“No a la guerra”. “Sí al acoso”.

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

Nadie, ni en Hollywood ni en Europa, dijo que se podía caer en una especie de buenismo ni de debilidad general por defender la paz frente a la guerra. Ninguno de los actores y actrices que en su día ocuparon las plateas y escenarios protestando contra la guerra de Irak se encontraron con manifiestos pidiéndoles “prudencia”, o hablando del riesgo de caer en una especie “ñoñería global” que restara intensidad y sentido a las relaciones internacionales.

Nadie duda de que hablar de la guerra es diferente a hablar de lanzar misiles de prueba, a comentar el diámetro del botón nuclear o a lanzar amenazas sobre el estallido de un posible enfrentamiento. Y tampoco nadie deduce que hablar contra la guerra se va a traducir en un abuso por parte de los pacifistas para denunciar “falsas guerras” por todas las esquinas del planeta.

Y tampoco se entiende que situaciones previas a las guerras, como cuando se produce algún ataque aislado, o se lleva a cabo un bloqueo comercial, o se invade parte de un territorio… forman parte de una estrategia de “negociación” de buen rollo, de esas que “ponen cantidad” y despiertan el interés en quien en un principio no lo tenía, hasta finalmente llegar a un encuentro maravilloso entre las dos partes. Todo lo contrario, cada una de esas acciones se ven como actos violentos necesariospara desarrollar y avanzar en una violencia más grave, y serán reprobados individualmente con independencia de que tras algunas de estas acciones pueda surgir un acuerdo y una buena relación comercial entre los países implicados.

Y no tiene sentido, porque no estamos hablando de “formas de relacionarse” en libertad e Igualdad, sino de agresiones y de guerra.

En cambio, cuando se habla de violencia sexual y de acoso, se plantea que de lo que se habla es de flirteo, y que no aceptar la violencia históricamente normalizada puede llegar a afectar a las relaciones hasta acabar en un “puritanismo sexual”.

Este planteamiento que, ¡oh casualidad!, una vez más surge de manera “espontánea” por parte de un grupo de mujeres que en todos estos años de acoso y violencia sexual no sólo no han sacado ningún manifiesto contra el machismo, sino que entre las firmantes hay quien ha apoyado a Roman Polansky tras reconocer la violación cometida sobre una menor, sólo tiene sentido si se dan por válidas dos premisas:

  1. La primera es situar los límites en el propio acosador, al entender que en una relación es normal la “insistencia” y el “exceso” intimidatorio y violento, siempre y cuando que quien lo lleve a cabo no lo vea así.
  2. La segunda es aceptar la idea de que las mujeres son “manipuladoras, perversas y poco inteligentes”, hasta el punto de no saber diferenciar una relación de una agresión, y de utilizar la situación para denunciar falsamente a los “pobres y bien intencionados hombres”.

Como se puede comprobar, ambos planteamientos son una trampa, pues, en definitiva, suponen aceptar lo que ya la cultura machista ha dicho que es normal bajo los mitos e ideas que llevan a entender que en un encuentro entre un hombre y una mujer, “no es sí tras la correspondiente insistencia”.

Todo está relacionado con una visión romántica del amor que acepta que la violencia forma parte de él, hasta el punto de plantearlo en frases como, “los celos son amor”, “quien bien te quiere te hará llorar”, “hay que aguantar y perdonar por amor”…Y esa misma visión romántica es la que lleva a presentar la guerra como un “acto de amor”: amor a la patria, a unas ideas o valores, a un modelo de sociedad, a la libertad… no como un instrumento de odio y poder de quienes pudiendo utilizar sus posiciones privilegiadas para negociar e influir, prefieren atacar, imponer y someter. Exactamente lo mismo que prefieren en las relaciones de pareja.

Todo forma parte del machismo omnipresente e invisible, por eso no es casualidad que esa misma cultura concluya que “en el amor y en la guerra todo vale”. Es justo lo que necesita para desarrollar sus estrategias.

El manifiesto de las actrices francesas es eso, poner de manifiesto las influencias y las largas manos de un machismo que dice a los hombres lo que tienen que hacer y a las mujeres cómo han de ser.

Como se puede observar, la utilidad de ese manifiesto no buscaba poner de relieve una forma diferente de ver las relaciones entre hombres y mujeres, ese era su enunciado, la verdadera utilidad era generar la duda, debilitar la respuesta global que se ha producido contra el acoso sexual, y otorgar al machismo el argumento de que las “propias mujeres” y el “propio feminismo” están en contra de lo que las “feminazis radicales” y su “feminazismo anti-hombres” proponen.

El machismo no está dispuesto a ceder su posición de poder ni a renunciar a sus privilegios, y todas las reacciones orquestadas son un ejemplo manifiesto de ello. Por muy intensa que sea la acción contra el machismo nunca se debe menospreciar su reacción.

<https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/01/14/no-a-la-guerra-si-al-acoso/&gt;

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El 016 y los hombres

Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

 

Los hombres ya llaman al 016, no sé de qué se preocupa el Gobierno, concretamente el 25% de todas las llamadas que se realizan a ese número son llamadas insultantes, amenazantes, obscenas… realizadas fundamentalmente por hombres. Estas “llamadas maliciosas” suponen unas 416.000 en el periodo 2008-2015, según recoge el “IX Informe del Observatorio Estatal de Violencia sobre la Mujer 2015”.

