Acerca de BLOGUEANDO VOY, BLOGUEANDO VENGO

Blog de la Unidad de Igualdad abierto a la participación de toda la comunidad universitaria de la UGR… y a toda aquella persona que se quiera unir

Madres asesinas y buenos padres que matan

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

Entre los hechos y la realidad está el significado, que es lo que permanece y da sentido a la historia de cada día. Los acontecimientos sólo son la inspiración para redactar el relato, las referencias necesarias que permiten escribir el tiempo con continuidad y sin sobresaltos que rompan el sentido de lo vivido hasta el presente y el mañana esperado.

Y esta situación que se observa en la forma de escribir la historia sobre el pasado y transmitirla, de manera especial a la hora de interpretar los conflictos, guerras, victorias y derrotas, sucede cada día en aquellos hechos que de una manera u otra tienen impacto directo en la forma de organizarnos y relacionarnos sobre las ideas, valores, creencias, mitos… que se han adoptado y considerado adecuadas para convivir.

Es lo que sucede con a violencia de género, una violencia estructural que surge de la propia “normalidad” que la cultura machista ha establecido y ha cargado de justificaciones para que sea interpretada como algo propio de las relaciones de pareja, no en el sentido de que sea una conducta “obligada”, pero sí bajo la idea de que “puede suceder”, y que si aparece es reflejo del “amor” y la “preocupación” que siente el hombre ante ciertas actitudes y conductas de la mujer que “pueden afectar a la pareja o a la familia”. Bajo esa idea, la violencia de género no se presenta con el objeto de dañar, sino de corregir algo que se ha alterado.

Lo vemos cuando la Macroencuesta de 2015 recoge que el 44% de las mujeres que no denuncian dicen no hacerlo porque la violencia sufrida “no es lo suficientemente grave”, cuando en el Eurobarómetro de 2010 un 3% de la población de la UE dice que hay motivos para agredir a las mujeres, o cuando el 30% de la adolescenciade nuestro país afirma que cuando una mujer es maltratada se debe a que “ella habrá hecho algo”.

Y hablamos de una violencia que cada año asesina a una media de 60 mujeres, maltrata a 600.000, y permite que unos 840.000 niños y niñas sufran su impacto al vivir expuestos en los hogares donde el padre la lleva a cabo, ¡un 10% de nuestra infancia! (Macroencuesta, 2011).

A pesar de esa terrible y dramática situación para una sociedad, sólo alrededor del 1% de la población considera que se trata de un problema grave (CIS). Y no es casualidad que sea tan bajo, sino consecuencia del significado que se da a esta violencia, la cual es presentada como un descontrol producto de hombres con problemas con el alcohol, las drogas, alguna enfermedad mental o un trastorno psíquico. Sobre esta situación estructural, además, desde la “normalidad” machista se lanza una estrategia de confusión que busca mezclar todas las violencias y reactualizar los mitos para seguir construyendo la realidad sobre el significado que ellos deciden.

El ejemplo más cercano lo tenemos en el asesinato cometido por Ana Julia Quezadasobre el niño Gabriel Cruz, un hecho terrible que comprensiblemente levanta todo el rechazo hacia su autora. La crítica, incluso en sus expresiones más emocionales, es perfectamente entendible como parte de los sentimientos que se han visto afectados por unos hechos y unas circunstancias tan dolorosas como las que se han vivido. Ese no es el problema, lo que sorprende es la bajeza de quienes lo utilizan y lo instrumentalizan para intentar, una vez más, confundir y cuestionar la violencia contra las mujeres a través de una doble estrategia:

  • Por un lado, generar confusión sobre las diferentes violencias y tratar de reducirlas sólo a su resultado, es decir, a las lesiones que ocasionan y a la muerte para concluir que todo lo que termina en el mismo final tiene el mismo sentido, algo que es absurdo. Sería como afirmar que todas las hepatitis son iguales y deben tratarse de la misma forma, sin considerar si son tóxicas o infecciosas, sin dentro de estas son producidas por bacterias o por virus, y dentro de las víricas si están ocasionadas por un tipo de virus u otro.
  • Y por otro lado, presentar la violencia que llevan a cabo las mujeres como consecuencia de la maldad y la perversidad que la cultura les ha otorgadocon mitos como el de “Eva perversa” o “Pandora”. En cambio, con la violencia que llevan a cabo los hombres ocurre lo contrario, ellos son los “buenos padres” que utiliza el Derecho como referencia para aplicar la ley, y por lo tanto, cuando agreden o matan es por el alcohol, las drogas o los trastornos mentales.

La crítica a la que está siendo sometida Ana Julia Quezada no se ha visto con ningún hombre asesino, ni siquiera con José Bretón, que asesinó a sus dos hijos y los quemó hasta casi hacerlos desaparecer dentro de un plan elaborado hasta el más mínimo detalle. Es más, incluso en el juicio hubo un informe pericial psiquiátrico y psicológico que lo presentaba como una “víctima”.

Con Ana Julia Quezada ocurre lo contrario, cada día se profundiza más en su “maldad y perversidad”, se ha viajado a República Dominicana para buscar referencias sobre su “perversidad original”, y para que su propia familia se pronuncie sobre la situación y su condición. Hasta el auto judicial se refiere a ella como la responsable de un “plan criminal” con “malvada voluntad”.

