La casa por el tejado

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

casa-por-el-tejado

El Tribunal Supremo ha resuelto que una madre y sus hijos abandonen la casa donde vivían tras el divorcio, porque en ella vive también su nueva pareja. Argumenta que el domicilio donde antes vivía con su exmarido deja de ser “familiar” cuando se forma una nueva relación de convivencia.

La sentencia responde a una demanda histórica promovida fundamentalmente por padres que tras el divorcio no aceptaban que sus exparejas rehagan su vida afectiva, y que entienden la separación como un nuevo escenario de control y poder sobre la mujer, para lo cual es importante que sea ella quien tenga la custodia de los hijos e hijas, puesto que consideran que actúa como una dificultad para rehacer sus relaciones afectivas.

Esta percepción clásica ha cambiado bastante, pero las ideas que la sustentan no tanto. Quizás muchos de los que ahora se felicitan por la decisión del Supremo desconozcan la evolución seguida en esta materia, y no recuerden una época no muy lejana cuando los exmaridos se negaban a pagar la pensión por alimentos y no había manera en la práctica de actuar contra ellos. Después la ley cambió para obligarlos y facilitar el embargo de sus cuentas o bienes si no lo hacían, pero muchos de ellos, en lugar de entender su error, lo que hicieron fue simular que estaban en paro, cobrar de manera “no visible”, justificar un salario inferior para pasar menos cantidad de dinero… todo lo que hiciera falta menos asumir sus responsabilidades como padres, una situación que no ha desaparecido en la actualidad. Y claro, para todo ello el argumento no puede ser que les importa muy poco que sus hijos tengan dificultades, sino que se justifican al decir que lo hacen porque “la mala de su exmujer”  se gasta su dinero en zapatos, ropa o con su nueva pareja.

Si tenemos en cuenta estos antecedentes y la estrategia que sigue el machismo para ocultar la realidad de la violencia de género, al tiempo que busca imponer la custodia compartida en cualquier circunstancia y de espaldas al interés de esos hijos e hijas, que según dicen es lo que les mueve, la pregunta que surge es sencilla. ¿Si no fueran mujeres quienes están a cargo de la mayoría de las familias tras la separación, habría sido igual la sentencia del Tribunal Supremo?

Según la Encuesta Continua de Hogares de 2017, realizada por el INE, hay 1.529.900 familias formadas por madres y sus hijos e hijas, frente a las 312.600 constituidas por padres con sus hijas e hijos; es decir, el 83% de las familias monoparentales en realidad son “monomarentales”. Y esto no es por casualidad.

Desde el machismo se dice que en los Juzgados se les da la custodia a las madres “de forma automática” “por ser mujeres”, cuando en realidad las decisiones judiciales se adoptan en interés del menor a partir de la experiencia y de las responsabilidades asumidas durante la convivencia por cada uno de los progenitores. La paternidad empieza durante la convivencia, no tras la separación, y además de las averiguaciones judiciales que se realizan en cada caso, todos los estudios demuestran que, cada día, las mujeres dedican más tiempo que los hombres a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos e hijas, lo mismo que son ellas las que piden reducción de jornada para esas tareas de cuidado, y solicitan días u horas libres para poder atender situaciones imprevistas relacionadas con la educación o la salud de los niños y niñas. Y todo eso sucede cada día, es decir, todos los días, no sólo cuando se produce la separación.

No deja de sorprender que los argumentos del machismo cuestionen la violencia de género cuando se dice que las mujeres son maltratadas y asesinadas “por el hecho de ser mujeres”, que nieguen el acoso cuando son hostigadas “por el hecho de ser mujeres”, que duden de la discriminación y la brecha salarial cuando se demuestra que les ponen dificultades y les pagan menos “por el hecho de ser mujeres”,o que ataquen las políticas de acción positiva para corregir su infra-representación en puestos de responsabilidad debido a los obstáculos y exigencias que les hacen “por el hecho de ser mujeres”. Para el machismo esa referencia de que determinadas conductas y situaciones se producen “por el hecho de ser mujeres” les resulta una tontería o una simpleza,pero en este caso son esos mismos argumentos machistas los que dicen que en los juzgados les entregan la custodia de los hijos y de las hijas “por el hecho de ser mujeres”. Nada coherente, como el machismo mismo, pero ya se sabe que la “palabra de hombre” siempre tiene el acompañamiento de la credibilidad.

Por eso no deja de sorprender el razonamiento de la sentencia del Tribunal Supremo, pues da la sensación de que más que mirar por el interés de los menores en verdad refleja ese malestar hacia la mujer que rehace su vida e inicia una nueva relación de pareja, y la “comprensión” del mosqueo del hombre que ve que todo eso sucede “en su casa”. Si el padre tiene una responsabilidad con sus hijos e hijas y como consecuencia de ella ha de pasar una cantidad de dinero para su cuidado y necesidades, el hecho de que la mujer viva o no con su pareja en el mismo domicilio es intrascendente sobre las responsabilidades del padre. Y si el padre, como consecuencia de que la decisión judicial que ha otorgado el uso del domicilio a la madre por ser ella quien obtiene la custodia, tiene que buscar una nueva residencia y asumir un alquiler, además de pagar la hipoteca de una casa que es suya, aunque ahora la usen sus hijos y su madre con ellos, también es independiente de que la pareja de la mujer viva en la casa o no.

