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Blog de la Unidad de Igualdad abierto a la participación de toda la comunidad universitaria de la UGR… y a toda aquella persona que se quiera unir

Vuelve el hombre

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en InfoLibre.es

Parece que Pablo Casado, líder del Partido Popular, ha perdido el Norte y lo ha cambiado por el Oeste, al menos es lo que se deduce de sus declaraciones al presentar la Hispanidad como una de las “etapas más importantes del hombre”.

Sus palabras, además de las múltiples valoraciones que se han hecho sobre el rigor histórico y social que revelan, deben preocupar más por su significado actual y por el impacto directo que pueden guardar con las políticas que en su día ponga en marcha para abordar los problemas de la desigualdad y la necesaria promoción de la igualdad.

Me refiero al uso de “hombre” en un doble sentido. Cuando dice, por ejemplo, “la Hispanidad es la etapa más importante del hombre”, utiliza el término “hombre” para referirse a la “humanidad” y, además, usa el singular para incluir a todos los hombres y en ellos a todas las personas. Es decir, acude a la idea de hombre como valor que representa lo humano y como referencia directa que integra a todas las personas, hombres y mujeres.

 

Esa construcción, con independencia de que sea correcta desde el punto de vista léxico y gramatical, es reflejo directo del modelo androcéntrico que recurre a lo masculino como referencia universal y, a partir de ahí, estructura la realidad y organiza la convivencia sobre lo que los hombres han considerado a lo largo de la historia que es bueno para esa sociedad y convivencia, asignando roles, funciones, tiempos y espacios para mujeres y hombres de manera consecuente a ese modelo patriarcal.

Bajo esas ideas que relacionan lo de los hombres con lo universal y lo de las mujeres con lo particular, se entiende que son ellos quienes deben asumir los puestos de responsabilidad para desarrollar las tareas importantes, puesto que poseen los atributos considerados con un valor superior. Mientras que las mujeres, que según el modelo androcéntrico no tienen las características consideradas relevantes, deben ocupar un papel secundario bajo la supervisión del “hombre-hombres” y centrarse en aquello a lo que por “naturaleza” están abocadas: la maternidad, los cuidados, la educación en el hogar…

El modelo así entendido no considera que exista desigualdad ni discriminación, tan sólo, se dice, que los hombres hacen aquello para lo que están preparados y las mujeres lo que sus condiciones les permiten hacer mejor que los hombres. Es la idea tradicional de la “complementariedad” para que todo encaje dentro del modelo, que está presente desde el origen de la socialización a través de la división de roles, juegos, espacios y características entre los niños y las niñas, y que luego culmina en la adolescencia con los mitos del amor romántico, entre ellos el de la “media naranja” o el de que los “polos opuestos se atraen”.

Las palabras de Pablo Casado reflejan a la perfección la construcción machista y cómo se traduce al día a día. Por eso el líder del PP destaca como elementos de reconocimiento de la gesta realizada siglos atrás la expansión de la lengua, la cultura y la religión a través de la fuerza y la violencia, conductas propias de quienes ocupan una posición de poder que anula las referencias de quienes vivían en los territorios conquistados, que se llevan a cabo porque además de contar con el poder para hacerlo, consideran que sus referencias son superiores a las de los pueblos dominados. Me pregunto si piensa igual de la arabización de la península ibérica.

El problema podría ser de historia, pero no lo es. Es mucho más serio, puesto que lo que revelan las palabras de Pablo Casado no es un acontecimiento del pasado, sino una forma de entender la realidad presente. Una realidad caracterizada por la desigualdad del machismo en la que las mujeres son discriminadas, acosadas, abusadas, violadas y agredidas hasta la muerte (no debemos olvidar que la media anual de mujeres asesinadas por violencia de género es de 60). Y si no se reconocen las causas estructurales que han existido a lo largo de la historia, y que aún están presentes, difícilmente se podrán poner en marcha políticas para solucionarlas. Todo lo contrario, recordemos que esa forma de entender la realidad es la que llevó a Janusz Korwin-Mikke, eurodiputado polaco de su grupo, a pedir desde la tribuna del Parlamento Europeo legislar para que las mujeres cobraran menos que los hombres porque son “más débiles y menos inteligentes”.