Y mientras que la crítica es entendible y las reacciones son comprensibles ante el dolor que ha generado el asesinato de Gabriel, lo que sorprende es que la reacción ante los asesinatos de otros niños no haya generado ese rechazo hacia los hombres que los asesinaron, ni se haya buscado testimonios críticos en sus entornos, todo lo contrario, aún permanecen en algunos casos las palabras de sus vecinos hablando de ellos como “hombres normales y buenos vecinos”.

Pero nada de eso es casual y por eso la situación va más allá en la instrumentalización que hace el machismo para hablar de mujeres asesinas, y especialmente de madres que asesinan. Esa es la razón que dio lugar a que desde los primeros días tras conocerse el asesinato de Gabriel salieran noticias y asaltaran las redes sociales con el argumento de que “las madres matan más que los padres”, y todo para atacar la Ley Integral contra la violencia de género y los avances en Igualdad. Una actitud que demuestra esa bajeza moral del machismo y su afán en escribir la realidad con el significado que los hombres han decidido.

Cuando se toman estudios científicos amplios, es decir, no circunscritos a un tiempo reducido, que siempre se puede ver afectado por circunstancias del momento, se demuestra que los padres matan más que las madres, algo que tenemos la responsabilidad de conocer para adoptar medidas preventivas y no alimentar los mitos existentes. En el informe de Save the Children sobre los últimos 100 casos de muertes violentas no accidentales de niños y niñas, 36 fueron homicidios cometidos por los padres y 24 por las madres. Otros estudios internacionales que analizan un número amplio de casos recogen que mientras que los homicidios de las madres y madrastras tuvieron una tasa anual de 29’2 niños/niñas por millón, en los cometidos por los padres y padrastros la cifra fue de 67 niños/niñas por millón (V. Weekes-Shackeldford y T. Shackeldford, 2004); y en el trabajo de Harris et al. (2007) los padres asesinaron al 39’1% de los menores, mientras que las madres lo hicieron sobre el 33’6%. La propia OMS, en su Informe Mundial sobre Violencia (2002),recoge que los padres son los responsables de la violencia más grave y comenten más homicidios y violencia sexual sobre los hijos e hijas.

Lo hemos repetido multitud de veces y desde hace años, la violencia es llevada a cabo por hombres y mujeres, pero la construcción cultural que lleva a normalizar, invisibilizar y justificar la violencia bajo las referencias de la cultura, esa violencia conocida como “violencia de género”, es cometida por los hombres, unos “buenos padres” que “matan fuera de control”, según los mitos y estereotipos establecidos. Este significado no se le da a la violencia ejercida por las mujeres, ellas no son “buenas madres que matan”, todo lo contrario, se presenta como producto de la maldad y perversidad que llena la conciencia de las mujeres, tal y como vemos estos días.

Al final la historia se escribe sobre el significado que se da a los hechos, y para el machismo está claro, mientras que las madres asesinan desde su condición de maldad, los padres, que ya parten de la condición de “buena paternidad”, lo hacen porque hay algo que les hace perder su bondad y control.

 

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/03/18/madres-asesinas-y-buenos-padres-que-matan/&gt;

 

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Machismo permanente revisable

Artículo escrito por Miguel Lorente y publicado en: https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2018/02/10/machismo_permanente_revisable_75105_2003.html (11/02/2018)

Ahora resulta que PP no significa Partido Popular, sino Prisión Permanente, al menos es lo que se deduce de la propuesta del Gobierno para seguir alimentando el miedo y la solución conservadora habitual, que pasa por hacer confundir tranquilidad con seguridad, una estrategia muy rentable para mantener la fidelidad de quienes temen a lo divino y a lo humano.

Los partidos conservadores siempre generan la sensación de amenaza a través del discurso del miedo, y luego proponen medidas de control social que tranquilizan para generar la sensación de que hay seguridad. Y cuando están en la oposición hacen lo contrario siguiendo con el recurso al miedo; generan intranquilidad (hablan de los inmigrantes como amenaza, de la juventud incontrolable, de las reivindicaciones sociales como ataque…) y la presentan como inseguridad.

La ampliación de la prisión permanente revisable no es diferente a esa estrategia, aunque sí supera los límites que nos habíamos dado hasta ahora, y refleja el modelo de convivencia que hay en la base de todas estas iniciativas, que es el que debemos cambiar.

Son varias las cuestiones que se deducen  del planteamiento de laprisión permanente revisable, pero se pueden concretar en cuatro:

1. Instrumentalización de la víctimas. De nuevo se utiliza el dolor de las víctimas para mover a la compasión y conseguir el apoyo a su iniciativa que confunde tranquilidad con seguridad. Ya ocurrió con las víctimas del terrorismo bajo el mensaje de que “cualquiera podía ser víctima de un atentado”, y ahora lo vuelven a hacer al decir que “cualquier niña o joven podría ser Mari Luz, Marta del Castillo, Diana Quer…”.

2. Falacia de la no reinserción. La justificación moral de la medida de prisión permanente revisable se establece sobre el argumento de que se trata de criminales que al terminar el cumplimiento de su pena no están rehabilitados, y que pueden volver a delinquir. Y para ello recurren a los casos de violencia machista por su gravedad, proximidad y frecuencia para asegurar un importante apoyo a su decisión.