Unas llamadas maliciosas que, por cierto, han disminuido de manera significativa tras la desaparición del Ministerio de Igualdad y de las políticas dirigidas a erradicar la violencia de género y la desigualdad, no a gestionar la desigualdad existente con sus diferentes manifestaciones. Durante los años del Ministerio de Igualdad (2008-2011), la media anual de estas llamadas insultantes fue de 80.212, y en los cuatro años siguientes de 24.948, es decir se produjo un descenso de 68’9% que demuestra cómo su origen está en el odio hacia esas políticas de Igualdad y lo que representan en cuanto a significado y cuestionamiento del machismo.

Pero hay otro dato muy interesante también sobre el posicionamiento de los hombres ante el 016, y nos lo da el dato sobre el porcentaje de hombres que llama cuando quien realiza la llamada no es la propia víctima. Porque cuando llaman personas del entorno de la mujer que sufre la violencia, el 74’9% son mujeres. Los hombres deben estar muy ocupados realizando llamadas obscenas e insultantes para detenerse un momento y llamar para intentar ayudar a una madre, hija, hermana, amiga o compañera maltratada por otro hombre. El dato es terrible, puesto que refleja el diferente significado que los hombres dan a la violencia de género a partir de las referencias que establece la cultura machista para presentar los casos como factores contextuales en los que la víctima actúa como propiciatoria de la violencia.

La pregunta es sencilla, ¿qué clase de referencias manejan estos hombres para estar tan lejos de la realidad de la desigualdad y su violencia, y tan cerca al silencio ante esta cruel y dramática expresión?. ¿Qué masculinidad u hombría hace que se prefiera callar y dejar que continúe la violencia dirigida contra una madre, una hermana, una hija, una amiga o una compañera?. ¿Es más importante defender a otro hombre,que además es maltratador, que a una mujer que sufre su violencia?.

Todo eso es lo que es capaz de generar el machismo como parte de la normalidad, tan normal la situación que el mismo Gobierno que tiene dificultad para sumar los casos de mujeres asesinadas y deja algunos en investigación, o no incluye dentro de las estadísticas de violencia de género asesinatos como el de Laura del Hoyo, asesinada por Sergio Morate junto a su exnovia Marina Okarynska en Cuenca en agosto de 2015, no tiene dificultad alguna para presentar y unir junto a la violencia de género otro tipo de iniciativas, como las que ahora plantea para el 016.

¿Se imaginan que el teléfono de emergencias 112 incorpore ahora información sobre cuestiones generales que puedan estar en relación con alguna posible emergencia futura, como por ejemplo un servicio de asesoramiento sobre el tipo de neumático más conveniente para los coches a partir del uso que se vaya a hacer de ellos, o sobre el tipo de calzado a la hora de practicar determinados deportes…?

¿Creen ustedes que el Gobierno se atrevería a unificar en el teléfono de la DGT toda la información sobre aeropuertos, trenes y barcos, bajo el argumento de que “todo es tráfico”?…

Es tan absurdo como mezclar cuestiones generales sobre Igualdad que afectan a hombres con la atención e información sobre violencia de género. Pero siendo absurdo no es un error, sino parte de su estrategia.

Porque el Gobierno del PP, según se desprende de sus decisiones, desde que llegó al poder intentó dejar atrás la idea de “violencia de género” para acercarse a la de “violencia doméstica”, y de esa manera ocultar las circunstancias específicas que tiene al violencia dirigida contra las mujeres y la construcción cultural que da lugar a ella. Se vio nada más empezar en la condena que hizo la ministra Ana Mato tras los primeros homicidios cometidos con ella al frente del Ministerio, que habló de “homicidios en el entorno familiar”. Lo tuvo que dejar ante las críticas que se levantaron contra ella, pero rápidamente trabajaron para incluir como víctimas directas de la violencia de género a los niños y niñas, cuando la Ley Integral ya lo contemplaba, pero no en su artículo primero para evitar confundir con el significado de la violencia de género, que se dirige contra las mujeres, aunque también se pueda hacer a través de los hijos e hijas. Y ahora lo han vuelto a intentar al incorporar como usuarios a los hombres en un teléfono dirigido a atender a las mujeres que sufren la violencia machista, pues si logran superar este primer obstáculo, el siguiente paso será incluir a los hombres como víctimas de la “violencia doméstica”, y completar de ese modo la desnaturalización del 016 y de la propia violencia de género, que volvería a ser “doméstica o familiar”.

Y todo ello al más puro estilo posmachista, argumentando que se hace en nombre de la “verdadera Igualdad”, no la que plantea el feminismo que “sólo busca ayudar a las mujeres para enriquecerse con las subvenciones”.

Que se trata de un error es indudable, la única duda que tengo en este momento es si se debe a un desconocimiento profundo sobre lo que es y significa la violencia de género, o si parte de esa estrategia perversa para desnaturalizar la violencia de género y transformarla en “violencia familiar o doméstica”. Aunque ahora que lo pienso, las dos opciones no son incompatibles.