Es lo que se deduce de algunas de las posiciones conservadoras que niegan los vínculos de la violencia que sufren las mujeres con el machismo, y tratan de reducir cada uno de los casos de todos los años a problemas individuales en el agresor, en la víctima o en las circunstancias, recuperando los mitos históricos del “crimen pasional”, o de la actuación bajo los efectos del alcohol, las drogas o algún trastorno mental. Y, si pueden, afirman que es un problema de los inmigrantes y extranjeros, y así “matan dos pájaros de un tiro”. Son posiciones que no creen en la igualdad ni quieren que se alcance, y que responden ante las políticas que buscan lograrla con argumentos como que todo es producto de la “ideología de género”, hasta el punto de llamar a las mujeres feministas “feminazis” y a la educación en igualdad “adoctrinamiento”.

Muy preocupante, sin duda, pero mi preocupación ante lo ocurrido no sólo está en las palabras de Pablo Casado, también me preocupa que mientras que prácticamente todo el mundo ha visto en ellas una posición “nacionalista” o “ultra-nacionalista”, casi nadie ha visto una posición machista, lo cual refleja la normalidad androcéntrica de la cultura que nos envuelve.

 

 

<https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2018/10/18/vuelve_hombre_87848_2003.html?utm_source=twitter.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias&rnot=1094181&gt;

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Polvos, lodos y machismo

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

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De “aquellos polvos vienen estos lodos”…La sabiduría popular sabe más por vieja que por popular, la experiencia la hace sabia a través de las vivencias protagonizadas, aunque no siempre aprende de lo vivido.

En algunos de los acontecimientos que ocurren en nuestros días sólo falta escuchar de fondo esa frase que muchos padres y madres repetían ante los problemas de alguno de sus hijos, “es que no aprendes”, decían recriminándoles su responsabilidad en lo ocurrido. Pero el problema del aprendizaje no sólo está en la incapacidad de adquirir conocimiento, sino que con frecuencia radica en la falta de voluntad para aplicarlo. Y lo que nos dice la experiencia ante determinados sucesos no es que la sociedad sea incapaz de aprender, sino que dentro de ella hay quien no está dispuesto a renunciar a determinados beneficios y privilegios, aunque se a costa de generar un riesgo que por lo general afectará a otras personas.

Cuando decimos que “el machismo es cultura, no conducta”, hay quien reacciona con cierta confusión, pero también hay quien responde con beligerancia desde posiciones machistas diciendo eso de que “ahora resulta que todo va a ser machismo. Y sí, todo es machismo porque la cultura, ese conocimiento que permite organizar la convivencia y definir las identidades, está construido sobre lo que los hombres han considerado oportuno a lo largo de la historia para articular las relaciones, distribuir roles, tiempos y espacios, y definir la identidad de las personas que la forman. No hace falta esperar un resultado para considerar la existencia del machismo, el machismo no es el resultado, sino lo que hace posible ese resultado y luego le da significado para que sea coherente con sus ideas, valores y creencias. Por eso la Igualdad es la gran deuda de la historia y las mujeres las grandes discriminadas, y lo son más que las “razas”, castas, orígenes o procedencia de las personas, pues ellas, además de esas discriminaciones estructurales, están discriminadas en cada uno de esos grupos respecto a  los hombres.

El machismo es una construcción de poder, es decir, se ha hecho de manera interesada para que quien “parte y reparte se lleve la mejor parte”, y estas personas que cortan y reparten en nuestra sociedad son los hombres. Y para conseguir los beneficios materiales que les permitan cobrarse su compromiso con el sistema utilizan lo privado y lo público, el “amor romántico” y la violencia, la política y el conflicto, la salud y la enfermedad… Utilizan todo lo que sea necesario y lo hacen cada vez más, puesto que cualquier modelo de poder está pensado para crecer, no sólo para permanecer, de ahí que no haya espacio para el autocontrol ni la renuncia, puesto que su propia existencia sería considerada en sí misma como un fracaso.

Y el modelo de poder machista no sólo se basa en la obtención de beneficios y privilegios como resultado, sino que gran parte de su estrategia se fundamenta en las formas de lograr esos objetivos. Por eso al machismo no le basta con haber establecido una jerarquía en lo que lo masculino marca las diferencias y los hombres ocupan el poder, sino que, además, exige que quien actúe en su nombre debe expresarlo en la práctica a través del uso de la fuerza y la violencia, en dominar y someter, para de ese modo hacer de la realidad su principal instrumento, y así reafirmar y retroalimentar su carrera sin límites por medio de cada una de sus acciones y logros.

La naturaleza no es diferente al resto de los elementos que el machismo utiliza para y crecer en poder. La naturaleza queda sometida al machismo, la hace suya a través de la fuerza, la violencia, la invasión de sus espacios y su posterior conquista para sus intereses. Todo ello con el objeto de expandir su poder y recompensar a quienes lo secundan por medio del dinero, del status, de las influencias…. en definitiva, del reconocimiento.