Se trata de un argumento falaz porque no se puede reinsertar a nadie sin haber aplicado medidas adecuadas para conseguirlo, lo mismo que no se puede curar a una persona sin aplicar el tratamiento necesario, no una serie de medidas aisladas o durante un tiempo insuficiente. Lo que realmente hace falta es contar con programas de reeducación de calidad desarrollados en la forma y durante el tiempo que requieren los distintos casos, y luego continuarlos fuera de prisión, que es hacia donde hay que legislar para hacerlos viables. Y junto a la reeducación sobre los hechos ocurridos hay que trabajar en la prevención a través de la educación dirigida a erradicar el machismo, que es la principal fuente de violencia social y el factor común fundamental en los crímenes que llevan a la prisión permanente revisable.

 

3. Carácter punitivo. La inmoralidad de la estrategia planteada, a pesar de que el razonamiento que se utilizó fue que la medida pretende prevenir los nuevos crímenes que pudieran cometer los delincuentes no reinsertados, se descubre al comprobar que ahora incluye delitos por la forma de cometerse, sin nada que ver con la situación de los agresores ni con si se han reinsertado o no. Esta situación demuestra que su objetivo principal es punitivo para tranquilizar sobre el dolor, no preventivo para mejorar la convivencia.

4. Falacia de la prevención. El endurecimiento de las penas, como es la prisión permanente revisable, podrá ser legal, pero no eficaz. No incide en la criminalidad, ni siquiera la pena de muerte lo hace. Pensar que uno de estos criminales actúa pensando que lo van a detener y a condenar, y que por tanto su conducta va a depender de la pena, es no conocer nada de criminalidad.

Este hecho de nuevo demuestra que el objetivo es la confusión y la instrumentalización de las víctimas, al hacer creer que con la prisión permanente revisable se habrían evitado los casos que se toman como ejemplo de la necesidad de la medida, cuando no es cierto. La prisión permanente revisable del asesino de Mari Luz no habría evitado el crimen de Marta del Castillo y la prisión permanente revisable de los asesinos de Marta tampoco habría impedido el asesinato de Diana Quer. El problema no está sólo en cada uno de los asesinos, sino en los factores comunes a todos ellos que hace que siempre haya un asesino dispuesto a actuar.

El objetivo de quienes defienden la prisión permanente revisable no es evitar la criminalidad, sino la de tranquilizar al hacer que unos pocos asesinos paguen mucho mientras otros siguen actuando bajo las mismas circunstancias sociales y culturales que influyeron en que los condenados actuaran en un momento determinado. La medida no funciona, pero permite que los responsables políticos puedan continuar con el discurso del miedo.

El fin último de la política debe ser evitar que haya víctimas,no impedir que unos pocos criminales que supuestamente van a reincidir (sin haber hecho lo suficiente para que no lo hagan), no lo puedan hacer. Y todo mientras otros continuarán o comenzarán a hacerlo en una sociedad que normaliza el uso de la fuerza y la violencia contra quien considera diferente e inferior, pues la condición del poderoso no sólo se entiende como superior, sino que también se ve como mejor. Y esta construcción está enraizada en el modelo machista de sociedad.

Si queremos acabar con la criminalidad hay que trabajar en la prevención a través de la educación, el desarrollo de políticas de integración, la atención y respuesta a los factores y circunstancias de riesgo, la detección y abordaje de problemas y conflictos, una política económica que contribuya a la justicia social, trabajos dignos…

Detrás de ese modelo jerarquizado de poder basado en el abuso de quienes están en posiciones inferiores para acumular más poder, está el machismo, por eso lo que hay que revisar es el machismo permanente que tenemos, y adoptar las medidas necesarias para erradicarlo.

Si los hombres se paran, el machismo se para…

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia. 

Si los hombres se paran el machismo se para, de eso no hay duda… pero los hombres no se van a parar.

La huelga feminista del 8M/18 no sólo ha parado al mundo, sino que además ha detenido la historia. Una historia donde los hombres han empujado al tiempo para que siga adelante bajo sus dictados y zarandeos, daban igual las consecuencias que producía su injusticia social y el daño que padecían las mujeres, lo importante era mañana, porque ese mañana ha sido exactamente igual a cada hoy desde el principio de la historia.

El futuro siempre ha actuado como una de las principales trampas del machismo, “dejar que el tiempo pase sin que nada más pase”. Dejar los días vacíos de acciones para que sólo contaran sus horas y sus minutos, y que el porvenir sólo fuera un momento posterior del mismo escenario y bajo los mismos argumentos. Un “futuro de cumpleaños” que no ha cumplido con el compromiso social de la Igualdad.

El futuro no es ese paso vacío del tiempo, sino una nueva realidad surgida de la transformación del presente, y cuando la historia es machismo y desigualdad, el futuro sólo puede ser la Igualdad. Por eso las posiciones conservadoras temen tanto a la Igualdad, no lo han hecho a la Libertad, ni a la Justicia, ni a la Dignidad, aunque siempre intentan controlarlas y limitarlas, pero la Igualdad supone una desestructuración de su modelo jerárquico de poder y privilegios.Por eso los hombres no se paran.

