de otros hombres, ni contra la que sufren los niños y niñas, menos aún contra la que viven los ancianos. Ni siquiera han levantado históricamente la voz contra la que ejercían las mujeres contra ellos, estas situaciones formaban parte de la construcción que ellos mismos habían creado en forma de cultura universal, por lo que de algún modo, aunque no fueran deseadas tampoco eran ajenas al propio sistema.

Todo ello nos indica que el problema que ahora sitúan en la “Ley Integral contra la Violencia de Género” (LIVG), no está en el trato diferente que se da ante determinadas circunstancias sociales, que desde el punto de vista de la política criminal requieren ser abordadas con un trato distinto a otras violencias con un significado y circunstancias diferentes, aunque también producen lesiones y muertes. Lo hemos visto con el racismo, la xenofobia, el terrorismo, la tortura… y tantas otras situaciones. Tampoco está el problema en que haya víctimas diferentes (mujeres, niños y niñas, hombres, ancianos), ni agresores diversos (también hombres, mujeres, jóvenes y ancianos), el problema está en tomar como referencia para desarrollar determinadas políticas criminales a los hombres, aunque vayan dirigidas a luchar contra una violencia que llevan a cabo ellos. Hacerlo es como mandar una nave espacial al agujero negro donde surgió el universo y con él la vida, y poder desvelar secretos para entender la realidad patriarcal.

Y es lo que ha ocurrido con la LIVG y con las medidas y políticas dirigidas a erradicar la desigualdad y a promocionar la Igualdad, que vienen a ser como bombillas de colores en el oscuro pozo del “hombrigo”.

Ahora muchos hombres, aquellos que defienden ese sistema umbilical que une la masculinidad con el tiempo para así hacer de cada día eternidad, y justificar su creación por la vía de los hechos y de los deshechos, curiosamente se sienten atacados sólo por ser referencia y medida de una conducta protagonizada por ellos mismos. Por eso se quejan de una ley dirigida contra la violencia que ejercen los hombres sobre las mujeres, porque entienden que ellos no se pueden beneficiar. No les importa que haya leyes que castiguen a hombres, nunca les ha importado ni han hecho nada por erradicar la violencia asociada a la conducta masculina, lo que les molesta es que la LIVG no sea también para hombres y, sobre todo, que queden al descubierto los hombres que la ejercen y los valores e ideas que llevan a usarla, pues forman parte de ese núcleo oscuro que han escondido tras las paredes del hogar y en la intermitencia de los comportamientos normalizados con su “ahora sí”, “ahora no”…

Se lamentan también de que no son considerados “en igualdad” con las mujeres a la hora de reconocer el ejercicio de la paternidad con sus hijos e hijas tras la separación, pero en cambio no se quejan de las referencias de una cultura androcéntrica creada por ellos mismos que identifica a las mujeres con la maternidad y el cuidado, y a los hombres con la protección y el sustento. Y tampoco lo hacen cuando cada día las madres dedican un 97% más de tiempo a la realización de tareas domésticas, y un 26% más que los padres al cuidado de los hijos e hijas (Barómetro del CIS, abril 2014).

Se quejan de todo aquello que según su unidad de medida no les aporta ventajas manifiestas, pero no lo hacen de los privilegios y beneficios que les proporciona la construcción patriarcal surgida de ese “hombrigo” sideral para hacer de la cultura universo.

Todo lo anterior explica por qué ven las naves de la Igualdad como una invasión y una amenaza, y por qué muchos hombres están respondiendo con más violencia, tal y como demuestran las Macroencuestas. Estos guerreros de la desigualdad no quieren que nada cambie, y para conseguirlo están dispuestos a enfrentarse con quien sea necesario.