Aunque todas estas situaciones tras las separaciones y divorcios han de resolverse mejor, no lo dudo, lo que resulta sorprendente es que se traten de presentar como consecuencia de la “maldad de las mujeres”, y que se vea a la Igualdad como responsable de la “injusticia” que viven los hombres. La Igualdad es la solución, no el problema, si los padres asumieran sus responsabilidades en igualdad desde el principio, dedicaran el mismo tiempo que las madres al cuidado y al afecto, dieran prioridad a sus hijos e hijas sobre otras responsabilidades del trabajo o de ocio… la custodia la tendrían ellos, bien de manera exclusiva o de forma compartida, sin necesidad de imponerla, tan sólo continuando con lo que hacían durante la convivencia.

Que el 83% de las familias formadas por un solo progenitor con sus hijos e hijas las formen las madres no es casualidad ni producto del azar, sino la consecuencia de una sociedad impregnada por la cultura del machismo que lleva a los resultados que luego critican sin pararse a cuestionar las causas. Resolverla exige levantar la Igualdad desde los cimientos de la identidad y la convivencia, no empezar la casa por el tejado.

 

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/11/26/la-casa-por-el-tejado/&gt;

Anuncios

Tanga y tongo

Post escrito por Miguel Lorente y publicado en Huffingtonpost 

La Justicia de Irlanda ha absuelto a un hombre acusado de violación al aceptar como justificación, entre otros argumentos, que la víctima llevaba “un tanga con un lazo por delante”…

https---media-mbst-pub-ue1.s3.amazonaws.com-creatr-uploaded-images-2018-11-822c77c0-ea6c-11e8-a7b9-e78372e69c70.jpeg

Hemos pasado de la minifalda al tanga, alguien podría pensar que es un avance en los argumentos utilizados dentro las decisiones judiciales y en las deliberaciones de los jurados a la hora de justificar que no ha existido una violación, pero en realidad los hechos demuestran que no sólo no se ha avanzado, sino, todo lo contrario, que hemos retrocedido. La situación es clara, quedarse atrás y con el mismo tipo de razonamientos cuando la sociedad ha cambiado y avanzado de manera decidida hacia la Igualdad, es estar más lejos de la realidad, no dentro de ella, y la consecuencia también es directa: hoy, al igual que ayer, lo que prevalece en la investigación de la violencia sexual (y de la violencia de género de manera global), es el cuestionamiento de la víctima en lugar de la conducta del agresor.

El razonamiento a la hora de llevar a cabo las investigaciones de los casos de violencia que se ejercen sobre las mujeres en cualquiera de sus circunstancias y contextos, parece partir de una estrategia clara y común, con independencia del rincón del planeta en el que se realice. Y en lugar de investigar los elementos denunciados desde una posición científica y tomando como referencia la denuncia, como se hace en cualquier otro delito, lo que se hace en violencia de género es seguir los siguientes pasos:

  1. Cuestionar la palabra y la credibilidad de las mujeres para poner en duda los hechos denunciados.
  2. Ver qué elementos de “honorabilidad”, “respeto”, “consideración”, “honradez”… tiene el hombre denunciado para así cuestionar con más fuerza la palabra de la mujer.
  3. Identificar los beneficios que puede obtener la mujer a través de la denuncia de ese hombre, bien desde el punto de vista material o como “venganza” por situaciones vividas. De ese modo se confirma la hipótesis primera basada en que no hay que dar mucho crédito a la palabra de las mujeres, dispuestas a cualquier cosa con tal de salirse con la suya, tal y como marca el mito de la “mujer perversa”.
  4. Analizar la conducta de la víctima durante los hechos denunciados para utilizar cualquier elemento en su contra, bien sea llevar un “tanga con un lazo por delante”, “una minifalda”, “un escote generoso” o haber “consumido bebidas alcohólicas”.
  5. Estudiar al comportamiento y la historia de la víctima para traer al presente situaciones del pasado que vuelvan a cuestionarla a ella y a exculpar al agresor.
  6. Si, finalmente, todo ello es insuficiente y no da resultado, entonces, a modo de plan B, se recurre a los mitos sobre el agresor y se dice que actuó bajo el efecto del alcohol o de alguna sustancia tóxica, que padece algún problema mental, o se echa mano de un argumento más posmoderno, muy de moda en la actualidad, y se dice que se trata de un “hombre malo”.

Lo hemos visto en la sentencia de Irlanda, pero lo vemos también en el caso de “la manada”, en el de Juana Rivas o en tantos otros.

El resultado final afecta a la investigación a través de todos los sesgos, prejuicios y estrategias aplicadas, lo cual conduce con gran frecuencia a la impunidad de los agresores y a criticar a las mujeres con independencia del resultado de la sentencia. Ellas siempre son malas y perversas con independencia de que ellos sean inocentes o culpables.