El razonamiento es sencillo. Los edificios se construyen y el urbanismo de las ciudades se diseña tal y como se piensan, y se piensan según la cultura machista entiende que deben ser esas ciudades a partir de las necesidades y de la mirada de los hombres, y del uso que ellos vayan a hacer de ellas. Si ese diseño crea espacios donde las mujeres pueden sufrir la violencia de otros hombres, da igual; y si la naturaleza, su medio y sus ríos se ven sometidos y expulsados de su territorio, a ellos les da lo mismo. Lo importante son los beneficios y el reconocimiento obtenido por sus grandes construcciones.

El feminismo ha puesto de manifiesto esta realidad (como también lo ha hecho en cada uno de los diferentes ámbitos de la sociedad), y plantea alternativas para mejorar las ciudades, su desarrollo y su relación con la naturaleza. A pesar de ello, desde el machismo lo ven como una “exageración” y como un planteamiento absurdo, pues desde la visión androcéntrica todo se soluciona con más “fuerza”. Y si se dice que los pilares de un puente no aguantarían una riada, su solución es construir otros más sólidos, no evitar el problema de la ocupación del curso fluvial;  y si se plantea que un muro puede ceder ante una tormenta intensa, en lugar de buscar una alternativa responde que se levanta uno más ancho y más alto. La clave está en imponer su visión y demostrar su poder.

Los estudios urbanísticos con perspectiva de género llevan muchos años trabajando todas estas cuestiones e identificando los factores de riesgo para la convivencia en el día a día y en situaciones excepcionales, pero el machismo, esa “normalidad con perspectiva masculina”, los ignora y los presenta como “sinrazones” dirigidas a cuestionar a los hombres y a plantear temas menores, puesto que las mujeres, dicen, son incapaces de competir con los hombres en los “grandes temas”.

Lo ocurrido en las últimas riadas que hemos sufrido tiene parte de responsabilidad en el modelo machista de urbanismo, y en la prepotencia que muestran ante el riesgo, pues para el machismo el riesgo sólo es una oportunidad para demostrar su valor, aunque sea con el sufrimiento ajeno. Y la responsabilidad se inicia en las construcciones que se hicieron, pero antes lo estuvo en el diseño del plan de ordenación urbana del lugar, y todavía antes en las agresiones que se ejercen sobre la naturaleza a través de su ocupación y de toda la contaminación que se vierte sobre ella.

No es un problema nuevo ni propio de determinados lugares debido a sus especiales circunstancias, es un problema de siempre que cada vez se repite y se agrava máspor esa forma de entender el urbanismo y las relaciones con la naturaleza. No se puede jugar a la ruleta rusa con el clima ni con nada, y el machismo lo hace esperando que no le toque a alguien, pero a sabiendas que siempre habrá quien se vea afectado por su juego y su riesgo.

El machismo ha creído que después de diez mil años su poder era ilimitado, pero se equivocó al principio cuando creó una cultura desigual e injusta, y se equivoca ahoracuando cree que su razón pasada es motivo suficiente para perdurar. No se da cuenta de que todo está en su contra, y que la naturaleza se revela contra su dominio al igual que lo hace la sociedad. Y mientras que la primera llena las calles de su injusticia de agua, la segunda lo hace con mujeres (y cada vez más hombres), ambas exigiendo respeto, convivencia e Igualdad.

 

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/10/15/polvos-lodos-y-machismo/&gt;

Machismo Aleatorio

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsiamachismo-aleatorio1

Celia Barquín Arozamena, la joven golfista española asesinada cuando entrenaba en el campo de golf de la Universidad de Iowa, lo fue por “mala suerte”. Es lo que ha declarado el sheriff del condado al calificar el homicidio como un “crimen aleatorio”.

Las palabras del sheriff Geoff Huff reflejan muy bien cómo el machismo ha logrado levantar un marco de significado alrededor de la violencia de género, desde la amenaza al homicidio, que resta transcendencia a cada uno de los casos y gravedad al conjunto de toda la violencia dirigida contra las mujeres. De ese modo, esta violencia queda situada en una serie de circunstancias particulares y de factores individuales, que permiten integrar su dramática realidad sobre esos “hechos aislados” sin cuestionar el machismo común a cada uno de ellos.

Esa es la trampa del machismo que le permite salir indemne de cada uno de esos crímenes y de toda su injusticia, ocultar los factores estructurales que llevan a los hombres a utilizar la violencia contra las mujeres, y a presentar los elementos particulares como determinantes de la conducta criminal, como si el machismo fuera incompatible con ellos y sólo pudiera actuar como causa única, y como si todo fuera circunstancial en esa última fase de agresión, sin considerar lo que ha llevado hasta ella.