Deberían entender que la Igualdad resuelve todos los problemas de la desigualdad, así de sencillo. Otra cosa muy distinta es que vivan la Justicia, la Paz y la convivencia como un problema, pero eso no es culpa de las mujeres ni de los hombres que queremos la Igualdad para toda la sociedad, la única responsabilidad de esa idea está en aquellos hombres que quieren mantener la desigualdad en beneficio propio, y el “hombrigo” como centro del universo de su cultura.

Muchos de esos hombres consideran que sus ideas son el ombligo del mundo, pero en verdad sólo son la cicatriz que demuestra que parte de la desigualdad y de la injusticia que generaba ya ha sido extirpada

El Supremo y “La manada”

 

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor Autopsia

La sentencia “emanada” del Tribunal Supremo sobre el caso de “la manada” ha venido a corregir el desfase que se había producido entre el tiempo y la realidad, un tiempo lastrado por los prejuicios y estereotipos de quienes añoran unos años que quedaron atrás, y una realidad que avanza con la fuerza de la Igualdad y la mirada crítica de la conciencia para no olvidar que hasta 1989 la violencia sexual estaba considerada como “delitos contra el honor”, y que, en consecuencia, no había libertad si no había honor, situación que todavía condiciona el presente.

El Derecho ha cambiado, pero la idea de honor no tanto, por eso  muchos no entienden la libertad de una mujer para caminar con cinco hombres en la madrugada de una ciudad en fiestas, y sí ven la libertad de esos cinco hombres para interpretar y decidir sobre lo que la mujer decide o desea. Esa es la mirada con “perspectiva machista” que lleva a dudar de la credibilidad de la víctima o a darle un significado a los hechos a partir de la conducta de la mujer antes, durante y después de la agresión, al tiempo que ignora la conducta de los agresores y da fiabilidad a sus palabras, aunque no haya coherencia entre ellas ni con los elementos objetivos de lo ocurrido.

Todo el mundo acepta esa mirada, en cambio se rechaza corregir la distorsión que produce mediante el cambio de enfoque, y aplicar una perspectiva de género capaz de mostrar cómo la realidad se ha configurado bajo la luz de un “sol de justicia” que levantaba las sombras necesarias para ocultar el verdadero significado de los acontecimientos.

La sentencia del Tribunal Supremo no sólo pone justicia en el caso, sino que contribuye a mostrar esas sombras presentadas como luz ante el contraste con la oscuridad profunda de la negación, y a consolidar la base desde donde se aplica la justicia, que es la justicia social. Son tres los elementos que aporta:

  1. NO SON ABUSOS, ES VIOLACIÓN. En este sentido, da un nuevo significado a lo que ya la Audiencia Provincial de Navarra había recogido como hechos probados, y refleja el peso de uno de los instrumentos más valiosos de la cultura patriarcal, como es la capacidad de dar significado para, aun reconociendo hechos de manera objetiva, darle un sentido diferente. Es lo mismo que sucede ante los homicidios por violencia de género, que a pesar de producirse con una media de 64 al año, aún son presentados como “casos aislados” a través de un significado que mira a las circunstancias particulares de cada homicidio, en lugar de detenerse sobre los elementos comunes a todos ellos.
  2. NO ES UNA VIOLACIÓN CONTINUADA, SINO 10 VIOLACIONES. Ya no sólo es el significado global de lo ocurrido lo que corrige la sentencia del Tribunal Supremo, sino que muestra cómo ni siquiera se llegan a identificar las diferentes agresiones sexuales cometidas por los cinco agresores, y todo queda como si se hubiera tratado de una sola. De nuevo demuestra cómo la violencia de género no llega, si quiera, a ser percibida.
  3. NO SON VÁLIDAS LAS REFERENCIAS QUE INTERPRETAN LA REALIDAD DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO.  Si importantes son las dos aportaciones que hace la sentencia al caso, más trascendente, si cabe, lo es la referencia y el mensaje que manda a toda la sociedad, incluida la Administración de Justicia, a la hora de mostrar cómo se interpreta la violencia de género de manera habitual. La distorsión que introduce la “perspectiva machista” a la hora de dar significado a la violencia contra las mujeres es tan marcada, que unos “Hechos probados” por la Audiencia Provincial de Navarra son la base para llegar a conclusiones contrarias a lo demostrado. Por ejemplo, la sentencia concluye que se trata de abusos sexuales porque no hay intimidación, pero da por probado, y recoge literalmente con relación al momento en que la víctima, en un espacio de 3 metros cuadrados, es rodeada por los cinco agresores y comienzan a desnudarla, que “experimentó sensación de angustia”. Un párrafo más adelante describe que “la denunciante sintió un intenso agobio y desasosiego, que le produjo estupor y le hizo adoptar una actitud de sometimiento y pasividad, determinándole a hacer lo que los procesados le decían que hiciera, manteniendo la mayor parte del tiempo los ojos cerrados”.Y sobre las consecuencias de los hechos, en el momento del juicio oral reconoce que la víctima, dos años después de los hechos, padece un “trastorno por estrés postraumático” grave a pesar de haber estar bajo tratamiento. Si todo eso está presente y ha sido demostrado tiene que haber algo que lo haya causado, y ese factor capaz de producir todas esas consecuencias no puede ser un “error de consentimiento”, sino que tiene que ser una situación caracterizada por la violencia en alguna de sus múltiples formas. Esta circunstancia muestra cómo la Audiencia y el Tribunal de Justicia de Navarra a partir de elementos objetivos llegan a conclusiones contrarias, pero también revela esa misma actitud en la sociedad, incluso cómo una parte de ella insiste en que todo fue una “juerga y diversión”. Finalmente,  ha sido el Tribunal Supremo quien muestra la visión crítica cada vez más numerosa en la sociedad, que entiende que se trató de una violación.

La sentencia del Tribunal Supremo pone mucha luz sobre las sombras que el machismo siempre ha levantado alrededor de la violencia de género en cualquiera de sus manifestaciones, especialmente en la que se lleva a cabo dentro de las relaciones de pareja y como violencia sexual. La sentencia demuestra cómo la clave que ha utilizado la sociedad a la hora de valorar y de responder profesionalmente desde distintos ámbitos no ha sido la negación de los hechos, sino su reinterpretación para darle el significado necesario que permitiera integrarlos como parte de la normalidad,  o como un hecho aislado y menor sin trascendencia ni significado social. Y para ello resulta fundamental cuestionar la conducta y la palabra de las mujeres víctimas, no la de los hombres agresores. Es lo que se ha visto también en la sentencia de “la manada”, cuando se cuestiona a la víctima porque hubo un beso con uno de los agresores antes de la violación, o cuando se intenta investigar en su vida privada tras el juicio. En cambio, esos mismos sectores no dicen nada de la conducta de los agresores antes de la agresión, de cómo la introdujeron en el portal tirando de ella, concretamente (según se escribe en la sentencia), dos de los agresores la cogieron de las manos y “ambos la apremiaron  a entrar en el portal tirando de “la denunciante”, quien de esa guisa entró en el recinto de modo súbito y repentino, sin violencia”. Y continúa después, “cuando la introdujeron en el portal, los procesados, le dijeron “calla””. Y tampoco dicen nada de la conducta de los cinco hombres y su relación con una teórica juerga cuando dejan a la mujer sola en el pequeño espacio, llorando y sin móvil, mientras ellos salen a la calle de uno en uno, no como los cinco amigos que se acaban de divertir tanto con una conocida.

No es algo puntual, sino generalizado. Si ante un caso como el de “la manada”, tan objetivo y corregido judicialmente todavía hay quien lo niega, imagínense la verdad que hay detrás sobre todo lo que desde el machismo dicen respecto a la violencia de género en la pareja, a las “denuncias falsas”, a la manipulación de los hijos e hijas por las madres, o al presentar los homicidios machistas como “casos aislados”… Todo forma parte de su estrategia de ocultación y confusión, por eso ahora intentan, una vez más, esconder la violencia de género dentro de la “violencia intrafamiliar”, para así facilitar todo este proceso y dar un nuevo significado a la realidad.

