“Infinito Marzo”

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Post escrito por Miguel Lorente Acosta y Carolina Martín Martín y publicado originalmente en el blog del autor Autopsia.

No sabemos con exactitud cómo empezó la vida, pero sí que lo hizo un mes de marzo; y lo hizo en cada uno de los lugares donde las voces de las mujeres se levantaron por sus derechos y por los de una sociedad justa y libre de machismo.

Porque no fue en una laguna original donde se formó la vida hace cuatro mil millones de años, ni ha sido la evolución la que ha dado origen a la vida capaz de trascender el instante y liberarse de las cadenas del tiempo, para de ese modo prolongarse sin límites a través del recuerdo y los sueños. Han sido los ideales de quienes entendieron que las circunstancias no pueden ser la razón del mañana, porque la humanidad es esperanza.

Por eso la vida humana comienza cuando la conciencia toma el mando de la biología para dar sentido y romper los límites que la naturaleza sitúa en cada persona, y hacer de todas ellas la referencia común que da significado a la humanidad. Porque una humanidad sin Dignidad es un accidente más del paisaje, una humanidad sin Libertad es un rebaño, una humanidad sin Justicia es una jauría, y una humanidad sin Igualdad es, sencillamente, inhumana.

Y aunque hemos sido una sociedad de personas con Dignidad, de individuos con Libertad, de comunidades con Justicia, seguimos siendo inhumanos bajo los dictados del más fuerte, del más rico, del más creyente, del más nacionalista, del más hombre…

Por eso la vida comenzó a ser humanidad un mes de marzo, y lo mismo que la Revolución Francesa se fraguó una primavera de 1789, la revolución feminista también se hizo verdad un mes de marzo en el que se pasó de la metáfora a la realidad.

Es el “infinito marzo” que nos habita para que cada día dejemos constancia de su existencia. No es un día ni un mes, es el sentido para cada día. Por ello el 8M es el núcleo donde se guarda la esencia de su significado, la referencia donde confluye la infinitud de los anhelos de tantas y tantas mujeres que desde siempre han buscado la Igualdad. Porque el feminismo no ha inventado la Igualdad, como quieren hacer creer quienes se oponen a ella, del mismo modo que la Revolución Francesa no inventó los derechos ciudadanos, uno y otra hicieron verdad la demanda de las mujeres y de la sociedad desde una posición crítica y constructiva, pero no la inventaron.

Son todas esas mujeres anónimas y con más silencio que voz, como tuve la oportunidad de escribir en “Feminismo rural en Andalucía: La historia de mis abuelas” (Carolina Martín, 2019), las que “sin saberlo representan un feminismo práctico y reflexivo, un feminismo que se hace desde las tripas, creando sus propias luchas y resistencias. También desde la alegría y el arte…” Todas ellas guardaron el calor de la Igualdad, como antes otras mantuvieron el fuego en las cuevas, para que un día la equidad calentara la convivencia agotada en la sociedad del poder patriarcal, ajena a la injusticia de una desigualdad que no para de mirar al “brilli-brilli” de sus privilegios para luego presentarlos como algo común, cuando en realidad sólo eran para los hombres.

En la Unidad de Igualdad de la Universidad de Granada hemos querido recoger toda esa realidad y representarla en “Infinito Marzo”, para hacer de la infinitud del anhelo de Igualdad que tantas mujeres han cultivado en el huerto particular de su conciencia emocional, la cosecha que alimente a una democracia famélica de Igualdad.

“Infinito es marzo” porque infinita es la vida en Igualdad junto al resto de los Derechos Humanos. La Igualdad no tiene final, pero sí camino, y marzo es una posada donde tomar conciencia y aliento para continuar, pero no es estación terminal.

Ya lo dice el diccionario de la RAE, infinito es aquello “que no tiene ni puede tener final ni término”, y frente a los límites obligados del machismo se impone la Igualdad,porque la Igualdad no es un destino, es esencia de vida, cultura y sociedad.

Lo dicho, “Infinito Marzo” en la primavera de la Igualdad.

Serofobia

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Post escrito por Francisco Javier Olivas González

 

¿Qué harías si la persona que estás conociendo comparte contigo que es seropositiva? ¿Tendrías claro qué supone lo que te está contando? ¿Saldrías corriendo? Intenta hacer el ejercicio de imaginar la situación, regálate unos minutos para recrear la escena y decorarla con los detalles que necesites, coloca a la persona delante de ti y mírala a los ojos. ¿Lo tienes? Puedo esperar el tiempo que necesites. Si ya lo has conseguido, puedes seguir leyendo esta entrada.

Hablar de serofobia es hablar de VIH y, aunque no es el objetivo de esta entrada, vamos a comenzar definiendo algunos conceptos que deberían estar claros:

VIH: virus de la inmunodeficiencia humana.

SIDA: síndrome de inmunodeficiencia adquirida (provocado por el VIH). Es una patología que afecta al sistema inmunitario (digamos que nos quedamos sin defensas ante cualquier patógeno que pueda atacarnos como otros virus o bacterias).

Vías de transmisión del VIH: Solamente ciertos líquidos corporales —la sangre, el semen, el líquido preseminal, las secreciones rectales, las secreciones vaginales y la leche materna— de una persona que tiene el VIH pueden transmitir el virus. Estos líquidos deben entrar en contacto con las membranas mucosas o con tejidos lesionados de la otra persona, o ser inyectados directamente al torrente sanguíneo (con una aguja o jeringa) para que ocurra la transmisión. Las membranas mucosas se encuentran dentro del recto, la vagina, el pene y la boca.