Y por esa misma razón la Huelga Feminista del 8M/18, además de mostrar las múltiples consecuencias de la desigualdad en cualquiera de los ámbitos de la sociedad, lo que ha puesto de manifiesto es que nada de eso es casualidad ni un error, tampoco una deriva del tiempo, sino una construcción de los hombres para obtener beneficios a través de la imposición de lo que ellos han considerado adecuado para organizar la convivencia y  las relaciones en los distintos contextos de la sociedad. De ese modo, las referencias masculinas son tomadas como universales, es decir, válidas para toda la sociedad, sin contar con lo que las mujeres han considerado importante y necesario para la convivir en ese espacio común de la sociedad.

La situación tiene un doble significado. Lo primero, que se trata de unaconstrucción interesada, no un accidente ni un producto del azar, aquí nadie echó una moneda al aire y salió desigualdad, como podría haber salido igualdad. Y lo segundo, que hablamos de una construcción de poder, es decir, que la adopción de las referencias masculinas como universales no fue para darle a la realidad un decorado más viril, sino para otorgar a los hombres una serie de privilegios sobre la ausencia o limitación de derechos en las mujeres.

El machismo es perfectamente consciente de su injusticia y de las consecuencias dramáticas que ocasiona, por ello dispone de toda una serie de estrategias para justificarlas de manera que puedan ser integradas como parte de determinados contextos o circunstancias, y evitar que sean identificadas como un problema estructural. Por ello juega con los mitos, los estereotipos, los prejuicios, la costumbre… para que todo sea compatible dentro de “su normalidad”. Y así lo ha hecho a lo largo de la historia, ha cedido espacio y cambiado en las formas para no renunciar nunca al poder de su construcción cultural, y ahora no va a ser diferente.

El 8M/18 ha permitido que una gran parte de la sociedad tome conciencia de lo que hay detrás de las múltiples manifestaciones de la desigualdad, de eso no hay duda, pero también ha posibilitado que el machismo tome conciencia a su vez de toda esa movilización crítica y de lo que significa. Y este “darse cuenta” de la realidad implica que van a pasar a la acción para tratar de mantener su espacio de poder en las nuevas circunstancias. Una vez más, como han hecho siempre, cederán en algo con tal de conservar la estructura de poder que les genera los privilegios y beneficios.

El machismo no es un problema de falta de conciencia, sino de falta de voluntad para erradicarlo. Ya hemos dicho que desde su posición son plenamente conscientes del daño que ocasiona su injusticia social. La desigualdad no se debe a que se desconozcan sus causas y muchos de sus resultados, sino a todo lo contrario, a la falta de voluntad para adoptar medidas que corrijan la injusticia social que supone el machismo a pesar de todo el daño y dolor que ocasiona. ¿Es que no se sabe que en España asesinan de media a 60 mujeres por violencia de género cada año?, ¿es que no se conoce que las mujeres tienen mayor dificultad de conseguir un trabajo, que cuando lo logran es más precario, y cuando no es tan precario cobran menos que los hombres?…

Y esta situación no va a cambiar de repente porque la crítica se haya organizado para adquirir una dimensión global, y haya ocupado el espacio público por medio de las manifestaciones del 8M/18.

Si los hombres se paran el machismo se para… pero los hombres no se van a parar; al menos de manera voluntaria e inmediata.

El machismo ya está organizando su reacción, como lo ha hecho en otros momentos. De momento, además de un silencio sospechoso, ya surgen las primeras voces dentro de una estrategia montada sobre tres grandes líneas:

  • La primera es unirse al éxito de las manifestaciones y apuntarse el tanto con argumentos que afirman que quieres de verdad han hecho cosas por las mujeres han sido las políticas conservadoras.
  • La segunda busca la típica confusión que utiliza el posmachismo a través de la desnaturalización del significado de lo ocurrido, idea que necesita quitarle sentido a la palabra “feminismo” para apartarla de toda la reacción social. Y para ello siguen dos tácticas, una apropiarse del nombre para decir que son feministas y que feminismo es lo que ellos hacen, reforzando de ese modo la primera línea argumental; y la otra, proponer nuevas medidas para demostrar su compromiso con la Igualdad, que es justo lo que ha hecho el PP al anunciar el día 10M un “plan en favor de la mujer”.
  • La tercera se dirige a destacar la “manipulación” de lo ocurrido y la falsedad de los hechos. Es el argumento clásico basado en la idea de la maldad de las mujeres y en el mito de la “Eva perversa”, que lleva, por ejemplo, a hablar de “denuncias falsas” cuando nos referimos a la violencia de género o la inexistencia de la brecha salarial. Para ello argumentan que se trataba de una manifestación “transversal” donde no había ideología ni críticas a nada ni a nadie, sólo demanda de acciones para abordar “temas que afectan a las mujeres”. Bajo esta línea “el feminismo y las feministas” son presentadas como las manipuladoras por excelencia, capaces de instrumentalizar una respuesta como la vivida desde su “elitismo y su ataque a las propias mujeres”. El argumento se cierra con referencias al “ataque del feminismo” contra los hombres, la familia, la Iglesia, las economía, el orden de Occidente… o cualquier cosa que se les ocurra.

