Si los hombres se paran, el machismo se para…

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia. 

Si los hombres se paran el machismo se para, de eso no hay duda… pero los hombres no se van a parar.

La huelga feminista del 8M/18 no sólo ha parado al mundo, sino que además ha detenido la historia. Una historia donde los hombres han empujado al tiempo para que siga adelante bajo sus dictados y zarandeos, daban igual las consecuencias que producía su injusticia social y el daño que padecían las mujeres, lo importante era mañana, porque ese mañana ha sido exactamente igual a cada hoy desde el principio de la historia.

El futuro siempre ha actuado como una de las principales trampas del machismo, “dejar que el tiempo pase sin que nada más pase”. Dejar los días vacíos de acciones para que sólo contaran sus horas y sus minutos, y que el porvenir sólo fuera un momento posterior del mismo escenario y bajo los mismos argumentos. Un “futuro de cumpleaños” que no ha cumplido con el compromiso social de la Igualdad.

El futuro no es ese paso vacío del tiempo, sino una nueva realidad surgida de la transformación del presente, y cuando la historia es machismo y desigualdad, el futuro sólo puede ser la Igualdad. Por eso las posiciones conservadoras temen tanto a la Igualdad, no lo han hecho a la Libertad, ni a la Justicia, ni a la Dignidad, aunque siempre intentan controlarlas y limitarlas, pero la Igualdad supone una desestructuración de su modelo jerárquico de poder y privilegios.Por eso los hombres no se paran.

Y por esa misma razón la Huelga Feminista del 8M/18, además de mostrar las múltiples consecuencias de la desigualdad en cualquiera de los ámbitos de la sociedad, lo que ha puesto de manifiesto es que nada de eso es casualidad ni un error, tampoco una deriva del tiempo, sino una construcción de los hombres para obtener beneficios a través de la imposición de lo que ellos han considerado adecuado para organizar la convivencia y  las relaciones en los distintos contextos de la sociedad. De ese modo, las referencias masculinas son tomadas como universales, es decir, válidas para toda la sociedad, sin contar con lo que las mujeres han considerado importante y necesario para la convivir en ese espacio común de la sociedad.

La situación tiene un doble significado. Lo primero, que se trata de unaconstrucción interesada, no un accidente ni un producto del azar, aquí nadie echó una moneda al aire y salió desigualdad, como podría haber salido igualdad. Y lo segundo, que hablamos de una construcción de poder, es decir, que la adopción de las referencias masculinas como universales no fue para darle a la realidad un decorado más viril, sino para otorgar a los hombres una serie de privilegios sobre la ausencia o limitación de derechos en las mujeres.

El machismo es perfectamente consciente de su injusticia y de las consecuencias dramáticas que ocasiona, por ello dispone de toda una serie de estrategias para justificarlas de manera que puedan ser integradas como parte de determinados contextos o circunstancias, y evitar que sean identificadas como un problema estructural. Por ello juega con los mitos, los estereotipos, los prejuicios, la costumbre… para que todo sea compatible dentro de “su normalidad”. Y así lo ha hecho a lo largo de la historia, ha cedido espacio y cambiado en las formas para no renunciar nunca al poder de su construcción cultural, y ahora no va a ser diferente.

El 8M/18 ha permitido que una gran parte de la sociedad tome conciencia de lo que hay detrás de las múltiples manifestaciones de la desigualdad, de eso no hay duda, pero también ha posibilitado que el machismo tome conciencia a su vez de toda esa movilización crítica y de lo que significa. Y este “darse cuenta” de la realidad implica que van a pasar a la acción para tratar de mantener su espacio de poder en las nuevas circunstancias. Una vez más, como han hecho siempre, cederán en algo con tal de conservar la estructura de poder que les genera los privilegios y beneficios.

El machismo no es un problema de falta de conciencia, sino de falta de voluntad para erradicarlo. Ya hemos dicho que desde su posición son plenamente conscientes del daño que ocasiona su injusticia social. La desigualdad no se debe a que se desconozcan sus causas y muchos de sus resultados, sino a todo lo contrario, a la falta de voluntad para adoptar medidas que corrijan la injusticia social que supone el machismo a pesar de todo el daño y dolor que ocasiona. ¿Es que no se sabe que en España asesinan de media a 60 mujeres por violencia de género cada año?, ¿es que no se conoce que las mujeres tienen mayor dificultad de conseguir un trabajo, que cuando lo logran es más precario, y cuando no es tan precario cobran menos que los hombres?…

Y esta situación no va a cambiar de repente porque la crítica se haya organizado para adquirir una dimensión global, y haya ocupado el espacio público por medio de las manifestaciones del 8M/18.

Si los hombres se paran el machismo se para… pero los hombres no se van a parar; al menos de manera voluntaria e inmediata.