Estado serológico: con respecto al VIH, una persona puede presentar un estado serológico positivo (si una persona es seropositiva para el VIH, esto indica que presenta anticuerpos contra el virus, luego ha tenido lugar la transmisión del VIH); en el caso de hacer una prueba y que el resultado sea negativo, se diría que la persona es seronegativa para el VIH (no se han detectado anticuerpos contra el virus, luego la transmisión de este no ha tenido lugar).

Indetectable: hace referencia a carga viral indetectable, es decir, tras recibir un tratamiento antirretroviral, la persona seropositiva alcanza niveles tan bajos del virus que las pruebas no lo detectan.

Intransmisible: es un concepto ligado al anterior y supone que cuando una persona es indetectable no puede transmitir el virus. Varios estudios científicos llevados a cabo a lo largo de varios años y que supusieron el estudio de miles de parejas serodiscordantes (parejas en las que uno de los integrantes era seropositivo y el otro no) evidenciaron que una persona seropositiva indetectable no transmite el virus. Lo repetimos: incluso si tuvieras sexo sin protección con una persona seropositiva indetectable, no habría transmisión del virus.

Expuesto lo anterior, vamos a hablar del concepto que titula esta entrada: serofobia.

Podemos definir la serofobia como el rechazo a las personas seropositivas. Este rechazo puede tomar múltiples formas e ir desde ser despedido del trabajo hasta que la persona que estás conociendo ahora mismo decida no volver a verte más por miedo a la transmisión del virus. Es una fobia, por lo que, por favor, hagamos el esfuerzo de deternos en lo que esto supone: es irracional. No obstante, las fobias no se desmontan con tan solo dejar claro que son una cuestión irracional, hay que hacer un esfuerzo, un trabajo para superarlas. Digamos que reconocer que estamos ante una fobia es el primer paso, puesto que una vez que disponemos de la información adecuada, nuestros miedos podrán disolverse con mayor facilidad si nos esforzamos para que esto ocurra (por favor, si tienes dudas, consulta la bibliografía citada al final de esta entrada o ponte en contacto con los profesionales del Centro Juvenil de Orientación para la Salud de la Universidad de Granada. En definitiva, en esta entrada tenemos dos objetivos:

  • Darnos cuenta de que nuestros miedos no tienen fundamento.
  • Asomarnos a la realidad de una persona seropositiva y tomar consciencia del sufrimiento que la serofobia genera en ellas.

Para alcanzar el segundo objetivo, tenemos la suerte de contar con el valiosísimo testimonio de Daniel, un chico de 29 años que se ha ofrecido a compartir su realidad. Daniel tiene que enfrentarse a la serofobia a diario desde hace 5 años. ¡No te pierdas ni un detalle de lo que nos cuenta en esta entrevista!

Igualdad_UGR: En primer lugar, gracias por atendernos, Daniel. Gracias por tu valentía y por el esfuerzo, sabemos que no es fácil hablar de un tema que duele cada día, así que antes de comenzar, solo podemos darte las gracias por la generosidad con la que nos atiendes. Dinos, ¿cómo querrías comenzar?

Daniel: Gracias a la Unidad de Igualdad por dar visibilidad a este tema. Si os parece bien, antes de responder a las preguntas, creo conveniente compartir cómo ha sido el proceso, de forma resumida, hasta llegar al día de hoy, en el que soy capaz de hablar de esto.

Igualdad_UGR: ¡Claro! Adelante.

Daniel: Recibí el diagnóstico cuando tenía 24, hace cinco años. Poco después comencé el tratamiento antirretroviral y estoy indetectable desde entonces. Fue un golpe durísimo, terminé dejando las oposiciones con las que estaba y, por suerte, encontré a una profesional excepcional y, después de dos años de trabajo con la psicóloga, conseguí recuperar mi autoestima. A pesar de la mejora, sigo algo bloqueado con este tema. Mi salida del armario como homosexual fue bastante traumática, pero nunca dejé que me aplastara. No puedo decir lo mismo sobre mi condición de seropositivo. Estoy cansado de vivir escondido, con miedo. Además, creo que las personas seropositivas sufrimos una fuerte discriminación y siento la necesidad de empezar a hacer algo al respecto. Dispara tu primera pregunta.

Igualdad_UGr: Allá vamos, ¿dirías que tu estado serológico ha cambiado el modo en el que te relacionas? ¿En qué sentido y cómo te sientes ante esos cambios?

Daniel: El primer cambio fue el modo en el que me relacionaba conmigo mismo. Cuando recibí el diagnóstico me cerré en banda y creé una pequeña guerra mundial dentro de mí. Daniel contra Daniel. Me odiaba profundamente y también detestaba a cualquiera que pretendiese ayudarme. Sólo quería autodestruirme. En esa época, yo estaba saliendo con un chico. Un chico estupendo. Fue muy duro para los dos. Él me quería y deseaba acompañarme en esos momentos difíciles, pero yo consideraba insoportable la idea de que alguien me quisiera. ¿Cómo podía alguien querer estar conmigo cuando yo me sentía la persona más despreciable del mundo? También fue difícil la relación con mis amigos. Me veían mal y estaban preocupados. Fui esquivo con ellos y les mentí sobre lo que estaba pasando. Eso tampoco me ayudó mucho. Me aisló y alimentó el bajo concepto que tenía de mí.

Igualdad_UGR: ¿Dirías que el trabajo con la psicóloga te ayudó cambiar la situación?

