Acerca de BLOGUEANDO VOY, BLOGUEANDO VENGO

Blog de la Unidad de Igualdad abierto a la participación de toda la comunidad universitaria de la UGR… y a toda aquella persona que se quiera unir

El pato y el machista

Todo comenzó con los versos del poeta norteamericano James Whitcomb Riley (1849-1916), pero en la actualidad ha superado los límites de la lírica para destacar la obviedad que muchos intentan ocultar tras sus razonamientos, y para ello recuerdan los versos del poeta para decir aquello de “…si camina como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, es un pato”Puede parecer demasiado simple, pero los disimulos, el ruido de fondo y la bruma de la distancia que el tiempo introduce entre cada uno de los pasos, nados y graznidos del pato pueden llevar a la confusión. De ahí la necesidad de aplicar el “test”.

En esta época falaz y fugaz que miente hasta con la forma de llamar a la mentira al referirse a ella como “postverdad”, el machismo y los sectores conservadores de la sociedad intentan pasar desapercibidos bajo disfraces que confunden a quienes se relacionan con ellos. Por dicha razón se llenan de “centro” para ocultar su derecha, dicen amar a España pero odian a la mitad de las españolas y españoles que no piensan como ellos, quieren la “igualdad real” pero sin hacer nada contra la desigualdad… y con el objeto de lograrlo juegan con el disfraz de las palabras para presentarse como los elegidos en su pureza, una especie de rescatadores del abismo, cuando en realidad es a esa oscuridad de la que parten a la que nos quieren hacer volver.

Se pueden utilizar muchas estrategias para desenmascarar a ese machismo camuflado de normalidad, pero una de las más sencillas y accesibles es aplicar el “test del pato” en lo que sería su adaptación a esta realidad mediante el “test del machista”. Es muy fácil, ante las dudas que puedan generar determinadas manifestaciones o propuestas, el razonamiento que habría que aplicar a través de este test sería el siguiente: “si plantea el tema como un machista, argumenta y manipula como un machista, y reacciona y ataca como un machista, es un machista”.

El “test del machista” se convierte así en un instrumento necesario a la hora de salir de casa y en el momento de ver cómo algunos reflejan la realidad en los medios de comunicación y, sobre todo, en las redes sociales. Su planteamiento es tan tramposo y su posición tan inconsistente, que ni siquiera reivindican lo que proponen.

Una de las características que sorprenden del machismo es su propia negación. ¿Qué clase de ideología defiende unos determinados valores, ideas y todas sus consecuencias, y al mismo tiempo niega la posición desde la que las plantea y avala?. ¿Por qué sus planteamientos reflejan esa idea de superioridad de los hombres y luego no la reivindican como tal para desarrollar sus políticas? Ocurre con frecuencia y es un actitud habitual, tanto que cuando alguien hace algún comentario contra las mujeres, luego finaliza diciendo “…y yo no soy machista”. Pero no es incoherencia, sino parte de la estrategia que busca la negación para ocultar el significado de sus propuestas.  Y la negación exige conciencia para elegir entre afirmar o negar una realidad, por eso con el tiempo se ha pasado de hacer la gracia de decir “yo soy machista leninista” cuando percibían que ese tipo de afirmaciones no tenían ningún coste, a afirmar “yo no soy machista”  para no tener ese coste ahora, pero sin dejar de hacer y decir lo mismo que se hacía antes.

El machismo es consciente de su injusticia y de los privilegios que le acarrea a los hombres, así como de las ventajas de un modelo de sociedad donde la jerarquía de la desigualdad se refuerza y aumenta a diario para hacer a los poderosos más poderosos, y a las personas vulnerables más vulnerables. Por eso no hay reivindicación directa ni pancarta a favor del machismo, y por ello su estrategia se basa en dos elementos fundamentales:

  1. Atacar a las personas y a las posiciones que piensan de manera diferente para que nada de lo que planteen sea considerado como serio o razonable.La idea es devaluar la fuente de esas propuestas para no tener que buscar argumentos para contra-argumentarlas. Se limitan a poner de manifiesto el desprestigio de quienes los plantean, un desprestigio generado de manera falaz bajo su estrategia manipuladora, por eso el ataque en debates y redes es tan habitual.
  2. Otorgarse el liderazgo y la defensa de los valores que atacan para confundiry retener entre sus filas a quienes perciben la injusticia del machismo en las consecuencias que produce (discriminación, abuso, acoso, violencia de género…) Y para lograrlo lo que hacen es situar cada uno de los casos de la violencia de género, el abuso, la discriminación… en determinadas circunstancias personales o contextuales, no como parte del problema social y cultural que supone la desigualdad. Luego se presentan como defensores de la Igualdad y hablan de “igualdad real”, de medidas “para hombres y mujeres, no sólo para mujeres”, muestran a los “hombres como víctimas de las mujeres, de las circunstancias, de la historia”… y con todo ello generan la suficiente confusión para retener a mucha gente entre sus filas y posiciones, pero, sobre todo, para mantener a una gran parte de la sociedad dentro de una aparente neutralidad, y alejada de un mayor compromiso e implicación con la Igualdad y la lucha contra la violencia de género. Desde el machismo no dicen estar en contra de la Igualdad, pero afirman que Igualdad es lo que ellos deciden.

Las redes y la política están llenas de ejemplos de esta estrategia, por eso el test del pato en su versión machista se hace necesario. De manera que cuando veamos algún perfil o alguna declaración desde la que se viertan criticas contra la Igualdad o las medidas dirigidas a erradicar la violencia de género, debemos aplicar el test y preguntar, ¿plantea el tema como un machista?, ¿argumenta y manipula como un machista?, ¿reacciona y ataca como un machista?…

Y si plantea el tema como un machista, argumenta y manipula como un machista, y reacciona y ataca como un machista; la conclusión es sencilla: es un machista.