Y todavía hay quien no entiende por qué pedíamos un pacto de Estado contra el machismo, no sólo contra la violencia de género.

 

https://miguelorenteautopsia.wordpress.com/2018/01/09/el-016-y-los-hombres/

 

 

Los Golpes del Silencio

Pedro Miguel Molina Avilés-  Universidad de Granada

 

Otra noche como siempre

Mientras tu comes tu cena,

Vuelves a sentir dolor y golpes,

La oyes llorando de pena

Y otra vez, como siempre,

Dices que ese no es tu problema,

Que no vas a ser tu quien medie

En las “riñas” de pareja.

 

No puedes dormir, no encuentras el sueño

Llevas horas dando vueltas en la cama

Y en el fondo te entiendo,

Tu conciencia está herida, dañada,

No te deja descansar,

Porque sabes que ella está siendo forzada,

Que le esperan varias horas de tortura,

Y tu mientras, desde tu cama,

Sientes los golpes de esa cuna

Que ella mueve con calma,

No quiere que su niña vea esa locura,

No quiere que la vea derrotada.

 

Bien temprano de mañana,

Te la encuentras al venir de la compra,

Le sujetas la puerta del ascensor

Y le ayudas a cargar las bolsas,

Calmas tus remordimientos

Creyéndote buen vecino,

Sabiendo que lo único que estás haciendo

Es perdonarte a ti mismo.

 

Hace tiempo que no la ves,

Hace tiempo que ella no sale a la calle,

Que solo lo ves a el

Y cuando te armas de valor y le preguntas por ella,

El dice que ella no sale mucho,

Que es mas bien casera,

Y sabes que tu eres igual de cobarde

Que ese hombre que le pega,

Ese que siempre va a saludarte

Con su mejor sonrisa,

Ese que parece tan amable

Y que a ella aterroriza.

 

Ha pasado mas de un mes

Desde que sentiste aquella paliza,

Y hoy la vuelves a ver

Esta muy delgada, su piel es color ceniza,

Su risa lleva tiempo apagada

Ella ya no se maquilla,

Siempre lleva sombra de ojos color morada

Y “colorete” en las mejillas,

Anda con la cabeza agachada

Sin hacer ruido, de puntillas

Como si tuviera miedo de ser golpeada,

Hasta ante el suelo se muestra sumisa,

Será porque sabe que es tan duro y frío,

Sera porque sus huesos lo han probado

Y  han salido doloridos.

 

Maldito cobarde vecino,

Por ver como la vida le robaban

Y no haber sido capaz de denunciar,

De enfrentarte a ese miserable,

De preguntarle a ella como está,

Maldito cobarde, maldito cretino

No quisiste darte cuenta,

La entregaste a su destino,

Nunca acudiste en su ayuda

Siempre hiciste oídos sordos,

Y ahora lloras en su puerta,

Llevas flores, llevas velas

¿Y ahora que ya ha hablado esa escopeta

Sales a ayudarla?

¿Ahora que su vida ya es ausencia,

Ahora que  ya no le hace falta nada?

Ahora quieres calmar tu conciencia

Y llevas su cuerpo en volandas,

Te manchas con su sangre

Intentas reanimarla,

Pero ahora ya es demasiado tarde,

Al final logró matarla

Y tu eres casi tan responsable

Como quien disparó aquel arma,

Por haber decidido callarte,

Mientras el la maltrataba.

 

Fotografía Seleccionada en la I Edición Calendaria 2017 – Marta Gómez Macías

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fotografía Marta Gómez Macías- Seleccionada en la I Exposición Calendaria 2017

 

 

Si Valentín hubiera sido Valentina

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

Sorprende que la misma sociedad machista que utiliza la normalidad para discriminar, abusar y agredir a las mujeres se detenga un día a celebrar el amor, mientras deja que el resto del tiempo pase con la misma violencia que la historia ha hecho posible con cada uno de sus días.

Parece como una excusa, como una sinrazón para darle razón al amor, como una especie de borrón donde lo que importa es la cuenta nueva y no lo vivido hasta ese momento. Soy consciente de que no siempre es así, pero sorprende esa celebración del amor en un día donde lo que se proclama es el gesto y la escenificación del momento sobre el compromiso de la relación.

Quizás si nos vamos al origen de este “día de los enamorados” entendamos mejor su significado “en masculino”.

Antes de nuestra era, en la Antigua Roma, se celebraba la fiesta de Lupercalia dirigida a estimular la fertilidad de las mujeres, la de los hombres, como tantas otras cosas de la masculinidad, no se cuestionaba ni necesitaba estímulo alguno. La celebración consistía en golpear a las mujeres con látigos de piel de cabra y de perro mojados en sangre de esos mismos animales para, de ese modo, aumentar su fertilidad, aunque más bien parecía un rito de iniciación para indicarles que la vida en familia vendría acompañada de esos latigazos verbales y físicos. En el proceso de asimilación de las fiestas paganas que desarrolló el cristianismo, allá por el año 496, el papa Gelasius I prohibió esa fiesta e instauró el 14 de febrero como día de San Valentín, fecha que con el tiempo fue asociada al amor y a la amistad. Sin embargo, no queda claro que la figura del santo existiera en realidad, se dice que fue uno de los mártires de Roma ejecutado por casar a los soldados del imperio, a pesar de que el emperador Claudio “El Gótico” lo había prohibido por considerar incompatible la carrera de las armas con el matrimonio, aunque no hay una confirmación histórica sobre la vida del santo.