Daniel: Sí, fui consciente de mi error gracias al trabajo que hice con la psicóloga que me acompañó durante esa etapa. Ninguna condición médica te hace más o menos digno. Con el tiempo conseguí reconciliarme conmigo mismo y con el resto del mundo. He recuperado mi autoestima y logré abrirme a alguno de mis amigos. Sin embargo, todavía me resulta difícil relacionarme con otros chicos. Siempre está presente el pensamiento de que en algún momento tendré que decirles que soy VIH+. Procuro poner una barrera e impedir que haya mucho espacio para los sentimientos. Sólo así consigo protegerme ante un posible rechazo. Soy consciente de que esta conducta no me ayuda a tener una vida afectiva plena y por ello intento seguir trabajando en superar mis miedos.

Igualdad_UGR: ¿Cómo ha sido la experiencia de compartir tu estado serológico?

Daniel: Revelar tu estado serológico es como la prueba del algodón. Demuestra la calidad humana de la persona que tienes enfrente. Procuro quedarme con las experiencias positivas, pero es cierto que también he vivido algunas dolorosas. Por ejemplo, en cuanto a mis amigos, solo fui capaz de hablar del tema con ellos hasta hace un par de meses, a raíz de una relación frustrada. Estaba pillado por un chico y, cuando me decidí a dar el paso y decirle que era VIH+, se dio a la fuga. Me dijo que la situación le generaba un profundo conflicto, y aunque intentaba superarlo, no podía evitar sentir rechazo cada vez que me veía.

Igualdad_UGR: Este episodio en concreto que nos cuentas es terrible. Nadie debería pasar por algo así.

Daniel: A raíz de esa experiencia tan desagradable, decidí que era momento de dejar de encerrarme en mí mismo y acudí a un par de buenos amigos. Les conté cuál era mi situación y por qué no había hablado antes del tema. Sólo encontré apoyo y comprensión por su parte. Me hicieron ver las cosas con claridad. Ese chico tenía un problema con su serofobia. Lo mejor que podía hacer era alejarme y desearle que superase sus conflictos. La experiencia me ha enseñado lo importante que es dejarse ayudar y contar con la gente que te quiere. Poder hablar abiertamente con mis amigos fue realmente liberador. Es como si hubiese conseguido quitarme por fin un zapato incómodo que me oprimía.

Igualdad_Ugr: ¿Crees que las personas, en general, están bien informadas sobre lo que supone ser seropositivo? ¿Qué prejuicios o miedos has encontrado?

Daniel: El grado de desconocimiento es realmente alarmante. Cuando mi hermana se enteró, rompió a llorar y me preguntó si me iba a morir. Otra amiga me preguntó que si había algún riesgo de que se lo pegase. No me quedó más remedio que recurrir al humor y decirle que no entraba dentro de mis planes tener relaciones sexuales con ella y que, aunque las tuviéramos, la transmisión no ocurriría por ser indetectable.

Igualdad_UGR: Sí, el desconocimiento es brutal. Todavía hay personas que piensan que puede darse transmisión por medio de la saliva o del sudor. ¿Cómo crees que conseguiremos superar la discriminación?

Daniel: Solo conseguiremos superar la discriminación cuando la sociedad comprenda qué supone realmente ser seropositivo. Seguimos con el recuerdo de los años duros de los 80 y 90, cuando un diagnóstico VIH+ era una condena a muerte. Debemos tener muy presente el sufrimiento de todos aquellos que no llegaron a tiempo, pero para avanzar es fundamental que comprendamos cuál es la realidad actual. La vida de una persona seropositiva en tratamiento es absolutamente normal. Los avances científicos de las últimas décadas han sido espectaculares. Sin embargo, la sociedad no ha avanzado al mismo ritmo.

Igualdad_UGR: Creo que será mejor que nos recuerdes a todos lo que supone ser seropositivo e indetectable.

Daniel: Ser indetectable significa que el número de copias del virus es tan sumamente bajo que no puede ser medido en un análisis rutinario. Una persona con carga viral indetectable no puede transmitir el virus, ni siquiera por vía sexual. Indetectable es igual a intransmisible. Es fundamental incidir en esta idea. El descubrimiento ha supuesto un gran avance para la calidad de vida de las personas seropositivas. Este mensaje va calando poco a poco, pero todavía está lejos ser plenamente asumido. Suelo encontrarme con un «ya, pero y si…». Personalmente, percibo un riesgo infinitamente mayor en alguien que afirma ser negativo sin hacerse pruebas periódicas. Las personas seropositivas tenemos un seguimiento médico exhaustivo y la evidencia científica es contundente.

Igualdad_UGR: Ese «ya, pero y si» es el miedo irracional a la transmisión. Los estudios científicos demuestran que no hay transmisión entre parejas serodiscordantes. Tal y como tú dices, nos arriesgamos mucho más en nuestras relaciones sexuales sin protección con alguien que no conoce su estado serológico. Por otra parte, ¡sexo seguro y fin del problema! Nos olvidamos de lo importante que es usar preservativo para cuidarnos y para cuidar a las otras personas con las que nos relacionamos. ¿Qué dirías a esas personas que se dejan llevar por miedos irracionales en relación al estado serológico de los demás?

Daniel: Lo mejor que podemos hacer es informar y visibilizar. Intento ponerme en el lugar de estas personas. ¿Cómo habría reaccionado yo si hace unos años una pareja sexual me dice que es seropositiva? Es probable que la falta de conocimiento me hubiese generado miedo. Tememos aquello que desconocemos. Por otro lado, la visibilidad permite aliviar el estrés que supone para las personas seropositivas «vivir en el armario» y también ayuda al resto, derriba el mito. Ser VIH+ no debe suponer ningún límite para desarrollarte plenamente en todas las facetas de tu vida.

Igualdad_UGR: ¿Algo más que quieras compartir?