El machismo ya está organizando su reacción, como lo ha hecho en otros momentos. De momento, además de un silencio sospechoso, ya surgen las primeras voces dentro de una estrategia montada sobre tres grandes líneas:

  • La primera es unirse al éxito de las manifestaciones y apuntarse el tanto con argumentos que afirman que quieres de verdad han hecho cosas por las mujeres han sido las políticas conservadoras.
  • La segunda busca la típica confusión que utiliza el posmachismo a través de la desnaturalización del significado de lo ocurrido, idea que necesita quitarle sentido a la palabra “feminismo” para apartarla de toda la reacción social. Y para ello siguen dos tácticas, una apropiarse del nombre para decir que son feministas y que feminismo es lo que ellos hacen, reforzando de ese modo la primera línea argumental; y la otra, proponer nuevas medidas para demostrar su compromiso con la Igualdad, que es justo lo que ha hecho el PP al anunciar el día 10M un “plan en favor de la mujer”.
  • La tercera se dirige a destacar la “manipulación” de lo ocurrido y la falsedad de los hechos. Es el argumento clásico basado en la idea de la maldad de las mujeres y en el mito de la “Eva perversa”, que lleva, por ejemplo, a hablar de “denuncias falsas” cuando nos referimos a la violencia de género o la inexistencia de la brecha salarial. Para ello argumentan que se trataba de una manifestación “transversal” donde no había ideología ni críticas a nada ni a nadie, sólo demanda de acciones para abordar “temas que afectan a las mujeres”. Bajo esta línea “el feminismo y las feministas” son presentadas como las manipuladoras por excelencia, capaces de instrumentalizar una respuesta como la vivida desde su “elitismo y su ataque a las propias mujeres”. El argumento se cierra con referencias al “ataque del feminismo” contra los hombres, la familia, la Iglesia, las economía, el orden de Occidente… o cualquier cosa que se les ocurra.

Es la reacción del machismo para defender su poder. De momento estamos en sus fase inicial, pero continuará y debemos prestar toda la atención que requiere la situación para que la conciencia surgida del 8M/18 no se hunda frente a las costas de la Igualdad con los torpedos que ya lanza el machismo.

Nada nuevo, como sabemos, pero otra vez diferente sobre las circunstancias para adaptarse al nuevo tiempo de siempre, sin transformar la desigualdad en Igualdad.

 

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/03/11/si-los-hombres-se-paran-el-machismo-se-para/

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HOMBRADAS Y FEMINISMO

Artículo escrito por Miguel Lorente y publicado en: http://www.publico.es/mujer/feminismo-hombradas-feminismo

“Acción muy meritoria y esforzada”, así define el diccionario la palabra “hombrada”, un concepto que conlleva dos connotaciones iniciales. La primera, que las acciones “muy meritorias y esforzadas” son propias de hombres, puesto que si una mujer las realiza no son “mujeradas”, sino “hombradas femeninas”. Y la segunda, que lo meritorio y esforzado, sea realizado por un hombre o una mujer, debe serlo para la sociedad y la cultura que dan mérito y otorgan reconocimiento a la acción.

La historia está llena de épica, de victorias, de héroes, de hombradas… y sin embargo ninguna de ellas ha tratado de contrarrestar y cambiar la injusticia más grande que ha existido: la desigualdad de género. La mayoría de esos logros han servido para conseguir beneficios particulares encubiertos bajo banderas, patrias, intereses, creencias…logros que mantienen el mismo modelo de sociedad que de vez en cuando requiere de hombradas y, por tanto, de hombres, para perpetuarlo.

Si tomamos como referencia lo que debe caracterizar la convivencia en sociedad, los Derechos Humanos, la verdadera “acción meritoria y esforzada” ha sido realizada por las mujeres y el feminismo al enfrentarse a toda esa estructura social, teniendo que soportar el peso de la historia en cada una de las críticas y ataques que reciben.

Los hombres no han estado en esta transformación y la mayoría sigue sin estarlo. Ellos, como mucho, se han adaptado a las nuevas circunstancias surgidas del desarrollo y el progreso social, pero sin renunciar en ningún momento a sus privilegios ni a la desigualdad histórica. Pero el tiempo no da razón, sólo demuestra la fuerza empleada en la resistencia.

Una de las consecuencias de la transformación instaurada por el feminismo y las mujeres ha sido proporcionar un modelo de conocimiento a los hombres que facilitara desarrollar una conciencia crítica sobre la realidad.

Cuestionar esa identidad masculina impuesta, rígida y acrítica que establece el machismo, y criticar la cultura que la presenta como normal y necesaria para que todo se mantenga en orden, no es fácil para un hombre por la doble trampa que establece el machismo. Por un lado, les dice que hacerlo significa “no ser hombre” y que, por tanto, no te van a reconocer como tal; y por otro, otorga a cada hombre el título de “guardián del orden” para que no sólo se comporte como hombre, sino que también haga que los demás (hombres y mujeres), se ajusten a los roles, a tiempos, espacios y funciones establecidos.

