“Not all women”

not-all-women.png

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

Si no fuera por que cuentan con el peso de la palabra y la tarjeta de visita de la credibilidad, los argumentos del machismo para cuestionar la desigualdad existente y la necesaria Igualdad serían considerados como absurdos y pueriles.

Muchos machistas, acostumbrados a llenarse la boca con referencias a los españoles, a los inmigrantes, a las feministas, a los empresarios, a los patriotas… sin hacer distinción alguna, bien sea para incluirlos entre sus elogios o sus ataques, cuando se habla de los hombres para reflejar conductas violentas llevadas a cabo por ellos como consecuencia de las referencias dadas por la cultura patriarcal impuesta a toda la sociedad, entonces sí hay que hacer distinciones y dicen eso de, ¡cuidado, que no son todos los hombres!

El machismo es cultura, no conducta, y por ello impregna a toda la sociedad. Por eso cuando el machismo habla lo hace con el convencimiento que da el poder, y, por ejemplo, cuando el eurodiputado ultraderechista Janusz Korwin-Mikke afirma que las mujeres deben cobrar menos que los hombres porque son “mas débiles y menos inteligentes”,no dice que “not all men”son más inteligentes y más fuertes que “all women”.

Imagino que el siguiente paso del razonamiento machista será el “not all women”para justificar de manera similar que la violencia de género, la discriminación, los abusos, el acoso, las violaciones… no las sufren “todas las mujeres”, sino sólo “unas pocas”, casualmente las discriminadas, maltratadas, asesinadas, acosadas, violadas… por “not all men”.

Cuando desde organismos internacionales, universidades, instituciones, organizaciones… se habla de violencia de género, lo que se pone de manifiesto es la construcción cultural que crea una identidad para hombres y mujeres que lleva una especie de pack con los roles, funciones, espacios, tiempos… que deben desempeñar de manera diferente unos y otras; y que, además, establece las normas de relación a partir de lo que los hombres han considerado conveniente para “all society”y“all people”.Y entre los elementos de esa cultura han incluido la violencia contra las mujeres para corregirlas o castigarlas cuando hacen aquello que no deben, bien sea dentro o fuera de las relaciones de pareja.  Esa  normalidad de la violencia de género es la que lleva a que el 80% no sea denunciada, a que exista una actitud pasiva en la mayor parte de la sociedad ante un problema que supone que cada año asesinen a 60 mujeres de media y 600.000 sean maltratadas, y a que cuando se denuncia, en lugar de cuestionar a los hombres que maltratan se ponga en duda la palabra de la víctima, o directamente se la culpe por provocar o haber hecho algo mal.

Ese mismo escenario es el que da lugar a que cuando se plantean medidas específicas para solucionar este grave problema, en lugar de encontrar un apoyo generalizado surja una parte de la sociedad que cuestione estas iniciativas, y pida medidas para “otras violencias” que se llevan a cabo bajo diferentes motivaciones, en circunstancias distintas y buscan objetivos que nada tienen que ver con los de la violencia de género.

Y no deja de resultar curioso que ante tanta generalización sean incapaces de ver los elementos comunes, y por tanto generales, a cada uno de los casos de violencia y al resto de las consecuencias derivadas de la desigualdad. La clave para entender esta situación no se reduce a las decisiones individuales de los hombres que maltratan, agreden y matan, sino que se encuentra en la cultura machista que da razones para que cada uno de ellos inicie la violencia como algo propio de las relaciones de pareja, y permite que a pesar del daño que produce se mantenga invisible y callada dentro de la normalidad en el 80% de los casos. Es la propia normalidad social la que actúa como argumento y como cómplice para ocultar y justificar la violencia de género, por eso quien actúa desde ella, es decir, los hombres que lo deciden, cuentan con la ventaja de sentirse “justificados” por una sociedad que aporta argumentos para recurrir a la violencia contra las mujeres. Y esa misma situación es la que hace que las mujeres que la sufren se sientan cuestionadas y culpables de lo que les pasa, y crean que su responsabilidad está en continuar en la relación para intentar “hacer cambiar” al hombre que las agrede, sin ser conscientes de que en realidad quedan atrapadas dentro de la propia violencia.

Ejercer la violencia desde esas circunstancias da una serie de ventajas, entre ellas el hecho de que lo más probable es que el agresor no sea denunciado (se denuncia un 20%), si lo denuncian lo más probable es que no sea condenado (se condena un 23%), y de ese modo la relación continúa bajo los dictados impuestos por él a través de la violencia con la ayuda de la amenaza de que vuelva a ocurrir, y junto a una sociedad que cuestiona a la mujer en lugar de hacerlo al hombre agresor. Esa es la superioridad del hombre que utiliza la violencia de género, cuyo sentido es dado por la cultura que la “normaliza”, no por las circunstancias individuales del caso. Y eso es lo que reconoce el Tribunal Supremo en su jurisprudencia, como hemos visto recientemente.

La estrategia del machismo es clara, “negar para confundir y confundir para negar”. Esa es la razón por la que antes negaban la violencia de género, puesto que no había estadísticas ni una definición específica de ella en la ley, y ahora que sí la hay y conocemos su dimensión y significado, intentan negar el machismo de la violencia, es decir, la construcción de género que hay tras ella para ocultarla entre otras violencias.

En algo tienen razón, hoy “not all women”están dispuestas a aceptar las imposiciones del machismo, y “not all men”son ya machistas, por eso el machismo cada vez tiene menos espacio y menos poder, de ahí su reacción y los bulos que levantan, porque el machismo sin el andamio de la mentira solo es escombros.