Daniel: La lucha contra la serofobia es una batalla constante, pero me niego a agachar la cabeza ante este trato tan injusto y cruel que recibimos las personas seropositivas. Si nos rendimos ante cualquier tipo de discriminación, estamos perdidos.

Igualdad_UGR: La lucha sigue. Tenemos mucho trabajo que hacer. Gracias, Daniel.

Por último, queremos compartir con todas las personas que leen nuestro blog que, con motivo de la celebración del Día de la Cero Discriminación (1 de marzo), el Centro Juvenil de Orientación para la Salud y la Unidad de Igualdad hacen llegar a la comunidad universitaria varias mesas informativas sobre VIH/SIDA y serofobia con el objetivo de combatir el estigma y la discriminación que sufren las personas seropositivas. Las mesas estarán disponibles en las siguientes fechas y localizaciones:

Facultad de Psicología:

Jueves, 5 de marzo:

11:30 – 14:00 y 16:00 – 18:00

Facultad de Bellas Artes:

Viernes, 6 de marzo:

11:30 – 14:00

Facultad de Ciencias:

Jueves, 5 de marzo:

11:30 – 14:00

ETS de Ingenierías Informática y Telecomunicación:

Viernes, 6 de marzo:

11:30 – 14:00.

 

 

Fuentes consultadas:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Plácido domingo

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor Autopsia.

Hoy es un plácido domingo, ha amanecido despacio, como si el sol se hubiera visto envuelto por la pereza festiva y la mañana despertara tranquila, consciente de que tiene todo el día por delante.

La ciudad también amanece con la placidez que da ser dueña, aunque sea por unas horas, del tiempo que el resto de los días le quitan. Hay campanas en el aire, olor a churros por las aceras, y calles solitarias llenas de tranquilidad sin horario ni destino.

Sin embargo, en muchos hogares, a pesar de las ventanas abiertas, la luz no termina de entrar en el silencio artificial del domingo, ni logra hacer pasar dentro la placidez que habita en el exterior.

Las explicaciones que Plácido Domingo dio en su comunicado tras las denuncias de abuso sexual, fueron muy significativas e ilustrativas de lo que es la normalidad construida por el machismo y su cultura. Dijo, “reconozco que las normas y estándares por los que se nos mide hoy son muy diferentes de lo que eran en el pasado…”

Curiosamente, lo que nos dice es que aquello que los hombres y sus normas y estándares consideran normal, es lo que se traslada como normal a toda la sociedad; mientras que las mujeres que viven las conductas de los hombres como violencia, no sólo no pueden trasladar ese significado a la sociedad, sino que, incluso, tienen que callarlo para evitar que junto a la violencia de la agresión sufran la violencia de la discriminación y el rechazo social, como hoy mismo, más de 20 años después, intentan hacer con las mujeres que han denunciado.

El argumento que da hoy Plácido Domingo podría ser utilizado para las conductas que eran cuestionadas cuando él se comportaba de forma “normal”. De manera que un hombre que en 1990 hubiera sido denunciado por violencia contra una mujer realizada 20 años antes, podría haber dicho entonces que los estándares de los 90 no eran los mismos que los de los 70. Justo igual que hace él hoy para las conductas “normalizadas” 20 años atrás.

Al final la situación resulta muy gráfica. La violencia contra las mujeres siempre está presente y lo que cambia no es su realidad, sino el umbral sobre el que se establece la crítica y la reprobación, pero sin que ello sea suficiente para que se acompañe de una respuesta legal, puesto que la ley no cambia, sólo lo hace la percepción de los hechos para integrarlos como consecuencia de las circunstancias, no para cuestionarlos como parte de una cultura que normaliza el abuso, y mucho menos para sancionarlos con una ley que debe ser modificada para poder hacerlo.

Pero si ya es triste la situación, aún resulta más terrible lo que revela de la posición de los hombres, no sólo por asumir que desde su status de poder pueden llevar a cabo conductas violentas sobre las mujeres al amparo de la normalidad, sino por la desconsideración y la falta de la más mínima empatía con las mujeres a las que ocasionan un grave daño con su violencia. Para ellos las mujeres quedan al margen, les da igual el daño que sufran como consecuencia de sus conductas, no es su problema. Ellos sólo se preocupan de cubrir sus deseos y de que las normas y estándares los cubran a ellos.

¿Se han preguntado alguna vez si las normas y los estándares eran suficientes para admitir en su día el derecho de pernada, los matrimonios de conveniencia, el débito conyugal, el acoso callejero…?

El cambio y la transformación de esa normalidad machista es la que están consiguiendo las mujeres y el feminismo, por eso no es casualidad que la crítica del machismo y de los sectores más conservadores de la sociedad se dirijan contra ellas y contra el feminismo. Si nada cambia todo sigue igual, y si no hay quien haga cambiar la desigualdad esta continuará lo mismo bajo “nuevas normas y estándares”.

Hoy es un plácido domingo, sí, pero no en todos los hogares. En muchos de ellos hay mujeres sufren la violencia que los hombres ejercen desde su placidez, para así llenar las semanas de tranquilos martes, miércoles y lunes, de apacibles viernes, jueves y sábados, y de plácidos domingos.

“Parásitos”

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor Autopsia.

Hay una película del mismo título más interesante que la oscarizada de Bong Joon-ho.

El diccionario de la RAE recoge en su tercera acepción que un “parásito” es una “persona que vive a costa ajena”, por lo tanto, quienes viven una normalidad definida por una serie de privilegios obtenidos a costa de los derechos que les han restado a otras personas, son unos parásitos.