Cuestionar la identidad masculina impuesta por el machismo no es fácil

No cumplir las expectativas depositadas en un hombre significa situarlo en el terreno de la sospecha y rápidamente ser cuestionado como tal hombre en su doble dimensión. Una situación que viví en primera persona cuando comencé a investigar desde la medicina forense la violencia contra las mujeres como una violencia diferente al resto de las violencias interpersonales. Al poco tiempo de comenzar a preguntar algunas cuestiones sobre el tema a jueces y fiscales me llamaron “traidor”, una idea que aún repiten muchos hombres cuando ven que otros creemos en la Igualdad y trabajamos de la mano del feminismo para conseguirla.

La Igualdad es buena para toda la sociedad, no sólo para las mujeres, pero la entienden como negativa y como un ataque a sus posiciones, porque los primero que perciben es la pérdida de sus privilegios. Y el privilegio principal no es el beneficio particular de cada hombre, sino contar con un contexto común de normalidad en la desigualdad.

Hoy el ataque y la resistencia a la Igualdad se hace desde un doble frente, por un lado el machismo tradicional con toda la exhibición de agresiones y críticas hacia las mujeres, y por otro la estrategia del posmachismo, donde la confusión hace el trabajo para que todo siga igual y los hombres permanezcan a la sombra de la identidad tradicional. Por eso los hombres tenemos una mayor responsabilidad a la hora de erradicar la desigualdad.

Definitivamente, la verdadera acción “meritoria y esforzada” es la que están realizando las mujeres y el feminismo. No hacen falta más machadas ni hombradas, sólo “Igualdad sin ira”, como en su día necesitamos libertad.

Cuando marzo “marzea”…

1520193934_954231_1520194211_noticia_normalArtículo escrito por Miguel Lorente y publicado en @cadenaser <http://cadenaser.com/ser/2018/03/04/sociedad/1520193934_954231.html&gt;

Hay meses que son conocidos por alguno de sus días o por los acontecimientos que suceden a lo largo de las jornadas que lo forman, así ocurre, por ejemplo, con mayo y el “mes de las flores”, enero y el “mes de la rebajas”, abril y la lluvia con sus “aguas mil”, noviembre y el “mes de los difuntos”, o marzo con el “mes de las mujeres”.

Y es que hay días que valen más que todo un mes, como sucede con el día 8 de marzo, el “Día Internacional de las Mujeres”, una fecha en la que el tiempo se detiene en el balcón del calendario para llamar a contemplar el paisaje de la desigualdad desde el horizonte histórico de la discriminación que sufren. Una fecha que comenzó centrándose en las mujeres trabajadoras asalariadas para después extenderse al resto de las mujeres, y que después de tanto tiempo ha regresado una vez más al contexto laboral para poner de manifiesto cómo a pesar del tiempo han cambiado los escenarios, pero no los acontecimientos que suceden dentro de ellos.

Por eso este año la brecha salarial, la precariedad laboral, el desempleo, los acosos en el lugar de trabajo… toman la palabra el 8M para llamar la atención sobre la situación que viven las mujeres bajo la pasividad de los hombres en su triple responsabilidad. En primer lugar por ser los responsables morales y materiales de una cultura hecha a su imagen y semejanza en la que la discriminación y sumisión de las mujeres como actúa como pilar básico para la organización de las relaciones dentro de ella.

En segundo término, por ser los beneficiarios de la desigualdad y de las consecuencias negativas que sufren las mujeres. Todo lo que los hombres tienen de más a partir de la distribución de los tiempos, espacios, roles y funciones definidos por la construcción de género es porque las mujeres lo tienen de menos.

Y en tercer lugar, porque a pesar de las evidencias y resultados objetivos de esta injusticia social mantienen una actitud pasiva y distante, que incluso revisten de neutralidad diciendo aquello de “yo no soy machista”, pero sin hacer nada para que otros no sigan ejerciendo el machismo explícito con la colaboración de su silencio y esa mirada entretenida que posibilita perpetuar los privilegios para todos, no sólo para los que actúan.

Todo ello demuestra que la situación actual no es casualidad ni un accidente, y que a pesar de la grave injusticia social que supone la desigualdad y de los resultados objetivos que produce, todavía se vea la Igualdad como un exceso y una exageración “capaz de acabar con el orden de occidente”.

Hablamos de que cada 10 minutos una mujer es asesinada en el planeta en un contexto de relación de pareja o familiar (Informe Global de Homicidios de Naciones Unidas), que 60 mujeres son asesinadas de media en España cada año, que la brecha salarial supera el 20%, que el 55% de las mujeres de la UE han sufrido acoso sexual… Y todo ello significa que millones de hombres envueltos de normalidad y condición llevan a cabo esas conductas sin que los Gobiernos, las instituciones y los propios hombres como grupo hagan lo suficiente, no sólo para evitarlo, sino ni siquiera para cuestionarlo.