Se imaginan que desde los Servicios de Urgencias se dijera que una persona no sufre neumonía porque acude a la consulta poco abrigada, o que es imposible que a otra persona le duele la cabeza porque entra con unos auriculares conectados al móvil… Sería inadmisible, y si lo hicieran tendrían consecuencias por mala praxis profesional, sin embargo, cuando este tipo de razonamientos de traslada a la Justicia y a la investigación criminal en los casos de violencia de género parecen admisibles.

No es casualidad que los acontecimientos vengan caracterizados por esos elementos y que ocurra en cualquier lugar del planeta, pues en todas las sociedades la cultura que define las identidades, las relaciones interpersonales y da significado a la realidad es el machismo. Y la violencia contra las mujeres forma parte de ella, tal y como recoge la OMS cuando muestra que el 30% de las mujeres del planeta sufrirán violencia por parte de su pareja o expareja en algún momento de su vida, y como reflejan los informes de Naciones Unidas al revelar que cada año unas 45.000 mujeres son asesinadas en el contexto de las relaciones de pareja y familiares.

Todo ello es un tongo a los Derechos Humanos y la convivencia. Y debemos ser conscientes que si no se hace algo para evitarlo, se está haciendo para que continúe este engaño del machismo y toda su violencia presente y futura.

Este post se publicó originalmente en el blog del autor.

Machismamente

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsiamachismamente.png

Si actuar desde la maldad es hacerlo malvadamente, desde la inconsciencia es hacerlo inconscientemente… actuar desde las referencias del machismo es comportarse “machismamente”.

La clave para erradicar el machismo de nuestra sociedad pasa por entender que no se trata de una serie de hombres con una mente machista “atávica y primigenia”, como apunta el juez en la sentencia que condena a Juana Rivas, una mente que los puede llevar desde discriminar y abusar hasta a maltratar y asesinar. La clave está en tomar conciencia de que se trata de hombres que de manera consciente e interesada deciden actuar imponiendo a las mujeres su visión de la realidad, y desde ella su criterio a la hora de desempeñar las diferentes funciones y roles, y de ocupar los tiempos y espacios que previamente les otorgan. Y para conseguirlo se dotan de diferentes instrumentos, unos que actúan “por las buenas” (control social, reconocimiento, reputación, integración, aceptación…), y otros “por las malas” (violencia, discriminación, crítica, rechazo, exclusión…)

Los machistas son conscientes de que toda esa construcción es injusta y está mal, por eso se han dado una cultura que la normaliza bajo diferentes justificaciones y argumentos.

Y cada uno de esos hombres necesitan de todos los demás, pues un hombre solo en defensa de esos argumentos y de esa construcción, por muy macho que sea sería sólo un “hombre solo”; y los hombres están acostumbrados a estar “solos ante el peligro”, como Gary Cooper, pero no a estarlo frente a la verdad de una desigualdad histórica y toda su injusticia secular. Por eso necesitan al grupo, y el grupo a la cultura que los define, ese patriarcado funcional y práctico que es el machismo. A partir de ahí todo es más sencillo y sólo tienen que actuar “machismamente”.

Esa situación hace que sus argumentos suenen creíbles a pesar de quedar huecos de significado, como por ejemplo sucede cuando dicen que la “Ley Integral contra la Violencia de Género” va “contra los hombres”, y que los hombres son condenados por el hecho de ser hombres. Y es cierto que la aplicación de esa ley condena a hombres, pero no por el hecho de serlo, sino por ser maltratadores, “detalle” que obvian en su argumentación de manera interesada. Sería como decir que el Código Penal va “contra las personas” porque cualquier persona puede ser condenada. A nadie se le ocurriría ver en el Código Penal una amenaza, sino un instrumento para la convivencia, porque todo el mundo sabe que dicho código se aplica sobre las personas que delinquen, no sobre las personas por el hecho de vivir en sociedad.

Entre sus argumentos estelares nunca falta igualar las diferentes violencias interpersonales sobre su resultado, para así esconder el machismo y la construcción cultural que lleva a la violencia de género desde la normalidad. De ese modo ocultan que se trata de uno de los instrumentos necesarios para mantener la desigualdad (y, por tanto, los privilegios de los hombres), esconden también su dimensión (600.000 mujeres maltratadas al año y 840.000 menores viviendo en los hogares donde sufren esa violencia –Macroencuesta 2011-), y diluyen su gravedad más extrema, las 60 mujeres asesinadas y los 4 niños y niñas asesinadas de media cada año. Y todo ello como parte de una “normalidad” que hace que sólo el 1’9% de la población considere esta realidad entre los problemas graves de la sociedad (CIS, septiembre 2018).

Al machismo no le interesa que se ponga al descubierto toda esa estructura social de la desigualdad que tantos beneficios les reporta, desde los económicos hasta la impunidad (sólo de condena a un 5% de todos los maltratadores). Por eso intentan por todos los medios que no se hable de violencia de género, pues hacerlo significa dejar al descubierto los elementos y las claves de esa construcción de poder.

Nunca han pedido, y siguen sin hacerlo, que se adopten medidas legislativas para proteger a las víctimas de la “violencia de las mujeres” ni de la violencia doméstica, sólo piden que se supriman las medidas dirigidas a abordar los elementos específicos de la violencia que sufren las mujeres desde la normalidad social y cultural.Nunca han hablado ni se han preocupado de esas violencias hasta que no se ha hablado de violencia de género, y si se suprimiera la “Ley Integral contra la Violencia de Género” con todo el sistema de protección que se ha desarrollado a partir de ella para todas las violencias, y quedaran las víctimas desprotegidas, tampoco dirían nada, como no lo decían antes de 2004.