La relación de ese día con el amor se reforzó en 1400, cuando el rey Carlos VI de Francia creó la “Corte del amor”, bajo la cual organizaba competiciones cada primer domingo de mes y en el día de San Valentín para que los hombres participantes consiguieran pareja. A partir de ese siglo XV se extendió la costumbre de escribir poemas o “valentinas” entre los enamorados, y en el siglo XIX, en pleno romanticismo, se popularizó en Gran Bretaña la comercialización de tarjetas para las parejas de enamorados, extendiéndose rápidamente a todo el mundo anglosajón.

Como se puede apreciar, el origen del día de san Valentín no deja de ser curioso en su vinculación al amor, pues por un lado aparece asociado a la violencia contra las mujeres, y por otro a su cosificación como trofeos en las “competiciones del amor”, siempre con la satisfacción de los hombres como objetivo. Y todo ello ha quedado oculto por las palabras huecas y el eco oscuro que levantan al pasar por la gruta labrada en nombre del amor, un 14 de febrero.

No es casualidad que cuando el feminismo comenzaba a impactar sobre la sociedad convulsa del XIX y reivindicaba la emancipación de las mujeres, la respuesta de la sociedad machista fuese contrarrestar la crítica recurriendo a los sentimientos, y potenciar la idea del amor romántico para consolidar en nombre de la identidad y las emociones lo que hasta ese momento había sido costumbre y tradición. De ese modo, el papel de las mujeres en las relaciones de pareja pasó de ser presentado como una cuestión de “necesidad y dependencia”, a una decisión tomada por las mujeres desde su teórica libertad y dentro de un proceso natural que el propio romanticismo se encargaba de destacar. Una deriva que culminó luego con la exaltación de esas ideas y valores en la celebración de san Valentín como día, no de las personas enamoradas, sino como día del “amor romántico” con todos sus mitos y trucos, como muy bien nos contó Carolina Martín en su “San Valentín hace trampas”

El problema no es la celebración del amor, sino el significado que se da al mismo y cómo esos mitos construidos sobre la idea romántica del amor y de la relación, con su “media naranja”, con sus “celos son amor”, con “el amor todo lo puede”, con “los polos opuestos se atraen”, con la “ausencia de intimidad y espacio propio”... son los mismos que hoy llevan a normalizar la violencia de género bajo el mito de que “quien bien te quiere te hará llorar”, y hacen a las víctimas responsables de lo que sufren y de tener que resolverlo. Y todo en nombre del amor mientras los hombres siguen con su poder y violencia, eso sí, muy románticos y cargados de flores para la ocasión.

Si Valentín hubiera sido Valentina, es decir, si la celebración del amor sobre el significado que el feminismo y muchas mujeres daban a la realidad en el XIX, cuestionando la falacia de una normalidad de familias perfectas y relaciones idílicas, a pesar de que la violencia formaba parte de ellas, las relaciones se habrían configurado de otro modo y hoy celebraríamos el amor, pero no la idea de un amor romántico y tóxico que tanto daño ha hecho a las mujeres.

Si Valentín hubiera sido Valentina hoy celebraríamos el amor y la relación basada en el compromiso, en el respeto, en la convivencia, en la corresponsabilidad, en la libertad, en la felicidad como proyecto común y lo común como encuentro de subjetividades… porque hoy sería la Igualdad quien definiría esas relaciones.

Algo falla en el modelo de amor romántico, como también escribe Carolina Martín, cuando el 30% de las mujeres del planeta sufrirán violencia por parte de sus parejas (OMS, 2013). Y algo falta en ese modelo de amor cuando en la sociedad y entre la juventud aún prevalece esa idea de amor romántico con todos los mitos que permiten establecer relaciones de poder en las que la violencia forma parte de su normalidad, hasta el punto de que muchas mujeres maltratadas llegan a decir lo de, “mi marido me pega, pero por lo menos le importo”.

Y lo que en verdad falta es Igualdad para disolver hasta la nada el modelo machista de relación y las identidades que llevan a él. Si Valentín hubiera sido Valentina ya lo habríamos conseguido.

MARZO, ABRIL, MACHO Y JUNIO

Miguel Lorente Acosta
Teresa Ortega López
Carolina Martín Martín

Pedro C. López Graos
Unidad de Igualdad de la UGR

calendariaBasta con poner en marcha una iniciativa sobre Igualdad, da lo mismo que sea de acción o de concienciación, para que desde el machismo salten voces hablando de despropósito, de inoportunidad, de despilfarro, de cosas más importantes que hacer, de que va contra algo (contra los hombres, la familia, las instituciones, el lenguaje…). No falla, el caso es atacarla, lo cual es de agradecer, pues junto al impacto y todas las consecuencias positivas que tiene la iniciativa en la conciencia de muchas personas, sirve, además, para desenmascarar a ese machismo silente y permisivo con la desigualdad y sus injusticias.