 

 

Anuncios

“Supremachismo”

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

superman-s-1.png

La terminología que habitualmente utilizan desde el machismo revela de forma gráfica cuáles son sus fuentes de conocimiento e inspiración. Es el machismo quien recurre al nazismo para llamar “feminazis” a las feministas y “feminazismo” al feminismo, es el machismo quien llama “adoctrinamiento” a la educación en Igualdad como si fuera una religión, es el machismo el que considera parte de una “ideología”, la denominada “ideología de género”, proponer acabar con la violencia de género y la injusticia de la desigualdad, no como una defensa de los Derechos Humanos… Y ahora es el machismo el que recurre al concepto racista del “supremacismo”.

Con todas esas referencias no podía tardar mucho en llegar a la idea que aglutina todos esas ideas y hablar de  la “supremacía” de las mujeres, del feminismo o de género para levantar la crítica y el rechazo a quien cuestiona su modelo de sociedad.

Nada sorprendente. El machismo es muy previsible porque se mueve en una realidad histórica que no quiere cambiar, lo cual hace que las referencias se le queden pequeñas y que tenga que recurrir a las palabras para modificar el enunciado sin que cambien las ideas. Por eso sus conceptos son tan mutantes, como por ejemplo ocurre con el llamado SAP (Síndrome de Alienación Parental), que primero hablaron de “alienación”, luego de “interferencias parentales”, después de “programación afectiva”… y así cambiarán todas las veces que hagan falta para decir lo mismo: que las mujeres son malas y perversas, y que manipulan a los hijos contra los padres tras la separación.

Esa misma necesidad de cambiar para seguir igual y de ocultar los nombres con otros nuevos, ya refleja la falacia que esconde su actitud, pero como hablan desde posiciones de poder y juegan con el favor de la normalidad y todos sus mitos y estereotipos, sus argumentos resultan creíbles, al menos durante el tiempo suficiente para generar algo de confusión, y con ella distancia al problema y pasividad en la implicación social para poder resolverlo. Por eso aún estamos donde estamos.

El supremacismo surgió como un posicionamiento racista basado en el llamado “racismo científico” del siglo XVII, que a través de la manipulación de la ciencia y con argumentos pseudo-científicos, estableció la superioridad de la “raza” blanca sobre la negra y el resto de grupos étnicos. Como se puede ver, no muy diferente a lo que ahora, en pleno siglo XXI, algunos “científicos” quieren hacer con el SAP y sus pseudónimos. Ya les he dicho que el machismo es previsible, reincidente y redundante.

El supremacismo liga la superioridad a la condición, de manera que es la persona por sus características la que resulta superior a las otras que no tienen esos elementos al no formar parte de su condición. No se trata de que determinadas circunstancias o factores les den ventaja, sino que esta se debe a su superioridad, y esa superioridad a su naturaleza.

Mucho antes del siglo XVII, en este caso bajo argumentos y posicionamientos que nada tienen que ver con la ciencia, concretamente 10.000 años atrás, justo en el Neolítico, los hombres decidieron que su condición era superior a la de las mujeres. Y bajo ese argumento organizaron la convivencia, distribuyeron los roles, los tiempos y los espacios, y establecieron unas formas de relación y dinámicas sociales que alimentaban y reforzaban esa construcción machista basada en la “superioridad” de los hombres.

El machismo es “supremachismo” porque los machistas son “supremachistas”.Se trata de hombres que se consideran superiores a las mujeres por su condición masculina y al margen de cualquier otra circunstancia. Da igual el status, el trabajo que tengan, los ingresos económicos… desde esa concepción el hombre siempre tiene un plus de racionalidad que lo hace superior, y un plus de fuerza por si alguien lo pone en duda, especialmente si quien lo hace es alguna mujer.

Lo que sucede estos días con la irrupción en la política de los argumentos machistas explícitos, y su continuidad en un sector de la sociedad, sólo es reflejo de ese “supremachismo” fracasado, pues a pesar de todo su poder, debemos ser conscientes de que ha contado con la cultura como inductora, con la normalidad como cómplice, con la inercia de la historia como motor, y con todos los instrumentos institucionales de una sociedad: educación, Derecho, Administración de Justicia, religiones… y ha fracasado. No ha sido capaz de mantener esa superioridad falaz sobre la figura de los hombres. Es cierto que muchos hombres están dispuestos a renunciar a la Igualdad para mantener esas ventajas levantadas sobre la injusticia de la desigualdad, pero también es verdad que la transformación que vive la sociedad, liderada y protagonizada por las mujeres, ya ha producido un cambio que  aglutina cada día a más mujeres y a más hombres, conscientes de que nada hay mejor que vivir en una sociedad que cuente con el “privilegio de la Igualdad”, y así hacer de la convivencia identidad.

La realidad demuestra que el machismo no quiere entender que el ideal de Igualdad es algo inalienable a la persona, y se encuentra en la conciencia de cada hombre y de cada mujer, por eso la Igualdad avanza y avanzará en las circunstancias más difíciles, y lo hará gracias al feminismo y a través de todos los campos minados que con sus mentiras, amenazas y violencia coloque el machismo “supremachista” para defender sus privilegios.

Nada ni nadie va a detener al feminismo ni a la Igualdad.

“Igualdad real”: otra trampa del machismo

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

igualdad-r.png

Cuando desde el machismo hablan de “igualdad real” es para ponerse a temblar,  pues uno nunca sabe si se refieren a una “igualdad monárquica” o a una igualdad lejana y abstracta que vuela tan alto como un “águila real”. Lo que queda claro es la falsedad del sonido hueco de sus palabras vacías, como si fueran parte de un playback en el que alguien hace sonar el relato metálico mientras ellos sólo mueven los labios.

A diario vemos en redes y conversaciones cómo han pasado de decir que la desigualdad no existía y que todo era un invento de las “feminazis”para beneficiarse económicamente, a afirmar que lo importante es la “igualdad real”, estableciendo así una diferencia entre lo que son las políticas y medidas adoptadas para corregir las consecuencias de la desigualdad y promocionar la Igualdad, y lo que ellos han decidido que sea la “igualdad real”.