Ya no basta detenernos un día para que a la mañana siguiente todo siga igual a pesar de la crítica y la reivindicación, si las palabras y las evidencias no son suficientes tendrán que ser los hechos quienes describan la realidad de las mujeres invisibilizada y ocultada bajo la alfombra de la normalidad. La Huelga Feminista del 8M/18 no es un día más, será el primer día de una nueva realidad donde el papel de las mujeres no podrá ser sepultado bajo la avalancha de palabras que ya prepara el machismo. Será uno de esos días que definen al mes, a ese “mes de las mujeres”, y que este año con la huelga feminista dará sentido al futuro, porque “cuando marzo “marzea” el machismo se tambalea”.

 

 

¿Y machista no era…?

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.nikolas-cruz1

Racista, xenófobo, supremacista… así describen los medios de comunicación a Nikolas Cruz, autor del asesinato de 17 personas en el instituto MS Douglas de Parkland en Florida. Se le acaban los adjetivos para hablar de la conducta y de los elementos de identidad que la motivaron, y en cambio no hacen referencia al elemento que está en la base de todos los demás: el machismo.

Quien parte de considerar que la identidad está basada en que su condición de hombre-blanco-heterosexual-estadounidense… es superior a la del resto, se siente legitimado para desarrollar toda una serie de conductas de discriminación y violencia contra quienes considera inferiores, de los cuales piensa que están usurpando parte de lo que le pertenece. Y como toda conducta violenta, su desarrollo puede aumentar de forma progresiva hasta llegar a las distintas expresiones de la violencia física, entre ellas el homicidio. Son crímenes que cuentan con todos los ingredientes en sus autores:razones morales basadas en su idea de superioridad, argumentos prácticos al entender que le están quitando algo que les pertenece, una carga emocional basada en el odio que refuerza toda esa construcción, y una solución a su alcance a través del uso de la violencia.

Todo indica que es lo que ha ocurrido con Nikolas Cruz, a pesar de la advertencia que se había producido a través de la denuncia sobre sus planes sin que que hubiera respuesta del FBI, algo nada casual cuando el contexto social y cultural crea una sintonía bajo referencias cercanas con quienes reciben la denuncia, restándole credibilidad a su contenido o a su trascendencia.

La identidad construida sobre las referencias biológicas que llevan a entender que una determinada condición es superior al resto, que es lo que se observa en este caso y en todos los crímenes de odio, no es nueva. Se remonta al Neolítico y su ADN es el machismo, que fue la primera referencia utilizada en aquel entonces para definir la identidad de los hombres y de las mujeres, a partir de la cual se ha ido reforzando para establecer la desigualdad en la convivencia social sobre las referencias de quienes ocupaban las posiciones de poder, que eran los hombres.

Fueron las ideas, voluntades y deseos de los hombres los que decidieron que la convivencia tenía que organizarse en diferentes niveles jerárquicos, y que lo masculino pasaría a ser considerado como universal y común para toda la sociedad, convirtiéndose en la referencia social, y de ese modo permitir que los hombres contaran con las condiciones idóneas para ocupar y desarrollar espacios de poder en lo individual. Y a partir de esos primeros momentos, en lugar de cambiar conforme la organización social se modificó, lo que se hizo fue reforzar la construcción con los distintos elementos de poder e integrar otras referencias para incorporar al grupo original a los niveles más altos de su estratificación social, y de ese modo consolidar la estructura social sobre sus ideas, valores, creencias, origen, procedencia, color de la piel… pero siempre con lo masculino y los hombres como núcleo de esa organización.

El resultado es que la condición dominante no sólo es diferente a las otras, sino que, además, es superior. Por eso, para ese modelo, una mujer es diferente a un hombre e inferior, un homosexual es diferente e inferior, un afroamericano es diferente e inferior, un extranjero es diferente e inferior… y así podemos seguir uniendo factores de discriminación para hacer de esa construcción jerarquizada una fuente de discriminación interseccional, es decir, resultante de la interrelación de los diversos factores individuales para aumentar la desigualdad y acumular más poder; por ejemplo, una mujer es discriminada por su condición, pero si además es extranjera, con otro color de piel y una orientación sexual distinta, aún será mas discriminada.

Esa es la razón que hace que un machista sea homófobo, racista, xenófobo… porque el machismo está en el núcleo de esa identidad que parte de la condición como factor de referencia para considerar al resto diferentes e inferiores. Luego podrá expresar las distintas discriminaciones con más o menos frecuencia o de forma más o menos explícita dependiendo de las circunstancias, pero la construcción de la identidad machista las lleva todas en su esencia.