Es la reacción del machismo para defender su poder. De momento estamos en sus fase inicial, pero continuará y debemos prestar toda la atención que requiere la situación para que la conciencia surgida del 8M/18 no se hunda frente a las costas de la Igualdad con los torpedos que ya lanza el machismo.

Nada nuevo, como sabemos, pero otra vez diferente sobre las circunstancias para adaptarse al nuevo tiempo de siempre, sin transformar la desigualdad en Igualdad.

 

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/03/11/si-los-hombres-se-paran-el-machismo-se-para/

HOMBRADAS Y FEMINISMO

Artículo escrito por Miguel Lorente y publicado en: http://www.publico.es/mujer/feminismo-hombradas-feminismo

“Acción muy meritoria y esforzada”, así define el diccionario la palabra “hombrada”, un concepto que conlleva dos connotaciones iniciales. La primera, que las acciones “muy meritorias y esforzadas” son propias de hombres, puesto que si una mujer las realiza no son “mujeradas”, sino “hombradas femeninas”. Y la segunda, que lo meritorio y esforzado, sea realizado por un hombre o una mujer, debe serlo para la sociedad y la cultura que dan mérito y otorgan reconocimiento a la acción.

La historia está llena de épica, de victorias, de héroes, de hombradas… y sin embargo ninguna de ellas ha tratado de contrarrestar y cambiar la injusticia más grande que ha existido: la desigualdad de género. La mayoría de esos logros han servido para conseguir beneficios particulares encubiertos bajo banderas, patrias, intereses, creencias…logros que mantienen el mismo modelo de sociedad que de vez en cuando requiere de hombradas y, por tanto, de hombres, para perpetuarlo.

Si tomamos como referencia lo que debe caracterizar la convivencia en sociedad, los Derechos Humanos, la verdadera “acción meritoria y esforzada” ha sido realizada por las mujeres y el feminismo al enfrentarse a toda esa estructura social, teniendo que soportar el peso de la historia en cada una de las críticas y ataques que reciben.

Los hombres no han estado en esta transformación y la mayoría sigue sin estarlo. Ellos, como mucho, se han adaptado a las nuevas circunstancias surgidas del desarrollo y el progreso social, pero sin renunciar en ningún momento a sus privilegios ni a la desigualdad histórica. Pero el tiempo no da razón, sólo demuestra la fuerza empleada en la resistencia.

Una de las consecuencias de la transformación instaurada por el feminismo y las mujeres ha sido proporcionar un modelo de conocimiento a los hombres que facilitara desarrollar una conciencia crítica sobre la realidad.

Cuestionar esa identidad masculina impuesta, rígida y acrítica que establece el machismo, y criticar la cultura que la presenta como normal y necesaria para que todo se mantenga en orden, no es fácil para un hombre por la doble trampa que establece el machismo. Por un lado, les dice que hacerlo significa “no ser hombre” y que, por tanto, no te van a reconocer como tal; y por otro, otorga a cada hombre el título de “guardián del orden” para que no sólo se comporte como hombre, sino que también haga que los demás (hombres y mujeres), se ajusten a los roles, a tiempos, espacios y funciones establecidos.

Cuestionar la identidad masculina impuesta por el machismo no es fácil

No cumplir las expectativas depositadas en un hombre significa situarlo en el terreno de la sospecha y rápidamente ser cuestionado como tal hombre en su doble dimensión. Una situación que viví en primera persona cuando comencé a investigar desde la medicina forense la violencia contra las mujeres como una violencia diferente al resto de las violencias interpersonales. Al poco tiempo de comenzar a preguntar algunas cuestiones sobre el tema a jueces y fiscales me llamaron “traidor”, una idea que aún repiten muchos hombres cuando ven que otros creemos en la Igualdad y trabajamos de la mano del feminismo para conseguirla.

La Igualdad es buena para toda la sociedad, no sólo para las mujeres, pero la entienden como negativa y como un ataque a sus posiciones, porque los primero que perciben es la pérdida de sus privilegios. Y el privilegio principal no es el beneficio particular de cada hombre, sino contar con un contexto común de normalidad en la desigualdad.

Hoy el ataque y la resistencia a la Igualdad se hace desde un doble frente, por un lado el machismo tradicional con toda la exhibición de agresiones y críticas hacia las mujeres, y por otro la estrategia del posmachismo, donde la confusión hace el trabajo para que todo siga igual y los hombres permanezcan a la sombra de la identidad tradicional. Por eso los hombres tenemos una mayor responsabilidad a la hora de erradicar la desigualdad.

Definitivamente, la verdadera acción “meritoria y esforzada” es la que están realizando las mujeres y el feminismo. No hacen falta más machadas ni hombradas, sólo “Igualdad sin ira”, como en su día necesitamos libertad.

Cuando marzo “marzea”…

1520193934_954231_1520194211_noticia_normalArtículo escrito por Miguel Lorente y publicado en @cadenaser <http://cadenaser.com/ser/2018/03/04/sociedad/1520193934_954231.html&gt;

Hay meses que son conocidos por alguno de sus días o por los acontecimientos que suceden a lo largo de las jornadas que lo forman, así ocurre, por ejemplo, con mayo y el “mes de las flores”, enero y el “mes de la rebajas”, abril y la lluvia con sus “aguas mil”, noviembre y el “mes de los difuntos”, o marzo con el “mes de las mujeres”.