Nada es casual. La sentencia del Tribunal Supremo ha puesto luz, conocimiento y referencias para interpretar la realidad de la violencia de género.

Manifiesto Orgullo UGR 2019

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La Universidad de Granada sigue dando pasos en este gran camino hacia la Igualdad, para ser un referente en la lucha contra la intolerancia. Para ello, cualquier persona LGTBI que estudie o trabaje en alguno de nuestros espacios debe tener claro el absoluto compromiso de este Rectorado en la lucha contra la discriminación.

No es posible ignorar la realidad de tantas personas LGTBI y nuestras acciones deben encaminarse a que la comunidad universitaria pueda desarrollar su actividad libremente y con garantías de igualdad.

Contamos entre nuestros campus con asociaciones, entidades y servicios que trabajan incansablemente defendiendo los derechos de las personas LGTBI, como son la Asamblea de Identidades Sexuales y de Género, la Academia de Identidades de Género, la Unidad de Igualdad (dentro del Vicerrectorado de Igualdad, Inclusión y Sostenibilidad) y el movimiento feminista. Debemos potenciar su lucha, para erradicar de nuestra Universidad cualquier atisbo de homofobia, lesbofobia, bifobia y transfobia. La Universidad de Granada apoya al asociacionismo universitario en defensa de los Derechos Humanos y pone a disposición de la comunidad universitaria el Protocolo para el Cambio de Nombre de Personas Transexuales, Transgénero e Intersexuales, del cual se han tramitado ya 22 solicitudes.

Dado que nuestra actividad como universidad está enfocada a la docencia, la investigación y a la creación de las condiciones necesarias para lograr el ambiente para alcanzarlas, debe ser nuestra intención fomentar el conocimiento de la realidad de las personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Hay que promover la oferta de asignaturas optativas de carácter transversal destinadas a la difusión e investigación de este conocimiento en cada una de las ramas del saber, así como la propuesta de acciones de formación y actividades de concienciación y sensibilización que también fomenten la defensa de los derechos de las personas LGTBI, que son los derechos de toda la sociedad.

Actualmente, la Universidad de Granada ha elaborado el segundo plan de igualdad, que se encuentra pendiente de aprobación, el cual integra un eje específico LGTBI con las aportaciones recibidas por parte de diversos colectivos. Andalucía se ha convertido en un referente en políticas de igualdad, por lo cual, desde la Universidad de Granada, nos unimos a la petición de todos los movimientos para que sea aprobada una ley LGTBI estatal, que se hace necesaria, urgente e imprescindible para establecer el derecho de las personas a ser tratadas con respeto a su identidad de género u orientación sexual y conseguir así la igualdad real en la Universidad y en el resto de la sociedad, sin ningún tipo de barreras ni ausencias. Por eso,  desde la Universidad de Granada nos unimos al lema que encabezará la manifestación a nivel estatal: “Mayores Sin Armarios: ¡Historia, Lucha y Memoria!”, en honor a las personas mayores que fueron invisibilizadas, perseguidas y encarceladas por el simple hecho de ser quienes querían y sentían ser.

La Universidad de Granada no quiere olvidar a ninguno de sus integrantes y trabaja de manera activa por todas las personas que forman parte de la comunidad universitaria.

Debemos elaborar las políticas específicas que aseguren que estudiantes, personal docente e investigadores y personal de administración y servicios tengan garantizados sus derechos. Nos comprometemos a defender la Igualdad y Libertad de la Diversidad Sexual y de Género, porque con este compromiso aseguramos que la Universidad de Granada siga siendo una universidad para todas las personas.

Por los derechos LGTBI.

¡¡Feliz Orgullo UGR, hoy y cada día!!