Lo curioso es que todavía no han explicado qué es eso de la “igualdad real”, tan sólo se limitan a decir que todo lo que se ha hecho para contrarrestar los terribles efectos de la desigualdad, no es buscar la Igualdad. Por lo tanto, para ellos, promulgar una ley que responde de forma integral contra la violencia de género, impedir la discriminación en el matrimonio entre personas del mismo sexo con una norma específica, desarrollar una ley que promueve la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, establecer medidas para corregir la brecha salarial, potenciar la incorporación de mujeres a puestos de responsabilidad, educar para que la Igualdad sea un valor que de sentido al conocimiento… no tiene nada que ver con esa búsqueda de la Igualdad. Y por el contrario, diluir las medidas supuestamente dirigidas a conseguir la igualdad entre otras manifestaciones que nada tienen que ver con la desigualdad histórica, como por ejemplo, pedir que se legisle sobre violencia doméstica, educar de manera segregada, evitar medidas de acción positiva para corregir la injusticia de la desigualdad… todo ello, dicen, es buscar la “igualdad real”.

La conclusión es sencilla, “la igualdad real” en verdad es la desigualdad de siempre después de que el machismo diga que no lo es. Es decir, el argumento de la “igualdad real” es otra de las trampas del machismo para que no se hable ni se consiga la Igualdad. Y para demostrar y reforzar su posición recurren a las falacias propias de quien tiene una posición de poder, para concluir que las medidas que actúan sobre las consecuencias de la desigualdad y sobre las personas que sufren la desigualdad, es decir,  sobre la discriminación de género y las mujeres, son discriminatorias y van contra la desigualdad porque dejan al margen a los hombres. El planteamiento es absurdo, pero como se dice desde esas posiciones de referencia que establece el machismo para los argumentos masculinos, y como los beneficiarios de esos planteamientos son los hombres, no tanto por el efecto inmediato de las medidas como por contribuir a mantener sus privilegios al perpetuar la desigualdad, suena razonable y resulta admisible.

Se imaginan que ante una campaña sanitaria dirigida a un determinado grupo de personas enfermas o con ciertos factores de riesgo, alguien dijera que se está discriminando a la parte de la población que no recibe dichas medidas. Sería absurdoporque el motivo que lleva a que no las reciban es que no las necesitan, pero, en cambio, ese tipo de argumentos sin lógica ni razón sí tienen validez cuando se usan contra la Igualdad y para intentar que la violencia de género no se aborde con la especificidad que requiere.

Todo ello demuestra que cuando se refieren a la “igualdad real” sólo buscan “atacar a la Igualdad en nombre de la igualdad” para esconder el machismo que hay detrás de todo ese tipo de planteamientos. Es la estrategia del posmachismo, la versión camuflada del machismo para que la confusión actúe como una especie de “curare social” y paralice cualquier iniciativa a favor de la Igualdad.

Pablo Casado y el PP se equivocan al adoptar el lenguaje machista de la ultraderecha, como hizo el pasado 14-2-19 en su crítica a la Ministra de Justicia, Dolores Delgado, para defender posiciones y políticas que ya quedaron atrás en el tiempo, como su propio grupo ha ratificado en numerosas votaciones durante estos últimos años. No sé si al hacer esas declaraciones en san Valentín, el día del amor romántico, ha querido plantear una especie de “política romántica”, pero el amor y la política se demuestran con hechos, no con gestos, y la Igualdad es irrenunciable. Alguien del partido debería de cuestionar esa estrategia de manipular la Igualdad y olvidarse de la situación real de las mujeres, lo mismo que ha ocurrido cuando se ha tratado de instrumentalizar a las víctimas del terrorismo.

La Igualdad es Igualdad, no “igualdad real”… A nadie se le ocurriría hablar de “libertad real” o de “justicia real” o de “dignidad real”… para cuestionar desde ese concepto particular la Libertad, la Justicia o la Dignidad consagradas en la Constitución Española y en las declaraciones y normativas internacionales. Quien cuestiona la Igualdad recurriendo a “lo real” lo hace, no porque la Igualdad no sea cierta y verdadera, sino porque no la aceptan dentro de sus posiciones y les parece algo irreal desde su mirada machista.

 

 

“Por el hecho de ser hombre”

Post escrito por Miguel Lorente y publicado en HuffPost

https---media-mbst-pub-ue1.s3.amazonaws.com-creatr-uploaded-images-2019-02-f61a41d0-2d6a-11e9-afce-8ceda6b1a524

Muchos hombres se pierden en la expresión que resume la construcción cultural del género en la frase “por el hecho de ser mujer”. Dicen que es carente de sentido, que no significa nada, o que es como decir que “hay cosas que pasan porque pasan” o “cosas que son como son”. Parece que su superior capacidad intelectual, tal y como recogen los postulados machistas en boca de uno de sus portavoces, el eurodiputado Janusz Korwin-Mikke, no es capaz de llegar a la concreción, aunque quizás todo se deba a las interferencias que en sus cerebros producen palabras como “mujer”, “Igualdad” o “género”.

Lo digo porque esos mismos hombres y esas mismas posiciones machistas no tienen ningún problema, ni tampoco les genera duda alguna a la hora de entender su significado, cuando afirman que los hombres son denunciados falsamente por sus parejas “por el hecho de ser hombres”, o que han perdido la presunción de inocencia “por el hecho de ser hombres”, o que tras separarse no les dan la custodia de sus hijos “por el hecho de ser hombres”, afirmando, curiosamente, que se las dan a las mujeres “por el hecho de ser mujeres”. Aquí no tienen problema en emplear la frase, por lo visto todo lo que sea cuestionar o atacar a las mujeres es válido.

Esta situación refleja dos hechos:

  • El primero, el poder que le otorgan a su palabra para definir lo que es y no es de manera interesada. De ese modo, si ellos dicen que el argumento resumido en la frase “por el hecho de ser mujer” no tiene sentido, pues no lo tiene; y si afirman que la idea de que las cosas que les ocurren a ellos les pasan “por el hecho de ser hombres”, pues entonces sí tiene sentido y profundidad.