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2019/01/15/not-all-women/

Anuncios

Artículo 3. Definiciones (Convenio de Estambul)

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

estambul-art-3

Antes de querer inventarse una realidad, el machismo, la derecha y la ultraderecha deberían darse un paseo por la que ya existe, y así evitar tropezar con los hechos.

El Convenio de Estambul (“Convenio del Consejo de Europa sobre la prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica”) fue aprobado en 2011 y ratificado por España en 2014, ratificación que lo integra como normativa española. Su artículo 3 es muy claro, literalmente dice:

Artículo 3. Definiciones

A los efectos del presente Convenio:

  1. por “violencia contra las mujeres” se deberá entender una violación de los derechos humanos y una forma de discriminación contra las mujeres, y designará todos los actos de violencia basados en el género que implican o pueden implicar para las mujeres daños o sufrimientos de naturaleza física, sexual, psicológica o económica, incluidas las amenazas de realizar dichos actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, en la vida pública o privada;
  2. por “violencia doméstica” se entenderán todos los actos de violencia física, sexual, psicológica o económica que se producen en la familia o en el hogar o entre cónyuges o parejas de hecho antiguos o actuales, independientemente de que el autor del delito comparta o haya compartido el mismo domicilio que la víctima;
  3. por “género” se entenderán los papeles, comportamientos, actividades y atribuciones socialmente construidos que una sociedad concreta considera propios de mujeres o de hombres;
  4. por “violencia contra las mujeres por razones de género” se entenderá toda violencia contra una mujer porque es una mujer o que afecte a las mujeres de manera desproporcionada;
  5. por “víctima” se entenderá toda persona física que esté sometida a los comportamientos especificados en los apartados a y b;
  6. el término “mujer” incluye a las niñas menores de 18 años.

Los  47 países que forman el Consejo de Europa reconocen, y así lo han legislado, que existe una violencia especifica contra las mujeres que nace de la construcción que la cultura machista hace sobre el género, es decir, sobre lo que esa cultura entiende que debe ser el papel y la posición de hombres y mujeres en la sociedad. Una violencia, la que sufren las mujeres bajo esas circunstancias, que se produce para mantener el orden dado bajo la idea de corregir y castigar a las mujeres que con sus conductas y comportamientos lo alteren, y que encuentra en la normalidad el mayor cómplice para poder invisibilizarla y silenciarla, tanto que el 75-80% de las mujeres que la sufren no la denuncian.

Pero, además, cuando superan todos los obstáculos, dificultades, miedos y dudas, y las mujeres denuncian la violencia vivida, entonces las críticas  se dirigen contra ellas, no hacia sus agresores, y se produce un cuestionamiento para poner en duda si es verdad o no lo que la mujer relata en la denuncia, o directamente la responsabilizan a ella por haber hecho algo para “provocar” a su agresor, todo ello como parte de los mitos que las asocian con la maldad y la perversidad que la misma cultura ha situado sobre las mujeres. La situación es tan grave que el 1% de “denuncias falsas” que recoge la FGE se convierte “por obra y magia” del machismo en el 80%. Un machismo que tiene dudas para creer a las mujeres cuando denuncian, pero que no tiene ninguna duda para saber que la mayoría de las denuncias son falsas sin necesidad de investigar ni de probar nada.

Las agresiones que sufren las mujeres se producen al final de un proceso de aislamiento y crítica hacia sus fuentes de apoyo externo, fundamentalmente la familia, las amistades y el trabajo, proceso que las atrapa en la propia relación violenta y facilita que asuma los dictados del agresor responsabilizándola de la propia violencia que sufre. Ese proceso interno de aislamiento llevado a cabo por el hombre que la agrede es integrado dentro de la normalidad de los “asuntos de pareja” por el machismo externo de la sociedad, hasta el punto de llevar a las propias víctimas a manifestar lo de “mi marido me pega lo normal” sin que nadie que lo escuche reaccione ante tal afirmación. Es lo que recoge la Macroencuesta de 2015 cuando el 44% de las mujeres que sufren violencia y no la denuncian, refieren no hacerlo porque la violencia “no es lo suficientemente grave”. 

Ese es uno de los logros del machismo, situar la crítica de la violencia en lo cuantitativo y luego hacer del umbral que define lo “inaceptable” algo relativopara que suba o baje según las circunstancias y la decisión del agresor.

La violencia de género, como vemos, vive entre la normalidad y es protegida por las circunstancias que llevan a que no se denuncie, y a la pasividad de los entornos y de muchos profesionales que atienden a las víctimas, y en lugar de profundizar en la situación que presentan miran para otro lado, por eso el porcentaje de denuncias a través del parte de lesiones, por ejemplo,  sólo fue del 9’7% en 2017.

Todas estas circunstancias para ejercer la violencia contra las mujeres, y luego para justificarla y mantenerla como parte de la relación, son propias de la violencia de género, no ocurren con otras violencias domésticas ni fuera de ese escenario familiar. No existe una construcción cultural que lleve a decir a los hombres “mi mujer me pega lo normal”, ni a que si hombre comente o denuncie que la mujer le ha pegado alguien le diga, “algo habrás hecho”,del mismo modo que no genera sospechas en el momento de acudir al Juzgado ni nadie dice que denuncia porque “quiere quedarse con la casa, los niños y la paga”.