Las explicaciones dadas por el sheriff sobre el asesinato de Celia Barquín son muy gráficas en ese sentido. La policía de Iowa presenta el homicidio como un “crimen aleatorio” y la muerte de Celia como “mala suerte”, levantando una falacia  frente al significado de esa conducta criminal, que no está en el resultado, sino en la motivación y objetivos pretendidos por el asesino, Collin Daniel Richards, Y él lo que quería era “violar y asesinar a una mujer”,demostrando la elaboración machista en la violencia y en el objetivo sexual que lo llevó a actuar.

Las circunstancias que hicieron que Celia Barquín fuera asesinada formaban parte de su construcción machista, aunque podía haber sido otra mujer la asesinada, pero esa aleatoriedad en la selección de la víctima no debe definir el homicidio machista como un “crimen aleatorio”, puesto que el objetivo está claro y bien definido: “violar y matar a una mujer”, y así lo hizo.

La estrategia es similar a lo que se intenta hacer con la violencia de género en España, dentro y fuera de la relación de pareja. Destacar lo individual y hablar de la multicausalidad de la violencia para esconder el machismo, como si el hecho de que existan diferentes causas para la violencia significara que todas ellas tuvieran que estar presentes en cada caso, y como si la presencia de alguna de ellas descartara el machismo estructural. Este planteamiento no se hace con otras violencias, por ejemplo con el terrorismo; nadie dice de un atentado yihadista sea un crimen aleatorio, ni que las víctimas del mismo murieron por “mala suerte” porque podrían haber sido otras distintas, o que se trató de un terrorista muy impulsivo que actuó porque “perdió el control”.

El planteamiento es sencillo: cuando el homicidio se produce en la relación de pareja, donde la mujer asesinada no puede ser “aleatoria”, se destaca la situación del agresorhablando del alcohol, las drogas, los trastornos mentales, su origen extranjero… Y cuando el homicidio se lleva a cabo fuera de la relación de pareja, se recurre a la situación de la víctima o a las circunstancias alrededor de los hechos, todo para esconder la construcción machista de la violencia que ejerce cada uno de esos hombres, y dar a entender que ha sido un problema contextual, aleatorio o de mala suerte.

El razonamiento que se ha hecho con el asesinato de Celia Barquín en EE.UU. es el mismo que se hizo con Diana Quer, Rocío Wanninkhof, Sonia Carabantes… al indicar que cada una de ellas tuvo “mala suerte”, y preguntarse “qué hacían ellas a esas horas en esos lugares”, planteamientos no muy distintos a los que se han hecho sobre la víctima de “la manada”.

Nada de eso se hace con otras violencias, ni nadie habla de sus víctimas diciendo que tuvieron “mala suerte” o que fueron “crímenes aleatorios”.

Y toda esa forma de presentar la violencia de género influye en la percepción que se tiene de ella. No por casualidad, a pesar de su gravedad y de las 60 mujeres asesinadas de media cada año, considerando sólo los homicidios dentro de las relaciones de pareja, el porcentaje de población que considera que se trata de un problema grave es el 1’9% (CIS, septiembre 2018).

Alguien vive en un error y el machismo no es. Los machistas lo tienen muy claro y actúan en consecuencia.

No podemos caer en sus trampas, con el machismo la suerte está echada, lo que hay que hacer es cambiar de escenario y dejar fuera de él a los machistas y su violencia.

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/10/06/machismo-aleatorio/&gt;

Riesgo extremo

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en Publico.es

Si ustedes creyeran que una seta es venenosa, ¿la comerían?.  Si pensaran que un perro es peligroso, ¿lo acariciarían?. Y si consideraran que una mujer es un “bicho”, “manipuladora” y una “hija de puta”, ¿le darían la razón en su demanda?. Está claro que no, que ni comerían la seta, ni acariciarían al perro, ni decidirían a favor de esa “hija de puta”, y menos aún cuando las referencias para considerarla de ese modo sólo parten de lo que se ha conocido de ella como víctima de violencia de género a través de la instrucción del caso. Está claro que si el resultado de la investigación es que una víctima es un “bicho” y una “hija de puta”, difícilmente la sentencia será a su favor.

No deja de ser paradójico que la Justicia “ciega” se imponga en una “sala de vistas”. Lo terrible de lo sucedido en una de esas salas, no se limita a los calificativos vertidos por el juez sobre la víctima de violencia de género con la participación de la fiscal y de la abogada judicial, lo más dramático es el significado que guarda dicha conducta, y las justificaciones que se han dado por parte del propio juez y de alguna asociación de jueces, demostrando que el peso del machismo está antes y va más allá de las palabras y los hechos.