Recuerdo que cuando estaba como Delegado del Gobierno contra la Violencia de Género en el Ministerio de Igualdad, fui a una reunión formal y me presenté con traje y una corbata de color morado, que como sabéis es el color simbólico del feminismo y la Igualdad. Se me acercó una de las personas que habían sido invitadas y me dijo: “¿qué pasa, es que en el Ministerio de Igualdad os obligan a llevar corbatas de color morado…?” Sonreí y le contesté: “No, me la pongo porque en realidad es un detector de machistas, no hay uno que al verla no se resista  a hacer algún comentario en ese sentido”.

Es lo que ha ocurrido con “CalendariA”, una iniciativa que,  como demuestran los propios hechos, en lugar de ser un calendario más ha conseguido que las miradas se detengan sobre él y su mensaje, una llamada de atención sobre la Igualdad a través de las imágenes seleccionadas del concurso dirigido a la comunidad universitaria “Yes women can” y las palabras de sus autoras y autores. Ese ha sido su éxito nada más salir a la luz. Por un lado, la gran acogida que ha tenido, tanto que en 10 días se han agotado los 1500 ejemplares de papel (sobremesa y pared), y se han producido cientos de descargas desde la Web de la UGR, desde toda España y muchos países de Latinoamérica. Y por otro, el haber desenmascarado el machismo existente que permanece agazapado dentro y fuera de la universidad a la espera de una ocasión sencilla, pues tampoco tienen muchos argumentos como se ve en sus críticas y en los ataques vertidos (personales y de todo tipo), que han aparecido en las redes sociales y algún medio de comunicación. Son críticas que no van contra “CalendariA”, esa es la excusa, en realidad muestran el rechazo a la Igualdad, al feminismo y, por supuesto, a las personas que trabajan en ese ámbito.

Por eso es de agradecer ese doble impacto, pues tan importante es tomar conciencia sobre la Igualdad, como hacerlo sobre el machismo revestido de normalidad e “interés público” que habita en nuestra sociedad, tanto en sus aulas como por sus calles.

Y dentro de ese rechazo visceral a todo lo relacionado con la Igualdad, para el machismo cualquier referencia al lenguaje inclusivo y no sexista viene a ser como el agua bendita para los vampiros. El simple hecho de empezar una reunión o una conferencia con “buenos días a todos y a todas” ya muestra cómo algunos se retuercen en sus asientos, por eso sabíamos que “CalendariA” iba a levantar reacciones y críticas. Nada nuevo. Lo importante es detenernos en el significado de esta reacción y aprender de ella para que se entienda cómo desde el machismo trabajan a diario para que la Igualdad no avance, y ello les exige cuestionar cualquier iniciativa que entiendan que contribuye a detenerse un poco sobre la Igualdad y a posicionarse ante ella. Y “CalendariA” lo consigue, de lo contrario no se habría producido una reacción como la ocurrida sólo por escribir los meses terminados en “A” como parte de una iniciativa de concienciación apoyada en el texto y en las imágenes. No se trata de una crítica a la RAE, ni una propuesta para cambiar el nombre de los meses, tan solo se trata de una llamada de atención para enlentecer el tiempo y coger con la mirada algo de conciencia sobre la Igualdad inexistente y el machismo existente.

Y como se ha conseguido ha molestado al machismo. De ahí lo de la inoportunidad, despropósito, despilfarro, prioridades… siempre es lo mismo, quienes llevamos años trabajando en esta línea ya lo hemos escuchado casi todo, hasta la trampa del tan socorrido argumento de los costes económicos. Si se financia una iniciativa a favor de la Igualdad dicen que alguien se enriquece con ella, y si no se hace comentan que se despilfarra el dinero público, da igual de lo que se trate, puede ser “CalendariA”, una conferencia de una catedrática feminista o un congreso, siempre dicen que los costes o son para financiar al feminismo y que las personas que lo estudian y trabajan se enriquezcan, o que se trata de un despilfarro.

Y sorprende que las mismas personas que han cuestionado la iniciativa de “CalendariA” no digan nada de la publicidad sexista de cada día, de la desigualdad existente, de la violencia de género y el acoso sexual que existe en las universidades, también en la nuestra de Granada, con casos que han aparecido en los medios de comunicación y con otros muchos que llegan a la Unidad de Igualdad o aún permanecen en los pasillos de sus facultades. Llama la atención su silencio sobre esta realidad, que a muchos se les llene la boca de pedir recursos y medios para el PTS y centros de investigación y los nieguen para la Igualdad que ha de abordar situaciones terribles como las apuntadas, y que nunca hayan dicho nada cuando no existía un protocolo para prevenir y responder ante el acoso. Como también asombra su preocupación por los costes de un calendario con los meses terminados en “A” y no por lo que cuesta la violencia de género, que tal y como reflejó el estudio del Instituto para la Igualdad de Género de la UE (EIGE), realizado en 2014, cada año suponen 109.000 millones de euros en toda la Unión. Eso para el machismo es calderilla, en cambio un calendario para concienciar es un despilfarro.