Y los hombres actúan como parásitos de la convivencia por haberle quitado a las mujeres la posibilidad de ser y de llegar a ser, y haberlas dejado limitadas a los roles y escenarios que su cultura androcéntrica ha levantado sobre la identidad femenina para que ellos pudieran tener más espacio en lo público, más trabajo en el mercado, más salario en el trabajo, más responsabilidades en la toma de decisiones, más tiempo a lo largo de cada día, más impunidad en la violencia, más invisibilidad frente a las críticas, más reconocimiento ante las acciones… En definitiva, para que los hombres tuvieran más poder que las mujeres.

El machismo es un sistema parasitario de la sociedad que a diferencia de lo que ocurre en la naturaleza, donde lo micro parasita a lo macro, cambia los papeles y hace que el huésped, que es la cultura que recibe a quien llega a su seno, actúe como parásito de la persona. De ahí la dificultad para detectar el problema. Si todo el organismo es quien parasita a alguna de sus partes, la propia fisiología vendrá caracterizada por las consecuencias de ese parasitismo y estas no se verán como alteraciones, sino como normalidad. Los síntomas que produce serán rasgos, y los signos elementos propios del sistema. Esta es la razón que hace de la “normalidad” la referencia que lo define, y que sea capaz de integrar como algo propio los resultados de ese parasitismo, hasta el punto de permitir que las mujeres que sufren violencia de género digan lo de “mi marido me pega lo normal”, o que cuando una mujer cobre menos que un hombre se entienda que es lo propio, porque como manifestó el eurodiputado polaco de ultraderecha, Janusz Korwin-Mikke, ellas deben cobrar menos por ser “más débiles y menos inteligentes”; el mismo razonamiento que lleva a entender que la paridad es una injusticia y las cuotas para conseguirla una imposición contra los hombres, pero, en cambio, que no se ve nada anómalo que el 90% de los directivos de las empresas más importantes sean hombres, como si la relación “hombre-poder” u “hombre-capacidad” fuera lo “normal”.

La desigualdad es eso. Si no hay Igualdad entre hombres y mujeres es porque los primeros tienen una posición de superioridad y ventaja respecto a las segundas,y cuando en una sociedad que tiene los tiempos, las funciones, las responsabilidades, los espacios… definidos y tasados, hay quien tiene más que otras personas, es porque esas ventajas se han conseguido sobre las desventajas del otro grupo. El poder y los privilegios de los hombres se han levantado sobre la merma y las limitaciones de los derechos de las mujeres, y se ha hecho de forma estructural a través de ese sistema parasitario de la sociedad que es el machismo y su cultura patriarcal.

Si las mujeres, como demuestran a diario, pueden hacer lo mismo que los hombres, y no lo han hecho a lo largo de la historia, es porque no las han dejado hacerlo. Y no se lo han permitido porque de haberlo hecho se habría descubierto la falacia presentada como normalidad que es el machismo parasitario.

Por eso no hay neutralidad, porque si dejamos la situación tal y como está, el parásito seguirá absorbiendo la energía de la convivencia y generando desigualdad. Y por esta razón los hombres deben posicionarse y actuar contra el sistema, porque si no lo hacen, con independencia de que cada uno de ellos tenga más o menos beneficios, el sistema seguirá actuando en contra de lo común. Los hombres deben decidir si quieren ser parásitos sociales o huéspedes en convivencia con la Igualdad y la Democracia.

El feminismo lleva siglos actuando como desinfectante del machismo con el objeto de desparasitar la desigualdad y la injusticia de nuestra sociedad. Si los hombres beben unas gotas de feminismo, y lo hacen a diario, podrán purgar el machismo que llevan dentro, y eliminar el germen de esa identidad parasitaria que la cultura ha depositado en los intestinos de la masculinidad.

No produce alergias ni da reacción, el feminismo es salud en Igualdad.

La revolución pendiente: tierra e igualdad (I)

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en Huffpost

Dado el fracaso de la escucha y el entendimiento, la humanidad, desde el Neolítico hasta nuestros días, ha tenido que crecer a base de revoluciones. Habría sido más sencillo y menos traumático si en lugar de revolucionar la realidad hubiéramos evolucionado con ella, pero quienes han estado en posiciones de poder siempre han mostrado su rechazo a modificar las circunstancias que les proporcionaban sus privilegios, de ahí su resistencia a cambiar y su fidelidad a la tradición y a lo conservador.

Las revueltas con las que habitualmente se identifican las revoluciones sólo son su escenificación, la última fase de todo un proceso más profundo, y reflejo de la necesidad de romper las imposiciones que impedían los cambios y transformaciones.

Si nos adentramos en todo el proceso revolucionario que conduce a la última expresión de su manifestación reivindicativa, nos encontramos con una serie de fases que podríamos resumir en seis etapas:

  1. Situación de abuso. No es sólo la existencia de diferencias y desigualdades, sino su utilización para obtener ventajas y privilegios en ese contexto donde se establecen las relaciones abusivas. Cuando el abuso se hace desde posiciones de poder consigue tres características muy importantes: se extiende a amplios sectores de la sociedad, se estructura como parte de determinadas circunstancias, y se normaliza bajo ciertas justificaciones y razones. Todo ello lleva a la invisibilidad y a que el tiempo sea un argumento de su “normalidad”.
  2. Conciencia de injusticia. El poder nunca es para siempre, por eso desde el poder han necesitado a las religiones para mantener la promesa al tiempo que iban adaptando la estrategia a los nuevos tiempos que llegaban. Pero a pesar de ello, el ser humano y sus ideales siempre están por encima de la opresión y la mentira, de ahí que antes o después tomen conciencia de la situación de injusticia que viven y respondan ante ella.
  3. Resistencia individual. A partir de ese momento y conforme se comparten los elementos críticos contra el abuso y la injusticia, comienzan las resistencias individuales, generalmente por parte de quienes viven directamente el daño de esa “normalidad abusadora”.
  4. Posicionamiento crítico. Elementos como la conciencia sobre el problema, las resistencias individuales, y el aumento del conocimiento sobre el significado de la injusticia, llevan al pensamiento crítico y a la coordinación de iniciativas con un doble objetivo: por un lado, organizar la resistencia, y por otro, actuar contra las causas del abuso.
  5. Activismo y reivindicación: A partir de esa plataforma organizada comienzan las acciones contra el modelo y las circunstancias que originan el problema con un doble sentido: la actuación estratégica dirigida a determinados elementos del sistema que tengan impacto como agitación de sus estructuras, sobre la conciencia de la sociedad. Frente a estas acciones se producen reacciones del propio sistema que deben ser abordadas en esta fase.
  6. Revolución, tal y como se visualiza a través de las protestas y revueltas. Conforme el abuso persiste, la crítica al mismo aumenta, el ambiente se llena de acciones individuales y coordinadas, las reacciones contra ellas se multiplican e intensifican… la conciencia de injusticia aumenta. Este contexto permite la ampliación a posiciones cada vez más lejanas al problema, y definir los elementos comunes que existen frente a otros abusos e injusticias que se expresan en otros ámbitos, a veces muy distintos. A partir de ahí la revolución ya es una realidad en cuanto a su dimensión, causas, implicación y significado.

Reducir una revolución a esta última fase tiene dos consecuencias:

  1. Por un lado, se le quita el significado que la envuelve para abordar sólo el resultado que da lugar a la movilización final, pero sin actuar sobre las causas que originan ese resultado. De esa forma, la construcción de abuso como estrategia de poder se limita a una corrección de sus efectos, pero los factores y circunstancias que los originan permanecen igual, y el abuso y la injusticia podrán continuar de otra forma.
  2. Por otro lado, si se toma como “revolución” sólo la fase última de las movilizaciones, todos aquellos procesos transformadores críticos que no lleguen a esta última fase serán presentados como revueltas y conflictos particulares, y como una amenaza contra el modelo de poder que genera los abusos y la injusticia en diferentes contextos y frentes. Esta situación derivada de la manipulación no debilita al modelo a pesar de la crítica, sino que lo refuerza por medio de la amenaza.

El ejemplo lo tenemos cerca: las protestas de los trabajadores y las trabajadoras del campo, no sólo de los agricultores, nacen del abuso y la injusticia de un modelo económico que necesita del abuso de la tierra para mantener la estructura de poder que genera más beneficios a quien más tiene. Y la forma de hacerlo con la tierra es el dominio y la amenaza, argumentos que entienden muy bien y paralizan a quienes se levantan cada día con la amenaza del tiempo, de las plagas, de los precios… La industria se puede abrir o cerrar, trasladar a un lugar o a otro, establecer turnos o limitar los horarios… pero el campo no. Y aunque se juega con algunos de estos elementos, como por ejemplo traer productos de otros lugares, al final el resultado no es el mismo: no es igual un tomate de un país lejano que el de nuestra tierra, en cambio un tornillo si es el mismo se fabrique aquí o en Asia.

La legitimidad de una revolución no está en las fases que se siguen, sino en las razones que la mueven. La revolución de la tierra es necesaria por justicia y por ética democrática. Una sociedad no se puede alimentar del sudor frío de la impotencia y la frustración de quienes viven en la desesperanza de la esperanza, y nuestra sociedad lo lleva haciendo desde hace siglos.

Quienes somos de pueblo y hemos tenido la suerte de echar jornales en verano lo hemos vivido en primera persona, y lo hemos escuchado con la bondad de las palabras de quienes sólo aspiraban a un día más, pero con dignidad.

La tierra está cerca de culminar su revolución, pero se equivocaría si piensa que la solución sólo está en la corrección de los precios de toda una estructura de poder basada en el abuso y la injusticia. Si se limitan a corregir sólo ese resultado, el modelo de poder construido desde la visión androcéntrica ya se encargará de establecer otro mecanismo para seguir con el abuso de quienes deben estar en las posiciones inferiores de su jerarquía. No por casualidad el machismo, esa cultura patriarcal que nos envuelve, surgió en el Neolítico junto a la agricultura, y tampoco es casualidad que el feminismo plantee una transformación radical de la cultura, no sólo corregir algunas de sus manifestaciones. Pero de eso hablaremos otro día.

Hoy termino recomendando escuchar de nuevo las canciones de Jarcha, y no estaría mal comenzar a hacerlo con Esclavo de la tierra.

Patrick Zaki

patrick-zaki.pngPost escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor Autopsia.

Patrick, Eva, Carla, Carolina, Rocío, Carmen, Pedro, Christine, Andrea… al entrar en el aula y ver al grupo sentado en sus pupitres, ya se percibe que hay algo diferente en esos ojos bien abiertos y en la sonrisa impaciente que pide que comience la clase, porque un máster de género e Igualdad es distinto al resto, no es sólo el conocimiento y la habilitación que aporta lo que mueve a su alumnado, también es el compromiso para cambiar la realidad injusta de la desigualdad que nos envuelve.

Y Patrick Zaki lleva varios días sin acudir a clase…

El patriarcado siempre ha sido claro en su estrategia, y cuando desarrolla la opresión de un pueblo sobre el desconocimiento no quiere que los niños y las niñas vayan a la escuela, y si van las intentan matar, como ocurrió con Malala Yousafzai. Y cuando ejerce esa opresión desde un patriarcado violento con la complicidad de la normalidad cultural no quiere estudiantes de género ni activistas en las calles, y si los encuentran los detienen, como han hecho con Patrick Zaki.