La realidad de la violencia contra las mujeres es objetiva y los estudios la han puesto de manifiesto desde hace décadas. La resistencia del machismo y de los partidos de derechas no es casualidad, sino consecuencia de una defensa de su modelo de sociedad y relaciones basado en la desigualdad y en la referencia de los hombres, para hacer del resto de la realidad parte de sus competencias (mujeres, familia, educación, economía…)

Erradicar la violencia de género exige acabar con el machismo, no puede haber solución si permanecen las causas, del mismo modo que habrá consecuencias si continúan las razones que dan lugar a ellas. Por eso el propio Consejo de Europa en el Convenio de Estambul, en su artículo 9, reconoce y da un papel esencial a las ONGs y a la sociedad civil en todo el proceso, porque es consciente de que las actuaciones desde las instituciones y los propios entornos de las víctimas no es suficiente para abordar todos los elementos que genera el machismo desde la normalidad para atrapar a las mujeres en la violencia. Lo que el machismo y la derecha llama “chiringuitos” de manera despectiva son instrumentos esenciales para salir del foso que la cultura cava alrededor de cada relación violenta, lo cual demuestra el gran desconocimiento que tienen sobre la violencia de género y su desconsideración a las mujeres, niños y niñas que la sufren y viven bajo sus golpes y amenazas.

El artículo 3 del Convenio de Estambul establece de forma clara la diferencia entre violencia de género y violencia doméstica, confiemos en que los 3 partidos de Gobierno en Andalucía articulen sus políticas sobre el pivote de la Igualdad, de lo contrario no sólo estarán contra la realidad, estarán también contra la ley.

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2019/01/11/articulo-3-definiciones-convenio-de-estambul/

El fracaso del machismo

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

FRACASO-MACHISMO-1.png

Los machistas han comenzado a salivar en cuanto han visto que los partidos de la derecha están cocinando una serie de medidas para limitar las políticas de Igualdad y contra la violencia de género, y así andan, salpicando con sus fluidos las redes y medios.

Nada nuevo respecto a los machistas, que desde el primer momento vieron que la Ley Integral contra la Violencia de Género (LIVG) era un instrumento eficaz para responder ante su violencia de género, tanto sobre los casos como sobre las causas, pero sí respecto a la política, donde un partido accidental es capaz de situarse por encima del Tribunal Constitucional para decir que la LIVG es inconstitucional, y se atreve desde su posición mínima, no sólo minoritaria, a enmendar lo que la soberanía popular a través de sus representantes ha aprobado y ratificado por unanimidad en diferentes ocasiones. Interesante ejercicio de democracia el del machismo.

Todo ello demuestra que andan un poco de los nervios y que el machismo ha fracasado en su intento de mantener la desigualdad como normalidad, y la violencia contra las mujeres como un tema privado e invisible para que los hombres puedan continuar con sus privilegios, entre ellos negar esa violencia de género y mezclarla con otras formas de violencia interpersonal para que pase desapercibida su responsabilidad social y criminal.

Hoy se denuncia más violencia contra las mujeres en las relaciones de pareja y en la vida pública, circunstancia que demuestra el fracaso del machismo violento en sus formas y en su fondo.

Pero no sólo se denuncia más, también ha aumentando la violencia de género en la sociedad, como demuestran las Macroencuestas. El machismo es cultura, no sólo conducta, una cultura de poder levantada sobre las referencias de los hombres, y como tal tiene tres instrumentos para condicionar la realidad: la influencia, el premio y el castigo. El fracaso del machismo se ha traducido en una pérdida de su capacidad de influir y premiar, por lo que en un intento de mantener sus privilegios y de castigar a quienes los cuestionan ha recurrido al incremento de la violencia.

Sin embargo, como su capacidad de manipular en nombre del orden dado es tan alta, ahora intentan presentar ese incremento del número de casos como un fracaso de la ley, como si la ley fuera la que diera las pautas para maltratar, y como si el machismo estuviera feliz de ceder sus posiciones de poder sin resistirse, y como si la desigualdad construida sobre su idea de “inferioridad e incapacidad” de las mujeres hubiera sido para ellos un error.

El fracaso del machismo es tan manifiesto que en estos 15 años de Ley Integral contra la Violencia de Género sus argumentos no han variado, tan sólo han sido repetidos. Entre esas razones que han dado para cuestionarla, destacan las siguientes:

  1. El número de homicidios no ha disminuido a pesar de medidas establecidas. Un planteamiento trampa basado en dos errores:
    1. Por una parte, comparan los homicidios anteriores a 2003 con los de los años siguientes a la LIVG, cuando en cada uno de esos periodos se medía algo diferente. Antes de la LIVG el concepto jurídico existente era el de violencia doméstica o familiar, por lo que muchos de los homicidios de mujeres en parejas sin convivencia (novios o exparejas) no se contabilizaban. Curiosamente, es a esta referencia a la que nos quieren llevar ahora para volver a ocultar la violencia contra las mujeres.
    2. El segundo error es contabilizar los homicidios en términos absolutos, sin considerar el grupo de población en el que se producen (el número de mujeres maltratadas), y si este es mayor o menor. Al haber aumentado el número de mujeres que sufren violencia machista debido a la reacción del machismo, la tasa de homicidios ha disminuido un 42%, y lo ha hecho en gran medida debido a los cambios sociales en cuanto a concienciación, e institucionales en cuanto a respuesta y atención, gracias a la LIVG.
  2. El número de mujeres maltratadas ha aumentado. Ya hemos comentado que este incremento de la violencia machista es consecuencia del machismo, no de las iniciativas que buscan erradicarlo. El objetivo de la violencia de genero es el control y el sometimiento de las mujeres a los dictados del hombre, y del mismo modo que los machistas no aplican la violencia explícita y directa sobre las mujeres que “hacen lo que ellos dicen”, el cambio social y la conciencia crítica de las mujeres que cuestionan esa imposición  ha llevado a que los hombres utilicen más la violencia. Una situación que requiere más medidas y tener en cuenta este proceso dinámico, pero que es responsabilidad única del machismo.
  3. Críticas sobre el presupuesto invertido. Tal y como hemos explicado, las políticas desarrolladas han permitido sacar a la luz la violencia y las agresiones que sufren las mujeres por parte de los hombres, y ha facilitado que muchas mujeres hayan salido de la violencia a través de la denuncia, pero también, y de forma mayoritaria, por medio de la separación y el divorcio. Este proceso en gran parte se ha debido a los recursos que la LIVG y otras iniciativas han desarrolladosobre la concienciación, información, asistencia, atención, protección… si no hubieran existido recursos ninguna de esas medidas podrían haberse aplicado para que las mujeres puedan vivir libres y sin violencia.
  4. Argumentos para confundir y desviar la atención. El machismo siempre ha desarrollado diferentes estrategias para mantener su status y privilegios, es lo que tiene el poder, la capacidad de hacer cosas diferentes sin que se vean incongruentes ni resten. Por eso, al mismo tiempo que piden derogar la LIVG hay quien pide incluir en ella a los hombres, da igual el sinsentido del planteamiento, lo importante es la crítica y la confusión. Y en esa confusión es donde el posmachismo insiste con argumentos sempiternos como el de las denuncias falsas, la violencia que sufre los hombres, o la idea de que “violencia es violencia”… todo ello con la idea de conseguir dos objetivos:
    1. El primero es ocultar la violencia contra las mujeres entre otras violencias para que no se conozca bien su dimensión y consecuencias, tal y como sucedía en 2003 antes de la LIVG.
    2. El segundo va dirigido a desviar la mirada del origen y significado de la violencia contra las mujeres para ocultar la construcción del machismo y esa normalización que existe detrás de ella. Hablar de violencia doméstica o familiar, además de mezclar y confundir las distintas violencias, sitúa el problema en el escenario, ese ambiente familiar o doméstico, en lugar de hacerlo en la construcción de género que da lugar a la violencia contra las mujeres.
  5. El elemento manipulador y “desesperado” del machismo se aprecia de forma objetiva cuando entre sus argumentos para cuestionar una ley introducen el ataque a las personas, organizaciones y movimientos que comparten la aplicación de dicha norma. Una situación tan “desesperada” la del machismo que no dudan en introducir los clásicos ataques a las “Ministras de Zapatero”, pues no soportan que mujeres jóvenes, valiosas y capaces, como Bibiana Aído y Leire Pajín, hayan sido las responsables de desarrollar e implementar gran parte de las políticas que han llevado al fracaso del machismo.

Su fracaso está claro, si la LIVG no fuera exitosa para erradicar la violencia contra las mujeres y para ayudar a consolidar la Igualdad, el machismo no se molestaría en cuestionarla ni en pedir que se derogue, y si esta ley no fuera tan buena en sus objetivos, tampoco habría sido premiada en 2014 por Naciones Unidas, el World Future Council y la Unión Interparlamentaria, como una de las mejores leyes del mundo.

La violencia del machismo es el gran drama que aún tenemos que padecer como consecuencia de su realidad, aunque ahora sea una realidad fracasada. Pero el siguiente paso es la erradicación del machismo para que ya no exista ni como fracaso, y el feminismo y una sociedad democrática lo van a conseguir.

Los Reyes Magox

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el diario.es

alcoy-recibir-reyes-cabalgata-espana_ediima20190105_0073_19

Queridos Reyes Magox:

Este año he sido muy bueno, sobre todo como ciudadano, pues por fin me he animado a trasladar a la sociedad todo lo que pensaba y sentía como hombre. Quizás el único reproche que pueda hacerme ha sido en el comportamiento que he tenido con mi hermana, que es una pesada. Lo digo porque a pesar de que ya somos mayores de edad no para de meterse conmigo diciéndome que ponga la mesa, que luego la quite, que haga la cama, que mi madre no es mi criada ni ella tampoco, que por qué dejo la ropa en el suelo del cuarto de baño cuando me ducho… y tontería de esas. Porque claro, luego, cuando hay que ir a por una caja de cervezas al súper o subir los cartones de leche, entonces no dice nada de hacerlo ella.

El otro día sin ir más lejos, en plena cena de Nochevieja, le tuve que dar una bofetada porque me dijo que era un machista. Y todo porque le solté la verdad a la cara, y expliqué que como las mujeres no tienen la misma capacidad ni profesionalidad que los hombres, tienen que salir medio desnudas para llamar una atención que no captarían si fuesen vestidas decentemente. ¿A ver cuántos hombres han salido cantando o presentando un programa en bañador o con poca ropa?

Y lo gracioso es que, encima, se mosqueó conmigo cuando fue ella la que me provocó, y además con insulto incluido, pues yo no soy machista… En mi vida he maltratado a una mujer, ni falta que me ha hecho tampoco, porque yo creo que las mujeres se dan cuenta perfectamente cuándo están ante un hombre de verdad, de esos que dan seguridad y se hacen respetar, no como muchos jóvenes de ahora con sus coletas, sus piercings y sus tatuajes, que no saben lo que son, ni lo que no son.