El machismo está dentro y fuera de la universidad, por eso no debe extrañarnos que aproveche cualquier revuelo social para generar más confusión en la propia UGR y cuestionar las iniciativas que buscan que la comunidad universitaria tome conciencia para avanzar en Igualdad.

Desde la Unidad de Igualdad sabemos que “el tiempo a veces queda lejos de cada día”, por eso escapa sin dejar huella ni marca alguna a nuestro alrededor, y por eso hemos querido acercarlo y retenerlo con este proyecto. “CalendariA” es una iniciativa para conseguirlo que ya ha mostrado su éxito en la concienciación y en la detección del machismo. Una idea que surgió de las aportaciones y el trabajo de Carolina Martín, Pedro López y en la que también he participado, y que Sandra Carmona ha sabido plasmar con su creatividad en los formatos de sobremesa y pared con la colaboración de Enrique Bonet. Ese trabajo conjunto de la Unidad de Igualdad y de la Oficina de Comunicación de la UGR es CalendariA, sin duda un buen instrumento para “comunicar Igualdad”.

Gracias a todas, gracias a todos. Y mientras algunos no han sido capaces de pasar de la A de cada nombre, desde Igualdad caminamos “de la A a la Z” para mejorar la convivencia y erradicar la violencia.

En la Unidad de Igualdad lo tenemos claro y somos muy conscientes de la realidad a la que nos dirigimos. Como director de la Unidad agradezco el trabajo, la implicación y el compromiso de las personas que forman parte de ella, un trabajo en el que también hablamos ya del futuro proyecto de “CalendariA 2018”.

 

Machismo hinchable

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalmente en el blog del autor, Autopsia.

El machismo se infla y se desinfla según la ocasión, de esa manera se puede llevar de un lado para otro y utilizar en diferentes contextos sin generar excesivos problemas. El ejemplo más reciente lo tenemos en lo sucedido el pasado 13 de diciembre en la cena de la “Asociación de Exportadores y de Manufacturas”, cuando su presidente, Roberto Fantuzzi, regaló una muñeca hinchable al Ministro de Economía de Chile, Luis Felipe Céspedes, como idea para estimular la economía.

El machismo presente en esos hechos sólo es la culminación de la decisión tomada por las mentes henchidas de machismo que primero tuvieron la idea, y después mandaron comprar la muñeca, la inflaron con su aire lleno de C02, la llevaron a la cena, la escondieron hasta el final, y a los postres, como si se tratara de una dulce decisión, se la entregaron entre risas al Ministro junto a una serie de complementos muy acordes con la muñeca protagonista.

Reconozco que al ver la foto del momento en los medios junto a las referencias al Presidente de la “ASEXMA”, al no conocer con anterioridad la organización, lo primero que pensé por las siglas es que se trataba del Presidente de la “Asociación de Sexistas y Machistas”, después comprobé que no era así, lo cual me sorprendió más aún.

Todos los hombres que participaron del momento con la idea, la conducta, la actitud y las risas que inflaron el ambiente de machismo, luego se desinflaron con las típica falsedad de las palabras impuestas que hicieron referencia a las “disculpas”, al “error”, a la “intrascendencia de los hechos”… toda una serie de frases hechas para quitarle importancia a lo ocurrido sin cuestionar las razones y circunstancias que llevaron a que sucediera. Ya nadie recuerda ninguna de esas frases, pero todo el mundo guarda la imagen de una muñeca hinchable en manos de un Ministro sonriente como argumento para estimular la economía.

¿Creen ustedes que esos mismos hombres están ahora hablando en privado de su error y su equivocación, o más bien estarán haciendo bromas y risas sobre su “genial idea de regalar la muñeca”, al tiempo de criticar el “feminazismo” existente que no admite ni una simple broma?.

La conducta del Presidente de ASEXMA (“Asociación de Exportadores y de Manufacturas”, para evitar confusiones), refleja la idea de que la economía es “cosa de hombres” y que, por tanto, son los hombres los señores de la economía, de ahí el tipo de “estímulos” que consideran oportunos para levantar la economía y lo que haga falta. Por eso no es casualidad que Joan Rosell, Presidente de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales), dijera hace unas semanas que “la incorporación de las mujeres al mercado laboral era un problema”, dando a entender que, de algún modo, llegan para “quitarle” el trabajo a los hombres.

No debemos caer en la trampa de darle más credibilidad a la palabra forzada de las excusas que a los hechos consecuentes con todas las conductas y decisiones que se toman a diario en nombre del machismo en cualquiera de los ámbitos de la sociedad, uno de los más importantes, sin duda, el de la economía. Quienes consideran que una “muñeca hinchable” es una buena forma de representar el estímulo que necesita la economía de un país, son los mismos hombres que dirigen una economía donde las mujeres apenas están representadas en los puestos de dirección de las empresas, y en la que, por el contrario, están sobrerrepresentadas en el desempleo, en las reducciones de jornada para el cuidado de hijos, hijas y familiares, en la precariedad laboral… Una economía en la que para acceder muchas de ellas tienen que sufrir toda una serie de insinuaciones y cuestionamientos sobre si tienen novio, si están casadas o si piensan tener hijos; y todo para llegar a un ambiente laboral en el que sufren acoso sexual y de otros muchos tipos, y en el que, cuando logran permanecer, cobran menos que los hombres por realizar el mismo trabajo como reflejo de la desigualdad y la discriminación que existe en la sociedad.