El machismo es cultura, no conducta, y la cultura machista es una estructura de poder, por eso se desarrollan conductas dirigidas a la consecución y a la perpetuación esas posiciones de privilegio bajo el amparo del sistema social y cultural, que a su vez se ver reforzado por los comportamientos individuales en una especie de “todo el mundo gana”.

Es lo que ha ocurrido con Nikolas Cruz, que ha desarrollado una actitud y una conducta sobre las referencias comunes de una sociedad que él ha llevado hasta el peor de sus extremos, pero no por ser diferentes, sino por vivirlas de una forma especialmente intensa y particular en sus circunstancias. Y esos factores comunes son los que hacen que la advertencia de que podía pasar no se vea tan grave o no resulte creíble, como ha ocurrido con las denuncias ante el FBI. Si la denuncia hubiera sido sobre un posible atentado yihadista, aunque las evidencias hubieran sido similares, habría conllevado la respuesta inmediata por parte del FBI, pues esa violencia está construida sobre referencias completamente diferentes a las que caracterizan el contexto socio-cultural. Es la misma situación que se presenta en violencia de género, cuando la palabra de las mujeres no resulta creíble o las consecuencias de su denuncia no se vean tan graves o posibles.

El machismo está en la base de la violencia interpersonal nacida de la condiciónde quien la ejerce y desarrollada de la mano del odio contra quien se considera diferente e inferior, por eso en una cultura levantada sobre la superioridad de los hombres sobre las mujeres estas son las primeras en sufrir sus consecuencias, pues cada golpe hace que el hombre que lo da se siga creyendo superior, y la sociedad más sólida sobre el machismo.

Nada es casual, el machismo es causa, no resultado.

 

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/02/18/y-machista-no-era/&gt;

Puritanismo y género

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

Si no fuera por lo serio que es el tema, la situación daría un poco de risa. Y es que no deja de sorprender que la respuesta que ha dado una parte de la sociedad bajo la lectura que la cultura machista hace de la realidad, haya sido entender que hablar contra el acoso sexual a las mujeres nos puede llevar a un puritanismo sexual que baje de nuevo la ropa hasta los tobillos y suba los escotes hasta el cuello, y que sitúe entre hombres y mujeres una distancia infranqueable a modo de barrera.

La respuesta puede sorprender, pero no es casualidad.

En el momento actual confluyen dos corrientes que plantean soluciones frente al acoso sexual, pero cada una de ellas lo hace a partir de fuentes muy remotas. La primera corriente plantea evitar el acoso cuestionando la libertad sexual de las mujeres en una especie de “sin sexo no hay acoso”; la segunda defiende la libertad sexual pero entiende que detrás de ella hay una especie de incitación de las mujeres a ser abordadas y acosadas.

Detrás de las dos está el machismo y su puritanismo, en la primera de manera directa y explícita, por eso aprovecha la ocasión para atacar a la Igualdad y a lo que significa, haciéndola responsable de todo lo que le ocurre a las mujeres, precisamente por haber roto con las referencias tradicionales de la buena virtud. Y en la segunda, porque interpreta la libertad de las mujeres como una “provocación” a los hombres, tanto a su posición referente como a su papel activo, volviendo a dejar a las mujeres como “sujetos pasivos” de las relaciones

En apariencia sus enunciados pueden parecer lo mismo por estar contra el acoso, pero son completamente diferentes en su significado y sentido, pues mientras que la primera corriente busca imponer un modelo de relación en el que las apariencias sustituyan a la realidad, y donde la violencia quede invisibilizada bajo el umbral que se decida en cada momento, tal y como ha ocurrido históricamente, la segunda corriente busca la libertad de las mujeres y el respeto a su dignidad, algo que sólo puede alcanzarse a través de la Igualdad, pues ni la libertad ni la dignidad se disfrutan sin ella. Por eso la idea de “provocación” que insinúan sólo puede ser consecuencia de la influencia del machismo.

El puritanismo no es nuevo, siempre ha estado en nuestra sociedad para controlar a las mujeres, porque lo de velar por las “virtudes públicas y privadas” se ha situado sobre la imagen y el comportamiento de ellas, no de los hombres. Para la cultura patriarcal la quiebra de la moral y de la virtud se produce cuando las mujeres asumen un rol diferente en la sociedad y se liberan sexualmente de las imposiciones de un machismo que las necesitaba controladas y sometidas para que los hombres no vieran cuestionado su honor ni disminuido su poder. Para esa misma sociedad, cuando los hombres acosan, violan o asesinan a las mujeres no se atenta contra el puritanismo, todo lo contrario, presentan esos crímenes como consecuencia de las “malas mujeres” que se alejan de él.