5bb5c297b248cFotograma del vídeo en el que el juez se burla con la fiscala y letrada de la víctima de violencia machista. SER

Todo se basa en las referencias establecidas por el machismo para integrar los hechos dentro de la realidad, bien como algo intrascendente o bien como algo excepcional. Si en esa distorsión de la realidad no sería posible que situaciones como la observada en la grabación pudieran darse.

La primera trampa parte de la estrategia básica del machismo basada en la separación de lo público y lo privado como espacios inconexos y con reglas propias para cada uno de ellos. Esa es la idea que lleva a que ante la violencia de género se diga que es “problema de pareja” y que “los trapos sucios se lavan en casa”, y que luego se argumente que llamar a una víctima “bicho”, “manipuladora” e “hija de puta” forma parte de una conversación privada. La segunda trampa es hacer creer que lo que se dice en ese contexto privado nada tiene que ver con lo público, de manera que por un lado se separan los escenarios y por otro se escinden las conductas, situación que permite decir que un juez puede insultar a una víctima y luego darle la razón, lo mismo que se afirma que “un maltratador puede ser un buen padre”.

El machismo es cultura, no conducta, y como cultura tiene dos grandes instrumentos para imponer su modelo y visión de la realidad. Por un lado, determinar los acontecimientos que forman parte de ella para que todo suceda como está previsto que ocurra, y por otro, darle significado para evitar que se produzcan conflictos que cuestionen el modelo. La violencia de género existe porque forma parte de la normalidad impuesta del machismo. Y cuando se produce algún conflicto a partir de alguna de las circunstancias que la acompañan, se recurre a los mitos y estereotipos creados por el propio machismo para explicar lo ocurrido, los mismos que llevan a que un juez pueda llegar a decir de una víctima que es un “bicho”, una “manipuladora” y una “hija de puta”.

Nada de eso es anecdótico. Toda esa construcción influye en las decisiones profesionales, tanto en la Administración de Justicia como en Sanidad, en la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o en cualquier otro ámbito. Bern Turvey, especialista de Ciencias de la Conducta del FBI, definió dos procesos que influyen en los profesionales a partir de las referencias sociales y culturales que actúan sobre las personas implicadas en la investigación, tanto sobre el agresor como sobre la víctima. Estos procesos son la “deificación” y el “envilecimiento”. El primero consiste en crear una imagen positiva y favorable de la persona investigada, y el segundo justo lo contrario, ponerla en mal lugar y cuestionarla o responsabilizarla de lo ocurrido. Y lo que sucede con frecuencia en violencia de género es un “envilecimiento” de la víctima y una “deificación” del agresor, una combinación perversa que lleva, entre otros factores, a que sólo se condene al 5% de todos los maltratadores y a decir que el 80% de las denuncias son falsas.

Nada de lo ocurrido debe extrañarnos en una sociedad en la que el asesinato anual de 60 mujeres y 4 niños y niñas, y el maltrato de 600.000 mujeres bajo la mirada de 840.000 menores que conviven con ellas, es un problema grave para el 1’9% de la gente (CIS, septiembre 2018). Esa normalidad es el verdadero “riesgo extremo” para las mujeres.

La respuesta ante esa realidad es sencilla para el machismo: hay mucha “mala mujer” dispuesta a todo para “quitarle la casa los niños y la paga” a los buenos hombres que lo han dado todo por ellas. Esa es la injusticia que debemos erradicar.

Valga también esta crítica como reconocimiento a tantos jueces y juezas que cada día realizan un gran trabajo para hacer prevalecer la Justicia sobre le machismo y su violencia.

<https://blogs.publico.es/dominiopublico/26707/riesgo-extremo/&gt;

¿Semana trágica?

Prision-detenido-muerte-Torrox-Malaga_EDIIMA20180929_0305_21Post escrito por Miguel Lorente y publicado en el diario.es

Lo ocurrido en los últimos días con la violencia de género ha llevado a calificarlo como “semana trágica” por parte de responsables de la política,medios de comunicación y sociedad, conclusión que debe llevarnos a analizar las circunstancias que hacen posible ese posicionamiento común.

Si ha habido una “semana trágica” es porque un número suficiente de sus días han sido trágicos. Si esos días han sido trágicos se debe a que han ocurrido hechos que han merecido esa consideración, que en este caso han sido cinco homicidios por violencia de género, los de tres mujeres y dos niñas que, además, de una forma u otra habían puesto en conocimiento de las instituciones la violencia que sufrían por parte de sus parejas y padres.