Todo eso es el machismo, no sólo la muñeca hinchable del Presidente de ASEXMA,(insisto, “Asociación de Exportadores y de Manufacturas”, no “Asociación de Sexistas y Machistas”). Hoy el machismo se ha adaptado a los tiempos para conseguir mantener la estructura de poder jerarquizada sobre la referencia de los hombres sin necesidad de prohibir, limitar o impedir de manera directa el acceso de las mujeres a los espacios públicos que antes sí les estaban vedados bajo argumentos de todo tipo, desde el de la “incapacidad” al de la “falta de una experiencia y formación” que les eran negadas previamente, pasando por la necesaria autorización del marido o el control social que las criticaba por trabajar y abandonar la familia para ello.

El posmachismo, que es la nueva estrategia del machismo, juega con todas esas referencias de la normalidad para mantener el machismo, y criticar sólo los excesos que superan un determinado umbral considerado como inaceptable por la sociedad, pero sin cuestionar todo lo que sucede por debajo del mismo. Es lo que ha ocurrido ahora con la muñeca hinchable de ASEXMA, que ha recibido las críticas por “inaceptable”, pero al mismo tiempo se mantiene sin cuestionar todo el machismo que hay en la empresas y en la economía. Es lo mismo que sucede con la violencia que sufren las mujeres, que sólo se cuestionan las agresiones graves o los feminicidios, sin levantar una crítica sobre los miles de casos de maltrato que se producen cada día, ni sobre el machismo que los alimenta a todos ellos.

Al final la realidad permanece indemne y el machismo se infla y se desinfla según la ocasión, pero nunca desaparece. No tiene sentido que una sociedad critique la escena de la muñeca hinchable y no cuestione la estructura de una economía en la que las mujeres sufren la brecha salarial, la precariedad, la exclusión, el abuso, el acoso… La escena de la muñeca hinchable es inaceptable, pero más aún lo es toda la discriminación que sufren las mujeres en el mercado laboral y en la sociedad.

Todo forma parte de la desigualdad social construida por la cultura machista, y la casualidad no es inocente. ¿Ustedes creen que Roberto Fantuzzi, presidente de ASEXMA, habría sido capaz de regalar al Ministro de Economía un muñeco de piel negra para justificar la necesidad de un régimen similar al de la esclavitud o la explotación laboral con vistas a estimular la economía? No se habría atrevido a hacerlo, y si lo hubiera hecho, ni el Ministro ni ninguno de los presentes se habría reído con la broma. Es más, seguro que ya se habrían producido consecuencias graves sobre los responsables por haberla llevado a cabo.

Lo terrible del episodio de la muñeca hinchable es que es la expresión de la nueva etapa que ha inaugurado Donald Trump con su “machismo exhibicionista”y que ahora vamos a ver con mucha más frecuencia en forma de episodios de machismo inflado y explícito, algo que un tiempo atrás no se atrevían a hacer.

Y el problema no está en esas escenas, sino en lo que reflejan, en todas las ideas y valores machistas que seguirán utilizando la economía, la educación, las creencias, las costumbres, la tradición… para mantener la desigualdad y su injusticia social como parte de una normalidad que se entiende necesaria para la convivencia.

Por eso el compromiso debe ser trabajar para erradicar el machismo, no sólo algunas de sus expresiones. La crítica al machismo y a los machistas no es opción, es razón.

Hombres Trump

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Post escrito por Miguel Lorente y publicado originalemten en el blog del autor, Autopsia.

Donald Trump no es una excepción ni tampoco un hombre raro, tan sólo es un hombre normal que hace y dice lo que muchos hombres normales dicen y hacen en el contexto donde cada uno de ellos se relaciona.

Los comentarios sexistas de Trump y su manera de presentarse ante el resto de amigos como un “hombre capaz”, es la forma habitual en que muchos hombres hablan de las mujeres que están cerca de ellos, y a las que consideran en una posición inferior por ser mujeres y por estar situadas en una estructura de relación jerárquica donde ellos mandan: lo hacen empresarios con empleadas, directivos con secretarias, profesores con alumnas, chavales de fiesta con chavalas en las fiestas… Cuando las circunstancias permiten a los hombres interpretar que se encuentran en una posición de superioridad por ser hombres, por el cargo, o porque el espacio les pertenece, aunque en realidad no sea así, la idea de las mujeres como objetos que pueden usar se potencia de manera exponencial a la interacción de esos tres elementos (hombre, jerarquía, espacio), tanto más cuanto mayor sea ese factor objetivo de poder.

Y cuando esa superioridad se construye sobre el dinero y la política, la sensación de poder para hacer lo que uno quiera, que refleja Donald Trump en sus palabras de vestuario de hombres, es absoluta; porque dinero y poder político son dos elementos objetivos de poder en nuestra sociedad en cualquier circunstancia, no sólo para determinados contextos.