  • La segunda, es la demostración de que el machismo y su desigualdad actúa de forma que las mujeres, “por el hecho de ser mujeres”, sufren una serie de consecuencias negativas basadas en la construcción de la normalidad (discriminación, brecha salarial, precariedad laboral, acoso, abusos, violencia de género…), y que los hombres, “por el hecho de ser hombres”, tienen una serie de privilegios sostenidos sobre esa construcción..

Parte de la estrategia actual del machismo va dirigida a ocultar esta construcción tan ventajosa para los hombres, por eso no les gusta la expresión “por el hecho de ser mujer”, pues aceptarla significa entender que lo que le ocurre a millones de mujeres en sus relaciones personales, familiares, laborales, sociales… no es un problema particular de cada una de ellas ni de determinadas circunstancias, sino consecuencia de las referencias de una cultura machista que crea el marco y el contexto necesario para que luego puedan suceder dentro de esa normalidad cómplice. Pero, además, como se observa en sus propios argumentos cuando se refieren a las circunstancias que ellos afirman que les pasan a los hombres, reconocer que hay una desigualdad, discriminación y violencia contra las mujeres que forma parte estructural de la cultura machista y que, en consecuencia, se dirige contra ellas “por el hecho de ser mujeres”, supone aceptar que quienes ejercen esa discriminación y violencia para mantener la desigualdad inspiradora son hombres, y lo hacen “por el hecho de ser hombres”, es decir, por seguir las referencias que esa cultura ha puesto a su alcance para llenarse de razones y argumentos a la hora de actuar se ese modo, y después encontrar justificaciones para minimizar sus consecuencias.

Muchos creen que hacerse pasar por víctimas de la realidad oculta su responsabilidad como autores de ella, y que esconder las motivaciones que surgen al amparo de la cultura del machismo a la hora de agredir a las mujeres, hace desaparecer su responsabilidad como agresores. Pero se equivocan, ya no engañan a nadie.

Y todo ello tiene una derivada más. Si los hombres “por el hecho de ser hombres” actúan contra las mujeres “por el hecho de ser mujeres” tiene que ser para algo. Ya sabemos que el “por algo”, esa motivación para actuar, surge de las referencias culturales, y ahora comprobamos que los objetivos pretendidos a partir de esos motivos también son inspirados por el mismo contexto, y son de dos tipos. Por un lado, defender su imagen y condición de hombre como expresión de lo que supone su orden jerarquizado, y por otro, mantener los privilegios que conlleva esa posición. Nada es casual, si el machismo se molesta tanto en atacar a la Igualdad y al feminismo es por algo y para algo.

El machismo se siente dueño de la palabra, por eso se permite darle el significado que beneficia a muchos hombres, y para ello no dudan en decir lo mismo y lo contrario, por eso no dudan en negar que las agresiones y los asesinatos de mujeres por violencia de género no se dirigen contra ellas “por el hecho de ser mujeres”, sino por determinadas circunstancias; y, sin embargo, lo que les pasa a los hombres, sea lo que sea, les ocurre “por el hecho de ser hombres”. Muchos creen que hacerse pasar por víctimas de la realidad oculta su responsabilidad como autores de ella, y que esconder las motivaciones que surgen al amparo de la cultura del machismo a la hora de agredir a las mujeres, hace desaparecer su responsabilidad como agresores. Pero se equivocan, ya no engañan a nadie.

La realidad que ha creado el machismo ha actuado a lo largo de toda la historia contra las mujeres, y hoy tenemos una doble referencia que lo demuestra: que los hombres se han comportado de ese modo “por el hecho de ser hombres”, y que esa realidad está llena de ejemplos y casos de lo que “muchos hombres han hecho”.

Este post se publicó originalmente en el blog del autor.

El “ultra-machismo”

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

ultramachismo.jpg

Resulta curioso que no haya habido un calificativo superlativo para el machismo,nunca hubo un sufijo que elevara aquello que nombraba como parte de la rutina cuando la excedía, ni un prefijo que anticipara que lo que nos encontraríamos al final del sustantivo sería algo grande, muy grande y terrible. Ha sido suficiente con la propia palabra “machismo” para denominar cualquiera de sus manifestaciones, nadie ha echado en falta ningún matiz que revelara ese “algo más” de una realidad aceptada e integrada dentro de la normalidad.

El machismo no es nuevo, siempre ha existido, es cierto que con manifestaciones distintas conforme la sociedad ha sido más crítica con sus manifestaciones, pero esa es una de las trampas de la cultura para impedir llegar al núcleo de la cuestión,hacer la crítica sobre el exceso de algunas expresiones, y no sobre la propia desigualdad. El machismo es la desigualdad, es decir, la estructuración de las relaciones sociales a partir de lo masculino como referencia, y con los hombres en una posición que les permite distribuir los tiempos, espacios y funciones, y dar significado a todo ello para concluir que lo trascendente es lo que ellos asumen, hasta el punto de otorgarse la potestad de decidir y controlar los espacios asignados a las mujeres.

Hace años los piropos eran cosa de galantes, determinados chistes de graciosos, la sobreprotección de las mujeres en los espacios públicos de caballeros… en cambio hoy una gran parte de la sociedad considera que se trata de conductas machistas. La realidad ha cambiado, pero sólo en su parte más superficial.

En cualquier periodo histórico ha habido violencia contra las mujeres en todas sus manifestaciones, desde el control dentro de las relaciones de pareja a través de las coacciones y amenazas, hasta los homicidios y la violencia sexual. Sin embargo, a pesar de esa objetividad en la diferente intensidad de sus manifestaciones no ha habido una modificación en la denominación de esas conductas ni en la de las personas que las realizaban, el lenguaje no ha variado y, por tanto, la realidad que representaba tampoco. No ha habido ningún sufijo que construyera algo parecido a “machismísimo”, “machismón” o “machismazo”… ni tampoco se ha recurrido al prefijo para hablar de “hiper-machismo”, “extra-machismo” o “super-machismo”, por ejemplo.