Y así nos va, rodeados de hombres blandengues que permiten que las mujeres les lleven la contraria y les salgan respondonas, incluso delante de otra gente o de los hijos. ¿Pero qué imagen se van a llevar tus amigos, tu familia o tus propios hijos si lo permites?, ¿qué valores estamos transmitiendo a las nuevas generaciones?. Mirad mi hermana, ya veréis como no vuelve a saltar con tonterías como la de la otra noche.

Porque claro, las mismas mujeres que tanto nos exigen a los hombres, cuando necesitan algo que ellas no pueden hacer se ponen muy dulces y melosas para que lo hagamos… Menudas pájaras, es que son unas falsas por naturaleza, por eso hay que controlarlas, por tu bien, pero sobre todo por el suyo propio. Y si no lo hacemos los hombres de verdad, quién lo va a hacer, y más en estos tiempos. Cualquier día les pasa algo y ya no habrá nada que hacer, y a los hechos me remito… Con la de extranjeros que hay ahora por aquí dispuestos a todo, y más con las mujeres. Ellos, que no están acostumbrados a ver hembras como las nuestras, con esa belleza mediterránea y con lo sexy que son… Luego pasa lo que pasa y todo el mundo se echa las manos a la cabeza, pero si fueran con hombres hechos y derechos no les pasaría nada, porque las protegeríamos de tanta chusma como hay. Por lo menos a las que merecen la pena, porque luego está las feminazis, esas que no paran de gritar por la calle a ver si alguien se fija en ellas, porque son todas unas marimachos.

Bueno, como me estoy extendiendo y no quiero resultar pesado, que luego no termináis de leer la carta y es ahora donde vienen los regalos que os pido, voy a finalizar.

Sólo quiero insistir en que he sido bueno, tanto que me he comprometido para hacer de esta sociedad lo que era antes, volver a conquistarla y apartarla de las manos de la conspiración laico-feminista que quiere acabar con nuestra cultura y nuestras tradiciones, mucho peor que la judeo-masónica que decía nuestro siempre recordado inspirador.

Por eso voy a ser generoso y lo único que os pido es que deroguéis la carta de mi hermana, y no le traigáis nada a ella, que ya tiene bastante y está muy subida, siempre exigiendo. Así que lo mejor es que este año no reciba ningún regalo. ¿No quiere igualdad, como ella dice?, pues a ver si la igualo, que siempre pilla más que yo.

Prometo seguir siendo igual de bueno a lo largo de todo este año, y hacer de nuestras
tradiciones, entre ellas esta de los Reyes Magos, una referencia, pero para que las cabalgatas sean como Dios manda y no salgan sus majestades vestidos de espantapájaros, ni disfracen a ninguna mujer de lo que no es. Y Baltasar con la cara pintada, como ha sido toda la vida.

 

<https://www.eldiario.es/andalucia/desdeelsur/reyes-magox_6_853974601.html>&gt;

‘Desaparecedores’

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el periódico El País.

1545121224_121639_1545133938_noticia_fotograma

Las personas no desaparecen solas, lo hacen porque otras las hacen desaparecer: esas otras son los desaparecedores. Y cuando hay circunstancias y elementos que llevan a que esas personas hagan desaparecer a otras es porque hay factores desaparecedoratrices.

El machismo, esa construcción jerarquizada de poder de los hombres levantada sobre las referencias masculinas, lleva al uso de la violencia como una forma habitual de resolver los conflictos, y a los conflictos como una manera de abordar la realidad para a través de ellos obtener ventajas por medio del recurso a sus instrumentos de poder, entre los cuales está la violencia. Como pueden ver, el mecanismo es sencillo y todo encaja dentro de él.

Por lo tanto, los hombres bajo su modelo de sociedad y convivencia utilizan la violencia como una herramienta más para obtener y mantener los privilegios que se han otorgado a sí mismos a través de la cultura. Y utilizan esa violencia contra otros hombres como una vía instrumental con la que obtener elementos de carácter material y de forma inmediata, habitualmente dentro de un contexto de criminalidad; y la utilizan también contra las mujeres como una forma de mantener el significado de su construcción y la ventaja de ver su hombría recompensada y su masculinidad reforzada por medio de ese dominio y uso de las mujeres. Por eso el significado de la violencia, de las desapariciones, de la discriminación… es diferente cuando se ejerce contra quien pertenece al grupo históricamente discriminado, y ese grupo no son los hombres, son las mujeres.

Los desaparecedores de mujeres son hombres, y la fuerza desaparecedoratriz es el machismo a través de la violencia de género. Cuando una mujer desaparece, como ocurrió con Diana Quer, con Rocío Wanninkhof, con Marta del Castillo… Y con tantas otras; o como, previsiblemente, ha sucedido con Laura Luelmo, al igual que pasó con Leticia Rosino, asesinada en un pueblo de su Zamora cuando también salió a correr, es porque un hombre desaparecedor la hace desaparecer, habitualmente como parte de la violencia sexual del machismo “desaparecedoratriz”.

¿Qué clase de sociedad y de masculinidad tenemos para que haya hombres que decidan asaltar a mujeres, agredirlas sexualmente en muchos casos, asesinarlas después? ¿Qué valor se da a la vida de las mujeres cuando se actúa de ese modo, como manifestó con toda tranquilidad Collin Richards, asesino de la golfista española Celia Barquín, cal decir “quiero violar y matar a una mujer”?

Y todo ello sucede en un contexto social caracterizado por la desigualdad en el que la discriminación de las mujeres, el maltrato, el acoso, los abusos sexuales… Forman parte de una “normalidad” que facilita que se produzca esa violencia a través de la cosificación de las mujeres, que luego hace que no se denuncie, y que si se denuncia lleva a cuestionar o responsabilizar a la víctima, en lugar de hacerlo sobre los agresores. Y todo ello sin que la sociedad reaccione a pesar de las evidencias y datos objetivos.