La imagen de los hombres y su conducta tampoco afecta a la virtud y, en consecuencia, no se relaciona con el puritanismo sexual ni de otro tipo. Nadie habla de ataque al puritanismo porque los hombres muestren sus abdominales y sus bíceps, ni piden que no los enseñen bajo la amenaza de que los acosen o llegue a imponerse un control sobre el “juego sexual”. Como tampoco dicen nada de esa violencia sexual que ejercen como parte de la “complicidad” de una sociedad que facilita las condiciones para llevarla a cabo, y luego cuestiona a las mujeres por lo que hagan o dejen de hacer, pero calla sobre lo que los hombres hacen. El puritanismo conlleva la violencia amparada por las circunstancias o la provocación de las mujeres, por eso es un modelo basado en las mismas apariencias que hacen que la mujer del César tenga que serlo y parecerlo, sin que el César deba preocuparse de otra cosas que no sea la imagen que da su mujer.

Es el puritanismo que niega a las mujeres para que los hombres sean más hombres.

Y en unas circunstancias como las actuales, en ese río revuelto resultante de la confluencia de las dos corrientes, el machismo ha lanzado sus redes sociales y todos sus elementos de influencia para sacar ganancia como pescadores de oportunidades. Por eso ha aprovechado las circunstancias para hacer entender que en realidad la lucha contra el acoso y la violencia sexual conduce a un puritanismo anti-femenino, hasta el punto de conseguir que un grupo de mujeres feministas francesas compartan el argumento sin tener en cuenta que el contexto social y cultural del machismo influye en las decisiones individuales. Nada nuevo, por otra parte, como cuando se ha dicho desde algunas voces del feminismo que una ley contra la violencia de género supone presentar a las mujeres como incapaces y como seres que necesitan ser tutelados, o como cuando se plantea que “decidir sobre el propio cuerpo” para hacer lo que el machismo ha impuesto bajo la violencia a lo largo de toda la historia, tampoco tiene nada que ver con el contexto social y cultural en el que se toman esas decisiones. Curiosamente, estos argumentos y sus fuentes feministas son continuamente citados por los machistas.

El machismo es el artífice del puritanismo, un puritanismo que nunca ha evitado ni impedido la violencia contra las mujeres, sino que la esconde bajo las circunstancias y los diferentes contextos que se puedan dar. Por eso la situación actual no es diferente a lo que ha hecho el propio machismo al diseñar una doble estrategia para adaptarse a los tiempos actuales. Por un lado está el machismo de siempre con su defensa directa y explícita de las ideas tradicionales con argumentos como que “las mujeres deben tener un salario menor por ser menos inteligentes y más débiles”, tal y como afirmó el eurodiputado polaco Janusz Korwin-Mikke, y de ese modo mantener la brecha salarial en la que Rajoy dice que no hay que entrar; y por otro está el diseño de la nueva estrategia del posmachismo para hacerse dueño de la “Igualdad de verdad”, y decir que lo que hace el feminismo es atacar a los hombres, a las familias y al orden natural para beneficiarse económica y socialmente de la situación.

Ahora con el puritanismo ocurre lo mismo, por un lado está la reivindicación del puritanismo en sentido tradicional para recuperar los valores que hacían a las mujeres portadoras de la virtud social, y por otro una especie de “post-puritanismo” para que se dejen acosar y abusar en nombre de su libertad.

El machismo es cultura, no conducta, ya lo hemos dicho en más de una ocasión, y la cultura es identidad. No entender que las decisiones individuales vienen condicionadas e influidas por las referencias socio-culturales, es caer en las trampas del machismoque lleva siglos afirmando que la desigualdad y toda su injusticia violenta es “lo normal”.

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/01/29/puritanismo-y-genero/&gt;

El latido que empuja al odio no es el golpe que mueve al amor

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

Cuesta creer que el odio anide en el corazón, el mismo lugar donde crece el amor y del que nace un nuevo brote de vida con cada contracción… Se encoge el corazón y se alarga la vida hasta el próximo latido, una y otra vez… Otra vez cada vez miles de veces… como tambores lejanos que suenan en nuestro interior, ese lugar con frecuencia tan apartado.

Es el pulso contra el tiempo que nos abandona cada instante, la certeza de que somos aquello que sentimos, y de que el regreso siempre es una forma de volver a empezar.

Pero ¿y el odio, la ira, el resentimiento, la inquina…?, ¿de dónde surgen, qué es lo que buscan en ese corazón tan ocupado y en esa vida que renace con sus latidos?

La maldad no brota del corazón, sus raíces se mezclan con dendritas y neuronas y se asoman a la realidad por la ventana de la conciencia. La maldad es la voluntad de hacer el mal, de justificarse en el dolor ajeno, de limpiar la impotencia en el sufrimiento de otra persona… Por eso la maldad es fría y por ello no hay maldad irracional, como tampoco hay pasiones asesinas.