El machismo busca esconder la violencia que los machistas producen entre el resto de las violencias, por eso les interesa tanto equipar el resultado para esconder su significado. ¿Se imaginan que alguien criticara las actuaciones de la Dirección General de Tráfico bajo el argumento de que sólo tienen en cuenta los accidentes de tráfico, pero no los accidentes laborales cuando cada año también producen miles de víctimas?. ¿Se imaginan que dijeran que “por qué va a valer menos una víctima de un accidente de trabajo que una víctima de un accidente de tráfico”, o que afirmaran que las asociaciones de víctimas de tráfico lo que buscan es enriquecerse con las subvenciones, y que cuanto más accidentes y víctimas mejor para ellas porque reciben más dinero?… Sería absurdo e inaceptable, ¿verdad?… Pues son los argumentos que utilizan a diario contra la violencia de género.

Las personas que tienen una “mente machista” y aquellas otras que actúan “machismamente” intentan que la realidad siga dominada por la injusticia y la desigualdad, pero eso ya es parte del pasado. La sociedad, gracias a la Igualdad, mira libremente al futuro sin el yugo del machismo.

 

<<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/11/02/machismamente/>&gt;

Racismo, sí… y machismo

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en InfoLibre.es

El episodio ocurrido en un vuelo de Ryanair ha dado la vuelta al mundo varias veces a una velocidad que ni siquiera la luz puede igualar en su huida de la oscuridad. Y al igual que sucede con el paso de la luz, tras su presencia pasajera queda un resplandor que a veces sirve para mostrar la realidad y otras para ocultar parte de ella.

Es lo que ha ocurrido con este episodio, como sucedió con las palabras del líder del PP, Pablo Casado, sobre el día de la Hispanidad, en las que todo el mundo vio “nacionalismo”, pero muy pocas personas vieron el machismo que contenían.

El machismo vuela a ras de suelo, aunque lo haga en avión y el vuelo sea de bajo costo, y va tan rápido que no siempre se logra identificar. Nadie duda de que las palabras de David Mesher, “pasajero blanco” del vuelo de Ryanair Barcelona-Londres, iban cargadas de racismo, pero de nuevo pocas personas han visto en las palabras de David Mesher, “pasajero hombre” del vuelo Ryanair Barcelona-Londres, machismo. Los insultos que profirió contra la pasajera Delsey Gayle iban llenos de racismo, como, por ejemplo, cuando la llama “horrible negra bastarda”, pero antes y después de cada una de las referencias al color de su piel, sus palabras iban dirigidas contra su condición de mujer, atacando aquello que el machismo utiliza para dar reconocimiento a las mujeres a través de su cosificación, concretamente la estética de las mujeres y el “interés sexual” que puedan “despertar” en un hombre, aunque sea en un encuentro fortuito y temporal. De ahí que en sus ataques David Mesher utilizó contra ella expresiones como “no quiero sentarme junto a tu fea cara”, “tu puta fea cara”, o “no me hables un puto idioma extranjero, puta vaca fea”.

 

Estoy convencido de que el motivo principal de la agresión fue más la condición de mujer por encontrarse “fuera del rango” que el machismo considera “respetable”, que la de ser afro-descendiente. Si en lugar de 70 años, como tiene el propio David Mesher, la mujer hubiera tenido 30, dudo que la hubiera insultado, es más, quizás hasta habría intentado mantener una conversación con ella durante el vuelo. Y del mismo modo, si en lugar de mujer hubiera sido un hombre jamaicano de 70 años, tampoco creo que hubiera hecho ninguna referencia al color de su piel ni a los rasgos de su fisionomía.

David Mesher, hombre blanco que viajaba en el vuelo de Ryanair Barcelona-Londres, llevó a cabo una agresión machista y racista, no sólo racista, sobre Delsey Gayle, mujer afro-descendiente que volaba junto a él. Los testimonios de sus vecinos que se han hecho públicos, además, confirman que muestra una conducta acosadora en sus relaciones.

El machismo es la esencia sobre la que se construye el odio y la discriminación al ser la primera referencia utilizada para considerar a quien no comparte los elementos de identidad, no sólo como diferente, sino “diferente e inferior”. En el Neolítico, hace más de 10.000 años, cuando se inicia el control de las mujeres por parte de los hombres y el desarrollo de la cultura patriarcal, dentro de los grupos no existía ningún otro elemento diferencial, sólo el sexo y la condición de hombre y mujer en cada una de las personas. A partir de esa construcción sobre la condición de las personas y la desigualdad, conforme los grupos crecieron y las sociedades se hicieron más complejas y plurales, surgieron otros elementos de discriminación a partir del color de la piel, la procedencia, las creencias… y todos ellos sufrieron el mismo esquema a partir de la condición considerada superior: fueron personas consideradas “diferentes e inferiores”, no sólo diferentes.