Todo lo contrario, la reacción se produce por parte del machismo para atacar directamente a las mujeres y a las políticas de Igualdad, y para presentar a los hombres como víctimas de lo que les pasa a las mujeres. Por eso dicen que son los hombres los que sufren más violencia y los que representan el porcentaje mayor entre las personas desaparecidas, pero, curiosamente, callan el “pequeño detalle” de que son agredidos, asesinados y hechos desaparecer fundamentalmente por otros hombres.

Ante esa violencia de hombres contra hombres callan, no dicen nada porque no les importa la violencia que sufren los hombres, lo único que les preocupa es que se descubra la construcción de género que lleva a la violencia contra las mujeres. Por eso reaccionan ante los casos de violencia de género diciendo que los hombres también sufren violencia o que las mujeres también agreden y matan, de ese modo desvían la atención, confunden a la gente, y presentan la realidad como un accidente caracterizado por el resultado, como si las causas que llevan a ese final, las motivaciones de las que parte cada una de las distintas violencias, y los objetivos que persiguen fueran los mismos.

Esa bajeza es la que se ve en las redes sociales con total impunidad, como cuando dicen (lo han dicho estos días), que las organizaciones feministas estarán celebrando que hayan asesinado a Laura Luelmo para recibir más subvenciones.

Lo terrible es que todo sucede, que todo sigue sucediendo, ante la pasividad de una sociedad dopada de machismo, y de unas instituciones que reaccionan ante lo irremediable para no tener nada que hacer. Cuando las mujeres tienen que tomar medidas de protección por sí mismas para evitar que las agredan, y lo hacen a diario, cuando las madres y algunos padres tienen que dar consejos para que sus hijas no sufran el ataque de un hombre al salir a hacer deporte, al ir a una fiesta, o al volver de clase o de trabajar, es porque esa fuerza desaparecedoratriz del machismo forma parte de la realidad, y porque hay desaparecedores esperando su oportunidad bajo la conciencia del resto de la sociedad que permanece parapetada tras una aparente neutralidad.

¿A qué esperamos el resto para erradicar el machismo? ¿De verdad creen que los “problemas territoriales” o las cuestiones económicas son más importantes que el asesinato de 60 mujeres cada año, el maltrato de más de 600.000, las agresiones sexuales de miles de mujeres… y todo desde la “normalidad”?

Si no se actúa contra la violencia desaparecedoratriz del machismo continuarán los machistas desaparecedores borrando y acabando con la vida de las mujeres.

https://elpais.com/elpais/2018/12/18/mujeres/1545121224_121639.html

Vox y la Tercera Ley de Newton

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

ACCION-REACCION-Bolas

La cultura es el hábitat de la convivencia como la naturaleza es el de la vida. Entre las dos hay elementos comunes y diferencias importantes basadas en el distinto significado de cada una; así, mientras que la naturaleza es un proceso “natural” sometido a las leyes del universo, la cultura es una construcción artificial bajo las leyes de los hombres, unos hombres que en su día decidieron lo que es bueno y necesario para organizarse y relacionarse, es decir, para vivir en desigualdad y con una serie de privilegios sobre las mujeres y cualquier otra persona a la que consideren inferior.

El aprendizaje y la interrelación entre naturaleza y cultura a través del mandato de los hombres ha llevado a entender que gran parte de las claves del poder está en la dominación, y que su estrategia debe basarse en la adopción de sus leyes para adaptarlas a las de la cultura, desde la Ley de la Gravedad que da peso a lo cuantitativo, a la Teoría de la Relatividad que luego se lo quita según interese al poder. Y entre ellas no falta la “Tercera ley de Newton”, conocida como “principio de acción-reacción”.

Sorprende que en este contexto, desde la política y los muchos análisis que se han hecho estos días no se vea esta dinámica, y se crea que la causalidad sólo está en el valor de las acciones, como si toda la sociedad fuera homogénea y como si desde la diversidad y pluralidad que la caracteriza se reaccionara siempre del mismo modo frente a propuestas e iniciativas. Se entiende, por ejemplo, que “nunca llueve a gusto de todos”, por muy necesaria que sea la lluvia y por muy suave que caiga para que no se produzcan daños, pero, en cambio, no se entiende que ante las políticas que garantizan  derechos, corrigen injusticias y mejoran la convivencia, haya quien las interprete como una “inundación” de sus ideas, valores, creencias, costumbres… y se reaccione con la misma agresividad y violencia que interpretan en esas medidas “invasoras” a favor de los Derechos Humanos.

La convivencia se basa en trabajar por lo común, no sólo proponer medidas al espacio compartido desde cada una de las posiciones. Convivir en un pueblo no es encontrarse en la plaza pública, sino lograr vivir la idea de pueblo en cada calle y en cada casa.

El auge de la ultraderecha y la llegada de Vox al Parlamento de Andalucía tiene varias causas, pero creo que la primera es esa “Tercera ley de Newton” ante situaciones, iniciativas, políticas… en definitiva, ante determinadas acciones que se han desarrollado, y que desde esa extrema derecha se consideran como un ataque a sus ideales y a su ideología.