Nos hemos acostumbrado a justificar la maldad en nombre de las emociones porque sabemos que son ellas las que nos hacen humanos. Creemos que matar por amor a la patria, a las ideas, a nuestros dioses… es mejor que matar por dinero, por la tierra, por la propiedad… Que la violencia siempre es legítima en defensa de nuestras propias convicciones, y no es así.

Escribía Antonio Muñoz Molina hace tan sólo unos días (“Testigos de la derrumbe”, Babelia 14-12-13), que “la agresión bélica o el despotismo no son más nobles si se practican en nombre de la justicia o de la emancipación de los pueblos, y ofrecen resultados igual de criminales y de catastróficos”…

Y tiene razón, pero nos engañan los malvados al presentar su resultado revestido de trascendencia, de heroicidad, de sacrificio… de necesidad y merecimiento. La gente se siente tan bien en la victoria como tan mal viven los derrotados, y son esos sentimientos los que alimentan la aventura de la violenciaUna violencia siempre fratricida para la humanidad.

El fracaso de la humanidad está en la violencia que aún vivimos, da igual lo que hayamos conseguido con nuestro saber si no hemos sido capaces de aprender a dejar de ser inhumanos.

Y somos inhumanos en el recurso a las guerras que aún se extienden por todo el planeta, por la invariabilidad de las razones que enfrentan a los pueblos, en la violencia social y familiar, en la discriminación y la desigualdad, en el abuso del débil y del vulnerable… Somos inhumanos por querer ser más sobre la explotación de otras personas, por mirar al diferente como contrario, por ver lo distinto como un ataque… Somos inhumanos por no saber convivir como humanos entre nuestra rica diversidad y pluralidad.

…Y cada vez el humano es más inhumano en esa especie de regreso al caparazón individualista y egoísta, en esa mirada terrenal en nombre de dioses idolatrados que lleva al materialismo y al hedonismo, que dice “mañana Dios dirá” pero hoy decido yo contra todo.

El genial Ángel González escribió en su poema “Introducción a las fábulas para animales”, cómo la humanidad les debe parte de su virtud y sapiencia a aquellos asnos, leones, ratas, cuervos, zorros, cigarras… que sirvieron de moraleja y de escarmiento para que aprendiéramos y mejoráramos con cada cuento… Pero, continúa el poeta, no sin cierta preocupación, y nos dice que en la sociedad ya madura las cosas han cambiado, y que el hombre puede…

Servir de ejemplo al perro

para que el perro sea

más perro,

y el zorro más traidor,

y el león más feroz y sanguinario,

y el asno como dicen que es el asno,

y el buey más inhibido y menos toro.

A toda bestia que pretenda

perfeccionarse como tal

– ya sea

con fines belicistas o pacíficos,

con miras financieras o tecnológicas,

o por amor al arte simplemente –

no cesaré de darle este consejo:

que observe al Homo sapiens, y que aprenda.

El odio, la maldad… pasan de largo por el corazón, pero en el recorrido por las suaves aurículas y los robustos ventrículos, tienen tiempo suficiente para robar parte del amor que allí anida, y convertirlo en la ira propia de la crueldad que luego se justifica.

Somos responsables de nuestras conductas y de nuestras emociones, y cuando unas u otras se pierden en el resultado de la violencia, el odio o la injusticia, la única razón es no saber convivir en una sociedad plural. Ese es el gran reto que aún tenemos en este siglo XXI que ahora inicia su año 14, poner amor a la razón y no razones al odio.

Y continuaba Muñoz Molina cuando todavía era su año 13, “la idea puritana de la predestinación y de la innata maldad nos parece inaceptable a los progresistas, pero puede que no sea más sólida la convicción de que los seres humanos prefieren el conocimiento a la ignorancia, la razón a la ceguera, la libertad a la servidumbre”…

Es posible que sea así, pero también es cierto que la historia nos ha enseñado que sobre esos elementos nos hacemos más humanos como personas, y hacemos de la sociedad un espacio para la convivencia.

Y con ello la vida renace con cada latido, y la sociedad en cada persona.

Monstruos S.A.

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

Ya tenemos un nuevo monstruo en la sociedad, José Enrique Babuín Gey, conocido como “El Chicle” y detenido por el asesinato de Diana Quer, se ha incorporado a la lista de “monstruos” que cada año se elabora para tranquilizar conciencias y desviar miradas de las circunstancias comunes a todos los hombres que actúan con un objetivo similar, aunque las formas de alcanzarlo sean diferentes.

La primera en llamarlo de ese modo ha sido su madre, quizás la única persona legitimada para hacerlo por el impacto emocional que produce ser consciente de que el niño aquel ha sido el hombre ese que aparece en los medios de comunicación como autor de unos hechos tan terribles. Mirar a la vida y encontrar a ese hombre en cada recuerdo de aquel niño es “monstruoso” para una madre y para un padre.

