María Martín “Ni por favor ni por favora”

Entrevista a María Martín, autora del libro “Ni por favor ni por favora”, realizada por Fran Olivas, de la Unidad de Igualdad y Conciliación.

Ni por favor ni por favora

Os voy a contar lo que me pasa cuando hago el esfuerzo de usar un femenino genérico. Bueno, quizá debería empezar explicando qué es un femenino genérico. Allá voy: cuando en mis redes sociales digo algo como «gracias a todas por felicitarme por mi cumpleaños» en lugar de decir «gracias a todos», estoy usando un femenino genérico. Uso un femenino en el que están incluidos los hombres. Ahora te estarás preguntando que por qué hago esto y yo te puedo reformular la pregunta con un poco de mal genio —malafollá diríamos en Granada— y preguntarte por qué motivo no puedo hacerlo si durante siglos se ha hecho lo contrario, es decir, usar un masculino genérico en el que se supone que las mujeres estaban incluidas. Esto no es verdad y es una de las cosas que he aprendido de María Martín, pero no voy a adelantarme con la presentación de nuestra invitada de hoy. Primero voy a terminar de contar qué me pasa cuando uso un femenino genérico. Lo que me pasa es que, por una parte, tengo que hacer un esfuerzo, pararme, pensarlo, es decir, tener la intención de hacerlo, porque no es algo que esté automatizado ni que me salga de forma natural. ¡Claro! ¿Cómo podría ser de otra forma? Lo que tengo automatizado después de décadas de socialización machista es que lo «normal» es el masculino genérico. Por otra parte, lo que me pasa, es que me siento de alguna forma culpable o incómodo y entonces es cuando pienso en que mi «yo machista se resiente» —o le sale una cana del estrés—, lo cual me parece más que bueno. Confío en poder aniquilarlo pronto, porque lo que no puedo negar —sería de ser muy poco honesto— es que he recibido una educación machista y hay machismo en mí. Por desgracia, la inmensa mayoría de las personas de nuestra sociedad hemos sido socializadas en el heteropatriarcado y deshacernos de esto no va a ser cuestión sencilla. La tercera cosa que suele pasar cuando uso un femenino genérico es que hay alguien —un señoro, concepto que explicaremos más adelante en esta entrada—, que me pregunta si solo me estoy refiriendo a las mujeres y tengo que explicarle que él está incluido en ese femenino genérico. Como podéis ver, el machismo nos cala hasta la médula de los huesos, impregna los aspectos más cotidianos de nuestras vidas. Esto incluye el lenguaje, la forma en la que nos expresamos, las palabras que usamos. Pues bien, esta extensa introducción tiene por objetivo presentaros la temática de esta entrada del blog: venimos a hablar de lenguaje incluso y lo hacemos de la mano de alguien que sabe de esto. Ella es María Martín. Ahora sí, presentación oficial:

María Martín es feminista, licenciada en Derecho y especialista en intervención social con enfoque de género. También ha fundado y dirige la Escuela Virtual de Empoderamiento Feminista (EVEFem) y desde 2007 colabora en varios medios y entidades de igualdad nacionales e internacionales. En el año 2019 publicó «Ni por favor ni por favora» (Catarata) —libro que debéis leer, por favora— y hoy, además, es nuestra invitada del blog. Así que lo primero que queremos hacer es darle las gracias por recibirnos y por contestar a nuestras preguntas. ¡Gracias, María!

Unidad de Igualdad: Hemos leído tu libro y lo primero que queremos hacer es felicitarte, al terminar tu obra, las dudas quedan resueltas y los prejuicios hacia el lenguaje inclusivo, fulminados. La primera pregunta que queremos hacerte es la siguiente, ¿qué te parece que se use un femenino genérico para inclinar la balanza tras siglos usando un masculino genérico? En mi caso, debo reconocer que lo uso para pinchar y provocar un poco, ¿por qué no? Pero nos gustaría saber tu opinión al respecto.

María Martín: Gracias por la felicitación, en primer lugar.

Como opción política me parece perfecta. Al decir política me refiero a la acepción decimonovena del DLE: «Actividad del ciudadano (y la ciudadana) cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, de cualquier otro modo». Los paréntesis son míos, aclaro. Al hacerlo estamos contribuyendo a generar conciencia de nuestra postura política. Y sería muy fácil cambiar la norma del masculino genérico por una norma de mayorías. Si hay más mujeres, femenino, si hay más hombres, masculino. Si no se puede saber se nombra a unas y otros. Evitaríamos la invisibilización sistemática de la mitad de la población y reduciríamos la necesidad de usar herramientas alternativas como los impersonales o los ―mal llamados―desdoblamientos. Es una norma de transición que podría funcionar muy fácilmente porque es muy justa. Y hay pocas personas que no quieran pensar de sí mismas que son justas.