Esta reacción a determinadas acciones concretas la vemos en sus propios argumentos y en las razones dadas por los dirigentes de Vox para justificar sus propuestas y su “necesaria presencia”. Todo gira alrededor de esa idea “trumpiana” de “lo mío primero”, y lo mío no es solo la idea de territorio o país, sino que quien piensa de ese modo sobre el territorio piensa también que “mis valores son primero”, “mis ideas primero”, “mis creencias primero”, “mi color de piel primero”, “mi sexo primero”… y por lo tanto, cuando se produce una acción diferente a esa visión egocéntrica, androcéntrica, etnocéntrica, geocéntrica… ellos reaccionan y apoyan a quienes defienden esas ideas y valores.

Esa es la fuerza de Vox, dividirlo todo en cuestiones particulares y unirlas bajo elementos simbólicos cargados de romanticismo, o sea, de subjetividad y de las referencias seguras del pasado.

Por eso, frente a la situación en Cataluña generada por el independentismo reacciona y alza la idea de una España “grande y libre”, ante la ley de Memoria Histórica reacciona y pide el olvido interesado, frente a las autonomías reacciona y plantea el Estado centralizado del pasado, ante Europa reacciona y copia aquello de “España primero”, frente a la “izquierda bolivariana de los <<Podemitas>>”reacciona y presenta su ultraderecha franquista, y ante la Igualdad reacciona y reivindica el machismo formal (no sólo funcional), y dominador de las esferas públicas y privadas…

Todas son cuestiones concretas sazonadas con los problemas económicos de ahora, y acompañadas de los elementos de temporada (corrupción política, desesperanza, percepción de amenaza, de que no hay salida…) y sobre todo miedo, mucho miedo, pues el miedo es el ruido de la política. Como se puede observar, no se trata sólo de una reacción global que sucede en toda Europa, el auge de la ultraderecha europea y Vox ya existían hace 4 años y entonces no hubo un apoyo en las urnas. Toda reacción necesita un enganche con la realidad, y Vox ha sabido canalizar los miedos y la preocupación sobre las acciones concretas que se han llevado a cabo estos últimos años y algunos acontecimientos ocurridos, para aglutinar la reacción en sentido contrario, además de aprovechar la visibilidad que se le ha dado y la pesca de insatisfacción a través de las “redes sociales de arrastre”.

A diferencia de muchas de las propuestas de los otros partidos, que parten de un diagnóstico más general y proponen soluciones más difusas (mejorar la educación, mejorar la sanidad, desarrollar la Ley de Dependencia…) el mensaje de Vox no es nada abstracto, todo lo contrario, es pura concreción sobre la destrucción: hacer desaparecer las Comunidades Autónomas, acabar con la Ley de Memoria Histórica, quitarle la autonomía a Cataluña, derogar la Ley Integral contra la Violencia de Género, echar a los inmigrantes…, pues parte de unos hechos objetivos sobre los que reacciona para alcanzar situaciones que ya han existido en el pasado. La referencia objetiva es doble, tanto en la causa como en la solución.

La situación se complica a partir de ahora. Ya se ha roto el miedo a identificarse con sus ideas y propuestas, o simplemente a aceptar su diagnóstico de la situación, lo vemos en las matizaciones que hacen desde el PP y Ciudadanos, pero sobre todo en algunos tertulianos que refuerzan sus argumentos sin pudor en los debates. No hay que olvidar que Vox juega con toda la construcción cultural histórica que ha mantenido como referencias sus postulados: machismo, centralismo, xenofobia, homofobia… No necesitan cambiar nada, sólo generar duda para que la gente se quede donde ha estado. A Vox no se le puede vencer en una especie de partida de partidos, la forma de lograr que la democracia vuelva a los valores comunes recogidos en la Constitución es convencer a la gente para que los apoye desde el compromiso, no sólo con los votos.

Creer que las manifestaciones, críticas, campañas… los puede debilitar es desconocer las razones por las que han llegado al Parlamento andaluz, cuanto más se les ataque más sólida será su reacción y más numerosos los apoyos, pues en definitiva se les estará dando la razón al demostrar que los sectores que ellos presentan como ilegítimos e interesados, y que consideran que se están enriqueciendo con el dinero de todos para intereses particulares (izquierda radical, feministas, animalistas, ecologistas, extranjeros…), están preocupados por su llegada. En definitiva, la “prueba del nueve” para Vox.

Vox significa menos democracia, por lo tanto la solución es más democracia, y hoy por hoy eso supone más Igualdad y definir un modelo de sociedad basado en el respeto y la convivencia, no sólo poner en marcha medidas para alejarnos de la desigualdad y su injusticia.

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/12/15/vox-y-la-tercera-ley-de-newton/amp/?__twitter_impression=true

La casa por el tejado

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor; Autopsia

casa-por-el-tejado

El Tribunal Supremo ha resuelto que una madre y sus hijos abandonen la casa donde vivían tras el divorcio, porque en ella vive también su nueva pareja. Argumenta que el domicilio donde antes vivía con su exmarido deja de ser “familiar” cuando se forma una nueva relación de convivencia.

La sentencia responde a una demanda histórica promovida fundamentalmente por padres que tras el divorcio no aceptaban que sus exparejas rehagan su vida afectiva, y que entienden la separación como un nuevo escenario de control y poder sobre la mujer, para lo cual es importante que sea ella quien tenga la custodia de los hijos e hijas, puesto que consideran que actúa como una dificultad para rehacer sus relaciones afectivas.