Por eso hoy el machismo es racista, xenófobo, homófobo… y crítico con todo aquel que no comparta su condición (hombre, blanco, nacional, heterosexual…), podrá expresarlo de una forma u otra dependiendo de las circunstancias y de otros elementos, pero el machismo contiene el núcleo del odio al diferente y el de la discriminación. Por ello, la cultura machista que tenemos tiende a justificar, a minimizar y a aislar cada uno de los episodios en los que refleja esa construcción de poder y odio, lo hace con la violencia de género y lo hace con los ataques racistas. Todo es una trampa, primero porque la crítica se lleva a cabo sólo sobre los problemas que superan el umbral de “corrección” y “normalidad” que previamente impone la cultura, y después porque la propia existencia de ese umbral significa que hay toda una serie de situaciones con el mismo significado que nunca llegan a ser cuestionadas ni criticadas.

La desigualdad está construida sobre el pilar del machismo, aunque luego tenga muchas derivadas. Por eso debemos prestar toda nuestra atención para no dejar pasar el machismo que se esconde bajo muchas manifestaciones revestidas de normalidad o de otras formas de discriminación y violencia.

El episodio protagonizado por David Mesher, hombre blanco pasajero del vuelo de Ryanair Barcelona-Londres, fue racista y machista, sobre todo machista.

 

<<https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2018/10/27/racismo_si_machismo_88180_2003.html?utm_source=twitter.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias&rnot=1081471>&gt;

Serás hombre… o no serás

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

dims.jpeg

Identificar a una persona parece algo sencillo, basta con describir cómo es su aspecto, el color de sus ojos, cómo tiene el pelo, la forma de su nariz… para llegar a saber quién es. Pero cuando todo eso es falso o puede ser escondido tras características que no se corresponden con la realidad, entonces hay que irse a elementos profundos y ocultos a las miradas para saber de quién se trata. Así ocurre cuando los acontecimientos han hecho desaparecer esos elementos externos o cuando se ocultan detrás de disfraces preparados para la ocasión, y tenemos que acudir a una referencia inamovible como puede ser analizar el esqueleto, bien de forma directa o por medio de radiografías que lleven la mirada detrás de las barreras intercambiables. Es desde esa referencia estable desde la que luego se puede reconstruir la identidad de la persona estudiada.

Pero la identidad no sólo es el soporte biológico que individualiza a la persona del resto del grupo, la vida en sociedad también aporta un componente cultural y relacional a la identidad que permite conocer su vinculación a las referencias que esa sociedad ha establecido para las personas que la forman. Y del mismo modo que existe una parte variable que se puede adaptar a las circunstancias, también hay elementos que forman parte estructural de su esencia que sostienen la identidad social y cultural, una especie de esqueleto sobre el que descansan los elementos que le hacen sentirse parte del grupo y ser reconocido como tal por el resto.

El documental de Isabel de Ocampo, Serás hombre, nos muestra parte de ese esqueleto de la identidad social de los hombres.

Isabel de Ocampo ha sabido prescindir de lo superficial, de aquello que es fácil de disimular, esconder y negar, y ha diseccionado la masculinidad hasta llegar a esos “huesos” que sostienen la construcción de la identidad de los hombres. Una identidad que, bajo sus redes, ha llevado a prostituir a las mujeres a lo largo de toda la historia, y a ofrecérselas a otros hombres para que hagan uso de ellas para reforzar su hombría en gestos que van desde el padre o el familiar que lleva a su hijo a “acostarse con una puta” para que “se haga hombre”, hasta aquel otro hombre que acude a ella para sentir el poder de una identidad levantada sobre el sometimiento de las mujeres.

El documental nos da tres claves para entender que “serás hombre o no serás nadie”, que en un mundo de hombres es mucho peor que no ser nada.

La primera clave se centra en mostrar la identidad masculina que se revela en el consumo de prostitución. Isabel de Ocampo establece un diálogo entre dos hombres, uno de ellos un antiguo putero o “prostituyente”, y otro el hijo de una prostituta que quedó embarazada de un cliente del que nunca supo nada más, y al que busca para intentar encontrarse a sí mismo.

Las “mujeres son billetes”, afirma el protagonista en un momento del documental

Es un diálogo al que se incorporan otras voces de hombres como si fueran un coro, y que muestran diferentes elementos de una vida en la que los hombres se desenvuelven sin problemas a pesar de todas las contradicciones del día a día gracias a la “coherencia” de su identidad. Es un diálogo muy de hombres, de sus complicidades, sus jerarquías y su poder, que comienza de forma muy gráfica cuando el putero acude a su antiguo club y otro hombre se dirige a él como “Don Rafael”.

Otro de los pilares de ese diálogo y del documental es el uso de un lenguaje que representa una realidad “normalizada” gracias al camuflaje de las palabras, capaz de esconder significados y revelar consecuencias de todo tipo, desde ese respeto tan masculino que se guardan entre sí los hombres hasta las amenazas implícitas, desde las eufemismos que llevan a presentarse como “empresario de la noche” hasta la crítica a las mujeres al hacerlas responsables de su situación y afirmar que hay que “putearlas”… Putear a las putas.