Pero si se han producido esos homicidios por violencia de género es porque la realidad viene caracterizada por la violencia contra las mujeres, hasta el punto de que la Macroencuesta de 2011 concluyó que unas 600.000 mujeres la sufren al año, lo cual significa que cada día aproximadamente 1.600 mujeres son maltratadas. Si ese maltrato ocurre se debe a que hay hombres que maltratan a las mujeres en una cifra similar, es decir, unos 600.000 maltratadores que ejercen una violencia mantenida sobre sus parejas o exparejas.

Machismo social

Si 600.000 hombres maltratan al año y unos 60 asesinan sin que la sociedad responda de manera contundente -incluso considerando esta violencia como algo “normal” dentro de las relaciones de pareja, hasta el punto de que el 44% de las mujeres que la sufren no denuncian porque la violencia que viven “n o es lo suficientemente grave” (Macroencuesta, 2015), situación que se traduce en que el 75-80% de los casos no se denuncien-  es debido a la existencia de un machismo en la sociedad que oculta la violencia de género dentro de determinadas circunstancias.

Y si existe un machismo capaz de normalizar la violencia de género a pesar del drama que supone es porque hay una cultura patriarcal que los hombres han levantado a su imagen y semejanza para otorgarse una serie de beneficios y privilegios a costa de los derechos de las mujeres, incluso con el instrumento de la violencia de género a su disposición para someter, corregir y castigar desde la impunidad a las mujeres que no ocupen los espacios, tiempos, funciones y roles designados para ellas.

¿Semana trágica?

Según el diccionario de la RAE, “tragedia” es la “situación o suceso luctuoso y lamentable que afecta a personas o sociedad”. Está claro que han sido siete días terribles, pero ¿dónde está la tragedia? ¿En los homicidios que se cometen y se concentran en alguna semana debido a diferentes factores, desde el azar a la “imitación”, o en el machismo que maltrata a diario y camina hacia el homicidio de alguna de esas mujeres que sufren la violencia de género bajo una sociedad contemplativa y pasiva, para que luego haya semanas “trágicas”?

La tragedia de la sociedad está en el machismo, en ese machismo de cada día y en los machistas que golpean, acosan, abusan, violan y discriminan a las mujeres, para luego atacarlas con la palabra y hacerlas responsables de todos los males que afectan a los hombres, como vemos en las redes sociales cuando son ellos los que se presentan como víctimas de la realidad.

El machismo es cultura y parte con la credibilidad y la razón de su lado. Por eso es hábil en su estrategia, de manera que cuando los homicidios se separan en el tiempo parecen un problema menor, y cuando se concentran y presentan cargados con el drama del resultado los llama tragedia para apartarlos de la normalidad que los hace posible. Por eso, cuanto más tragedia se haga de la conducta machista, más fácil tendrá utilizar sus argumentos para integrar lo ocurrido dentro de la “normalidad”, no como algo aceptable, sino como excepcional. Es lo que ocurre cuando se dice de estos asesinos, como hemos visto estos días, que son “hombres normales”, “buenos padres”, “buenos amigos”… porque a partir de ahí afirmar que han matado porque “se les ha ido la cabeza”, o porque estaban “bajo los efectos del alcohol”, o por padecer algún “trastorno mental” resulta sencillo y, lo más triste, creíble para una gran parte de la sociedad que vive bajo las referencias de esa cultura patriarcal que cree las justificaciones de los asesinos, pero no la denuncia de las víctimas.

Sin cultura patriarcal no habría machismo, sin machismo no tendríamos cientos de miles de hombres que normalizan la violencia de género, sin esa normalidad de la violencia contra las mujeres no sería posible el maltrato que sufren cada día, sin ese maltrato diario no se llegaría a los homicidios por violencia machista, y sin esos homicidios y asesinatos no tendríamos “semanas trágicas” que lamentar.

La tragedia está en cada día, porque vivimos un machismo 24x7x365 que no cierra ni descansa.

 

https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/violencia_de_genero-machismo-mujer_6_820377959.html

Machistas sentados en el muelle de la bahía

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

muelle-bahiaHa terminado el verano, pero el machismo continúa y ya mira cómo caen las primeras hojas de los arboles sobre las aceras. Tras la desenfrenada actividad estival de los “machistas de playa” (“Los Chupaycalla”, “Los Feminarcis”, “Los Machiringuitos”, “Los Machonautas”, “Los hombres equi-equi”), ahora se toman una especie de tiempo de reflexión mientras hacen las maletas y regresan al asfalto de sus ideas. Y para ello, tratándose de días todavía cercanos al verano, no hay nada como sentarse frente al atardecer y tararear la canción de Otis Redding, “Sitting on the dock of the bay”,dejándose llevar por el vuelo de los pensamientos mientras se imagina una especie de caña entre las manos para pescar cualquier argumento que se acerque a su anzuelo.