Esta percepción clásica ha cambiado bastante, pero las ideas que la sustentan no tanto. Quizás muchos de los que ahora se felicitan por la decisión del Supremo desconozcan la evolución seguida en esta materia, y no recuerden una época no muy lejana cuando los exmaridos se negaban a pagar la pensión por alimentos y no había manera en la práctica de actuar contra ellos. Después la ley cambió para obligarlos y facilitar el embargo de sus cuentas o bienes si no lo hacían, pero muchos de ellos, en lugar de entender su error, lo que hicieron fue simular que estaban en paro, cobrar de manera “no visible”, justificar un salario inferior para pasar menos cantidad de dinero… todo lo que hiciera falta menos asumir sus responsabilidades como padres, una situación que no ha desaparecido en la actualidad. Y claro, para todo ello el argumento no puede ser que les importa muy poco que sus hijos tengan dificultades, sino que se justifican al decir que lo hacen porque “la mala de su exmujer”  se gasta su dinero en zapatos, ropa o con su nueva pareja.

Si tenemos en cuenta estos antecedentes y la estrategia que sigue el machismo para ocultar la realidad de la violencia de género, al tiempo que busca imponer la custodia compartida en cualquier circunstancia y de espaldas al interés de esos hijos e hijas, que según dicen es lo que les mueve, la pregunta que surge es sencilla. ¿Si no fueran mujeres quienes están a cargo de la mayoría de las familias tras la separación, habría sido igual la sentencia del Tribunal Supremo?

Según la Encuesta Continua de Hogares de 2017, realizada por el INE, hay 1.529.900 familias formadas por madres y sus hijos e hijas, frente a las 312.600 constituidas por padres con sus hijas e hijos; es decir, el 83% de las familias monoparentales en realidad son “monomarentales”. Y esto no es por casualidad.

Desde el machismo se dice que en los Juzgados se les da la custodia a las madres “de forma automática” “por ser mujeres”, cuando en realidad las decisiones judiciales se adoptan en interés del menor a partir de la experiencia y de las responsabilidades asumidas durante la convivencia por cada uno de los progenitores. La paternidad empieza durante la convivencia, no tras la separación, y además de las averiguaciones judiciales que se realizan en cada caso, todos los estudios demuestran que, cada día, las mujeres dedican más tiempo que los hombres a las tareas domésticas y al cuidado de los hijos e hijas, lo mismo que son ellas las que piden reducción de jornada para esas tareas de cuidado, y solicitan días u horas libres para poder atender situaciones imprevistas relacionadas con la educación o la salud de los niños y niñas. Y todo eso sucede cada día, es decir, todos los días, no sólo cuando se produce la separación.

No deja de sorprender que los argumentos del machismo cuestionen la violencia de género cuando se dice que las mujeres son maltratadas y asesinadas “por el hecho de ser mujeres”, que nieguen el acoso cuando son hostigadas “por el hecho de ser mujeres”, que duden de la discriminación y la brecha salarial cuando se demuestra que les ponen dificultades y les pagan menos “por el hecho de ser mujeres”,o que ataquen las políticas de acción positiva para corregir su infra-representación en puestos de responsabilidad debido a los obstáculos y exigencias que les hacen “por el hecho de ser mujeres”. Para el machismo esa referencia de que determinadas conductas y situaciones se producen “por el hecho de ser mujeres” les resulta una tontería o una simpleza,pero en este caso son esos mismos argumentos machistas los que dicen que en los juzgados les entregan la custodia de los hijos y de las hijas “por el hecho de ser mujeres”. Nada coherente, como el machismo mismo, pero ya se sabe que la “palabra de hombre” siempre tiene el acompañamiento de la credibilidad.

Por eso no deja de sorprender el razonamiento de la sentencia del Tribunal Supremo, pues da la sensación de que más que mirar por el interés de los menores en verdad refleja ese malestar hacia la mujer que rehace su vida e inicia una nueva relación de pareja, y la “comprensión” del mosqueo del hombre que ve que todo eso sucede “en su casa”. Si el padre tiene una responsabilidad con sus hijos e hijas y como consecuencia de ella ha de pasar una cantidad de dinero para su cuidado y necesidades, el hecho de que la mujer viva o no con su pareja en el mismo domicilio es intrascendente sobre las responsabilidades del padre. Y si el padre, como consecuencia de que la decisión judicial que ha otorgado el uso del domicilio a la madre por ser ella quien obtiene la custodia, tiene que buscar una nueva residencia y asumir un alquiler, además de pagar la hipoteca de una casa que es suya, aunque ahora la usen sus hijos y su madre con ellos, también es independiente de que la pareja de la mujer viva en la casa o no.

Aunque todas estas situaciones tras las separaciones y divorcios han de resolverse mejor, no lo dudo, lo que resulta sorprendente es que se traten de presentar como consecuencia de la “maldad de las mujeres”, y que se vea a la Igualdad como responsable de la “injusticia” que viven los hombres. La Igualdad es la solución, no el problema, si los padres asumieran sus responsabilidades en igualdad desde el principio, dedicaran el mismo tiempo que las madres al cuidado y al afecto, dieran prioridad a sus hijos e hijas sobre otras responsabilidades del trabajo o de ocio… la custodia la tendrían ellos, bien de manera exclusiva o de forma compartida, sin necesidad de imponerla, tan sólo continuando con lo que hacían durante la convivencia.

Que el 83% de las familias formadas por un solo progenitor con sus hijos e hijas las formen las madres no es casualidad ni producto del azar, sino la consecuencia de una sociedad impregnada por la cultura del machismo que lleva a los resultados que luego critican sin pararse a cuestionar las causas. Resolverla exige levantar la Igualdad desde los cimientos de la identidad y la convivencia, no empezar la casa por el tejado.

 

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/11/26/la-casa-por-el-tejado/&gt;