Unidad de Igualdad: Una de las primeras cosas que una persona aprende cuando se sumerge en «Ni por favor ni por favora» es la definición de lenguaje inclusivo. No es desdoblar, no es decir ahora «marida» en lugar de marido ni transformar todas las palabras hacia el género femenino. Lenguaje inclusivo es nombrar sin discriminar, es usar las herramientas del lenguaje para nombrar sin excluir. Es —atención porque esto no es una cuestión menor— hacer visible lo invisible y cambiar la realidad porque situamos en ella a un sujeto ausente. Muchas de estas palabras las hemos copiado de tu libro, ¿quién puede estar en contra de esto? Los señoros, sí, pero ¿por qué?

María Martín: Porque no es ―o no solo―cuestión de palabras, es ideología y es poder. Quien tiene el poder de nombrar no solo se define a sí ―que ya es lo suficientemente importante― sino que tiene la capacidad de definir al resto. Ese poder te permite construir el marco conceptual de la comunidad sobre la que te impones. El nuestro es machista, porque el poder es patriarcal.  Todo es siempre, en último término, una cuestión de poder.

Unidad de Igualdad: Quizá ha llegado el momento de explicar lo que es un señoro, ¿no? Es una palabra que vamos a repetir bastante en esta entrada porque queremos contribuir a que este término —tan fantástico— se consolide. Así que igual lo repetimos varias veces más. Señoro. Señoro. Señoro. Dinos, María, ¿qué es un señoro?

María Martín: Un hombre machista consciente y contento de serlo. Usar “señoro” te evita el tan consabido “es que no todos los hombres…”. Como es verdad que no siempre nos referirnos a todos los hombres, en lugar de llamar a estos especímenes señores les llamamos señoros para que no quepa duda alguna.

Unidad de Igualdad: Una consecuencia de leer el libro de María —o al menos en mi caso ha sido así— es la de que la percepción sobre la RAE cambie de manera radical. Tirando de humor, María decía en una conferencia reciente que se celebró en la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada que el lenguaje inclusivo también puede definirse como aquello que la RAE ataca. Recuerdo que nos reímos, pero el tema es serio. En el libro de María podemos encontrar una enorme cantidad de ejemplos —dolorosos— sobre hasta qué punto las páginas del diccionario están empapadas de machismo. Algunos datos: más de 150 sinónimos de la palabra «puta» y solo dos para «puto». Y esto por no mencionar la cuestión del «cunnilingus» y la felación —cuestión que no vamos a resolver en esta entrada, así que, si la estás leyendo, haznos el favor de buscar los dos términos y busca las diferencias, verás qué sorpresa te llevas— o que el mismo término tenga un significado respetable y positivo cuando hace referencia a los hombres y negativo —puta— en lo que respecta a las mujeres. Esto es lo que encontramos por ejemplo en el caso de ser un hombre de la calle o una mujer de la calle. La pregunta es: ¿qué podemos hacer? ¿Qué está en nuestras manos para promover un cambio en la RAE?

María Martín: Por un lado, exigir de las autoridades y de la institución que para seguir teniendo financiación pública transformen sus estatutos para hacerlos democráticos, paritarios, transparentes. Por otro, hablar para construir el mundo que queremos y no el heredado del siglo XVIII. Algunas herramientas nos las da ya el idioma, otras las tendremos que inventar.

Unidad de Igualdad: Empezamos la entrada diciendo que cambiar la forma de hablar, que la inmersión en el lenguaje incluso requiere un esfuerzo, ¿por qué nos dirías que merece la pena hacer este esfuerzo?

María Martín: Porque abre nuestra mente, porque está cambiando el mundo, porque no necesita esperar a que nos den permiso ni presupuesto alguno y, sobre todo, porque no podemos hacer casi nada sin palabras. Las necesitamos para todo. Y querer construir igualdad en cualquier área del conocimiento o de la sociedad con palabras que van contra ella es, como mínimo, incoherente.

Unidad de Igualdad: Para terminar, volvemos a darte las gracias por lo que hemos aprendido contigo, animamos a todas las personas que nos leen a que se hagan con tu libro —prometemos que lo van a disfrutar— y te damos la palabra de nuevo para que nos hagas llegar lo que te apetezca. Esperamos que nos reencontremos pronto, ¡por favora! ¡Ah, sí! Un saludo también para los señoros que nos estén leyendo.

María Martín: Me gusta tanto tu final que decir algo es fastidiarlo. Aun así, una reflexión final. No podemos esperar tomar conciencia hoy de la necesidad de un lenguaje inclusivo y mañana desesperarnos porque “no nos sale”. El proceso conlleva toma de conciencia, adquisición de herramientas y práctica. No os prometo que sea fácil, pero os aseguro que será divertido y gratificante.

¡Muchas gracias!

Podéis seguir a María en:

Twitter: @generoenaccion

Instagram: @generoenaccion

 

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