Y es que hay días que valen más que todo un mes, como sucede con el día 8 de marzo, el “Día Internacional de las Mujeres”, una fecha en la que el tiempo se detiene en el balcón del calendario para llamar a contemplar el paisaje de la desigualdad desde el horizonte histórico de la discriminación que sufren. Una fecha que comenzó centrándose en las mujeres trabajadoras asalariadas para después extenderse al resto de las mujeres, y que después de tanto tiempo ha regresado una vez más al contexto laboral para poner de manifiesto cómo a pesar del tiempo han cambiado los escenarios, pero no los acontecimientos que suceden dentro de ellos.

Por eso este año la brecha salarial, la precariedad laboral, el desempleo, los acosos en el lugar de trabajo… toman la palabra el 8M para llamar la atención sobre la situación que viven las mujeres bajo la pasividad de los hombres en su triple responsabilidad. En primer lugar por ser los responsables morales y materiales de una cultura hecha a su imagen y semejanza en la que la discriminación y sumisión de las mujeres como actúa como pilar básico para la organización de las relaciones dentro de ella.

En segundo término, por ser los beneficiarios de la desigualdad y de las consecuencias negativas que sufren las mujeres. Todo lo que los hombres tienen de más a partir de la distribución de los tiempos, espacios, roles y funciones definidos por la construcción de género es porque las mujeres lo tienen de menos.

Y en tercer lugar, porque a pesar de las evidencias y resultados objetivos de esta injusticia social mantienen una actitud pasiva y distante, que incluso revisten de neutralidad diciendo aquello de “yo no soy machista”, pero sin hacer nada para que otros no sigan ejerciendo el machismo explícito con la colaboración de su silencio y esa mirada entretenida que posibilita perpetuar los privilegios para todos, no sólo para los que actúan.

Todo ello demuestra que la situación actual no es casualidad ni un accidente, y que a pesar de la grave injusticia social que supone la desigualdad y de los resultados objetivos que produce, todavía se vea la Igualdad como un exceso y una exageración “capaz de acabar con el orden de occidente”.

Hablamos de que cada 10 minutos una mujer es asesinada en el planeta en un contexto de relación de pareja o familiar (Informe Global de Homicidios de Naciones Unidas), que 60 mujeres son asesinadas de media en España cada año, que la brecha salarial supera el 20%, que el 55% de las mujeres de la UE han sufrido acoso sexual… Y todo ello significa que millones de hombres envueltos de normalidad y condición llevan a cabo esas conductas sin que los Gobiernos, las instituciones y los propios hombres como grupo hagan lo suficiente, no sólo para evitarlo, sino ni siquiera para cuestionarlo.

Ya no basta detenernos un día para que a la mañana siguiente todo siga igual a pesar de la crítica y la reivindicación, si las palabras y las evidencias no son suficientes tendrán que ser los hechos quienes describan la realidad de las mujeres invisibilizada y ocultada bajo la alfombra de la normalidad. La Huelga Feminista del 8M/18 no es un día más, será el primer día de una nueva realidad donde el papel de las mujeres no podrá ser sepultado bajo la avalancha de palabras que ya prepara el machismo. Será uno de esos días que definen al mes, a ese “mes de las mujeres”, y que este año con la huelga feminista dará sentido al futuro, porque “cuando marzo “marzea” el machismo se tambalea”.

 

 

¿Y machista no era…?

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.nikolas-cruz1

Racista, xenófobo, supremacista… así describen los medios de comunicación a Nikolas Cruz, autor del asesinato de 17 personas en el instituto MS Douglas de Parkland en Florida. Se le acaban los adjetivos para hablar de la conducta y de los elementos de identidad que la motivaron, y en cambio no hacen referencia al elemento que está en la base de todos los demás: el machismo.

Quien parte de considerar que la identidad está basada en que su condición de hombre-blanco-heterosexual-estadounidense… es superior a la del resto, se siente legitimado para desarrollar toda una serie de conductas de discriminación y violencia contra quienes considera inferiores, de los cuales piensa que están usurpando parte de lo que le pertenece. Y como toda conducta violenta, su desarrollo puede aumentar de forma progresiva hasta llegar a las distintas expresiones de la violencia física, entre ellas el homicidio. Son crímenes que cuentan con todos los ingredientes en sus autores:razones morales basadas en su idea de superioridad, argumentos prácticos al entender que le están quitando algo que les pertenece, una carga emocional basada en el odio que refuerza toda esa construcción, y una solución a su alcance a través del uso de la violencia.

Todo indica que es lo que ha ocurrido con Nikolas Cruz, a pesar de la advertencia que se había producido a través de la denuncia sobre sus planes sin que que hubiera respuesta del FBI, algo nada casual cuando el contexto social y cultural crea una sintonía bajo referencias cercanas con quienes reciben la denuncia, restándole credibilidad a su contenido o a su trascendencia.