Por eso lo de Donald Trump no es una excepción, todo lo contrario, es parte de la normalidad que cada hombre une a su espacio de relación de manera diferente en razón de sus circunstancias y posibilidades, es cierto que lo hacen con hechos distintos en cada ocasión, pero el significado en todos esos espacios es el mismo. Cuando Trump dice que si eres “rico y famoso” puedes hacer lo que quieras con una mujer, lo que está diciendo no es que puedes hacer lo que quieras con cualquier mujer, sino que siempre encontrarás una mujer para hacer con ella lo que quieras. Es lo mismo que ocurre con el profesor y las alumnas, con el empresario y las empleadas o el directivo con las secretarias; no será con cualquier alumna, empleada o secretaria, pero parten de la base que siempre habrá alguna mujer en esos espacios de relación con la que hacer lo que ellos quieran en virtud de su posición como hombres jerárquicamente superiores. Por eso el machismo ha creado una cultura que permite establecer una estructura de desigualdad y complicidad desde la que poder desarrollar conductas de acoso y abuso generalizadas sobre las mujeres, hasta alcanzar objetivos particular en una determinada mujer del grupo acosado. Y de ahí las trampas para que la cosificación de las mujeres continúe, incluso jugando para que sean ellas mismas las que decidan hacerlo, como antes lo ha hecho para aceptar la violencia y la discriminación como algo normal.

Si no existiera esa normalidad cómplice basada en lo que la cultura machista ha interpretado como parte de la habitualidad, no sería posible que las palabras de Trump resultaran creíbles ni que el acoso formara parte de la realidad como parte de esas estructuras masculinas de relación en el trabajo. Del mismo modo que tampoco sería posible que en mitad de las calles de una sociedad machista las mujeres aún tengan que soportar el hostigamiento de los piropos y el abuso de los rozamientos y tocamientos en los autobuses, el metro, las colas y en cualquier lugar donde la aglomeración de gente permita a los hombres camuflar su intención. El diseño resulta tan eficaz que cuando se denuncian estas conductas se vuelven contra las mujeres que las sufren por exageradas, por provocadoras o por mentirosas.

Por eso el poder da poder, porque cuanto más poder se tiene, y Trump tiene mucho poder, como el profesor en la universidad, el empresario en su empresa, el directivo en el consejo… más difícil resulta creer que el abuso se ha producido, no por la integridad del hombre con poder, sino por la cosificación de las mujeres que la propia cultura crea junto a los estereotipos apuntados alrededor de la maldad, la provocación, la manipulación… El razonamiento que se hace cuando se conocen casos de abuso en estas circunstancias cuestiona su realidad, y sitúa la culpa en las mujeres mediante el encumbramiento del hombre. El argumento viene a ser algo así como que “la mujer, la alumna, la trabajadora, la secretaria…” lo ha denunciado falsamente (algo propio de la perversidad de las mujeres), porque un hombre con ese poder (Trump, el profesor, el empresario, el directivo…) puede tener a cualquier mujer sin necesidad de acosar a ninguna.

El diseño es perfecto porque está preparado para que el acoso, el abuso y la violencia se produzcan en contextos de relación donde los hombres por ser hombres cuentan con esa superioridad cultural de entrada, a la cual se unen las estructurales del contexto y las sociales del reconocimiento que la misma cultura propicia.

Si toda esa construcción no formara parte de esa estructura machista que da reconocimiento y prestigio como hombres a aquellos que llevan a cabo estas conductas, no habría necesidad de contarlo en un vestuario de hombres, en un café con hombres, o antes de empezar una reunión de hombres; ni de hacer vídeos y difundirlos para que otros hombres los vean. Todo forma parte de la ruta masculina de reconocimiento y confirmación que demuestra de lo que algunos hombres son capaces para que otros sigan el camino trazado por ellos.

En el fondo, ese tipo de conductas no son muy diferentes a lo que cada día sucede a través del Whatsapp por medio de mensajes referentes al sexo y a las mujeres que comparten muchos grupos de hombres. Es cierto que en esos envíos y en las imágenes que muestran no son ellos los protagonistas, pero sí lo son del relato que cuentan a partir de ellas.

Trump no es una excepción, quizás sería bueno recordar lo que dijo otro hombre “rico y famoso de la política” que se comportó de manera similar. Me refiero a Silvio Berlusconi cuando descubrieron las fiestas que montaba en su finca de Villa Certosa con otros hombres ricos y famosos de la política. Berlusconi fue muy elocuente al decir, “en el fondo, los italianos quieren ser como yo”. Lo triste es que tenía razón.

Pero también somos muchos los hombres que no pretendemos ser como ellos y que creemos que la Igualdad nos hace mejor como hombres, y sobre todo, hace mejor a una sociedad donde la convivencia se base en el respeto, la Paz y la Igualdad. Conseguirlo exige decir no al machismo y decir sí a la Igualdad y al feminismo.

. El 21 de octubre se celebra en Sevilla una marcha de los grupos de Hombres por la Igualdad y se conmemora el décimo aniversario de aquella primera manifestación en la que muchos hombres abandonaron el silencio y la pasividad para trabajar y comprometerse con la Igualdad y contra las imposiciones del machismo. Os esperamos