La debilidad de un sistema opresor se demuestra en la violencia que emplea frente a quien lo cuestiona. Un país levantado sobre el machismo está más preparado para responder al ataque de un ejército que a las palabras de un activista. Sabe que las tropas pueden ser vencidas, pero las ideas y los valores no se pueden retener ni encarcelar. En el fondo, si se produce el ataque de un ejército sólo es cuestión de intercambiar balas, bombas y misiles, pero si llegan nuevas ideas hay que dar razones, y quienes viven en la sinrazón de un poder machista sólo saben responder de un único modo: con la fuerza y la violencia. Da lo mismo que sea ante un ejército que frente a la Igualdad y la Diversidad, para ellos los Derechos Humanos son un ataque como lo son las balas y misiles.

Quien ve un peligro en Patrick Zaki tiene miedo, pero no es un miedo a sufrir daño, sino a ser descubierto en su mentira opresora que hace pasar la desigualdad como normalidad. Por eso cuando se detiene a personas como Patrick Zaki quien actúa no es un policía determinado ni un juzgado concreto. Quien responde es todo el sistema, y lo hace para lograr un doble objetivo, por un lado, castigar a la persona que forma parte de las posiciones críticas a su modelo, en este caso Patrick, y por otro, reforzar el mensaje crítico y amenazante contra cualquier alternativa a través de tres elementos claves: uno, generar dudas sobre las personas que forman dicha alternativa y presentarlas como una amenaza al orden establecido. Dos, desviar el foco sobre las injusticias, desigualdades y violencia denunciadas por estos movimientos para que el debate se centre en la situación individual, no sobre el problema social. Y tres, reforzar el marco de significado al presentar su actuación como una forma de proteger a la sociedad convencida.

El gobierno egipcio ya ha conseguido jugar con esos tres elementos para consolidar sus planteamientos, y lo ha hecho sobre la detención injusta de uno de sus ciudadanos, algo inadmisible desde la democracia y el respeto a los Derechos Humanos.

No podemos permitir que las relaciones internacionales y la diplomacia se construyan sobre la pasividad ante el ataque a los Derechos Humanos, especialmente cuando este ataque se dirige contra la Igualdad y cuando quienes los sufren son las mujeres y los grupos que se encuentran en situación de vulnerabilidad por su activismo, como ha ocurrido con Patrick Zaki. Y sucede en Egipto, pero también en Latinoamérica, en EEUU y en la UE, donde países como Hungría han suprimido los Estudios de Género en las universidades, o en cualquier otro país, incluyendo España, en los que la ultraderecha hace causa común en el ataque a la Igualdad y a la Diversidad.

Quien no cumpla con unos mínimos democráticos y no respete los Derechos Humanos no puede formar parte de la realidad social y política que hemos decidido compartir, porque su objetivo no es lograrlos, sino evitar que se consigan para mantener sus privilegios particulares a costa de los derechos del resto. No hablan en nombre de la sociedad, sino en el de sus intereses, y es algo que no podemos permitirnos por su significado, ni aceptar por el retraso que supone para el logro de la Igualdad, un retraso que no se traduce en días de más, sino en vidas de menos.

Si para lograrlo hay que romper relaciones, pues habrá que romperlas; no con el objeto de apartar a nadie, sino para que el diálogo se establezca desde posiciones claras y sin manipular a la ciudadanía de los países que utilizan el nombre de los Derechos Humanos para no respetarlos. Es lo que ahora ocurre con la UE, donde parece que todos los países abrazan sus valores fundacionales y la “Carta de Derechos Fundamentales de la UE” (2016/C 202/02), en la que la Igualdad está incluida en su Título III, las Libertades en el II y la Dignidad en el Título I, y luego se permite que determinados Estados Miembros no los respeten y que otros directamente los ataquen, al tiempo que hacen creer a sus pueblos y a la comunidad internacional que los respetan al formar parte de una Unión que los ensalza.

No tiene sentido que un país no pueda formar parte de la Unión si no cumple una serie de criterios económicos, y que sí pueda hacerlo incumpliendo los Derechos Humanos. ¿Por qué se acude al argumento del “respeto a la soberanía de cada país” para justificar la quiebra de los Derechos Humanos, pero no para el desarrollo de políticas económicas?  Si no se marcan de forma clara las líneas del terreno de juego, quienes llevan siglos sin respetarlas seguirán haciéndolo, y si hay algo que no nos podemos permitir es construir el futuro sobre la debilidad del presente en lo que respecta a la Igualdad y al resto de Derechos Humanos. Y hoy el machismo y sus instituciones, como lo han hecho a lo largo de toda la historia, de nuevo lanzan el mensaje de que” la Igualdad puede esperar”.

Ese contexto es el que lleva al abuso con la conciencia de que no tendrá consecuencias, y a que decidan detener y retener a Patrick Zaki o a cualquier persona que les resulte molesta, para castigarla y hacer de él un buen argumento a la hora de defender su modelo y de dar una lección al resto de la sociedad.

La Igualdad no puede esperar, como tampoco puede hacerlo Patrick Zaki. Las palabras ya han sido dichas, ahora hay que pasar a las acciones para que sea liberado. La UE no puede tolerar que uno de sus estudiantes sea detenido en gran medida por cursar un máster Erasmus Mundus como el GEMMA. El ataque que significa la detención de Patrick Zaki en este contexto no sólo es contra su persona, también va dirigido contra la universidad por hacerla cómplice de trasmitir las ideas por las que ha sido privado de libertad, y contra la propia UE por impulsar este tipo de programas.