La segunda clave es el modelo de sociedad y cultura que da sentido a esa masculinidad putera y “prostituyente” capaz de esclavizar a las mujeres para empoderar aún más a los hombres. Las “mujeres son billetes”, afirma el protagonista en un momento del documental, expresión que refleja a la perfección la doble condición que le otorgan a las mujeres: la de objeto y la de mercancía. Son personas que pueden ser usadas y explotadas para obtener beneficios, tanto materiales con el dinero que obtienen a través de su esclavización, como personales en el reconocimiento que nace del ejercicio de la masculinidad. Porque el poder no lo da el escenario, sino la escenificación de la identidad.

Esa es otra parte esencial de esta masculinidad machista que desvincula a los hombres de las emociones: alejarlos de los sentimientos y esconder la injusticia

Bajo esa idea, el protagonista comenta que las mujeres son las primeras interesadas en la prostitución y que los hombres acuden como el que va a un cepillo y echa una limosna. Todo forma parte del juego de la normalidad que impide que los hombres se cuestionen nada que pueda hacerlos dudar de su masculinidad, ni de un modelo de sociedad tan rentable para ellos, aunque luego tengan que colorear la realidad en blanco y negro con luces de neón. Es lo que un día me comentó el poeta Luis García Montero cuando hablábamos de cómo los jóvenes ahora prefieren irse de putas porque “ahorran dinero”, Luis me dijo, “ahorran dinero y ahorran sentimientos”. Y esa es otra parte esencial de esta masculinidad machista que desvincula a los hombres de las emociones: alejarlos de los sentimientos y esconder la injusticia y todo el daño que produce bajo la normalidad y la teórica libertad de las mujeres.

Es lo que lleva al otro protagonista, a pesar de toda su rabia, a “respetar” al putero, porque al final hay algo que hace sentir que es más importante ser hombre ante otros hombres, que ser hijo, o padre, o hermano, o amigo…

Y la tercera claveque nos aporta Isabel de Ocampo es la representación de las mujeres que hace la cultura machista a través de la prostitución.

Las mujeres son creadas, definidas y utilizadas por los hombres, su voz sale del silencio y lo hace para volver a él a través de la asunción de su realidad. Y mientras que los hombres aparecen presentados bajo diferentes formas de entender la masculinidad, planteando una distinción y una graduación antitética que lleva a entender que lo malo y lo negativo no es consecuencia de los hombres, sino de determinadas circunstancias, las mujeres son presentadas por la cultura como una misma realidad y condición que luego se manifiesta de forma diferente en cada una de ellas. Y es desde esa condición desde la que se decide ser puta o “decente”, esposa o amante, pecadora o santa… pero siempre como mujeres que deciden ser de una forma u otra porque todas están en ellas.

El documental nos lleva por esas noches de neón que iluminan las mañanas de cada día, y en las que los hombres se visten de empresarios, de amigos, de hijos o de padres, en busca de mujeres a las que poder someter bajo precio para que otros hombres vean lo hombres que son al hacerlo, y así todos juntos sostener el modelo que les da la identidad y el poder.

Isabel de Ocampo lo ha reflejado a la perfección: “o serás hombre… o no serás”.

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com

Vuelve el hombre

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en InfoLibre.es

Parece que Pablo Casado, líder del Partido Popular, ha perdido el Norte y lo ha cambiado por el Oeste, al menos es lo que se deduce de sus declaraciones al presentar la Hispanidad como una de las “etapas más importantes del hombre”.

Sus palabras, además de las múltiples valoraciones que se han hecho sobre el rigor histórico y social que revelan, deben preocupar más por su significado actual y por el impacto directo que pueden guardar con las políticas que en su día ponga en marcha para abordar los problemas de la desigualdad y la necesaria promoción de la igualdad.

Me refiero al uso de “hombre” en un doble sentido. Cuando dice, por ejemplo, “la Hispanidad es la etapa más importante del hombre”, utiliza el término “hombre” para referirse a la “humanidad” y, además, usa el singular para incluir a todos los hombres y en ellos a todas las personas. Es decir, acude a la idea de hombre como valor que representa lo humano y como referencia directa que integra a todas las personas, hombres y mujeres.

 

Esa construcción, con independencia de que sea correcta desde el punto de vista léxico y gramatical, es reflejo directo del modelo androcéntrico que recurre a lo masculino como referencia universal y, a partir de ahí, estructura la realidad y organiza la convivencia sobre lo que los hombres han considerado a lo largo de la historia que es bueno para esa sociedad y convivencia, asignando roles, funciones, tiempos y espacios para mujeres y hombres de manera consecuente a ese modelo patriarcal.

Bajo esas ideas que relacionan lo de los hombres con lo universal y lo de las mujeres con lo particular, se entiende que son ellos quienes deben asumir los puestos de responsabilidad para desarrollar las tareas importantes, puesto que poseen los atributos considerados con un valor superior. Mientras que las mujeres, que según el modelo androcéntrico no tienen las características consideradas relevantes, deben ocupar un papel secundario bajo la supervisión del “hombre-hombres” y centrarse en aquello a lo que por “naturaleza” están abocadas: la maternidad, los cuidados, la educación en el hogar…

El modelo así entendido no considera que exista desigualdad ni discriminación, tan sólo, se dice, que los hombres hacen aquello para lo que están preparados y las mujeres lo que sus condiciones les permiten hacer mejor que los hombres. Es la idea tradicional de la “complementariedad” para que todo encaje dentro del modelo, que está presente desde el origen de la socialización a través de la división de roles, juegos, espacios y características entre los niños y las niñas, y que luego culmina en la adolescencia con los mitos del amor romántico, entre ellos el de la “media naranja” o el de que los “polos opuestos se atraen”.