Pero el resto de la sociedad rápidamente también lo ha considerado como un monstruo bajo un argumento diferente, pues mientras que la familia lo califica de ese modo por ser “uno de los nuestros”, la sociedad lo llama monstruo para decir que “no es uno de los nuestros”. Por ello no han perdido tiempo en acudir a todo tipo de personas expertas para que expliquen algunas de sus características y rasgos de personalidad sin conocer nada de él ni haberlo examinado, tan sólo con las informaciones y referencias que aparecen en los medios de comunicación, algunas de ellas claramente contradictorias. Pero todo eso da igual, lo importante no es que sea verdad lo de “El Chicle”, sino que sea mentira que se trataba de un hombre “normal”, como sí han coincidido en definirlo personas de su entorno laboral, social, relacional, amistades…

Los estudios forenses nos dirán cómo es “El Chicle”, cuáles son los rasgos de su personalidad y si tiene algún elemento que tenga un significado especial en su comportamiento, pero lo que sí sabemos ya es que se trata de un machista violento, igual que otros agresores que han cometido crímenes similares, incluso peores en sus formas y consecuencias por asesinar a varias víctimas, y ninguno de ellos era un enfermo mental ni tenía trastornos de personalidad, cómo tampoco ninguno de sus conocidos decía nada de ellos ni de “El Chicle” antes de que se conociera su responsabilidad en los hechos. En cambio, nadie ha dicho de él algo tan sencillo como que “es un machista violento” .

El análisis de un caso no puede basarse en la repercusión que tenga en los medios de comunicación, ni concluir sobre sus elementos a partir de las informaciones, pues las conclusiones y la información con toda probabilidad serán erróneas.

¿Qué es lo que hace, según toda esa gente, que un hombre sea un monstruo?. Veámoslo.

Llevar a una mujer joven a un lugar apartado para agredirla sexualmente no debe serlo, puesto que, por ejemplo, es lo mismo que hicieron los integrantes de “la manada” y no sólo no los han considerado “monstruos”, sino que hay quien los defiende y culpabiliza a la víctima. Haberla asesinado tampoco debe ser la razón de la monstruosidad, porque cada año en España alrededor de 100 mujeres son asesinadas bajo las diferentes formas de violencia de género y no se refieren a sus asesinos como monstruos. Ocultar el cuerpo tras el homicidio, aunque sea menos frecuente, tampoco ha llevado a considerar monstruos a los asesinos de Marta del Castillo o al marido de María Puy en Navarra, que la asesinó, descuartizó y enterró durante meses.

Al final todo indica que se es monstruo por necesidad, por una combinación de circunstancias que van desde los propios hechos hasta la alarma social generada, situación esta que necesita una negación del machismo y su violencia al tiempo que una afirmación de lo ocurrido. Al final, tener un monstruo a mano ayuda mucho a distorsionar lo ocurrido y a tranquilizar muchas conciencias y algunos ánimos.

¿Cuántos monstruos hay ahora mismo en las calles, en sus casas, en hospitales, juzgados, empresas, comercios… que son considerados como buenos compañeros, buenos amigos, buenos vecinos, buenos trabajadores… y que mañana serán “monstruos”?

No son monstruos, sólo lo serán en nuestra imaginación, en esa realidad que necesitamos crear para que todo encaje dentro de la normalidad machista en la que convivimos cada día, sin que se alce la voz contra la injusticia social que supone y la violencia normalizada que queda integrada dentro de ella. Es mas fácil dejarse llevar y vivir al margen de esa realidad que aceptarla y enfrentarse a ella para cambiarla, sobre todo cuando hacerlo supone renunciar a los privilegios que el machismo otorga a los hombres.

El machismo es una fábrica de monstruos, es “Monstruos S.A.”, no una película, sino la historia real. Y es tan terrible, que crea hombres normales que maltratan, matan y violan desde la invisibilidad y la impunidad, y luego crea algunos monstruos con nombres, apellidos y apodos para exponerlos por todos los medios cuando son descubiertos y no pueden beneficiarse de algunas de las justificaciones que también prepara para que su monstruosidad no de miedo y sea apta para todos los públicos.

Es lo que hemos visto con José Enrique Babuín, “El Chicle”, aunque los intentos de minimizar siempre están presentes, como cuando se ha tratado de culpabilizar y responsabilizar a la propia Diana y a su familia, o como cuando ahora se buscan rasgos o trastornos en el “monstruo” para convertirlo en una especie de alienígena al margen de nuestra cultura y sociedad, para sí tranquilizar más y poner la mirada todavía a más distancia de nuestra realidad.

Vivimos en una fábrica de monstruos, el machismo es “Monstruos S.A”, pero no los busquen en lugares extraños ni con aspecto raro.

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/01/24/monstruos-s-a/&gt;