Y no es casualidad.

Las diferentes manifestaciones del machismo no se han denominado de una manera especial porque el machismo lo es todo. Como hemos comentado, siempre se ha jugado con la trampa de hacer creer que el machismo es la expresión inaceptable que supera el umbral de lo admitido en cada momento, de aquello que era considerado normal, gracioso, galante, educado… sin detenerse en que el machismo es la desigualdad en sí misma. Por dicha razón, desde la posición de referencia que da significado a la realidad, los homicidios, las violaciones o las agresiones graves no son tomadas como un exceso de esa normalidad creada, sino como “conductas patológicas” llevadas a cabo bajo el efecto del alcohol, las drogas, los trastornos mentales o la pérdida de control. De ese modo, directamente las sitúan fuera del machismo, no como una parte de él.

No se ha querido, ni se quiere, diferenciar el machismo excesivo porque hacerlo significa reconocer la normalidad que hace lo mismo, pero con menor intensidad.Aceptar esa situación es reconocer que es ella la que da pie a que se entre en una dinámica de violencia y discriminación que lleva, en los casos que así lo decida el agresor, a las expresiones más graves del machismo.

Todo es machismo, y el machismo lo sabe, por eso quienes han tenido la posibilidad de configurar el lenguaje y la realidad no lo han hecho sobre las manifestaciones graves de la violencia machista, a diferencia de lo que ha ocurrido en otros ámbitos, ahora tan de actualidad dentro del fútbol y el deporte, con la denominación “ultra” (aficionados ultras, ultra-derecha, ultra-izquierda…), o al llamar a los más violentos “radicales”.

El machismo lo es todo en la cultura, cierto, pero dentro de ese todo hay actitudes, ideas, valores y conductas que forman el “ultra-machismo”, y quienes lo ejercen son los “ultras del machismo”. Debemos ser conscientes de esa realidad porque la trampa está ya tendida para que caigamos en ella y no cuestionemos esta reacción que se está produciendo.

Y la trampa preparada cuenta con una doble estrategia. Por un lado la de siempre para presentar las manifestaciones del “ultra-machismo” ajenas a su esencia, y producto de “locos, borrachos y drogadictos”, de manera que nadie cuestione la realidad que las sustenta a partir de ellas. Y por otro, actuando en sentido contrario, es decir, jugando a generar un clima de enfrentamiento y agresividad por medio de la incitación al odio a través del lenguaje perverso que instrumentaliza la idea de justicia, igualdad, libertad, dignidad… para defender posiciones violentas y los privilegios de quienes han ocupado una posición de superioridad que ahora, por primera vez en la historia, ven seriamente amenazada; no por otros abusadores y violentos, sino por la sociedad, por los hombres y mujeres que anhelan la Igualdad como antes se deseó y buscó la Justicia o la Libertad.

Por eso el “ultra-machismo” tiene dos frentes, al igual que ocurre en otros grupos de “ultras”, por un lado los que llevan las pancartas y repiten las consignas para mantener el clima de odio y enfrentamiento, la sensación de ataque hacia ellos y la cohesión interna a través de la idea del enemigo común representado en “las mujeres”; y por otro los que ejecutan las ideas y pasan a la acción por medio de la violencia directa y las agresiones. El primer frente del “ultra-machismo” es el posmachismo, el cual hace una crítica general a la Igualdad y toma casos puntuales para construir una realidad paralela que presenta a las mujeres como la causa de todos los problemas de los hombres, y a estos como víctimas de las medidas dirigidas a lograr la Igualdad y a erradicar la violencia de género. Y desde una aparente neutralidad habla de que “todas las violencia son importantes”, o de un ataque directo que afirma que las denuncias de las mujeres en violencia de género son falsas en el 80% de los casos, que las madres “lavan el cerebro” a los hijos e hijas para enfrentarlos a los padres, que los hombres se suicidan porque las mujeres “les quitan todo”… Toda esa estrategia al final logra crear un clima de odio,y captar a hombres que al escuchar estos mensajes se sienten atacados tras la separación, o aglutinar a muchos machistas violentos que harán todo lo que esté en sus manos y en sus puños para intentar seguir haciendo daño a sus exparejas.

La realidad es muy distinta y objetiva, 600.000 mujeres sufren violencia de género por sus parejas cada año (Macroencuesta, 2011), entre 60 y 70 mujeres son asesinadas de media, las denuncias falsas, según la Fiscalía General del Estado, representan el 0’010%… y así todos los demás argumentos. Pero da igual, ellos no buscan tanto el impacto fuera de sus filas como el odio y la cohesión dentro de ellas, por eso les vale la manipulación, porque la mayoría de quienes están con ellos escuchan lo que necesitan oír para darle sentido a su realidad.

El “ultra-machismo” está aquí, y los ultras del machismo andan por todas partes intentando avivar el conflicto, porque en el conflicto se saben fuertes a través de la violencia.

La sociedad ha tomado medidas contra otros ultras, contra los de las pancartas y contra los de las agresiones, si no lleva a cabo acciones contra los ultras del machismo será muy difícil que entre tanto odio no surjan hombres que decidan resolver su problema de manera directa por medio de la violencia. Confiemos en que no se minimice lo que ya sucede, y que se implementen medidas para prevenir la violencia de género dejando sin espacio a los ultras del machismo.

Llamemos a las cosas por su nombre, y a los hombres violentos por el suyo. La paz y la convivencia nos va en ello.

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2014/12/21/el-ultra-machismo/

Machismo como neutro

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

machismoneutral.png

Al machismo le encanta eso de llevarlo todo a su terreno para hacerlo suyo, y desde ahí hacer de lo suyo lo de todos, es lo que vemos en el lenguaje cuando toma el masculino como neutro y lo neutro como genérico, para hacer, de ese modo, de lo masculino algo general.