Las palabras de Pablo Casado reflejan a la perfección la construcción machista y cómo se traduce al día a día. Por eso el líder del PP destaca como elementos de reconocimiento de la gesta realizada siglos atrás la expansión de la lengua, la cultura y la religión a través de la fuerza y la violencia, conductas propias de quienes ocupan una posición de poder que anula las referencias de quienes vivían en los territorios conquistados, que se llevan a cabo porque además de contar con el poder para hacerlo, consideran que sus referencias son superiores a las de los pueblos dominados. Me pregunto si piensa igual de la arabización de la península ibérica.

El problema podría ser de historia, pero no lo es. Es mucho más serio, puesto que lo que revelan las palabras de Pablo Casado no es un acontecimiento del pasado, sino una forma de entender la realidad presente. Una realidad caracterizada por la desigualdad del machismo en la que las mujeres son discriminadas, acosadas, abusadas, violadas y agredidas hasta la muerte (no debemos olvidar que la media anual de mujeres asesinadas por violencia de género es de 60). Y si no se reconocen las causas estructurales que han existido a lo largo de la historia, y que aún están presentes, difícilmente se podrán poner en marcha políticas para solucionarlas. Todo lo contrario, recordemos que esa forma de entender la realidad es la que llevó a Janusz Korwin-Mikke, eurodiputado polaco de su grupo, a pedir desde la tribuna del Parlamento Europeo legislar para que las mujeres cobraran menos que los hombres porque son “más débiles y menos inteligentes”.

Es lo que se deduce de algunas de las posiciones conservadoras que niegan los vínculos de la violencia que sufren las mujeres con el machismo, y tratan de reducir cada uno de los casos de todos los años a problemas individuales en el agresor, en la víctima o en las circunstancias, recuperando los mitos históricos del “crimen pasional”, o de la actuación bajo los efectos del alcohol, las drogas o algún trastorno mental. Y, si pueden, afirman que es un problema de los inmigrantes y extranjeros, y así “matan dos pájaros de un tiro”. Son posiciones que no creen en la igualdad ni quieren que se alcance, y que responden ante las políticas que buscan lograrla con argumentos como que todo es producto de la “ideología de género”, hasta el punto de llamar a las mujeres feministas “feminazis” y a la educación en igualdad “adoctrinamiento”.

Muy preocupante, sin duda, pero mi preocupación ante lo ocurrido no sólo está en las palabras de Pablo Casado, también me preocupa que mientras que prácticamente todo el mundo ha visto en ellas una posición “nacionalista” o “ultra-nacionalista”, casi nadie ha visto una posición machista, lo cual refleja la normalidad androcéntrica de la cultura que nos envuelve.

 

 

<https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2018/10/18/vuelve_hombre_87848_2003.html?utm_source=twitter.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias&rnot=1094181&gt;

Polvos, lodos y machismo

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

riada-valencia-1957.png

De “aquellos polvos vienen estos lodos”…La sabiduría popular sabe más por vieja que por popular, la experiencia la hace sabia a través de las vivencias protagonizadas, aunque no siempre aprende de lo vivido.

En algunos de los acontecimientos que ocurren en nuestros días sólo falta escuchar de fondo esa frase que muchos padres y madres repetían ante los problemas de alguno de sus hijos, “es que no aprendes”, decían recriminándoles su responsabilidad en lo ocurrido. Pero el problema del aprendizaje no sólo está en la incapacidad de adquirir conocimiento, sino que con frecuencia radica en la falta de voluntad para aplicarlo. Y lo que nos dice la experiencia ante determinados sucesos no es que la sociedad sea incapaz de aprender, sino que dentro de ella hay quien no está dispuesto a renunciar a determinados beneficios y privilegios, aunque se a costa de generar un riesgo que por lo general afectará a otras personas.

Cuando decimos que “el machismo es cultura, no conducta”, hay quien reacciona con cierta confusión, pero también hay quien responde con beligerancia desde posiciones machistas diciendo eso de que “ahora resulta que todo va a ser machismo. Y sí, todo es machismo porque la cultura, ese conocimiento que permite organizar la convivencia y definir las identidades, está construido sobre lo que los hombres han considerado oportuno a lo largo de la historia para articular las relaciones, distribuir roles, tiempos y espacios, y definir la identidad de las personas que la forman. No hace falta esperar un resultado para considerar la existencia del machismo, el machismo no es el resultado, sino lo que hace posible ese resultado y luego le da significado para que sea coherente con sus ideas, valores y creencias. Por eso la Igualdad es la gran deuda de la historia y las mujeres las grandes discriminadas, y lo son más que las “razas”, castas, orígenes o procedencia de las personas, pues ellas, además de esas discriminaciones estructurales, están discriminadas en cada uno de esos grupos respecto a  los hombres.