Y en esa doble actividad sobre el muelle de la bahía, la reflexión y la pesca, los machistas obtienen diferentes resultados.

La reflexión no da para mucho a tenor de lo que se observa en sus manifestaciones y comentarios, lo cual es propio de quien tiene las ideas atadas a su mundo con las cadenas de los prejuicios, los mitos y los estereotipos. Una situación que los convierte en una especie de “rumiantes funcionales”, que vomitan sus ideas y luego las tragan de nuevo para volver a masticarlas un tiempo después, y así repetir el argumento como si fuera diferente, cuando en verdad es el mismo, sólo que triturado para que sea más fácil de digerir por quien lo escuche.

Este proceso es el que hace que en los últimos 13 años, justo desde la aprobación de la Ley Integral contra la Violencia de Género, nunca antes dijeron nada al no ver sus privilegios cuestionados, lo único que hayan repetido para defender su posición es lo de las “denuncias falsas”, que las “mujeres también maltratan”, y que “los hombres no tienen presunción de inocencia”. Sobre esos tres ejes a veces introducen alguna variación, pero sólo para reforzar alguno de ellos y hacer más digerible su argumento, no para ampliar su planteamiento. Por eso, en el fondo, los machistas son una especie de ecologistas de sus ideas, pues reducen el uso de otras, reutilizan las mimas una y otra vez, y reciclan otras para sacar alguna vriación nueva, como por ejemplo ocurre con el “suicidio de los hombres por divorcios abusivos” a partir de la idea de maldad de las mujeres, o el supuesto SAP para apoyar las denuncias falsas bajo la razón de que van dirigidas a “quedarse con la casa, los niños y la paga”. Si no fuera porque se trata de ideas tóxicas y contaminantes, serían un gran ejemplo de “ecología cognitiva”.

Y en cuanto a la otra actividad, la pesca, aunque siempre echan la caña con sus razones para ver si pica alguien, algo que hacen todos los días utilizando como cebo trozos de realidad manipulada o los fragmentos de la masculinidad que ocasionan los “ataques feminazis”, la pesca que más practican es la “pesca de arrastre con redes sociales”.Un tipo de pesca propio de quien no respeta nada ni a nadie, y que lo único que busca es beneficiarse a cualquier precio.

Ellos acuden a las redes con el objeto de atacar y destruir, de arrasar el entorno para que como decíamos de “Los Chupaycalla”, no crezca la hierba ni voluntad alguna por donde ellos pasan. Por eso se muestran tan violentos y agresivos y nunca falta el ataque personal en sus “redes de arrastre”.

Al final, con estos machistas que acuden a sentarse al muelle de la bahía sucede como con los malos pescadores y cazadores, que todo lo basan en la mentira y en la manipulación. Siempre dicen que lo suyo es más grande de lo que realmente es, cuando lo que interesa es un tamaño importante, o mucho más pequeño cuando lo que cotiza es lo mínimo. Por eso son capaces de convertir el pez de las denuncias falsas, que es del 0’01% en una especie de cachalote del 80%, o afirmar que 60 homicidios de mujeres cada año son una serie de casos aislados.

En su día creyeron que todo el pescado del machismo estaba vendido y que nadie cambiaría su dieta, pero no contaron con que la injusticia, el abuso, la mentira y la violencia, o sea el machismo, estaba contaminado por la desigualdad, y esa situación es insostenible en las democracias modernas.

Por eso, a pesar de su violencia, cuando uno los ve sentados en el muelle de la bahía mientras tararean la canción de Otis Redding, se aprecia una especie de melancolía en el ambiente. No sé si será el verano que se aleja en ese atardecer o la memoria de un mundo que les dice que el tiempo pasado fue mejor, y que ellos pertenecen a él.

 

<<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2017/09/24/machistas-sentados-en-el-muelle-de-la-bahia/>&gt;

El machismo y Serena Williams

Post escrito por Miguel Lorente y publicado en InfoLibre.es

La única posibilidad de que no sea machismo lo que le ha ocurrido a Serena Williams es no creer sus palabras; si creemos lo sucedido con el juez de silla, es machismo.