El gran éxito del machismo no es presentarse como una opción más o menos atractiva llena de ventajas, privilegios y oportunidades que dirigen directamente a una situación de poder, sino hacerlo como realidad. De esa forma logra que aquello que los hombres han decidido desde su masculinidad sea considerado universal, es decir, para todas las personas, todo tiempo y todo lugar, mientras que lo de las mujeres, esa cara oculta tras el maquillaje de la sociedad, sea tomado como parte de su modelo, integrado en él para que asuman determinados roles y ocupen ciertos tiempos y espacios y, por tanto, supeditado a la referencia androcéntrica, o sea, a los hombres.

Por eso, como hemos repetido en más de una ocasión, el machismo es cultura, no conducta, y por dicha razón no necesita de nada ni nadie para que se manifieste cada día y en cada lugar como parte de la normalidad. La fortaleza de esta construcción injusta parte de la base de que lo de los hombres es la referencia adecuada para toda la sociedad, y los hombres los elegidos para materializar y supervisar la marcha de dicha construcción, y escenificarla a través de cada uno de ellos. Su éxito no está tanto en la negación de esa injusticia como en su ocultamiento al limitar el machismo bajo dos criterios. Por un lado el contextual, que permite reducir el machismo a determinadas circunstancias, y por otro el cuantitativo, o sea, que para que ciertos comportamientos y conductas se entiendan como machistas deben alcanzar una determinada intensidad, pues de lo contario será considerado como una “broma”,algo de “mal gusto”,una cuestión “inapropiada”…pero no machismo.

No niega el machismo, eso no sería creíble ni aceptable, pero lo coloca en determinados lugares vivibles para así poder decir que el resto no es machismo. De ese modo el machismo deja de ser machismo y se convierte en normalidad, una normalidad inmaculada y sin machismo concebida que permite que todo aquello que llegue a ella para cuestionarla sea considerado una “mancha” en su pureza original.

De un tiempo a esta parte se repite como una especie de mantra lo de la “ideología de género” para englobar bajo ese calificativo con matiz peyorativo cualquier iniciativa que busque la Igualdad, y a cualquier persona que lo haga, la cual es presentada como alguien interesando en obtener beneficios económicos a través de los “chiringuitos” que dicen que crean para enriquecerse. Englobar como ideología las propuestas basadas en un análisis de cómo el papel de  hombres y mujeres define la realidad a partir de las referencias dadas por la cultura, es decir, de lo que es el papel de unos y otras a través de lo que se ha considerado como propio de cada género, es como hablar de “ideología de la salud” para referirse a las propuestas sanitarias, o “ideología de tráfico” para las medidas destinadas a la seguridad vial.

El planteamiento que se hacer desde el machismo es tan absurdo que nadie habla, ni en la sociedad, ni en la universidad, ni en las instituciones, ni en los organismos… de “ideología de género”, salvo quienes quieren desprestigiar las políticas de Igualdad al presentarlas como si fueran destinadas a una parte de la sociedad,  y no a toda, o como si la Igualdad fuera una cuestión sobre la que especular, y no un Derecho Humano.

En este sentido han sido muy gráficas las recientes palabras del Presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, que parece haber adoptado el discurso de sus socios de plusultraderecha, para hablar de “ideologización” al referirse a quienes con sus ideas trabajan por la Igualdad y contra las manifestaciones de la desigualdad, entre ellas la violencia de género. Y resultan muy gráficas por dos razones. Por una parte, porque reflejan la estrategia posmachista que busca reducir las políticas dirigidas a lograr la Igualdad a una cuestión ideológica, en el sentido de particular, como si el debate fuese más o menos Igualdad, al igual que puede ser más o menos impuestos. Y por otra, porque resulta muy significativo la forma de entender la realidad bajo la cultura machista que impone su normalidad como universal, de manera que “esas manchas” que llegan a ella son consideradas producto de una ideología, pero en cambio, su propia posición, con sus ideas y valores, no la entienden, o no quieren hacerla entender, como una ideología, cuando en realidad lo es, y con mucha más intensidad por todo el entramado que la envuelve.

El machismo es cultura y la cultura son ideas, valores, costumbres, tradiciones, mitos, estereotipos… organizados alrededor de esas referencias estructurales que parten de lo masculino como universal. Por lo tanto, el machismo es la “ideología de las ideologías”, la “ideología original”, presente mucho antes de que ni siquiera se plantearan alternativas a sus ideas. Por eso hay ideología en quienes defienden la Igualdad, como la hay en quienes defienden la Libertad, la Dignidad o la Justicia;y como la hay en quienes se han opuesto y aún se oponen a la Igualdad, a la Libertad a la Justicia o a la Dignidad.

La diferencia no está en si son posiciones ideológicas, sino en qué ideas defienden y qué modelo de sociedad y de convivencia quieren, el de la Igualdad y el respeto, o el de las jerarquías de la desigualdad con sus privilegios e injusticia social.

El machismo no es neutro, su pH es ácido y lo corrompe todo, y la mayoría de los hombres tampoco son neutrales, sólo defienden sus privilegios desde la pasividad y el silencio. Confundir la neutralidad con la mayor presencia en el tiempo, es como tomar la realidad por verdad.

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2019/02/01/machismo-como-neutro/

La arquitectura del machismo

Post escrito por Pedro Miguel Molina  y publicado originalmente en el blog del autor, criminalfact

Laura Luelmo y Diana Quer, son probablemente dos de los crímenes más mediáticos de asesinato que han saltado a la prensa española en este último año, pero por desgracia no son los únicos, ya que son decenas los casos de violaciones y asesinatos cometidos contra mujeres los que podemos contar, siendo ellas dos tan solo una pequeña parte que da visibilidad a una cifra muy elevada de sucesos trágicos. Si a todo esto le añadimos el número de asesinatos que la violencia de género provoca, nos movemos en unas cifras que hacen ver que esto de la violencia sobre la mujer es un problema muy real y a la vez muy arraigado en la sociedad, que necesita de la toma de medidas y propuestas que intenten ponerle freno.