Querido Patrick, tus compañeras y compañeros del máster y las Universidades de Granada y Bolonia, pero también las otras que forman parte del GEMMA (Lodz, Oviedo, Utrecht, York y la Central europea de Budapest), te esperamos.

Un hombre solo, una mujer sola

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor Autopsia.

Según la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona, se absuelve al hombre que se masturbó mientras otros cinco hombres agredían sexualmente a la víctima, porque “no podría haber hecho nada efectivo para evitar los delitos, cometidos por una pluralidad de hombres y en un descampado alejado de zonas habitadas donde poder encontrar auxilio, fuera para detener los ataques a la víctima o en caso de enfrentarse solo a los ataques, evitar la posible reacción agresiva contra él”.

Es decir, la actitud pasiva de un hombre solo ante la escena de la violencia ejercida por cinco hombres, justifica su inacción ante la posibilidad de que la conducta violenta de los cinco se volviera contra él, mientras que la actitud “pasiva” de una mujer bajo los efectos del alcohol y el hachís que está siendo agredida físicamente y sufriendo violencia sexual por esos cinco hombres, con la suficiente consciencia como para, según se deduce de la sentencia y de los hechos, obligarla a practicar dos felaciones tras las múltiples relaciones sexuales contra su voluntad, y poder expresar quejas durante los hechos (como dicen los propios agresores por Whatsapp), no justifica su “teórica pasividad”, hasta el punto de que los hechos han sido considerados como abuso sexual, en lugar de “violación” (agresión sexual).

O sea, según se concluye la sentencia, un hombre solo que contempla unos hechos violentos protagonizados por cinco hombres puede ser intimidado por la posibilidad de que esa violencia se vuelva contra él, mientras que la mujer que está sufriendo esa violencia por los mismos cinco hombres no es intimidada, ni por dicha conducta violenta ni por la posibilidad de que se agrave ante sus resistencia, como por desgracia ha ocurrido con otras mujeres como Laura Luelmo, Diana Quer o Leticia Resino en un pueblo de Zamora.

Dos son los elementos que deben tenerse en cuenta a la hora de valorar unos hechos de este tipo:

  1. El primero de ellos es la necesidad de ajustar el Código Penal a lo que dice el propio Código Penal. Si se trata de “delitos contra la libertad sexual”, la circunstancia que define el hecho es el consentimiento para mantener la relación sexual, no la forma de quebrar el consentimiento o de evitarlo. El modo en que se haga podrá matizar y agravar más o menos la pena, pero no definir la existencia de un delito que viene conceptualizado por la necesidad de contar con dicho consentimiento como reflejo de la libertad de la persona para mantener o no relaciones sexuales.
  2. El segundo se trata de acercar la realidad teórica del enunciado de la ley a las circunstancias concretas de unos hechos. La manera de expresar el rechazo a las relaciones sexuales y la negativa del consentimiento a mantenerlas no es una cuestión teórica y rígida, sino que ha de ajustarse al contexto en el que se producen los hechos, desde una doble perspectiva: la situación de la víctima y las características de del entorno. Y si una víctima está intoxicada, al margen de que ya es una situación que no cuenta con su consentimiento, tal y como hemos recogido en el punto anterior, hay que tener en cuenta las formas en que ese rechazo se puede expresar. En el caso analizado, las “quejas” que los propios agresores recogen en su Whatsapp ya son indicios suficientes para demostrar que no había consentimiento. Pero si, además, se tiene en cuenta el otro elemento, las características de un contexto solitario y aislado capaz de intimidar a un hombre que contempla la violencia que ella sufre, la manera de expresar el rechazo debe ajustarse a ese contexto, y la no expresión no puede significar nunca la existencia de un consentimiento o la ausencia de violencia. Pero si persisten las dudas sobre el significado de lo ocurrido, hay que tener en cuenta el resultado de lo ocurrido y su impacto psicológico sobre la víctima. Y cuando unos hechos y el escenario que originan no son traumáticos, no tienen por qué generar un “trastorno ansioso-depresivo” que tres años después de la agresión aún requiere terapia.

Los agresores sabían que iban a violar a la menor, por eso esperaron el momento en que estuviera lo suficientemente intoxicada para manipularla y trasladarla sin excesivos problemas hasta la nave del descampado, una vez allí se organizaron para agredirla sexualmente por turnos, y luego, a pesar de las quejas mostradas durante las relaciones por vía vaginal, obligarla a que le practicara una felación a dos de los agresores. Y mientras que la conducta de los agresores es perfectamente coherente con el objetivo criminal buscado, a la víctima se le exige que exprese su consentimiento o su rechazo de una forma que las propias condiciones en que se encuentra le imposibilitan expresar, y no se tienen en cuanta las “quejas” y el silencio derivado de una situación capaz de intimidar a un hombre que participaba en la escena, aunque según la sentencia no en los hechos. En cambio, sí se tiene en cuenta que “sólo recuerda flashes” de la agresión, como si la memoria tuviera que ir siempre ligada a la realidad de lo ocurrido, máxime cuando las propias circunstancias de los hechos dificultan e impiden la fijación de los recuerdos.

La OMS define la violencia como, “el uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”. Es decir, la violencia viene definida por el uso de la fuerza física o el poder, no sólo de la fuerza física

¿Alguien cree que los cinco agresores no eran conscientes de la situación de poder que les daba abordar en la fiesta a una menor intoxicada, trasladarla a un lugar solitario y alejado, y allí forzarla a mantener relaciones sexuales con los cinco, y a practicarle una felación a dos de ellos?

Hay que cambiar el Código Penal, pero sobre todo hay que cambiar la mentalidad y las referencias de una cultura machista que interpreta la realidad de manera coherente con lo que hace que sea de ese modo, para luego negarla.