La identidad construida sobre las referencias biológicas que llevan a entender que una determinada condición es superior al resto, que es lo que se observa en este caso y en todos los crímenes de odio, no es nueva. Se remonta al Neolítico y su ADN es el machismo, que fue la primera referencia utilizada en aquel entonces para definir la identidad de los hombres y de las mujeres, a partir de la cual se ha ido reforzando para establecer la desigualdad en la convivencia social sobre las referencias de quienes ocupaban las posiciones de poder, que eran los hombres.

Fueron las ideas, voluntades y deseos de los hombres los que decidieron que la convivencia tenía que organizarse en diferentes niveles jerárquicos, y que lo masculino pasaría a ser considerado como universal y común para toda la sociedad, convirtiéndose en la referencia social, y de ese modo permitir que los hombres contaran con las condiciones idóneas para ocupar y desarrollar espacios de poder en lo individual. Y a partir de esos primeros momentos, en lugar de cambiar conforme la organización social se modificó, lo que se hizo fue reforzar la construcción con los distintos elementos de poder e integrar otras referencias para incorporar al grupo original a los niveles más altos de su estratificación social, y de ese modo consolidar la estructura social sobre sus ideas, valores, creencias, origen, procedencia, color de la piel… pero siempre con lo masculino y los hombres como núcleo de esa organización.

El resultado es que la condición dominante no sólo es diferente a las otras, sino que, además, es superior. Por eso, para ese modelo, una mujer es diferente a un hombre e inferior, un homosexual es diferente e inferior, un afroamericano es diferente e inferior, un extranjero es diferente e inferior… y así podemos seguir uniendo factores de discriminación para hacer de esa construcción jerarquizada una fuente de discriminación interseccional, es decir, resultante de la interrelación de los diversos factores individuales para aumentar la desigualdad y acumular más poder; por ejemplo, una mujer es discriminada por su condición, pero si además es extranjera, con otro color de piel y una orientación sexual distinta, aún será mas discriminada.

Esa es la razón que hace que un machista sea homófobo, racista, xenófobo… porque el machismo está en el núcleo de esa identidad que parte de la condición como factor de referencia para considerar al resto diferentes e inferiores. Luego podrá expresar las distintas discriminaciones con más o menos frecuencia o de forma más o menos explícita dependiendo de las circunstancias, pero la construcción de la identidad machista las lleva todas en su esencia.

El machismo es cultura, no conducta, y la cultura machista es una estructura de poder, por eso se desarrollan conductas dirigidas a la consecución y a la perpetuación esas posiciones de privilegio bajo el amparo del sistema social y cultural, que a su vez se ver reforzado por los comportamientos individuales en una especie de “todo el mundo gana”.

Es lo que ha ocurrido con Nikolas Cruz, que ha desarrollado una actitud y una conducta sobre las referencias comunes de una sociedad que él ha llevado hasta el peor de sus extremos, pero no por ser diferentes, sino por vivirlas de una forma especialmente intensa y particular en sus circunstancias. Y esos factores comunes son los que hacen que la advertencia de que podía pasar no se vea tan grave o no resulte creíble, como ha ocurrido con las denuncias ante el FBI. Si la denuncia hubiera sido sobre un posible atentado yihadista, aunque las evidencias hubieran sido similares, habría conllevado la respuesta inmediata por parte del FBI, pues esa violencia está construida sobre referencias completamente diferentes a las que caracterizan el contexto socio-cultural. Es la misma situación que se presenta en violencia de género, cuando la palabra de las mujeres no resulta creíble o las consecuencias de su denuncia no se vean tan graves o posibles.

El machismo está en la base de la violencia interpersonal nacida de la condiciónde quien la ejerce y desarrollada de la mano del odio contra quien se considera diferente e inferior, por eso en una cultura levantada sobre la superioridad de los hombres sobre las mujeres estas son las primeras en sufrir sus consecuencias, pues cada golpe hace que el hombre que lo da se siga creyendo superior, y la sociedad más sólida sobre el machismo.

Nada es casual, el machismo es causa, no resultado.

 

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/02/18/y-machista-no-era/&gt;

Puritanismo y género

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

Si no fuera por lo serio que es el tema, la situación daría un poco de risa. Y es que no deja de sorprender que la respuesta que ha dado una parte de la sociedad bajo la lectura que la cultura machista hace de la realidad, haya sido entender que hablar contra el acoso sexual a las mujeres nos puede llevar a un puritanismo sexual que baje de nuevo la ropa hasta los tobillos y suba los escotes hasta el cuello, y que sitúe entre hombres y mujeres una distancia infranqueable a modo de barrera.

La respuesta puede sorprender, pero no es casualidad.

En el momento actual confluyen dos corrientes que plantean soluciones frente al acoso sexual, pero cada una de ellas lo hace a partir de fuentes muy remotas. La primera corriente plantea evitar el acoso cuestionando la libertad sexual de las mujeres en una especie de “sin sexo no hay acoso”; la segunda defiende la libertad sexual pero entiende que detrás de ella hay una especie de incitación de las mujeres a ser abordadas y acosadas.