Este problema de la violencia de género, es un problema de una complejidad enorme y cuya descripción necesitaría de un estudio minucioso y detallado de todos los factores que la gestan, de todos aquellos factores que la provocan y sobretodo de aquellos motivos que permiten que se mantenga en el tiempo evitando que se ponga fin a esta situación, ya sea por medio de la justificación, de la invisibilización del problema o de la negación del mismo.

Debido a la complejidad mencionada en el párrafo anterior, no pretendo dar una solución a esta problemática con un simple artículo, tampoco pretendo ofrecer unas bases teóricas sólidas que sirvan de guía, ni el objetivo de esta publicación es ser una gran contribución científica que ofrezca propuestas concretas y eficaces contra la violencia sobre la mujer. Nada de eso, para lograr eso se necesitan estudios muy potentes con un gran despliegue intelectual, humano y económico, los cuales distan mucho de lo poco que pueden ofrecer las líneas que se encuentran aquí plasmadas, pero también quiero decir que para poder acabar con esta situación, aparte de estudios que nos marquen los pasos a seguir, se necesita de una conciencia adecuada, de la completa asunción de esta problema por la sociedad en su totalidad y no solo por la mitad de esta y de la creación de unas nuevas bases sociales que busquen la igualdad desde la raíz del problema, eliminando todos aquellas creaciones que evitan la igualdad real entre hombres y mujeres y que en cierto modo son el germen de todos los problemas de género que hemos mencionado anteriormente.

Por tanto a lo largo de estas páginas voy a intentar hacer un ejercicio de concienciación en el que mostrar como todo lo que construye la sociedad está asentado sobre las bases del patriarcado, considerándose por parte de la misma como delito a todas aquellas situaciones que “atenten” contra dicha estructura patriarcal. Para ello utilizaré una metodología un tanto curiosa, ya que quiero invertir un poco una de las funciones de la criminología como es la de la comprensión del delito. Es decir la criminología se ha apoyado siempre en la elaboración de teorías que intentan explicar el comportamiento del delincuente o el porqué de una acción delictiva, en este caso haré lo contrario, ya que ofreceré diferentes situaciones que tienen lugar en las relaciones que se dan en la sociedad entre hombres y mujeres a diferentes niveles (micro, meso y macro), las cuales son base de esta desigualdad que alimenta la violencia sobre la mujer y mediante teorías criminológicas y tipos penales mostraré como defendemos y justificamos la desigualdad, protegiendo de esta manera el patriarcado y luchando contra aquello que lo pone en peligro y por tanto consideramos como delito, evitando esto que avancemos hacia la igualdad real.

La mujer como propiedad en las relaciones de pareja

Como ya he dicho se analizaran distintas situaciones que tienen lugar dentro de los niveles micro, meso y macro de las interacciones hombre y mujer que se dan dentro de la sociedad, empezando en este caso por el nivel micro de las interacciones que en una sociedad tienen hombres y mujeres en el que he incluido a todas aquellas relaciones ya sean de tipo familiar, sentimentales, de amistad o de cualquier otra índole que se dan entre un hombre y una mujer solamente. En este caso he querido centrarme en las relaciones de pareja y en cómo se ha cimentado desde la antigüedad la instrumentalización de la mujer en dichas relaciones, convirtiéndola en la propiedad del hombre y provocando que este pueda hacer lo que crea necesario para mantener dicha propiedad en las condiciones que él considere oportunas (Esta claro que esto no se da en todas las parejas, pero si es cierto que este sentimiento de propiedad es en el que se fundamentan todos los asesinatos de violencia de género) Pues bien una vez dicho esto, quiero mostrar como en este nivel micro el hombre utiliza medidas de “protección” sobre “su propiedad”, utilizando recursos que la aparten de aquello que el piense que pueda ponerla en peligro, como es el aislamiento, la transformación de la forma de vestir de la mujer, la inaccesibilidad a ella y el control de los movimientos de la misma. Esto se realiza de una manera similar a la propuesta por Newman en su teoría del espacio defendible, la cual dice que ” el espacio defendible es un modelo creado para ambientes de residencia, que inhiba el crimen, creando la expresión física de un entramado social que se defiende” (Newman, 1973), dicho en otras palabras, este arquitecto venía a decir que podíamos defender a nuestra propiedad de la comisión de delitos mediante la realización de medidas sobre ella como podían ser la colocación física de la vivienda, la transformación de la misma para así provocar su pérdida de atractivo ante los ojos del delincuente… Con esta comparación he querido mostrar como el patriarcado ha convertido a la mujer en una propiedad dentro de las relaciones de pareja, la cual se intenta proteger de todo aquello que sea percibido como una amenaza a dicha propiedad y por tanto sea considerado por las bases patriarcales como un hecho delictivo.