Al margen de las formas empleadas y de la influencia que haya podido tener el resultado del juego en su comportamiento, la clave y la razón dada por Serena para considerar la actuación del juez de silla como “machista” fue el trato desigual mostrado con ella ante las posibles instrucciones de su entrenador. Lo que Serena le dice al juez es que el criterio mantenido respecto a esa posible comunicación con su equipo no es el mismo que cuando el “coaching” se lleva a cabo sobre un jugador hombre, y mientras ellos lo hacen sin ser sancionados, a veces con todo el público como testigo, como hemos visto en más de una retransmisión, con las mujeres se es más exigente, como si se tratara de una especie de “urbanidad deportiva”, y se las sanciona. Es algo similar a lo que sucedió en el mismo torneo con la tenista Alizé Cornet al cambiarse la camiseta dejando a la vista el top que vestía y ser sancionada, algo que no ocurre cuando un jugador lo hace y muestra su tronco musculado y bicolor al público. Ya se sabe que la mujer del César ha de serlo y parecerlo”, mientras que el César siempre lo es, aunque no lo parezca o se esconda, criterio que parece seguirse también en las pistas de tenis.

La denuncia de Serena Williams ha sido ratificada por la propia Martina Navratilova, reconociendo la existencia de un “doble rasero” a la hora de sancionar durante el juego a hombres y mujeres.

Por lo tanto, si hay trato desigual y discriminatorio sobre las jugadoras, que ha sido lo que Serena Williams ha denunciado en este caso, hay una conducta elaborada sobre referencias extradeportivas que llevan a entender que el nivel de exigencia en cuanto al comportamiento de las jugadoras en las pistas debe ser más alto que con los hombres, lo cual forma parte de la construcción cultural del machismo que mantiene un criterio similar con las mujeres en cualquier ámbito: en el hogar, en las relaciones sociales y en el ejercicio profesional que desarrollan, donde han de hacer más para ser reconocidas igual y a pesar de ello cobran menos.

La solución dada por las propias referencias machistas es volver a cuestionar a las mujeres bajo la idea de que mienten, y que lo hacen para obtener beneficios particulares sobre situaciones generales. Lo hemos visto con Serena: primero no se le da credibilidad a sus palabras, después se dice que instrumentaliza la situación al utilizar una noble causa como el feminismo para beneficio personal. Curiosamente lo dicen desde sectores a los que nunca les ha importado el feminismo y al que incluso presentan como una especie de sinrazón. Pero en este caso, ¡oh casualidad! lo llenan de nobleza para cuestionar a una mujer que reivindica, precisamente, una injusticia del machismo. Salvando las distancias, es la misma estrategia que siguen para cuestionar la violencia de género. Por un lado presentan a cada mujer que denuncia como autora en potencia de una denuncia falsa, hasta el punto de afirmar que el 80% de todas las denuncias son falsas sin mas datos que sus palabras, y en contra de los datos de la FGE que las sitúan alrededor del 0’01%. Y, por otro, que con esas conductas le quitan los recursos a las “verdaderas víctimas”, que sólo ellos saben quienes son, presentándose como los grandes defensores de la lucha contra la violencia que sufren las mujeres.

Si creemos las palabras de Serena Williams, la decisión del juez de silla, Carlos Ramos, nace del machismo.

No debemos caer en una de las trampas habituales del machismo cuando intenta reducir toda su expresión e influencia a “hechos aislados”. Para evitar quedar atrapados en sus emboscadas argumentales, debemos tener en cuenta dos cosas importantes a la hora de analizar la realidad y los acontecimientos que la caracterizan: la primera es que el machismo es cultura, no conducta; y la segunda, que el machismo es una construcción de poder. Esta doble referencia nos indica que la capacidad del machismo a la hora de determinar la realidad no sólo se traduce en acciones y conductas concretas, sino en las consecuencias de aplicar los tres grandes instrumentos del poder: la capacidad de influir, de premiar y de castigar.

El machismo primero establece qué es lo que deben hacer hombres y mujeres y cómo han de comportarse a la hora de llevarlo a cabo, luego premia en forma de reconocimiento, admiración, consideración… a quien sigue las pautas, y castiga de múltiples formas a quien se sale de ellas. Es lo que le ha ocurrido a Serena Williams según ha denunciado: cuestiona una decisión que considera injusta porque muchos hombres hacen lo mismo sin reproche alguno, y la sancionan; después se enfada por la decisión, algo que tampoco se ve bien en una mujer y sí en los hombres, y la vuelven a sancionar en la pista. Al final, en lugar de analizar el significado de lo ocurrido, se la vuelve a cuestionar socialmente por todo lo ocurrido: decisiones, actitud y comportamiento.

El argumento para justificar todo ello es simple: Serena miente, manipula y se enfada como consecuencia de su impotencia, no de una injusticia…

Como se puede ver, machismo total.