Detrás de las dos está el machismo y su puritanismo, en la primera de manera directa y explícita, por eso aprovecha la ocasión para atacar a la Igualdad y a lo que significa, haciéndola responsable de todo lo que le ocurre a las mujeres, precisamente por haber roto con las referencias tradicionales de la buena virtud. Y en la segunda, porque interpreta la libertad de las mujeres como una “provocación” a los hombres, tanto a su posición referente como a su papel activo, volviendo a dejar a las mujeres como “sujetos pasivos” de las relaciones

En apariencia sus enunciados pueden parecer lo mismo por estar contra el acoso, pero son completamente diferentes en su significado y sentido, pues mientras que la primera corriente busca imponer un modelo de relación en el que las apariencias sustituyan a la realidad, y donde la violencia quede invisibilizada bajo el umbral que se decida en cada momento, tal y como ha ocurrido históricamente, la segunda corriente busca la libertad de las mujeres y el respeto a su dignidad, algo que sólo puede alcanzarse a través de la Igualdad, pues ni la libertad ni la dignidad se disfrutan sin ella. Por eso la idea de “provocación” que insinúan sólo puede ser consecuencia de la influencia del machismo.

El puritanismo no es nuevo, siempre ha estado en nuestra sociedad para controlar a las mujeres, porque lo de velar por las “virtudes públicas y privadas” se ha situado sobre la imagen y el comportamiento de ellas, no de los hombres. Para la cultura patriarcal la quiebra de la moral y de la virtud se produce cuando las mujeres asumen un rol diferente en la sociedad y se liberan sexualmente de las imposiciones de un machismo que las necesitaba controladas y sometidas para que los hombres no vieran cuestionado su honor ni disminuido su poder. Para esa misma sociedad, cuando los hombres acosan, violan o asesinan a las mujeres no se atenta contra el puritanismo, todo lo contrario, presentan esos crímenes como consecuencia de las “malas mujeres” que se alejan de él.

La imagen de los hombres y su conducta tampoco afecta a la virtud y, en consecuencia, no se relaciona con el puritanismo sexual ni de otro tipo. Nadie habla de ataque al puritanismo porque los hombres muestren sus abdominales y sus bíceps, ni piden que no los enseñen bajo la amenaza de que los acosen o llegue a imponerse un control sobre el “juego sexual”. Como tampoco dicen nada de esa violencia sexual que ejercen como parte de la “complicidad” de una sociedad que facilita las condiciones para llevarla a cabo, y luego cuestiona a las mujeres por lo que hagan o dejen de hacer, pero calla sobre lo que los hombres hacen. El puritanismo conlleva la violencia amparada por las circunstancias o la provocación de las mujeres, por eso es un modelo basado en las mismas apariencias que hacen que la mujer del César tenga que serlo y parecerlo, sin que el César deba preocuparse de otra cosas que no sea la imagen que da su mujer.

Es el puritanismo que niega a las mujeres para que los hombres sean más hombres.

Y en unas circunstancias como las actuales, en ese río revuelto resultante de la confluencia de las dos corrientes, el machismo ha lanzado sus redes sociales y todos sus elementos de influencia para sacar ganancia como pescadores de oportunidades. Por eso ha aprovechado las circunstancias para hacer entender que en realidad la lucha contra el acoso y la violencia sexual conduce a un puritanismo anti-femenino, hasta el punto de conseguir que un grupo de mujeres feministas francesas compartan el argumento sin tener en cuenta que el contexto social y cultural del machismo influye en las decisiones individuales. Nada nuevo, por otra parte, como cuando se ha dicho desde algunas voces del feminismo que una ley contra la violencia de género supone presentar a las mujeres como incapaces y como seres que necesitan ser tutelados, o como cuando se plantea que “decidir sobre el propio cuerpo” para hacer lo que el machismo ha impuesto bajo la violencia a lo largo de toda la historia, tampoco tiene nada que ver con el contexto social y cultural en el que se toman esas decisiones. Curiosamente, estos argumentos y sus fuentes feministas son continuamente citados por los machistas.

El machismo es el artífice del puritanismo, un puritanismo que nunca ha evitado ni impedido la violencia contra las mujeres, sino que la esconde bajo las circunstancias y los diferentes contextos que se puedan dar. Por eso la situación actual no es diferente a lo que ha hecho el propio machismo al diseñar una doble estrategia para adaptarse a los tiempos actuales. Por un lado está el machismo de siempre con su defensa directa y explícita de las ideas tradicionales con argumentos como que “las mujeres deben tener un salario menor por ser menos inteligentes y más débiles”, tal y como afirmó el eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke, y de ese modo mantener la brecha salarial en la que Rajoy dice que no hay que entrar; y por otro está el diseño de la nueva estrategia del posmachismo para hacerse dueño de la “Igualdad de verdad”, y decir que lo que hace el feminismo es atacar a los hombres, a las familias y al orden natural para beneficiarse económica y socialmente de la situación.

Ahora con el puritanismo ocurre lo mismo, por un lado está la reivindicación del puritanismo en sentido tradicional para recuperar los valores que hacían a las mujeres portadoras de la virtud social, y por otro una especie de “post-puritanismo” para que se dejen acosar y abusar en nombre de su libertad.

El machismo es cultura, no conducta, ya lo hemos dicho en más de una ocasión, y la cultura es identidad. No entender que las decisiones individuales vienen condicionadas e influidas por las referencias socio-culturales, es caer en las trampas del machismoque lleva siglos afirmando que la desigualdad y toda su injusticia violenta es “lo normal”.

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/01/29/puritanismo-y-genero/&gt;