El machismo es una construcción de poder, es decir, se ha hecho de manera interesada para que quien “parte y reparte se lleve la mejor parte”, y estas personas que cortan y reparten en nuestra sociedad son los hombres. Y para conseguir los beneficios materiales que les permitan cobrarse su compromiso con el sistema utilizan lo privado y lo público, el “amor romántico” y la violencia, la política y el conflicto, la salud y la enfermedad… Utilizan todo lo que sea necesario y lo hacen cada vez más, puesto que cualquier modelo de poder está pensado para crecer, no sólo para permanecer, de ahí que no haya espacio para el autocontrol ni la renuncia, puesto que su propia existencia sería considerada en sí misma como un fracaso.

Y el modelo de poder machista no sólo se basa en la obtención de beneficios y privilegios como resultado, sino que gran parte de su estrategia se fundamenta en las formas de lograr esos objetivos. Por eso al machismo no le basta con haber establecido una jerarquía en lo que lo masculino marca las diferencias y los hombres ocupan el poder, sino que, además, exige que quien actúe en su nombre debe expresarlo en la práctica a través del uso de la fuerza y la violencia, en dominar y someter, para de ese modo hacer de la realidad su principal instrumento, y así reafirmar y retroalimentar su carrera sin límites por medio de cada una de sus acciones y logros.

La naturaleza no es diferente al resto de los elementos que el machismo utiliza para y crecer en poder. La naturaleza queda sometida al machismo, la hace suya a través de la fuerza, la violencia, la invasión de sus espacios y su posterior conquista para sus intereses. Todo ello con el objeto de expandir su poder y recompensar a quienes lo secundan por medio del dinero, del status, de las influencias…. en definitiva, del reconocimiento.

El razonamiento es sencillo. Los edificios se construyen y el urbanismo de las ciudades se diseña tal y como se piensan, y se piensan según la cultura machista entiende que deben ser esas ciudades a partir de las necesidades y de la mirada de los hombres, y del uso que ellos vayan a hacer de ellas. Si ese diseño crea espacios donde las mujeres pueden sufrir la violencia de otros hombres, da igual; y si la naturaleza, su medio y sus ríos se ven sometidos y expulsados de su territorio, a ellos les da lo mismo. Lo importante son los beneficios y el reconocimiento obtenido por sus grandes construcciones.

El feminismo ha puesto de manifiesto esta realidad (como también lo ha hecho en cada uno de los diferentes ámbitos de la sociedad), y plantea alternativas para mejorar las ciudades, su desarrollo y su relación con la naturaleza. A pesar de ello, desde el machismo lo ven como una “exageración” y como un planteamiento absurdo, pues desde la visión androcéntrica todo se soluciona con más “fuerza”. Y si se dice que los pilares de un puente no aguantarían una riada, su solución es construir otros más sólidos, no evitar el problema de la ocupación del curso fluvial;  y si se plantea que un muro puede ceder ante una tormenta intensa, en lugar de buscar una alternativa responde que se levanta uno más ancho y más alto. La clave está en imponer su visión y demostrar su poder.

Los estudios urbanísticos con perspectiva de género llevan muchos años trabajando todas estas cuestiones e identificando los factores de riesgo para la convivencia en el día a día y en situaciones excepcionales, pero el machismo, esa “normalidad con perspectiva masculina”, los ignora y los presenta como “sinrazones” dirigidas a cuestionar a los hombres y a plantear temas menores, puesto que las mujeres, dicen, son incapaces de competir con los hombres en los “grandes temas”.

Lo ocurrido en las últimas riadas que hemos sufrido tiene parte de responsabilidad en el modelo machista de urbanismo, y en la prepotencia que muestran ante el riesgo, pues para el machismo el riesgo sólo es una oportunidad para demostrar su valor, aunque sea con el sufrimiento ajeno. Y la responsabilidad se inicia en las construcciones que se hicieron, pero antes lo estuvo en el diseño del plan de ordenación urbana del lugar, y todavía antes en las agresiones que se ejercen sobre la naturaleza a través de su ocupación y de toda la contaminación que se vierte sobre ella.

No es un problema nuevo ni propio de determinados lugares debido a sus especiales circunstancias, es un problema de siempre que cada vez se repite y se agrava máspor esa forma de entender el urbanismo y las relaciones con la naturaleza. No se puede jugar a la ruleta rusa con el clima ni con nada, y el machismo lo hace esperando que no le toque a alguien, pero a sabiendas que siempre habrá quien se vea afectado por su juego y su riesgo.

El machismo ha creído que después de diez mil años su poder era ilimitado, pero se equivocó al principio cuando creó una cultura desigual e injusta, y se equivoca ahoracuando cree que su razón pasada es motivo suficiente para perdurar. No se da cuenta de que todo está en su contra, y que la naturaleza se revela contra su dominio al igual que lo hace la sociedad. Y mientras que la primera llena las calles de su injusticia de agua, la segunda lo hace con mujeres (y cada vez más hombres), ambas exigiendo respeto, convivencia e Igualdad.

 

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/10/15/polvos-lodos-y-machismo/&gt;