El etiquetamiento de la mujer en el ámbito laboral

Si sigo avanzando en el orden de los niveles de estudios planteados, llego al nivel meso el cual abarcaría todas aquellas situaciones que tienen lugar en el ámbito laboral, estudiantil (La escuela, la universidad…) y en definitiva en aquellos lugares donde las relaciones son un poco más estructuradas y complejas. Pues bien en estos ámbitos nos encontramos con muchas situaciones de desigualdad, podríamos hablar del ámbito laboral en el que son muchos los casos en que los salarios a las mujeres son más bajos, los puestos de jefatura, dirección y gestión suelen estar ocupados en su mayoría por hombres y donde los trabajos que históricamente se han otorgado a las mujeres como pueden ser la limpieza o cuidado de personas mayores, siguen siendo ocupados por estas, siendo concebidas dichas labores como desempeños exclusivos de la mujer. Con esto estamos etiquetando a las mujeres, ya que percibimos que desde su nacimiento, ellas están predestinadas a cubrir una serie de necesidades y funciones que solo ellas deben hacer y que si sus aspiraciones son otras su camino hasta dichas metas será mucho más complicado que para un hombre teniendo estas dos opciones que pueden ser o bien asumir que dichas metas son demasiado ambiciosas y por tanto ni siquiera lucharlas o llegar hasta ellas pero siempre en situaciones de desigualdad, o bien revelarse y luchar para conseguir una igualdad real, lo que las convierte a ojos del patriarcado en auténticas delincuentes que quieren someterlo y por tanto deben de ser apartadas y alejadas de cualquier intento de conseguir estos objetivos en condiciones de igualdad. Este proceso que tiene lugar es muy parecido al que describió Howard Becker en su teoría del etiquetamiento, con la que intenta demostrar como muchas personas al verse etiquetadas debido a su status social, no pueden llegar nunca a cumplir ciertos objetivos por las vías legales, lo que las hace o bien resignarse o bien utilizar medios ilícitos que les ayuden a cumplir sus expectativas. Siendo esto el mismo proceso que tiene lugar con las mujeres en el ámbito laboral, ya que sus objetivos en muchos casos son mucho más difíciles de conseguir que para un hombre, por el mero hecho de ser mujeres lo que les hace o bien resignares o bien las convierte en delincuentes a ojos del patriarcado, ya que se oponen a una doctrina que lleva siendo implantada por este desde tiempos remotos.

La “legítima defensa” como herramienta al servicio del patriarcado

En este último apartado hablaremos del nivel macro, el cual habla de las relaciones que se producen a nivel global dentro de una sociedad. En este nivel voy a mostrar como en cierto modo, todos o casi todos justificamos la desigualdad, ya que aunque no lo hagamos directamente, algunas actitudes nuestras lo hacen. Para ello voy a aludir a la figura de la legítima defensa, la cual viene reflejada en nuestro código penal en el artículo 204 y dice que “está exento de responsabilidad penal aquel que obre en defensa de la persona o derechos propios o ajenos siempre que concurran una serie de requisitos” y la cual usamos en numerosas ocasiones para defender al patriarcado o para invisibilizar el problema de la violencia sobre la mujer, utilizando recursos que nos defiendan de aquello que creemos que nos ataca a los hombres o lo que tiene que ver con nosotros. Un ejemplo claro que nos demuestra esto es como intentamos exculpar a la figura del hombre, es decir a su género, cuando se producen asesinatos y casos que claramente están fundados en bases de desigualdad patriarcal. Esto ha tenido especial repercusión en el caso de la joven profesora Laura Luelmo, el cual ha desembocado en un aluvión de movimientos y voces que se han alzado en contra de la violencia sobre la mujer, lo que ha provocado por otro lado un movimiento defensivo de los hombres diciendo que estos crímenes los cometen asesinos y violadores, no hombres. Cosa que es completamente cierta, pero que en parte tiende a invisibilizar un problema real, ya que queramos o no, nos duela más o menos, estos crímenes han sido realizados por violadores y asesinos que comparten con todos nosotros la cualidad de ser hombres educados y criados en una estructura patriarcal. Por tanto no tenemos que realizar movimientos defensivos ni pensar que todos los hombres somos atacados cuando se alza la voz en contra del machismo y la misoginia, sino que tenemos que movernos a favor del cambio para así derruir las bases patriarcales en las que crecemos y que no exista la necesidad de “defendernos” ante una supuesta ofensa, pero que eso sea por qué ninguno de estos casos ha vuelto a suceder y no porque consideramos como ataque hacia nosotros aquello que muestra una verdad palpable. Por otro lado podemos encontrar como ejemplo claro de estos movimientos de “legítima defensa” que el hombre realiza, a esas voces que ven en la ley de medidas de protección integral contra la violencia de género, un factor de desigualdad y discriminación hacia el hombre, creyendo que dicha ley perjudica al sexo masculino y pone en una situación de privilegio a la mujer. Todos estos comentarios e intentos de cambiar dicha ley para acercarla a la “igualdad”, no son más que mecanismos patriarcales que intentan mantener los cimientos de una sociedad desigual, luchando contra todo aquello que busca la equidad e intenta poner solución a un problema que tiene su base en millones de años de comportamientos desiguales y que por tanto necesita de medidas especiales que intenten corregir todas las heridas que el peso de la historia ha provocado sobre la igualdad.

En conclusión, este texto no es más que una simple muestra metafórica de cómo el patriarcado se intenta mantener de diferentes maneras en todos los niveles de relación hombre – mujer que se dan, creando mecanismos que fortalezcan la ya de por si potente arquitectura patriarcal que envuelve a nuestra sociedad. Habiendo llegado incluso a convertir en “delito” (delito metafórico a ojos del patriarcado) a todo aquello que atente contra ella y creando formas de defensa típicas del control del comportamiento desviado, haciéndonos ver de esta manera que todo aquello que se salga de lo históricamente establecido es algo que no está bien visto y que por tanto no se debe producir, siendo tan fuerte esta estructura que incluso puede provocar que personas que están a favor de la igualdad se vean influenciadas y tengan actitudes que no ayuden a la consecución total de la misma, creando esto una suma de pequeñas situaciones que en su conjunto dan vida a todo aquello que provoca tanto dolor , es decir a la violencia sobre la mujer.

* Bibliografía

Acosta, M. L. (2009). MI MARIDO ME PEGA LO NORMAL. AGRESIÓN A LA MUJER: REALIDADES Y MI TOS. Planeta.

Newman, O. (1973). Defensible space. Nueva York : Mamillan.

Sanwat, W. (2017). ¿El comtemporáneo de la escuela de Chicago? La teoría del etiquetamiento en el proceso de criminalización. VOX juris , 33 (1), 101 – 112.

* Enlaces web recomendados

https://unidadigualdad.ugr.es/

https://www.interior.gob.es/web/servicios-al-ciudadano/violencia-contra-la-mujer/sistema-viogen

* Publicado por: https://www.criminalfact.com/l/la-arquitectura-del-machismo/

Pedro Miguel Molina
Pedro Miguel Molina